MIGUEL NIGORRA OLIVER.
A propósito del cierre de la Editorial Moll he leÃdo por primera vez un interesante libro, editado en 1962, con motivo del centenario del nacimiento de Mossén Alcover que fue escrito por Francesc de Borja Moll, fundador de la editorial, titulado Un home de combat que me ha proporcionado Lleonard Muntaner. El libro es una biografÃa resumida de Alcover, con quien Moll casi desde el principio colaboró en la gran obra del Diccionari. En la liquidación de los restos del naufragio que se está realizando en el polÃgono de Son Castelló quizá se puede encontrar más de un ejemplar. Lo cierto es que el libro es el vivo retrato que Moll hizo de Alcover como hombre estudioso, inmenso trabajador, duro y gran apasionado por su obra en la que dejó su salud, su patrimonio e incluso las ayudas de sus hermanos que se ganaban la vida como payeses, con el sudor de su frente, en las possessionsde Manacor, en Santa Cirga, Sa Torre Nova y Son CrespÃ.
Los trabajos del Diccionari habÃan empezado en 1901 con la célebre lletra de convit y con la publicación mensual del bolletÃ. Moll se incorporó a propósito de una visita de Alcover en el Seminario de Ciudadela donde aquél estaba. Alcover habÃa creado una gran red de colaboradores que rellenaban las cédulas o fichas que se clasificaban en la célèbre calaixera. A los más eficientes los calificaba como «es que no tenen son».
Alcover fue nombrado presidente de la Sección Filológica del Institut d’Estudis Catalans creado en Barcelona por Prat de la Riba, con quien Alcover mantenÃa una buenÃsima relación. En 1915 se trasladó la calaixera a Barcelona ante la reiterada insistencia de Pompeu Fabra que vino expresamente a Mallorca en nombre de Prat de la Riba. Habiendo fallecido Prat en 1917, surgieron tensiones entre Alcover y los miembros del Institut pues el enfoque de Alcover, que se reflejaba claramente en la introducción que se preparó para el primer tomo, optaba por la defensa de la unidad de la lengua pero sin llegar a la uniformidad. Un punto también de tensión fue incluir la traducción al castellano que Alcover justificaba como ayuda a los que lo conocÃan. El mayor punto conflictivo fue que los catalanes pedÃan tres diccionarios: uno para los dialectos, otro para la lengua literaria moderna y otro para la lengua antigua. Alcover querÃa un solo diccionario en el que llevaba trabajando cerca de veinte años. Alcover, que de payés tenÃa mucho pero de tonto nada, veÃa que la lengua literaria era lo que más interesaba a los catalanes, con el mallorquÃn muerto y sepultado bajo la losa del barcelonÃ. Sobre esto escribió: «aquest escabotell de barcelonistas miran lo de fora de Barcelona com un dialecte pudent, corromput, tirador i que no té per on agafar». La ruptura violenta en 1918, se produjo al lanzar Alcover un duro manifiesto que se publicó en su BolletÃ, y al ordenar que la calaixera volviera a Palma, rematando la faena al anunciar su decision de que el Diccionari de la Llengua Catalana apareciera con el tÃtulo definitivo de Diccionari català -valencià -balear. Joan Estelrich, en sus Dietaris desde la perspectiva polÃtica de La Lliga de Cambó y sin ningún atenuante cultural, escribió que Alcover «ha perduda tota l’estimació que li professava, és un fanà tic, un intolerant, un caparrut», añadiendo «només de pensar amb aqueix home vil me sento agitadÃssim, nerviosÃssim i eloqüentÃssim».
La primera consecuencia negativa de la ruptura fue que se agravó el gran problema de la financiación. En 1922 el hermano menor de los Alcover, l’amo en Pep, le aconsejó: «Toni, si jo fos de tu, escriuria an es Comte de Romanones i an en Maura contant-los lo que t’han fet a Barcelona, i els demanaria ajuda». Esta recomendación no le sonaba bien a Alcover pero su apretada y desesperada situación económica le ayudó a recapacitar escribiendo una serie de cartas a polÃticos conocidos. Su sorpresa fue grande al recibir un telegrama del secretario particular de Alfonso XIII citándole en Madrid donde fue recibido y apoyado por el Rey. El tema se llevó a Las Cortes y se aprobó una ayuda de 25.000 pesetas anuales pero con el voto en contra de casi la totalidad de los diputados catalanes, con una intervención durÃsima, contra el Diccionari como obra «contra Cataluña» de Alomar Villalonga, mestre Biel, decÃa Alcover. Una euforia excesiva se apoderó de Alcover que se lanzó otra vez a una crÃtica desenfrenada contra sus antiguos colaboradores catalanes, a los que atacó con su clásica dureza y conocido sarcasmo. La ayuda del Gobierno se mantuvo hasta 1926 en que Primo de Rivera la canceló.
De nuevo la preocupación se apoderó de Alcover. Hizo las paces con Pompeu Fabra y acudió también a Francesc Cambó en 1928. Este le recibió con amabilidad, le invitó a sentarse y exponer su problema. Asà lo hizo Alcover y al terminar, Cambó le soltó la andanada: «Mossén Alcover, a vostè li ha succeït el que succeix a tots els traidors».
A trancas y barrancas salió por fin el primer tomo del Diccionari en 1932. Este mismo año fallece Alcover y Moll prepara el segundo tomo editado en 1935. En el libro Un home de combat dice Moll que antes de morir le habÃa dicho: «Quan jo seré mort, canvia l’ortografia, si la vols canviar; mentre jo visqui, no la vull canviar. Ja he canviat massa vegades». Alcover habÃa tenido un duro ataque de apoplejÃa que le hizo reducir su actividad con consecuencias que duraron el tiempo suficiente para prepararse para el tránsito definitivo. Conociendo el personaje resulta difÃcil creer las palabras atribuidas a Alcover. En la Introducción del primer tomo habÃa dejado clara su posición sobre la ortografÃa. Y en la Introducción de la edición digital de Moll no queda ninguna referencia a aquella, insistiendo en el indemostrable tópico de la repoblación. Los otros ocho tomos, que completaron la gran obra, se publicaron entre 1950 y 1962 en pleno Franquismo con la decisiva colaboración de las instituciones públicas isleñas y de muchos particulares. Hay que reconocer que la gran obra de Alcover no se hubiera terminado sin la total entrega al trabajo de Francesc de B. Moll, a pesar de su rendición ante el Institut.
Hoy jueves, 19 de febrero se hace la presentación en Palma del libro Un model lingüÃstic per ses Illes Balears que ha sido posible por el apoyo de la Fundación Jaume III y gracias al acertado trabajo de Xavier Pericay y Joan Font Rosselló. Este trabajo supondrá el mejor homenaje a la herencia cultural lingüÃstica de Mossén Alcover y a su numantina y heroica resistencia.
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Publicat a El Mundo-El DÃa de Baleares, es 19-2-2015

