Llull, es nostro heroi il·luminat

El próximo domingo 27 de noviembre, la reina Sofíapresidirá en la Seu la misa que clausurará el año jubilar del 700 aniversario de la muerte del beato Ramón Llull. No creo que nuestras instituciones –públicas, académicas y eclesiásticas– puedan sentirse satisfechas de haber cumplido con su obligación de honrar como es debido al doctor iluminado. Naturalmente, desde que la Iglesia entro en coma y con ella toda la Tradición todo es mucho más complicado. Divulgar la vida y el legado de beatos y santos en una sociedad pagana que muestra poco interés por todo lo religioso es harto difícil. Tampoco la indudable dimensión filosófica, científica, heterodoxa y ecuménica de Llull le ha salvado del olvido. Ni siquiera el descarado interés del catalanismo de apropiárselo ha servido para popularizarlo. Esta última instrumentalización es tanto más bochornosa cuanto que el catalanismo está en las antípodas de todo lo que representó Llull en cuanto a la apertura de miras que le llevó a aprender lenguas para predicar la fe cristiana, al uso insólito de la razón para convencer a los infieles, a la heterodoxia dentro de la propia Iglesia tan alejada del pensamiento único y dogmático de la tribu, al amor a la tierra que le vio nacer y a los legítimos reyes independientes de Mallorca acosados por sus familiares aragoneses, al uso del romance que hablaba para publicar algunas de sus obras más destacadas. Si me perdonan el anacronismo, Llull nunca habría militado en la tribu catalanista. Nunca. Su espíritu representa exactamente todo lo contrario.

En enero de 2015 algunas asociaciones filosóficas convocaron el III Congreso Catalán de Filosofía en la UIB. El magno congreso dedicó seis conferencias a Llull bajo el epígrafe “Història de la filosofia catalana. Ramon Llull y el lulismo”. No despertó ningún interés. A la primera de las conferencias, el ponente no se presentó. En las siguientes bastaron los dedos de una mano para contar el número de asistentes. Un éxito arrollador. Hace una semana, la UIB organizaba la conferencia “Ramon Llull en la literatura catalana del segle XIX” –es impresionante que al lado de Llull siempre aparezca, indefectiblemente, el adjetivo “catalán”– que apenas suscitaba el interés de una veintena de personas. Por lo visto, ni su vinculación con la “literatura” ni tampoco con la “filosofía” catalanas han logrado deslumbrar a la parroquia nacionalista.

Nada nuevo bajo el sol, por otra parte. El catalanismo es como Atila, donde pisa no vuelve a crecer la hierba. Un día habrá que analizar qué frutos ha dado un partido como el PSM en los cuarenta años que ahora mismo está celebrando. El resultado no puede ser más desolador. La Iglesia de Mallorca en manos de una curia catalanista ha logrado la proeza de vaciar los templos, más que en otras partes. El panorama de la cultura catalana en Baleares es lamentable, “amb quasi quaranta anys de comptar amb uns sectors mallorquinistes i d’esquerra molt ben col·locats a la premsa, al món universitari, a la funció pública i als sindicats, el resultat, el balanç, –amb tres pactes de Progrés a l’esquena–, podria ser manifestament millor”, como admitía Antoni Trobat, un columnista del progubernamental AraBalears. El catalán se ha convertido en una lengua de poder cuyo uso en la calle es cada vez más residual debido a la  deserción lingüística de los hijos y nietos de familias mallorquinohablantes. La lengua en sí misma se ha empobrecido hasta niveles deplorables sometida a la doble presión del castellano y del catalán estándar que se enseña en las escuelas. La enseñanza, controlada por el catalanismo triunfante, ocupa los últimos lugares de Europa. En todas las parcelas que se confiaron al sucursalismo local (Iglesia, lengua, cultura, enseñanza) ha florecido un erial. El PSM ha sido una calamidad en todos los órdenes, una plaga mortífera que ha arruinado todo lo que ha tocado, produciendo el efecto contrario al rey Midas. Eso sí, todos ellos viven felizmente instalados en la administración pública desde la que nos siguen, sin riesgo, dando lecciones morales.

Llull, naturalmente, no podía ser una excepción. En sus manos, sólo les ha importado reivindicar una y otra vez su supuesta “catalanidad”, apropiárselo de forma anacrónica –valorar el pasado con conceptos modernos– como el inventor de la “literatura catalana” –cuando Llull siempre se refirió a su lengua materna como “romanç”– para después vaciarlo de contenido y usarlo para su propaganda política. Entretanto, el interés del pueblo por la figura de Llull se desvanecía.

La intelectualización de Llull y su posterior catalanización han corrido paralelas a la pérdida de interés para el pueblo mallorquín que lo veneró durante siglos como un santo. Antes que filósofo, teólogo, científico o cibernético y, por supuesto, antes que prohombre de las letras catalanas, Llull fue un santo popular, querido, apreciado y amado. De ello dan fe las disputas religiosas entre franciscanos y dominicos, de “gorrions” contra “marrells”, lo que indica bien a las claras su lugar central en la vida mallorquina. Eso, sin embargo, no parece importar a nadie.

Un libro imprescindible. Hace una semana Francesc Romero presentaba ante unas 250 personas su novela histórica “Llull, es nostro heroi il·luminat”. Publicada en tres idiomas (mallorquín, castellano e inglés), trasunto del espíritu políglota que distinguió al doctor iluminado, el autor trata de acercar a Llull al lector medio y despertar su curiosidad, destacando los aspectos más humanos del transcurrir diario del sabio mallorquín, donde “el prodigio y el portento pueden discurrir y de hecho lo hacen por los cauces de la normalidad cotidiana”, como señalaba en su presentación Ángel González, catedrático de la Universidad de Santiago de Compostela. En el libro se “van engarzando, casi sin que nos demos cuenta −proseguía González−, las grandes decisiones personales, los acertados consejos a los poderosos de la tierra, las investigaciones científicas, las disquisiciones de altura filosófica o teológica, las escenas de ternura familiar, las oraciones, la meditación, los arrobos místicos, los sermones, las diatribas dialécticas dirigidas a convencer al infiel, los más de 250 libros (en latín, en árabe, en el romance mallorquín de la época) salidos del “scriptorium” doméstico y, más aún, del “scriptorium” de viaje, que constituye el obligado e indefectible equipaje de Llull en sus constantes desplazamientos por todo el mundo mediterráneo”. En suma, una novela amena con un estilo directo y sencillo que reactualiza a Llull y lo devuelve al pueblo llano.
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Publicat a EL MUNDO/El Día de Baleares, 19/11/2016

Jornaleros de la lengua

Nadie ha definido mejor que el filólogo Joan Veny, investido doctor honoris causa por la UIB hace unas semanas, la función del catalanismo en Baleares. Veny se definió a sí mismo como un “jornalero y soldado de la lengua catalana” durante el solemne acto que se celebró en la misma universidad que, entre otras celebridades, ha investido honoris causa a la lacrimógena Maria del Mar Bonet, no sabemos si por su dilatada y exitosa trayectoria científica o por sus profundos conocimientos en psicología colectiva del alma mediterránea. Un jornalero es alguien que trabaja a jornal según las necesidades del dueño. Y siempre retribuido, naturalmente. Veny se suma al rosario de baleares que han trabajado para Cataluña comoMassot Muntaner, Antoni Mir, Bernat Joan, Aina Moll, Isidor Marí o Sebastià Alzamora, por mentar sólo a los más recientes y más ilustres.

No son, sin embargo, los únicos. Aquí son legión los jornaleros que trabajan para Cataluña aunque con el dinero de todos los baleares. Su único modus vivendi es la lengua catalana, a la que se deben, a la que adoran, por la que se desviven. Gracias a los 40.000 € que le ha dado Ruth Mateu (Més), voy a poder seguir inspirándome en mi digital favorito, el dbalears.cat, el panfleto underground y separatista al que, en contrapartida, ni siquiera se le quiere someter al imperio del control de audiencias. El catalán es un bien supremo al que no deben aplicarse las leyes del mercado.

El arabalears.cat, el otro digital afortunado que ha recibido de Ruth Mateu la friolera de 140.000 €, sí es un diario: lo que me molesta es que para leerlo tenga que pagarlo dos veces puesto que sólo es para suscritores. Si la ayuda es para difundir el catalán, lo mínimo que puede pedirse a Ferran Aguiló es que sus contenidos puedan ser visitados por todo el mundo. Estas dos subvenciones han caído muy mal en el mundo periodístico. El digital de Antonio Martorell, mallorcadiario.com, ha acusado al Govern de tratar “descaradamente de beneficiar a dos medios con una subvención que supone un traje a medida y que perjudica al resto de medios competidores”. Es más, las dos subvenciones están destinadas, en realidad, a mantener a las dos redacciones, es decir, a apuntalar la supervivencia de dos proyectos “empresariales” que hacen aguas por todas partes y que, sin el apoyo del Govern, tendrían los días contados.

Pero para jornaleros de la lengua nadie como la OCB que recibió en 2010 la enésima subvención, esta de Aina Calvo, de 65.619 € de los que sólo justificó debidamente 7.292 €, según la Sindicatura de Cuentas. La organización separatista que dirige Jaume Mateu habría pagado con cargo a la ayuda de Cort el teléfono, la luz, las nóminas y la Seguridad Social de sus empleados, los viajes, las comidas y el alojamiento en hoteles, gastos que estaban terminantemente prohibidos subvenir con la ayuda, destinada a pagar únicamente actividades específicas y concretas de tipo cultural o artístico. Los interventores de Cort miraron al parecer para otro lado y finalmente el anterior Pacte de Progrés pagó religiosamente con pólvora del rey. Los síndicos creen que ni siquiera la OCB tendría que haber recibido la subvención puesto que ni presentó proyecto ni acreditó estar al corriente de sus obligaciones con Hacienda y la Seguridad Social. Unos ciudadanos ejemplares, estos de la OCB. Tan ejemplares que Jaume Mateu se sube por las paredes porque en esta legislatura el Govern todavía no le ha aflojado la cartera. Todo llegará, Jaume, todo llegará.

En las tres ayudas concedidas a estos tres esforzados jornaleros, nos encontramos al menos con tres irregularidades. En primer lugar, un procedimiento que parece ser un traje a medida y que vulneraría los principios de concurrencia, igualdad y no discriminación. En segundo lugar, no se subvenciona ningún proyecto o actividad concreta sino la propia supervivencia de las entidades, algo prohibido en las convocatorias de ayudas públicas. En tercer lugar, el Govern se vale del dinero de todos para pagar los servicios prestados a unos medios descaradamente afines, por mucho que el director del Ara Balears Ferran Aguiló salte diciendo que “rebre subvencions no és rebre ordres” (14/10/2016). Excusatio non petita.. Por si fuera poco, la OCB ni siquiera se ha molestado en justificar debidamente la ayuda. Definiéndose a sí mismo, Joan Veny en realidad estaba definiendo a la inmensa mayoría de los que le aclamaban en la UIB. También ellos son unos jornaleros de la lengua, aunque su jornal no sea tan merecido como el del nuevo doctor.

Catalanofobia. Algunos jornaleros de la lengua no sólo se contentan con vivir de nuestros impuestos. Ejercen también el matonismo. Pretenden cerrar el pico a los que discrepan y se atreven, cuarenta años de resistencia pasiva, a cuestionar las sagradas verdades del catalanismo “científico”. Ahora nos quieren acusar de un nuevo delito, el de “catalanofobia” y para eso la OCB que fundara Francesc de Borja Moll –¡quién la  ha visto y quién la ve– se ha traído de Cataluña a un tal Sergi Blázquez para atemorizar a los baleares que atacan a los catalanes. De lo que muchos están hartos, Blázquez, no es de los catalanes ni de lo catalán sino de su quinta columna en Baleares. Ya conocíamos el ánimo censor del sucursalismo local, su inclinación a cerrar los medios no afines, a cerrar el pico a todo el mundo llamándole “ignorante” e “inculto”, a denunciar en la cámara balear a las entidades que les hacen frente como el Círculo Balear, a señalar a los docentes, padres y directores que no son de su cuerda, a boicotear las librerías que venden o presentan obras que no son de su agrado, a chantajear a las instituciones para que no dejen exponer a ciertas asociaciones como sucedió con Foment Cultural en la feria del libro menorquín, a vetar a compañías de teatro no catalanistas. Están acostumbrados a ejercer de matones bajo la mirada cómplice de toda la izquierda balear, que calla y otorga. Ahora estos jornaleros con alma de inquisidores dan un paso más y van a tratar por todos los medios de incluir en el código penal el delito de “catalanofobia”, por analogía a los de homofobia y xenofobia. La OCB, el dbalears.cat Última Hora son los altavoces de Blázquez en su peculiar caza de brujas por un territorio, el balear, que siguen considerando como un apéndice del universo catalán con capital en Barcelona. Así trabajan nuestros jornaleros.
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Publicat a EL MUNDO/El Día de Baleares, 5/11/2016

Ser de los nuestros

Avui en es centre de cultura de Sa Nostra, a les 20:00 – S’obra és un assaig sobre sa psicologia col·lectiva des poble balear a partir de 16 efemèrides que han configurat per què es balears som així com som 

Refiriéndose a los honderos mallorquines y menorquines que lucharon en la Primera Guerra Púnica, el catedrático Román Piña Homs afirma que“los baleares ya por entonces –siglo III a.C.– entran en la historia europea con denominación de origen, como nación, o sea como “natio” o lugar de nacimiento determinado, cuando, no lo olvidemos, otros pueblos vecinos, como valencianos o catalanes, señalados como íberos, tendrán que esperar a la Edad Media, más de mil años después, para ofrecer señas diferenciales de identidad colectivas. Cataluña comenzará a llamarse tal a partir del siglo XII. El primer testimonio escrito nos lo ofrece el “Liber Maioliquinus” al describir la expedición pisana a las Baleares, protagonizada en el 1112”. Encontramos este pasaje y otros muchos igualmente interesantes en “Ser de los nuestros”, el último libro de Piña Homs editado por la editorial Sloper que se presentará hoy jueves día 3 de noviembre en el centro cultural de Sa Nostra (Calle Concepción, 12).

“Ser de los nuestros” es un libro importante para estas islas con tan poco orgullo colectivo. Y necesario también ante el avance imparable del discurso de las huestes impostoras, escasas pero organizadas, que miran siempre a Baleares como un apéndice insular de Cataluña, como su extensión ultramarina. Piña Homs desgrana los 16 hitos determinantes de la historia de Baleares que, a su juicio, han configurado lo que somos los baleares, cómo somos y por qué somos así. Desde la fundación de la ciudad de Ebussus (643 a.C.) hasta la consecución de la autonomía balear (1983) que hoy padecemos, Piña se adentra de modo divulgativo y ameno –apenas 178 páginas que se leen volando, máxime teniendo en cuenta que cada uno de los capítulos es autosuficiente– en estas 16 efemérides cruciales que han determinado nuestra psicología como pueblo a lo largo de más de 2.500 años. Y lo hace sin dar por sentada ninguna tesis de antemano, sin ningún prejuicio apriorístico, sin esconder ninguna de nuestras miserias –que las ha habido y bastantes–, sin meter con calzador los hechos al servicio de alguna ideología o ley histórica, como hacen los nacionalistas o hacían hasta hace poco los comunistas. Aunque estrictamente nunca puede hablarse de una historia verdadera y unívoca sí podemos afirmar que es bastante objetiva con todo el subjetivismo que conlleva, naturalmente, el ejercicio de todo historiador a la hora de seleccionar unos hechos u otros.

El título puede dar lugar a malentendidos. Piña Homs es demasiado inteligente, tiene demasiada experiencia, su ironía es demasiado fina, para ser un nacionalista de vía estrecha, tampoco un nacionalista balearista si es que todavía queda alguno. A lo largo del libro el autor utiliza el término “es nostros” o “los nuestros” de forma conscientemente equívoca. “Aceptémoslo. Llevamos la componenda en el alma”, nos recuerda nuestro catedrático, como si pretendiera insuflarnos ciertas dosis de prudencia y pragmatismo y evitar caer así en la autocomplacencia. Piña Homs se está refiriendo al “carácter acomodaticio, transaccional y temeroso de una sociedad que lleva siglos siendo tomada y desposeída, y que sólo ansía vivir en paz al margen de confrontaciones”. Ello no es óbice para que, al mismo tiempo, manifieste su perplejidad de cómo un pueblo milenario como el balear (“¡Más de cinco mil años os contemplan como lo que sois: síntesis de culturas!”) se haya dejado amilanar y avasallar por los “germanos del norte”, como llama a los catalanes.

En cuanto al contenido de la obra, la extensa documentación recopilada aporta un sinfín de datos decisivos poco conocidos para el gran público que, sin lugar a dudas, van a hacer sus delicias. Como por ejemplo, la existencia de una población cristiana antes de la conquista de Jaime I (1229) como algunas basílicas paleocristianas atestiguan, o la obstinación de nuestros vecinos del norte de apropiarse de unas islas cuyo fuerte siempre ha sido su privilegiada situación geográfica, una cabezonería anexionista que lejos de atenuarse con el tiempo parece haberse agudizado aunque bajo formas mucho más suaves y sibilinas con el pretexto de la cultura y la lengua. De gran interés resulta también por desconocida la influencia de las potencias marítimas italianas sobre nuestras islas y nuestros estrechos lazos con Génova, Pisa, Venecia y Sicilia, sobre todo durante la dinastía privativa. Tal vez el autor podría haberse extendido un poco más en la ruina de las finanzas públicas del Reino de Mallorca debida principalmente a la ambición personal de Pere IV, el Ceremonioso, que nos arrastra a unas guerras con el resto de potencias marítimas del Mediterráneo que no nos van ni nos vienen y que dará lugar al “deute dels catalans”, el dinero que prestarán a las arcas del Reino los banqueros de Barcelona para hacer frente a las aventuras bélicas de “el Ceremonioso” y que nunca devolveremos del todo, constituyendo un foco de permanente malestar al recaer su devolución sobre un campesinado pobre y maltratado con continuas exacciones fiscales que, desesperado, se levantará en armas contra los privilegiados de Ciutat. “El deute dels catalans” habría merecido, desde mi punto de vista, una mayor atención, incluso un capítulo, ya que forma parte del decorado que pende como una espada de Damocles en nuestras luchas intestinas de raíz social y económica a lo largo de varios siglos.

Y ya por último, quiero destacar que se trata de un libro valiente. Con la excepción de Mateu Cañellas y ahora de Piña Homs, una de nuestras grandes lagunas como pueblo ha sido precisamente la falta de compromiso de los historiadores de la UIB en divulgar –divulgar, repito, no escribir para expertos– una historia sintética y objetiva de Baleares al margen de las anteojeras ideológicas que todos conocemos. No creo que sea lícito subordinar la verdad al compromiso. Ahora bien, a los baleares se nos ha escamoteado la verdadera historia de nuestras islas, mucho más rica y variada que la que nos quieren endosar algunos, dejándonos a los pies de los caballos ante la historiografía nacionalista que ha deformado los hechos para alinearlos en una especie de ley inexorable, como si lo que ha ocurrido no pudiera haber ocurrido de otro modo. Ha sucedido con la lengua y ha sucedido también con nuestra historia. De ahí la importancia de un libro divulgativo como éste al alcance del gran público y que viene a subsanar, en parte, este estado de cosas. Enhorabuena, Román.
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Publicat a EL MUNDO/El Día de Baleares, 29/10/2016

El senyor Riera, un científic des segle XXI

Arran des reiterats insults contra sa Fundació Jaume III del senyor Antoni Riera Vives, director des setmanari manacorí CentperCent i columnista d’Ara Balears, es nostro portaveu Joan Font se va posar en contacte amb ell perquè li publicàs una carta per al·lusions. El senyor Riera ho acceptà i així va sortir publicada a sa revista CentPerCent de Manacor es 6 d’octubre passat.

 

Durant ses darreres setmanes el senyor Antoni Riera, director de CentPerCent, ha acusat reiteradament sa Fundació Jaume III de “extrema dreta” tant en aquesta revista com a s’Ara Balears (“El batle gonelleja”). No entenc què té a veure s’extrema dreta amb una fundació apolítica que promou un model lingüístic que té com a principal referència Balears i no Catalunya. Ademés, el senyor Riera reconeix que es model lingüístic de sa nostra fundació és calcat an es model que usa es PP de Manacor i aquest, admet Riera, s’adapta a ses normes de s’Institut d’Estudis Catalans, “però amb un ús inequívoc de l’article salat” (editorial “Que no ens governi la desraó”, publicada a CentperCent). Per tant, deduesc que pel senyor Riera emprar s’article salat és es fet distintiu que fa que un sigui d’extrema dreta o no, una conclusió digna d’un científic des segle XXI.

El senyor Riera ha acusat sa fundació Jaume III de “gonellista” i “secessionista”, dos termes que són contradictoris. ¿Sap exactament què defensava en Pep Gonella? Sa Jaume III ha reiterat a tothom qui l’ha volguda escoltar que no qüestiona s’unitat de sa llengua, per tant no és “secessionista”. ¿Com ho podria esser una fundació que segueix fil per randa es 99% de sa normativa de s’Institut d’Estudis Catalans i que té un model lingüístic concebut per un filòleg de llengua catalana com el senyor Pericay? Un científic des segle XXI hauria de respectar es fets i no deformar-los per escampar bubotes amb les quals esglaiar s’opinió pública.

El senyor Antoni Riera ha associat sa fundació Jaume III amb sa desraó, s’ignorància, i “l’estupidesa acientífica” per “contravenir la ciència lingüística dels darrers dos segles a Europa”. No sé per què parla de dos segles enrere quan només en fa un que s’Institut d’Estudis Catalans aprovà ses actuals normes ortogràfiques (1913), discutidíssimes per cert com hauria de sebre un païsà d’Antoni M. Alcover. Qualcú que braveja de científic hauria de tenir un esperit molt més humil i no tan doctrinari, una actitud més oberta i no tan dogmàtica. Dubtar de lo que un sap és s’única manera d’avançar en ciència. Lo que indica que aquesta sistemàtica apel·lació a sa ciència que practica es catalanisme, més que un amor genuí i sincer cap a sa ciència, és un pretext per tapar sa boca a s’adversari.

Un científic des segle XXI hauria de sebre que sa filologia, com s’història, sa filosofia, sa política, es dret, sa sociologia o s’economia fins i tot, són disciplines humanístiques  molt honorables però tenen poc a veure amb sa ciència. És lògic que es “científics socials”, com s’anomenen a ells mateixos, envejosos de s’utilitat i de s’èxit social des físics, biòlegs o matemàtics, vulguin presentar-se com a científics adoptant es mètodes de sa física, sa bioquímica o ses matemàtiques. Però ses humanitats mai seran ciències perquè mai seran predictibles per una senzilla raó. Perquè es seu material de treball, diguem-ho així, és una criatura molt complexa que té consciència i per tant llibertat: sa persona humana. Això no vol dir que hi hagi hagut farsants que han volgut imposar certes teories com si fossin una veritat científica.

S’ha d’esser molt agosarat per defensar que existeix una “ciència filològica” separada de sa política. Li recoman sa meva introducció a Sa Norma Sagrada (Horrach & Font, Ed. Fundació Jaume III, 2016) on explic que ses llengües, com es seus estàndars, no són fruit, només, d’una hipotètica “ciència filològica” sinó també d’altres factors, com sa política. Ho reconeixen molts de sociolingüistes catalans i historiadors de sa llengua catalana. Xavier Lamuela i Josep Murgades varen estudiar s’influència de s’ideologia nacionalista d’en Fabra sobre sa nova llengua literària. Gabriel Bibiloni reconeix que “qualsevol varietat pot constituir-se en llengua si té una societat que vol –i pot– que així sigui”. Així com ses coses han anat d’una manera, haguessin pogut anat d’una altra manera si ses circumstàncies polítiques, socials o culturals haguessin estat distintes. Jaume Corbera arriba a admetre que es model d’estàndar depèn des projecte de país que un tengui. Brauli Montoya, per sa seva part, recull tot un enfilall de factors no intrínsecament filològics que demostrarien per què s’estàndar és com és. En conseqüència, podem dir sense por que s’estàndar de substrat barceloní que s’ha acabat imposant aquí a Balears no ha obeït a causes estrictament filològiques. I això és lo que es catalanisme mai voldrà admetre perquè si ho fes, sense sa crossa d’aquest fals cientifisme, tot es seu discurs s’esbucaria perquè tothom veuria que sa filologia, la pobra, només ha exercit de criada an es servici de determinats interessos i somis polítics.
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Publicat a Revista CentperCent, 6/10/2016.

Melopeas pancatalanistas

Cuenta Hannah Arendt en los “Orígenes del totalitarismo” que el pangermanismo y el paneslavismo –nacidos para forjar una gran nación germánica y otra eslava de base étnica–  tenían una tendencia innata a pensar a lo grande. No mostraban interés por la gestión prosaica y “pequeñoburguesa” de construir carreteras, adecentar calles o mantener asilos. Sus verdaderos intereses se centraban en la política exterior, el teatro de la guerra y de los tratados de paz donde sucumbían y renacían imperios, las nacionalidades oprimidas se erigían en estados o éstos cambiaban sus fronteras. El periodo de entreguerras, con el principio de las nacionalidades de Wilson a flor de piel, fue una época pródiga en ensoñaciones nacionales, también en Cataluña. Algunos poetas catalanes se afanaban por fundir en una sola las gramáticas del catalán y del occitano como paso previo a construir una gran nación occitana con capital en Barcelona y así situarla a la altura de París, Viena o Madrid como centro irradiador de una gran cultura nacional. Fracasada la ilusión occitana, el catalanismo volvió sus ojos a la piel del toro y centró sus esfuerzos en el proyecto de los Países Catalanes, una idea a la que años antes había apuntado Prat de la Riba (“la Catalunya Gran”) y que conceptualizó, en los años sesenta, el valenciano Joan Fuster. Para el profesor August Rafanell, que ha estudiado en detalle las relaciones entre Cataluña y Occitania, el 1934 es un año clave: se firman el acta de defunción de la ilusión occitana y acto seguido la del bautismo de la ilusión pancatalana. Imperio por imperio. En efecto, el 30 abril de 1934, Pompeu Fabra lanza su manifiesto“Desviacions en els conceptes de llengua i de la Pàtria”. Se trata de una llamada al orden en toda regla y tiene un solo cometido: desacreditar cualquier anhelo “desviado” de tipo occitanista. El sueño imposible de una Occitania Gran que debía expandirse a territorios a fin de cuentas franceses daba paso al sueño más plausible de la Catalunya Gran orientada hacia Valencia y Baleares, tal como había ocurrido siete siglos antes cuando la derrota de los ejércitos aragoneses en Muret (1213) cerró la puerta a los territorios de Oc que cayeron bajo dominio francés.

La “nación catalana” no preexiste al nacionalismo catalán. Es justo al revés: es el nacionalismo quien se la inventa. Es en Prat, Fabra y Fuster donde hay que buscar los orígenes de esta fantasmagórica “nación catalana” que nunca ha existido ni jurídica, ni política, ni lingüísticamente más que en las cabecitas iluminadas del catalanismo político que surge muy tarde, a principios del siglo XX.

Lo ignora todo el columnista de Última Hora, Pere Bonnín, cuando se remonta a antes de 1714 para certificar su existencia mítica. Ni siquiera existía, como apunta Massot i Muntaner desmintiendo a Bonnín, conciencia de hablar la misma lengua y mucho menos de llamarla “catalana”. La unidad lingüística auspiciada muy tardíamente por Marià Aguiló, Tomàs Forteza y Antoni M. Alcover fue toda una revolución en los círculos intelectuales mallorquines. Sólo unos pocos defendían sus tesis. En 1903 un escritor de la talla de Miguel de los Santos Oliver tenía miedo todavía de denominar “catalán” a la lengua de Mallorca. Hasta la llegada del siglo XX el nacionalismo es todavía un movimiento muy minoritario incluso dentro del catalanismo cultural, como atestiguan las alabanzas y glorias a España de Víctor BalaguerRubió y Ors, Verdaguer, Anselm Clavé y la mayoría de poetas de la Renaixença. Durante todo el siglo XIX Cataluña vibra de españolidad por los cuatro costados. La zarzuela y el flamenquismo están a la orden del día. El Principado es un bastión del carlismo y las exaltaciones patrióticas se suceden por doquier con la Guerra contra el francés, la Guerra de África, la Guerra de las Carolinas o la Guerra de Cuba. ¿Qué historia nos cuentan cada semana Pere Bonnín, Llorenç Capellà o Guillem Rosselló? ¿A qué viene tanto descaro a la hora de falsear la historia?

Esta larga digresión viene a colación del mitin que largó el activista Tomeu Martí el pasado 9 de septiembre en la Plaza Mayor de Palma en una concentración para respaldar el Procés y la República Catalana. En el breve discurso, apenas 450 palabras contadas, que arenga a las apenas medio centenar de personas reunidas, Martí se refiere de nueve maneras distintas a lo que Prat llamaba “la Gran Catalunya” y Fuster “els Països Catalans”. Pueden encontrar la sublime pieza retórica en dbalears.cat, digital al que Ruth Mateu acaba de subvencionar con 40.000 euros. El discurso deja claro que Martí piensa a lo grande, como los pangermanistas y los paneslavistas. Naciones, países, repúblicas, pueblos, estados… El galimatías terminológico exhibido es antológico. Desenredémoslo.

Tomeu Martí denomina “República catalana” al nuevo ente independiente que los separatistas quieren construir en la actual comunidad autónoma de Cataluña. Sin embargo, no tiene empacho en llamar a sus habitantes como “ciudadanos del Principado”. No parece que una república y un principado sean conceptos congruentes. A continuación, Martí anima a los mallorquines a construir una “república mallorquina” y a los menorquines una “república menorquina”, repúblicas que en principio no pertenecerían a la “República catalana”, sin que todo ello sea óbice para sostener que “la nació catalana va de Salses a Guardamar i de Fraga a Maó”. En definitiva, habría una sola nación pero no sé cuántas repúblicas la constituirían, al menos tres. Este planteamiento choca con el principio tan caro al nacionalismo de que “la nación” (natural, real, necesaria, sentimental) es primordial y anterior al “estado” (artificial, irreal, contingente, racional). Asimismo, Martí se refiere a Mallorca como “pueblo” y “país”, terminando su alegato con un “Visca Mallorca Lliure!” y el inevitable “Visca els Països Catalans!”. Debería ser “Visquin” o “Visquen” si son países en plural pero una vez más el subconsciente, impregnado de unitarismo, le traiciona.

Tres repúblicas, una sola nación catalana, un estado a nuestro servicio, un pueblo, un país, una Mallorca libre y los Países Catalanes, este es el abanico de proyectos futuribles que nos proponen Martí y Tòfol Soler (ASM), a los que Última Hora sigue dando pábulo sin el menor sentido de la estética ni de la vergüenza. Y después se mofan y tachan de “ultraespañolistas” y de  “extrema derecha” a casi un millar de mallorquines llenos de sentido común que el día 2 de septiembre se manifestaron por las calles de Palma para defender algo tan plausible, tangible y real como el estatuto de autonomía vigente, la Constitución en vigor y una forma propia de hablar que por lo menos tiene ochocientos años. El mundo al revés. ¿Quiénes son los “iluminados”? ¿O los “ultras”? Algún día habrá que saldar cuentas con ciertos periodistas que han sido, junto con los maestros, los grandes fautores de la melopea catalanista.

Dadas las evidentes dificultades terminológicas de nuestros “soberanistas” para referirse a este “ente soberano” que está por alumbrar, yo les recomendaría un término más preciso. Mi propuesta es que lo llamen la URSC, Unión de Repúblicas Socialistas Catalanas. No creo que lo de “socialistas” moleste en demasía a sus impulsores conocidos sus afanes estatistas. Tampoco ciertas connotaciones que evocan a este gran imperio que fue la URSS y que representó, durante siete inolvidables décadas, la esperanza de los trabajadores y el faro luminoso de la humanidad, la solidaridad y la justicia en la tierra.
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Publicat a EL MUNDO/El Día de Baleares, 1/10/2016

El león sigue dormido

Miquel Ensenyat está conduciendo al Consell de Mallorca hacia la irrelevancia. Nunca fue una institución importante pero sí conoció alguna época en la que tenía cierta razón de ser. Recuerdo, por ejemplo, cuando el Consell era conocido como “sa repartidora” por su magnífico desempeño en el reparto de las subvenciones, una disciplina que UM convirtió en una de las bellas artes que pasará a los anales de la ciencia política como una contribución de primer orden de la “res” pública mallorquina. Este esplendor redistributivo coincidió, justo es reconocerlo, con un ambicioso plan para modernizar las carreteras “a la mallorquina”. No se rían ustedes, poca broma: prácticamente todas las infraestructuras viarias de las que hoy disfrutamos deben atribuirse al pacto Matas-Munar (2003-2007), pese a quien pese y caiga quien caiga. De Armengol, por contraste, apenas sí recordamos alguna realización en su sonriente andadura como presidenta del Consell, si descontamos su sonrisa profidén y aquella fantasmagórica Agencia para la Disciplina Urbanística cuyo propósito era, nada menos, que terminar con la vista gorda de los alcaldes. Por misericordia cristiana, no voy a recordar los frutos de dicha agencia.

La cuestión es qué hace el Consell ahora mismo aparte de “repensar Mallorca”, cambiar por la puerta de atrás la Diada de Mallorca, recibir en audiencia a excursionistas, “vermadors i vermadores” y todo lo que se agite por Palau Reial, subvencionar “sa pujada des Güell a Lluc a peu” y, sobre todo, salir a la palestra por las astracanadas de Miquel Ensenyat. Es cierto, a falta de gestión, de carreteras y de munificencia subvencionadora, Ensenyat se ha apropiado de la institución hasta tal punto de confundirse con ella. Ensenyat es el Consell y el Consell es Ensenyat. El Consell existe gracias a las salidas de tono de Ensenyat, ese educador social, que nos distrae de vez en cuando para despertarnos del sopor y recordarnos que el Consell, como Teruel, ¡también existe! No cabe duda de que se trata de un líder con personalidad: presentarse como “mallorquinista” y decir que no sabe qué es el “pancatalanismo” cuando sus conmilitones de Més se van a Cataluña a celebrar el 11 de septiembre tiene su mérito, indudablemente. Claro que para celebrar la Diada de Cataluña no hacía falta cruzar el charco, bastaba con quedarse aquí tras haber adelantado un día la Diada de Mallorca (12 de septiembre), como él mismo admitió en una entrevista a Canal4.

Tan desesperado debe andar el pobre por la inactividad de la institución que preside y por lo poquito que puede vender de su gestión que al fin se ha dado cuenta de que lo que le hace falta son más competencias y financiación. Aunque ello signifique birlárselas a Armengol, a la que lanzó un dardo envenenado en su discurso del Teatro Principal al espetarle que “hacía suyas sus palabras” que dirigiera en 2010 a Antich para conminarle que de una vez por todas le transfiera las competencias recogidas en el Estatuto de Autonomía de 2007. “−Que nadie piense que los mallorquines hemos olvidado lo que nos toca por derecho, y tenemos derecho a decidir las políticas que queremos hacer en nuestra casa y eso solo lo puede hacer desde la institución que representa al pueblo de Mallorca y este es el Consell”, advirtió a la presidenta. Al parecer, los mallorquines estaríamos oprimidos no tanto por los malvados españoles como de los baleares en su conjunto, del Govern o de la comunidad autónoma. Seguro que Nel Martí(léase, la “voz de Menorca”) debe estar riéndose a rienda suelta con el victimismo de Ensenyat (léase, “la voz de Mallorca”) en nombre de los mallorquines. Menos mal que alguien piensa en nosotros. Por eso decía antes que Ensenyat es la sal de la tierra, que nos despierta del letargo y que, a falta de gestión, carreteras y subvenciones, salva al Consell del eclipse informativo.

No está de más en mi sentido homenaje a esta imprescindible institución recordar por último las fabulosas esperanzas con las que entró el tripartito en el Consell de Mallorca hace poco más de un año. Querían comerse el mundo. “−El cambio instaurado por las fuerzas progresistas ya ha comenzado”, anunciaba el vicepresidente Miralles, nada más llegar. “−No es fácil, porque las máquinas estaban paradas por la inactividad del gobierno liderado porMaría Salom“, remataba el socialista. Ensenyat no se quedaba atrás: “−Somos gente que creemos en esta institución, que queremos que sea fuerte y bien financiada, ágil y con todas las competencias que pueda asumir”. Y anunciaba “Repensem Mallorca”, una campaña propagandística para camuflar la futilidad y la inacción de la institución. A los cien días, un eufórico Ensenyat trompeteaba triunfal que “el león que estaba dormido” había empezado a despertarse. Pues ya lo ven. Pasan los días, pasan las semanas, pasan los meses, pasan los años y el león sólo ruge gracias a las salidas de pata de banco de Ensenyat y a su populismo de regional preferente. Un genio o un cantamañanas, ustedes mismos.

Una de formalidades. Los ediles de Esquerra-Més de Manacor han criticado al alcalde de Manacor, Pedro Rosselló, por utilizar el artículo baleárico –así lo llamaba Moll– en Facebook. Dicen que le resta “formalidad” y “solemnidad”. Los creyentes republicanos se han creído la idea anticuada de que la “formalidad” la marca únicamente la letra impresa. Para ellos, se debe escribir con el artículo “literario” y se puede hablar –así lo hacen ellos en las sesiones plenarias a pesar de las advertencias de la UIB– con el artículo “salado”. Ignoran que esta frontera es hoy mucho más porosa de lo que era hace cincuenta años cuando sólo existía la literatura “formal” por una parte y el uso cotidiano “informal” de la lengua por otra, al estar restringida a usos familiares y privados. Hoy existen multitud de ámbitos (el último, las redes sociales) difíciles de encasillar en las categorías clásicas de “formal” e “informal”. ¿Debe escribirse en salado o en lalado en Facebook, Twitter, Instagram o Whatsapp? Si uno lee las recomendaciones que hacían quince años atrás los sabios lingüísticos de la UIB puede encontrarse con auténticas virguerías que ponen de manifiesto que la “formalidad” no es un asunto baladí. En los libros “La llengua catalana a Mallorca” (1999) y “Proposta de model de llengua per a l’escola” (1999), los autores, cuatro filólogos, distinguen entre formalidad “alta”, “media” y “baja”, “formalidad” a secas, “formal no tan culto” , “formalidad media oralmente”, “oral de una determinada formalidad”, “no formal”, etc.. Las cosas, como ven, no son tan fáciles como creen algunos, máxime si los ámbitos de uso social se multiplican, como ha ocurrido con las redes sociales y los medios de comunicación de masas. No tengo dudas de que nuestros sabios universitarios sabrán explicar estas exquisitas sutilezas a los estilistas Miquel OliverCristina CapóMª Francesca MasJoan Llodrà y Sebastià Llodrà. Con toda formalidad, claro.
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Publicat a EL MUNDO/El Día de Baleares, 17/9/2016

La perversión del lenguaje

Uno de los efectos más plausibles del miserable nivel de la política española es la perversión del lenguaje. Tal vez su máximo exponente sea la diputada catalana Anna Gabriel, la nekane de la CUP que tiene la costumbre de deformar a martillazos todos los conceptos que salen de sus labios. Tampoco por aquí carecemos de lumbreras, la verdad. Ahí está, sin ir más lejos, este genio del Derecho que es Jaume Mateu, presidente de la OCB, que hace unas semanas (EM, 20-7-2016) criticaba al Govern de Armengol por no “proteger a los ciudadanos de Baleares para que puedan expresarse en la lengua propia sin tener que sufrir ningún tipo de discriminación”. Por lengua “propia”, claro está, Mateu se refiere al catalán, no a la lengua de cada uno. Mateu apelaba a este “derecho” para que el Govern interviniera en los comercios y en el sector privado imponiendo requisitos lingüísticos para abrir y contratar trabajadores. ¿Dónde está escrito el “derecho” de que a uno le atiendan, o entiendan, en catalán? Es más, ¿existe algún derecho a que a uno le atiendan, o entiendan, en alguna lengua, sea catalán, castellano, inglés, alemán, árabe o italiano? En una sociedad multicultural, turística y con dos lenguas oficiales como es Baleares, ¿de verdad alguien cree que uno se puede desenvolver en todos los trances de su vida en su lengua materna? Mucho me temo que no. Ni en castellano siquiera –pese al artículo 3 de la Constitución, que establece que los españoles tienen el deber de conocer el castellano y el derecho a usarlo–, ni en inglés, ni en alemán, ni tampoco en catalán. Mateu apela a un “derecho” que no existe, el de vivir en catalán. Si quiere ejercitarlo, yo le recomendaría mudarse a Ariany y no moverse de ahí. Y aun así, tengo mis dudas de que lo consiguiera.

Otro genio que también ha demostrado un conocimiento envidiable del Derecho ha sido Martí March. El conseller que ha dado luz verde a seguir con la inmersión lingüística obligatoria nos ha espetado que él sí cree en la “libertad”, a diferencia de José Ramón Bauzá que quería imponer un trilingüismo a todos los colegios. Para March, dejar que cada claustro haga lo que quiera en la cuestión lingüística no sólo no vulnera de forma clarísima la igualdad de oportunidades al depender del colegio que uno escoja, sino que es un ejercicio de “libertad”. ¿Libertad? ¿Qué libertad, la de los padres, la de los maestros, la de los políticos, la de los sindicatos? March, recordemos, es el mismo que luego les quiere endosar a los departamentos de Matemáticas una metodología de aprendizaje sin contar con su concurso, o el mismo que se salta la ley orgánica de educación con las reválidas o los conciertos a la enseñanza diferenciada. Cumple la ley a ratos, a conveniencia, a trozos. No le vendría mal recordar las palabras de Cicerón cuando vinculaba ley y libertad, “somos siervos de las leyes para poder ser libres”. O si quiere a alguien más cercano, las de Locke, padre del liberalismo, “donde quiera que acaba la ley, allí empieza la tiranía”. ¿Acaso no sabe nuestro cátedro que una democracia es el imperio de la ley y que él debe ser el primero en someterse a ella? ¿Qué es la libertad sin ley, amigo?

Etiología de la deuda balear. Hace dos semanas recordaba que, gracias al modelo que sellaron Carles Manera y José Luis Rodríguez Zapatero en 2009, la financiación per cápita de Baleares estaba ahora mismo en la media nacional. De hecho, somos la autonomía que, con diferencia, salió más favorecida en 2009. Lo demuestran todos y cada uno de los estudios de Fedea, Hacienda, la Generalitat o FAES. Ante esta evidencia palmaria, los argumentos políticos para mejorar la financiación han tenido que variar. Armengol se ha agarrado al criterio de la “ordinalidad”: si Baleares es la tercera comunidad que más aporta por habitante debe ser también la tercera en recibir. Otro asidero al que se están agarrando quienes tratan de mantener vivo el agravio es que la desorbitada deuda pública de Baleares, más de 9.000 millones de euros, habría sido culpa de la mala financiación que históricamente hemos venido sufriendo. Se trataría de una especie de “deuda histórica”. Como estábamos mal financiados y encima el Estado colaboraba poco a la hora de invertir en carreteras y demás obras públicas, algo que es cierto, Baleares habría recurrido al endeudamiento para hacer frente a su falta de recursos y, por consiguiente, la deuda se habría disparado.

IMG 3571Los datos oficiales desmienten este razonamiento. El gráfico adjunto (fuente: Banco de España) muestra la evolución de la deuda viva de Baleares desde 2000 hasta 2015. Durante su último año de gobierno (2011), Antich no aprobó el presupuesto, dejando, como sabemos, la autonomía casi en suspensión de pagos. Lo primero que tuvo que hacer Bauzá al entrar fue bancarizar los centenares de miles de facturas que se encontró en los cajones. De ahí que en 2012 el incremento de la deuda ascendiera a 1.356 millones, una deuda imputable en gran parte a Antich.

A la luz del gráfico, no es cierto, por tanto, que la deuda actual se deba principalmente a los más de veinticinco años (1983-2008) en los que, efectivamente, Baleares estuvo mal financiada, cuando estábamos quince o veinte puntos por debajo de la media. De hecho, hasta 2007 la deuda se mantuvo en niveles perfectamente manejables, apenas 1.798 millones (6,9% del PIB regional). Fue a partir de 2008 que se disparó y lo hizo, casualmente, cuando empezábamos a estar mejor financiados, a estar por fin en la media. En los últimos ocho años (2008-2015) nos hemos endeudado un total de 6.508 millones para una deuda que a finales del año pasado trepaba hasta los 8.306 millones (30,2% del PIB regional).

El motivo de nuestro gigantesco endeudamiento no hay que buscarlo en nuestra histórica mala financiación. Cañellas, Matas y el primer Antich sabían autocontrolarse en el gasto con lo poco que les llegaba. Ha sido la formidable pulsión despilfarradora del segundo Pacte de Progrés y luego de Bauzá en sus dos últimos años los que nos han conducido a esta lamentable situación. Ellos son los máximos responsables de la deuda actual. No pueden aferrarse, en propiedad, a ninguna “deuda histórica” fruto de una mala financiación.
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Publicat a EL MUNDO/El Día de Baleares, 6/8/2016   .LaPerversionDelLenguaje

Federalismo y ordinalidad

El último conejo que se ha sacado de la chistera Francina Armengol ha sido el llamado “federalismo fiscal”. Como de costumbre, se ha quedado con el nombre sin explicarnos en qué consistiría exactamente y qué principios informarían su propuesta federalista. A falta de ideas claras, el neolenguaje siempre resulta ser un buen sustitutivo para salir del paso y recrear la realidad. Por lo poquito que ha trascendido parece que ahora el criterio del que se valdrá el Govern para tratar de lograr una mejor financiación será el principio de “ordinalidad”. Este principio consiste en que ninguna autonomía debe obtener menos recursos del sistema de financiación que otra si la primera recauda más que la segunda. Eso significa que se mantendrían los ránkings de ingresos y gastos per cápita por comunidades. Si Baleares es la tercera en recaudar también será la tercera en recibir. Este nuevo criterio incentiva a las regiones ricas como Baleares, Madrid y Cataluña a recaudar más ya que saben que parte de este esfuerzo fiscal se quedará en su territorio. Es importante fijar, antes de afirmar si la financiación es “justa” o no, los criterios a partir de los cuales medimos esta “justicia”. Hasta ahora el criterio que se había venido manejando para evaluar la “justicia” del modelo de financiación había sido “estar en la media”. Y Baleares, como saben Armengol y Claderaya está en la media, gracias al último modelo de financiación que acordaron Rodríguez Zapatero y Carlos Manera en 2009. No satisfechos con los resultados de aquel modelo, nuestros socialistas ahora se disponen a cambiar el criterio de reparto. Esto es legítimo, por supuesto, pero lo que no deben hacer, ni ellos ni los periodistas desinformados que les bailan el agua, es evaluar la “justicia” de la actual financiación con la nueva métrica de la ordinalidad. Esto es hacer trampas. Repito, uno antes de hablar de justicia debe saber qué entiende por ella.

Paradójicamente, la aceptación de la “ordinalidad” como criterio no es más que la asunción de un principio clave del liberalismo económico. Si bien es cierto que con el hipotético modelo basado en la ordinalidad se seguirían produciendo transferencias de recursos de las regiones más ricas a las más pobres, lo cierto es que la magnitud de estos flujos redistributivos disminuiría. Eso no tiene nada de socialista, todo lo contrario. Los socialistas están asumiendo, sin saberlo siquiera, el credo de sus adversarios liberales. Defender que las regiones ricas no deben aportar tanto a las regiones pobres es el mismo principio que nos lleva a defender que un individuo rico tiene que pagar menos impuestos. O que los individuos ricos deben recibir más prestaciones y servicios que sus vecinos más pobres porque pagan más impuestos. O sea, significa todo lo contrario del viejo principio de la redistribución de la riqueza al que tan caros han sido, al menos históricamente, los socialistas. Mucho me temo que, a la hora de la verdad, los socialistas de las regiones más ricas (Armengol, Iceta) no logren imponer el criterio de ordinalidad a los barones de las regiones más pobres como Andalucía, Aragón o Extremadura. Se avecina otro choque de trenes en el seno del PSOE. Al tiempo.

El PI como referenciaHace un par de años,el partido que lidera Jaume Font se presentó en sociedad como una formación regionalista, autonomista, de centro-derecha y sin veleidades que comprometieran la unidad de España. Quiso dejar claro que Proposta per les Illes (PI) no era nacionalista ni tampoco de izquierdas. El tiempo y las circunstancias, sin embargo, nos han devuelto a la cruda realidad. El PI (tres diputados) es hoy una formación que practica la genuflexión semanal ante el Govern de Armengol con la finalidad de sustituir a Podemos (diez diputados) como socio preferente del ejecutivo. Font no sabe ya qué revolturas hacer para aliarse con Armengol que, al menos de momento, hace oídos sordos a los cantos de sirena del pobler, al que probablemente desprecia. Por otra parte, el programa económico de El PI se parece más al del PSM de hace una década que al de un partido que se autodefine como de centro-derecha. Es más, se diría, al menos a tenor de lo que escriben sus columnistas y escritores orgánicos (Font, a diferencia de los populares, sí tiene quien le escriba), que ideológicamente el PI ha caído en manos del otrora sector crítico de UM, plagado de nacionalistas antiespañoles. Esta ha sido la evolución de Proposta per les Illes en dos añitos. No es una cuestión baladí dada la admiración de los regionalistas del PP hacia Jaume Font. LosCompanyVidalProhensGalmés y Sagreras no sólo veneran los modos pueblerinos, directos y “extrovertidos” de Font al que consideran como uno de los suyos –y otra víctima de Bauzá– sino que aspiran a hacerse con sus votos, lo que significa que finalmente el PP podría terminar mimetizándose en una especie de PI para fagocitarlo desde la base. De no conseguirlo, el PI, y no C’s, se convertiría en el socio preferente en quien los de Gabriel Company confiarían la formación del gobierno. Sea como fuere, la facción regionalista del PP tiene como modelo al PI al que tratará de parecerse. Y eso tendrá consecuencias si finalmente los de Company se hacen con el PP: abandonar todo aquello que moleste a la corrección política dominante que dicta la izquierda y el nacionalismo y convertirse de nuevo en un partido domesticado que no cuestione los dogmas del adversario en todo lo que afecta al modelo de sociedad o al debate cultural. Una vez ha renunciado al reto de dirigir la sociedad, en el sentido que le daba Gramscial término “dirigir”, el PP estaría en condiciones de gobernar. No sabemos para qué pero a quien sólo le importa la ocupación física del poder le traen sin cuidado sus fines últimos. Saben que, con el Pacte cociéndose a fuego lento en sus habituales ineficacias y contradicciones, el PP podría volver a gobernar apenas sin despeinarse, como han demostrado las elecciones del 26-J.  Desde la noche electoral no caben de gozo. La esperanza ha vuelto a Palau Reial. Naturalmente, un PP tan genuflexo reforzaría a C’s por poco que éstos últimos se espabilen en convencer al sector más ilustrado de la derecha de las Islas.
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Publicat a EL MUNDO/El Día de Baleares, 9/7/2016

El docente adolescente

A menudo atribuimos en exclusiva el hundimiento de la enseñanza pública a leyes, decretos y desidias políticas cuando, en realidad, gran parte del cataclismo debe atribuirse a un determinado perfil de profesor que se dedica en cuerpo y alma a boicotear cualquier reforma por necesaria que sea con un encomio digno de mejor causa. El arquetipo que les presento es un señor poco baqueteado por la vida, de edad avanzada, que lleva lustros en la docencia y que suele alardear de “experiencias” únicas tan enriquecedoras como haber pasado alguna temporada en algún país del Tercer Mundo al calor de algún proyecto sindical a cuenta, claro está, del erario público. A pesar de su edad, diríase que nuestro héroe no ha envejecido, todo lo contrario: vive una eterna adolescencia, esa maravillosa edad en la que uno quiere ser mayor sin apechugar con ninguna de sus cargas. No es difícil identificar a este arquetipo en nuestros institutos. Si no lo han identificado todavía, les regalo unos retazos que a buen seguro le ayudarán a hacerlo.

1. Nuestro héroe tiene el don de la ubicuidad. Forma parte del Consejo Escolar del centro, como jefe de departamento está en la comisión de Coordinación Pedagógica y lleva la voz cantante en el claustro de profesores. Ególatra y narcisista, es el centro del instituto. Nunca aspiró a otra cosa que a jefe de la oposición contra el equipo directivo sin dar, eso nunca, el paso de incorporarse a él. El auditorio de fieles que se ha labrado tras años de intrigas, discursos floridos y tertulias de bar llena su ego por completo. Inseguro de sí mismo, se escucha sólo a sí y habla para ser oído.

2. Toda su vida gira alrededor del instituto. Por las mañanas, docencia. Por las tardes prepara escritos para el Consejo Escolar y el claustro. Maquinador e intrigante, no tiene vida más allá del centro.

3. Cuando el Govern de Bauzá aprobó el TIL, nuestro demóstenes exigió que el claustro se manifestara contra el decreto, como si tuviera alguna potestad para ello. Cuando estalló la huelga encubierta contra el TIL, pretendía que, mientras los profesores seguían cobrando el sueldo, se abstuvieran de dar clase a los alumnos que sí acudían al centro. Más tarde, se sumó al paripé de presentar por escrito su renuncia como jefe de departamento… para volver a presentarse de nuevo a la reelección el curso siguiente. Las tres horas de reducción horaria de las que disfrutaba como jefe de su departamento eran demasiado golosas para sacrificarlas en el altar de sus ideales. Ama la libertad sin responsabilizarse de nada. Induce a los demás a rebelarse mientras él se pone a refugio. Si comete algo ilegal o inmoral, siempre le quedará la directiva para echarle el muerto. Su afán de protagonismo no conoce límites. Algunos todavía recuerdan el día en que pidió al claustro votar contra el Proyecto de centro en el que habían sido incluidas las alegaciones que él mismo había presentadoEsta es su coherencia.

4. Durante unos años nuestro héroe se encargó de organizar la ceremonia de graduación de los alumnos salientes de bachillerato. Las circunstancias lo apartaron de esta responsabilidad. Herido en su orgullo, desde aquel día empezó una campaña sin cuartel contra el equipo directivo al que culpaba de su defenestración. Con su ausencia el evento prosperó, demostrándose que su presencia, más que necesaria, era engorrosa. Eso aguijoneó más si cabe su resentimiento que no oculta a nadie que tenga oídos para escucharle.

5. Su afán por controlar todo lo que ocurre en el centro no conoce límites. No obstante, nunca ha querido asumir ninguna responsabilidad de gobierno o dirección. Quiere manejar los hilos en la sombra, incluso se subroga funciones que no le corresponden, como  controlar las faltas de asistencia de un compañero por no ser de su cuerda.

6. Como buen doctrinario, sólo ve la paja en el ojo ajeno. Provisto de una epidermis finísima, se ofende con facilidad a la mínima discrepancia, que se toma como un ataque personal. Lobo con piel de cordero, desconoce la virtud cristiana de la misericordia. En los claustros nunca pierde la ocasión para ofender a los miembros del equipo directivo y burlarse de ellos, convencido de que se lo tienen merecido por no habitar en el lado bueno de la humanidad. Lo de menos son sus “razones”, en realidad, naderías, zarandajas y nimiedades, que esgrime contra la directiva. Se ha propuesto derrocarla por orgullo y no ser de su cuerda.

7. Aislado del mundo que le rodea, apenas baqueteado por la vida, su percepción de los problemas reales es adánica, distorsionada y utópica, consecuencia de no haber pisado nunca la empresa privada o la economía real.

8. El mismo se ha convertido en una pancarta. Sólo se le ve ufano y feliz detrás de ella. Abanderado de verde los miércoles y viernes, ahora se ha propuesto desde la insignificancia del Consejo Escolar que manipula a su antojo reformar la LOMCE aprobada en las Cortes. Es la última bandera que ha agitado.

9. Pese a llenarse la boca de grandes y nobles palabras, se cuida muy mucho de no elegir los cursos más problemáticos. Su falta de ejemplaridad no le exime de instruir a los profesores de su departamento desde una tarima desde la que su infinito ego se explaya a voluntad.

10. Su fe en la idea de Progreso es absoluta. Una vez, en un examen, un alumno sacó una estampita de la Virgen para que le ayudara. Craso error. Nuestro héroe se lo recriminó arguyendo que estaba en un ¡colegio público y laico!

Nuestro docente adolescente es la joya de la educación pública de Baleares y su máximo valedor. Sin su inefable concurso, nada sería igual. Seguro que ya le han identificado, aunque cualquier parecido con la realidad sea pura coincidencia.
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Publicat a EL MUNDO/El Día de Baleares, 17/7/2016

Transdialectalisació o suplantació?

Quan escomets qualque filòleg o mestre de català i li demanes es motius de sa pèrdua alarmant de lèxic balear que s’ha produït en es darrers trenta anys que, casualment, coincideixen amb unes polítiques de normalisació lingüística que, almanco inicialment, pretenien tot lo contrari, te solen respondre que sa llengua és una i no una suma de compartiments territorials tancats. Efectivament, te diuen que lo primordial és que mallorquins, eivissencs, catalans i valencians se puguin entendre entre ells i això suposa que mos avesem a sentir −i usar− paraules que fins fa una vintena d’anys només se deien a Manresa o Barcelona. Aquesta idea ha estat defensada intel·lectualment pes nostros filòlegs. Des de Francesc de Borja Moll fins a Gabriel Bibiloni. Així, per exemple, es mateix Bibiloni, Antoni Alomar, Jaume Corbera i Joan Melià sostenien fa uns anys que “caldria abandonar la visió de la llengua com un conjunt de compartiments estancs i potenciar una concepció unitària (no unitarista, clar) en què tots els recursos de la llengua (especialment lèxics i fraseològics), de qualsevol varietat geogràfica, són entesos com a patrimoni de tots els parlants de l’idioma i, per tant, vàlids i utilitzables en tot el seu territori. Dit amb un exemple senzill, al costat de ‘moix’, ‘gat’ no ha de ser rebutjat com a part del patrimoni lingüístic dels mallorquins, de la mateixa manera que el mot ‘ca’ ha de ser sentit com a propi i natural de tots els catalans continentals, al costat de ‘gos’” (La llengua catalana a Mallorca, Ed. Consell de Mallorca, 1999).

Aquesta idea se coneix com a “transdialectisació” i, com indica es terme, suposa trascolar mots d’un dialecte a un altre i d’aquesta manera arribar a una espècie d’un pou lexicogràfic on un barceloní espipella frases fetes de Menorca, un menorquí pesca mots de Barcelona, un gironí tasta qualque locució de Mallorca i un mallorquí agafa adjectius originals de Castelló. O sigui, sa “transdialectisació” va en totes ses direccions i es resultat d’aquest procés de reconeixement mutu entre es distints territoris lingüístics seria sa concreció, almanco a nivell de lèxic, d’un modelcomposicional, o sigui, un estàndarcompost per paraules de tots es dialectes sense que cap d’ells s’imposi damunt ets altres. Això és sa posició que, amb més o manco energia, ha defensat històricament sa UIB. Se tracta d’una posició benintencionada però que ha estat arraconada per sa crua realitat sense que tampoc sa nostra universitat reaccionàs fent lo mateix que feren catalans i valencians: crear un estàndar regional propi.

Perquè, darrere sa cortina benintencionada de “transdialectisar” sa llengua comuna, lo que s’ha produït en realitat ha estat una suplantació de moltíssimes paraules balears –considerat es dialecte més genuí i pur de tots– per paraules de Catalunya. De fet, hem viscut i vivim sa suplantació lèxica més gran de tota s’història de sa llengua aquí a Balears. En parlava s’altre dia en aquesta mateixa tribuna, ¿qui ha sentit dir a TV3, Canal 9 o C33 una locució balear? ¿Qui ha vista escrita una paraula mallorquina a una informació des diari Avui o Ara? Segur que, en cas d’haver-ne vista qualcuna, no fa llarg. En canvi, en s’altra direcció, sí que observam IB3 emprar una mala fi de mots continentals substituint es balears, convençuts, adesiara, que es sinònim balear és un castellanisme, un vulgarisme o un arcaisme. O sigui, una ultracorrecció pròpia de s’ignorància o de sa vessa de consultar un diccionari. Així, per posar-ne un parell d’exemples, paraules com “servici” (servei), “témer-se’n” (adonar-se’n), “sext” (sisè), “sèptim” (setè), “octau” (vuitè) o “qualque” (algun), totes elles incloses dins es sis-cents termes que passaren a formar part des nou diccionari normatiu (DIEC1) de l’any 1996, foren marcades com a “massa dialectals” per ses estirades vedettesd’IB3 i també per sa mateixa UIB quan, el 2014, es Govern de Bauzá va malavejar balearisar es model lingüístic d’IB3 amb tota sa polèmica de s’article salat. Ni anaven de salat ni tampoc de lèxic genuí. Vint anys enrere, sa UIB i es propis polítics i periodistes balears havien reinvidicat s’inclusió d’aquests mots precisament a sa primera edició des Diccionari Normatiu de sa Llengua Catalana (DIEC1). I d’això, d’aquests canvis de criteri, encara n’hi ha que en diuen ciència.

Aquesta suplantació lèxica –vestida intel·lectualment de transdialectisació, com hem vist– ha tengut lloc davant es nassos des nostros polítics que no han badada sa boca per por a esser insultats pets experts en sa matèria. Sa Fundació Jaume III ha denunciat aquesta suplantació a un informe que analisa en detall es grau d’adaptació des llibres de text a ses modalitats balears (2014), estudi que poden consultar a sa nostra web (www.jaumetercer.com). Tenc en ses mans un llibre de llengua catalana de tercer de primària de s’editorial Anaya. L’obr i me top a ses dues primeres pàgines amb paraules com aquestes: “m’aprop” (en lloc de “m’acost”), “menys” (en lloc de “manco”), “a soles” (“tot sol”), entrepà (“pa i…” o “companatge”), “doncs” (“idò”), “gustos” (“gusts”), “tingues en compte” (“tengues en compte”), “a l’abast” (“a mà”), “estris” (“ormejos”) o “endreçada” (per “desada”). Fins i tot sa paraula “pedaç” apareix dins s’apartat de vocabulari com una paraula rara.

Més enllà de ses bones intencions, aquest és es vertader resultat de sa “transdialectisació” defensada pes nostros savis. Noltros, es balears, sí que mos hem transdialectisat, incorporant un fotimer de paraules continentals que han substituïdes ses genuïnes de Balears de manera que avui en dia molts des nostros escolars no en coneixen d’altra que sa catalana i sa castellana, que, adesiara, coincideixen. Però no coneixen sa variant mallorquina, menorquina o eivissenca que es seus padrins i repadrins encara utilisen. No crec que catalans i valencians s’hagin transdialectisat amb s’entusiasme amb què ho hem fet noltros. Segurament, qualque cosa té a veure que catalans i valencians hagin optat per elaborar es seus propis estàndars regionals mentre que es balears hem fet tot lo contrari: assumir s’estàndar de Barcelona amb un fervor i una devoció que haurien fet empegueir Mossèn Alcover, pare des Diccionari Català-Valencià-Balear. Supòs que qualque cosa té a veure també que es filòlegs de sa UIB siguin es guardians més lleials de s’ortodòxia fabriana. Evidentment, hi ha uns responsables de tot aquest empobriment lèxic i no és només s’eterna bubota de s’interferència des castellà. Crec que mai Francesc de Borja Moll, es principal defensor de s’estàndar a Balears, també partidari de sa teoria transdialectisant però que tenia una sensibilitat lèxica cap a ses nostres formes que ja voldrien es mestres de català d’avui en dia, s’hagués pogut imaginar que arribaríem on hem arribat. I molt manco si sabés que ha estat per obra i gràcia des seus deixebles.
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Publicat a EL MUNDO/El Día de Baleares, 22/6/2016