El león sigue dormido

Miquel Ensenyat está conduciendo al Consell de Mallorca hacia la irrelevancia. Nunca fue una institución importante pero sí conoció alguna época en la que tenía cierta razón de ser. Recuerdo, por ejemplo, cuando el Consell era conocido como “sa repartidora” por su magnífico desempeño en el reparto de las subvenciones, una disciplina que UM convirtió en una de las bellas artes que pasará a los anales de la ciencia política como una contribución de primer orden de la “res” pública mallorquina. Este esplendor redistributivo coincidió, justo es reconocerlo, con un ambicioso plan para modernizar las carreteras “a la mallorquina”. No se rían ustedes, poca broma: prácticamente todas las infraestructuras viarias de las que hoy disfrutamos deben atribuirse al pacto Matas-Munar (2003-2007), pese a quien pese y caiga quien caiga. De Armengol, por contraste, apenas sí recordamos alguna realización en su sonriente andadura como presidenta del Consell, si descontamos su sonrisa profidén y aquella fantasmagórica Agencia para la Disciplina Urbanística cuyo propósito era, nada menos, que terminar con la vista gorda de los alcaldes. Por misericordia cristiana, no voy a recordar los frutos de dicha agencia.

La cuestión es qué hace el Consell ahora mismo aparte de “repensar Mallorca”, cambiar por la puerta de atrás la Diada de Mallorca, recibir en audiencia a excursionistas, “vermadors i vermadores” y todo lo que se agite por Palau Reial, subvencionar “sa pujada des Güell a Lluc a peu” y, sobre todo, salir a la palestra por las astracanadas de Miquel Ensenyat. Es cierto, a falta de gestión, de carreteras y de munificencia subvencionadora, Ensenyat se ha apropiado de la institución hasta tal punto de confundirse con ella. Ensenyat es el Consell y el Consell es Ensenyat. El Consell existe gracias a las salidas de tono de Ensenyat, ese educador social, que nos distrae de vez en cuando para despertarnos del sopor y recordarnos que el Consell, como Teruel, ¡también existe! No cabe duda de que se trata de un líder con personalidad: presentarse como “mallorquinista” y decir que no sabe qué es el “pancatalanismo” cuando sus conmilitones de Més se van a Cataluña a celebrar el 11 de septiembre tiene su mérito, indudablemente. Claro que para celebrar la Diada de Cataluña no hacía falta cruzar el charco, bastaba con quedarse aquí tras haber adelantado un día la Diada de Mallorca (12 de septiembre), como él mismo admitió en una entrevista a Canal4.

Tan desesperado debe andar el pobre por la inactividad de la institución que preside y por lo poquito que puede vender de su gestión que al fin se ha dado cuenta de que lo que le hace falta son más competencias y financiación. Aunque ello signifique birlárselas a Armengol, a la que lanzó un dardo envenenado en su discurso del Teatro Principal al espetarle que “hacía suyas sus palabras” que dirigiera en 2010 a Antich para conminarle que de una vez por todas le transfiera las competencias recogidas en el Estatuto de Autonomía de 2007. “−Que nadie piense que los mallorquines hemos olvidado lo que nos toca por derecho, y tenemos derecho a decidir las políticas que queremos hacer en nuestra casa y eso solo lo puede hacer desde la institución que representa al pueblo de Mallorca y este es el Consell”, advirtió a la presidenta. Al parecer, los mallorquines estaríamos oprimidos no tanto por los malvados españoles como de los baleares en su conjunto, del Govern o de la comunidad autónoma. Seguro que Nel Martí(léase, la “voz de Menorca”) debe estar riéndose a rienda suelta con el victimismo de Ensenyat (léase, “la voz de Mallorca”) en nombre de los mallorquines. Menos mal que alguien piensa en nosotros. Por eso decía antes que Ensenyat es la sal de la tierra, que nos despierta del letargo y que, a falta de gestión, carreteras y subvenciones, salva al Consell del eclipse informativo.

No está de más en mi sentido homenaje a esta imprescindible institución recordar por último las fabulosas esperanzas con las que entró el tripartito en el Consell de Mallorca hace poco más de un año. Querían comerse el mundo. “−El cambio instaurado por las fuerzas progresistas ya ha comenzado”, anunciaba el vicepresidente Miralles, nada más llegar. “−No es fácil, porque las máquinas estaban paradas por la inactividad del gobierno liderado porMaría Salom“, remataba el socialista. Ensenyat no se quedaba atrás: “−Somos gente que creemos en esta institución, que queremos que sea fuerte y bien financiada, ágil y con todas las competencias que pueda asumir”. Y anunciaba “Repensem Mallorca”, una campaña propagandística para camuflar la futilidad y la inacción de la institución. A los cien días, un eufórico Ensenyat trompeteaba triunfal que “el león que estaba dormido” había empezado a despertarse. Pues ya lo ven. Pasan los días, pasan las semanas, pasan los meses, pasan los años y el león sólo ruge gracias a las salidas de pata de banco de Ensenyat y a su populismo de regional preferente. Un genio o un cantamañanas, ustedes mismos.

Una de formalidades. Los ediles de Esquerra-Més de Manacor han criticado al alcalde de Manacor, Pedro Rosselló, por utilizar el artículo baleárico –así lo llamaba Moll– en Facebook. Dicen que le resta “formalidad” y “solemnidad”. Los creyentes republicanos se han creído la idea anticuada de que la “formalidad” la marca únicamente la letra impresa. Para ellos, se debe escribir con el artículo “literario” y se puede hablar –así lo hacen ellos en las sesiones plenarias a pesar de las advertencias de la UIB– con el artículo “salado”. Ignoran que esta frontera es hoy mucho más porosa de lo que era hace cincuenta años cuando sólo existía la literatura “formal” por una parte y el uso cotidiano “informal” de la lengua por otra, al estar restringida a usos familiares y privados. Hoy existen multitud de ámbitos (el último, las redes sociales) difíciles de encasillar en las categorías clásicas de “formal” e “informal”. ¿Debe escribirse en salado o en lalado en Facebook, Twitter, Instagram o Whatsapp? Si uno lee las recomendaciones que hacían quince años atrás los sabios lingüísticos de la UIB puede encontrarse con auténticas virguerías que ponen de manifiesto que la “formalidad” no es un asunto baladí. En los libros “La llengua catalana a Mallorca” (1999) y “Proposta de model de llengua per a l’escola” (1999), los autores, cuatro filólogos, distinguen entre formalidad “alta”, “media” y “baja”, “formalidad” a secas, “formal no tan culto” , “formalidad media oralmente”, “oral de una determinada formalidad”, “no formal”, etc.. Las cosas, como ven, no son tan fáciles como creen algunos, máxime si los ámbitos de uso social se multiplican, como ha ocurrido con las redes sociales y los medios de comunicación de masas. No tengo dudas de que nuestros sabios universitarios sabrán explicar estas exquisitas sutilezas a los estilistas Miquel OliverCristina CapóMª Francesca MasJoan Llodrà y Sebastià Llodrà. Con toda formalidad, claro.
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Publicat a EL MUNDO/El Día de Baleares, 17/9/2016

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