Los modernos vándalos

MARIANO PLANELLS.

 Está de moda entre los separatistas usar el prefijo ‘neo’ para añadir un matiz subliminal de modernidad. Pero nada tiene de moderno reescribir el pasado, como estos institutos independentistas de la Nueva Historia de Cataluña, que reciben jugosas subvenciones de la Generalidad para distorsionar los hechos del pasado. Quieren ganar el futuro cambiando el pasado a su antojo, como estos neocomunistas de Podemos que quieren reescribir la guerra civil para ganarla 75 años después. No podrá ser. Poco futuro tiene ganarse el pasado, modificarlo y falsificar la narrativa histórica. Comunistas y nacionalistas son la cosa más rancia y decimonónica –en sentido literal– más casposa y estéril que aún subsiste en nuestro solar patrio. El primero solo ha creado dolor, cien millones de muertos y hambre por donde pasa. Y el nacionalismo es una reliquia tóxica del puro Romanticismo del siglo XIX. Pero mira tú, les funciona, mientras los gobiernos regionales suelten la pasta gansa. Miles de catalanistas viven de esta sopa boba. Arrinconando el español.

No crean que en Ibiza estamos a salvo, basta ver las candidaturas presentadas, la inmersión en la mayoría de los colegios, la recuperación de las leyes identitarias del Pacte y las publicaciones –siempre financiadas– en catalán estándard, o sea el barcelonés. Que casi nadie lee.

La misma Enciclopedia de Ibiza y Formentera está plagada de barbaridades de variado pelaje. Algunas se las he dicho personalmente al actual responsable, pero temo que en el próximo y último tomo no las corrijan. Las hay a cientos, pero causan espanto algunas como el uso sistemático del término compuesto ´Corona catalano-aragonesa´. Tal adefesio no ha existido nunca. También se le ocurrió a un neohistoriador (¡y político!) catalanista inventarse una Corona de Mallorca inexistente. Que yo sepa es la Corona de Aragón. En Baleares, ciertamente fuimos Reino, el Reino de Mallorca que nos incluía a los pitiusos. Cada cual es muy libre de tener las ideas que Dios y su razón le dé a entender. Pero jamás debieran proyectarse cuando se hace ciencia, cuando se hace Enciclopedia. La de Ibiza y Formentera ha quedado obsoleta en gran parte por no haber sabido filtrar esta rancia y tendenciosa ideología catalanista. ¿Hay en Ibiza algunos historiadores sensatos, ecuánimes, serios y preparados? Al menos ni uno solo ha denunciado públicamente estos disparates ilustrados.

Nos llevaría mucho tiempo leer críticamente estos más de doce tomos que engloban y pretenden explicarnos con rigor la totalidad de las islas de Ibiza y Formentera. Los profesionales debieran tomarse en serio su trabajo y fijarse dónde ha acabado Cataluña (y el proceso no ha concluido: acabará peor). En Ibiza no hemos de seguir a Cataluña en nada: ha demostrado siglo tras siglo que siempre toma la peor opción. Que se estrellen ellos, pero a nosotros que nos dejen en paz. Incluso los catalanistas de aquí se contagian de la ceguera catalana. A principios del siglo XX un exaltado catalanista ibicenco propuso derribar nuestras murallas renacentistas, quizás para seguir lo que se hizo en Barcelona. Hace unas semanas, otro catalanista ibicenco propuso derribar el monumento a nuestros corsarios. Antes de derribar lo ajeno construyan ustedes algo en positivo.

Más valdría que no perdieran el tiempo en intentar cambiar una historia que ni siquiera conocen. ¿Entonces qué quieren? Hacer política con el dinero y con los valores ajenos. Habrán observado que no he citado a nadie. Pero que no sirva de precedente.

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Article publicat a Diario de Ibiza, es 9-12-2015.

Adiós a la dictadura del estándar

Hace unos días me llamó el presidente de una asociación de padres de alumnos para decirme que la directiva del colegio en el que estudia su hijo le había prohibido escribir una circular dirigida a los padres en mallorquín. El colegio le había dicho que utilizar el artículo baleárico, el pronombre débil “mos” (en vez de “ens”) o palabras como “guapa”  y “estupenda” –ambas pueden encontrarse en el mismísimo DIEC2, el Diccionario normativo de la Lengua Catalana en su segunda edición– eran “errores ortográficos”. Lo no estándar, advertía el colegio, era sinónimo de  “error ortográfico”.

Tal vez a ninguno de ustedes le sorprenda una aseveración de estas características aunque sea una absoluta falsedad, incluso para el propio Instituto de Estudios Catalanes (IEC) del que dependemos lingüísticamente gracias al buen hacer de nuestros políticos. En efecto, si buscan la palabra “estàndard” en el DIEC2, diccionario normativo de referencia, en su tercera acepción, la filológica, leerán: “Varietat lingüística que, per un procés espontani o dirigit, ha assolit un alt grau d’anivellament, de codificació, de confluència i d’acceptació en què es tendeix a eliminar al màxim les diferències dialectals, la qual utilitzen normalment, en els diversos registres i nivells, els membres d’una comunitat”. Fíjense que para nada habla de “corrección” ni de “incorrección”, a diferencia de lo que creen la mayoría de correctores y maestros de catalán de las Islas. Y contrariamente a lo quieren hacernos creer, la modalidad estándar sí “elimina al máximo las diferencias dialectales” porque su principal función es la intercomprensión entre dialectos, además de referencia-modelo a largo plazo –con el sacrificio natural de los dialectos– a la que deberán tender los hablantes con “lealtad lingüística”.

A lo largo de treinta años de normalización lingüística mal entendida, el catalanismo y, en consecuencia, los que han pasado por sus fauces tanto en la escuela como en los cursos de reciclaje, ha dado por sentada la dicotomía tradicional “formal=correcto=estándar=escritura” contra “informal=incorrecto=no estándar=habla”. O, lo que es lo mismo en mentes todavía más obtusas, “lengua” –confundida con el estándar– frente al “dialecto”, entendido como una especie de degeneración de esta lengua pura, científica, moderna y culta que sería la lengua literaria o estándar. Esta mentalidad simplona y maniquea está absolutamente generalizada, como observamos en los maestros del colegio del que hablaba al principio.

La nueva gramática catalana. El pasado 29 de septiembre el pleno del IEC ratificaba la nueva Gramática catalana (GLC) después de veinte años de trabajo. La anterior gramática era la de Fabra de 1918 que había sido retocada por él mismo en 1933. Más que los cambios, poco sustanciales realmente, que nos ha traído la nueva GLC −tal vez lo que ha levantado mayor polvareda ha sido la supresión de casi todos los acentos diacríticos−, lo realmente innovador ha sido el nuevo enfoque bajo el que nace. Más que una gramática que “prescribe” lo que es correcto y lo que es incorrecto, se trata de una gramática descriptiva que, como indica su nombre, “describe” las soluciones lingüísticas de los distintos dialectos que pasan a ser “normativas” mientras sean genuinas y no se diga expresamente lo contrario. La GLC elude pronunciarse entre lo que es correcto e incorrecto y habla ahora de formas “preferentes”, “adecuadas”, “generales” y “particulares” en función, claro está, no sólo del registro sino también del contexto y de las necesidades comunicativas en cada ámbito. Este cambio de paradigma abre la puerta a muchas formas dialectales que hasta ahora habían sido desechadas por el catalanismo ultraortodoxo que nos domina en Baleares, más fabrista que Fabra, al ser tachadas estas formas por ser “coloquiales”, o “demasiado dialectales”, o “incorrectas” (?), o parecer “castellanismos”. El IEC pretende así acercar la norma al uso diario y real que se hace de la lengua, tal como viene abogando desde su nacimiento la Fundació Jaume III.

Bofetada a la OCB. Este cambio de filosofía de la nueva GLC que termina con el monopolio devorador de lo estándar sobre la lengua –que es mucho más que el estándar– y que liquida la asociación tradicional “estándar=formal=correcto” se ha acometido para “permitir la identificación de todas las hablas de todo el territorio” y para “cohesionar la lengua catalana”, en la línea que ha defendido siempre la Fundació Jaume III.  En efecto, nosotros hemos considerado siempre que uno de los grandes errores de la normalización lingüística en Baleares ha sido imponer un modelo de lengua con el que los mallorquines –lo mismo vale para menorquines e ibicencos– no se sentían identificados ni reconocidos, lo que ha provocado el abandono oral y escrito del idioma por parte de innumerables nietos e hijos de familias que hasta hace treinta años habían hablado siempre mallorquín en su casa. La rectificación del IEC supone el reconocimiento implícito de que la uniformidad cuartelera propugnada por los filólogos de la UIB y la OCB causaba más problemas que soluciones. Su rigidez uniformizadora ha provocado, en última instancia, la resistencia pasiva de muchos baleares que siguen sin aceptar la denominación de “catalán” y la unidad lingüística. Esta mayor flexibilidad y apertura hacia los dialectos apenas representados en el estándar, como el balear, es todo un ejercicio de realismo ante la imparable pérdida de hablantes, máxime cuando el territorio lingüístico está dividido en varias realidades políticas consolidadas donde lo lógico sería tener un modelo de estándares autónomos, como los que ya existen de hecho en las comunidades valenciana y catalana.

El IEC parece haberse percatado de que la uniformidad a palo seco no generaba “más” unidad sino “menos”, de ahí el cambio de rumbo. No se trataba, como abogaba el sucursalismo local, de que los hablantes aprendieran a hablar y a escribir bien de acuerdo con una Norma Sagrada bendecida por unas autoridades “científicas”, sino de que esta norma sea más intuitiva y se adapte mejor a la lengua viva de la calle, siempre que ésta sea genuina, como todavía lo es el mallorquín de nuestros padres y abuelos.
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Publicat a EL MUNDO/El Día de Baleares, 26/11/2016

La culpa es suya

Obligatorio en la escuela y en la Administración pública, a pesar de todo, el uso del catalán retrocede en nuestra Comunidad. El ámbito temporal del informe elaborado por el Institut d’Estudis Catalans (IEC), Omnium Cultural y la Plataforma per la Llengua se circunscribe a los años que van del 2004 al 2014 y como en todos los estudios anteriores hay un aspecto que no se aborda en ningún caso: la autocrítica. Podría parecer una insensatez de no ser porque quien elabora el informe -no me refiero necesariamente a las personas, sino a las entidades- ha tenido, durante treinta años las herramientas legales y los recursos económicos para que el uso del catalán no sólo no retrocediera sino que aumentase exponencialmente, por lo menos en la misma medida que las generaciones de jóvenes educados en la inmersión lingüística y los funcionarios formados en los distintos niveles del catalán necesario para acceder y ascender en la Administración pública.

Los números no cuadran y probablemente lo harían todavía menos si los comparásemos con los porcentajes de uso de la lengua autóctona de Baleares (sic) de décadas anteriores, en las que ese uso no precisaba de normalización, sólo de normalidad y del orgullo de sentir que la lengua que se hablaba era, de forma natural, la propia.

Hablaba de autocrítica. No es el primer informe de estas características que leo, pero el guion es invariablemente el mismo: el uso del catalán retrocede o no aumenta lo esperado y la causa es siempre la política del PP y tangencialmente, la cuestión demográfica. Lo primero es reversible siempre y cuando se tenga un PP centrado (entendiendo por centrado, uno que se pliegue a los dictados nacionalistas o que no interfiera en cuestiones educativas o culturales) o que gobierne la izquierda nacionalista (¿acaso hay otra?).

En cuanto a la demografía, recurrir a ella para explicar ese retroceso, resulta ahora mismo políticamente incorrecto. Es cierto que en estudios similares se ha explicado la prevalencia social del castellano en determinados momentos, a partir de la llegada de la emigración peninsular (para los separatistas catalanes y supongo que también para nuestros autóctonos adalides del barco de rejilla, un caballo de Troya enviado por Franco para acabar con nuestra lengua). La masiva llegada de emigrantes a principios del 2000, también fue esgrimida como causa de que esa tendencia ascendente, favorecida por la Ley de Normalización Lingüística, el Decreto de Mínimos y la ausencia del castellano de la Administración, sorprendentemente no se produjese. Pero a día de hoy, las normas del catecismo progre impiden responsabilizar -siquiera como hipótesis de trabajo- a la población inmigrante de cuestión alguna, por lo que, en lo que se refiere a los años objeto de estudio, la única causa posible es el TIL que no fue y la libre elección de lengua en la primera enseñanza, que tampoco fue. Créanme, como trabajo de investigación, el estudio al que me estoy refiriendo es, en términos académicos, una auténtica tomadura de pelo y, si alguien ha pagado por él, le debería ser devuelto el dinero.

O no, si lo único que se pretende es describir un hecho y ocultar las causas reales del mismo, además justificar la existencia de los organismos firmantes.

Si hablamos de causas, una tímida y puntual política adversa no puede en ningún caso justificar que una lengua obligatoria en la enseñanza y en la administración y potenciada por los organismos públicos en prácticamente todos los ámbitos de la vida de los ciudadanos, a la que se han dedicado recursos económicos ingentes, no sólo no goce de buena salud sino que su uso retroceda. ¿Se han planteado alguna vez esas entidades y organismos en cuyas manos ha estado la enseñanza, la promoción y la imposición de la lengua catalana, qué han hecho mal para que treinta años después los resultados sean tan magros? ¿Se les ha ocurrido aunque sólo fuera por un instante que su estrategia haya sido la equivocada? ¿Por qué una lengua que antes era estimada por mallorquines, menorquines o ibicencos, se ha convertido ahora en una lengua antipática?

Quizás -sólo quizás- es que no nos estamos refiriendo a la misma lengua. Relegada al registro informal, -o lo que es lo mismo, a ser utilizada en el hogar, entre amigos, en los bares y en el folklore- la lengua con la que el hablante autóctono se sentía identificado y que, por eso mismo el de fuera identificaba con una sociedad en la que deseaba integrarse, ha sido substituida por un estándar impuesto que nadie siente como propio, por lo que su interés en utilizarlo, una vez sale del ámbito en el que le es impuesto, es nulo.

Digo que nadie siente como propio, pero no es del todo cierto. Los que llevan años propiciando la desaparición de las modalidades propias, los que no dudan en sacrificar la lengua de sus ancestros en beneficio de la idea de «una sola lengua, un solo país», los que venden como científica lo que no fue sino una decisión política, los que no dudan en insultar -fascistas, gonellas, incultos- a quienes, -como la Fundació Jaume III– alzan la voz en defensa de esas modalidades como manda la Ley, esos, sí sienten el estándar impuesto como propio, porque se corresponde con su idea de país.

Pero se olvidan de que una lengua persiste en la medida que haya quien la quiera hablar y se sienta identificada con ella y eso no se hace por decreto. No sé si en privado se lo plantean, pero dado que han sido los únicos artífices, que sepan, que de ese retroceso, la responsabilidad es sólo suya.
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Publicat a EL MUNDO/El Día de Baleares, 6/12/2016

Unamuno i sa llengua baleàrica

Un año más, es de menester tener unas palabras de agradecimiento para todos aquellos castellanoparlantes que, aún no teniendo como lengua materna la de Ramón Llull, nos acompañan hoy aquí y en el día a día de la fundación. Que no son pocos. Que el Premio Gabriel Maura haya nacido, así cómo la Fundació Jaume III, para defender y promocionar el mallorquín, el menorquín y el ibicenco, no es incompatible con ser ciudadano de habla castellana, ni de cualquier otra habla del mundo. Nuestro amiguete común nacionalista predica a los cuatro vientos que no es posible defender el balear y hacerlo en castellano. ¿Quién puede sostener tal mediocridad? tan sólo un necio o alguien cegado por la ira. ¿O a caso no defendió en su día nuestra causa el gran Miguel de Unamuno en su obra “andanzas y vivencias españolas” en el año 1916 —¡por cierto!, Franco aun no había llegado al poder. Ya saben porqué lo digo— En fin, leo textualmente: Adondequiera que voy me gusta leer en la lengua del país. En Portugal apenas leo sino en portugués, y ahora aquí, en Mallorca, leo en mallorquín. Pero cuidado que lo sea y no catalán… los literatos mallorquines y los intelectuales en general son catalanistas. El gran poeta Juan Alcover, después de haber estado mucho tiempo haciendo versos en castellano, se puso a hacerlos en catalán y no en la lengua de su país”. Sobran las palabras. Curiosamente, son los mismos que en cada Barça-Madrid despliegan gigantescas y abominantes pancartas con el lema “CATALUNYA: NEXT STATE OF EUROPE”. Véase aquí la hipocresia y la calidad del discurso de los sabios.cat. Y digo nuestro amigo común, véase aquí también la ironía, porque es el mismo que a nosotros nos prohibe y censura cualquier iniciativa en nuestras modalidades lingüísticas insulares, y es el mismo que a vosotros os reduce, coacciona y persigue cualquier presencia de lengua castellana en Baleares.

En definitiva, sabéis que hablar castellano no os hace menos baleares, así cómo a nosotros hablar mallorquín, menorquín o ibicenco, no nos hace menos españoles. Sois tan mallorquines y baleares cómo nosotros. Y es más, os pedimos que no nos dejéis sólos. Formáis parte de nuestra sociedad y desde hace ya mucho años. Os queremos! os necesitamos! Ayudádnos a librarnos del yugo del pancatalanismo. Ayudándos a construir unas islas Baleares libres de nacionalismo.

Els enganaria si digués que lo que avui feim aquí és presentar simplement un concurs per defensar es balear. Açò és cert, però sa nostra lluita va molt més enllà. Avui som aquí per perdre sa por a dir sa veritat. O millor dit, som aquí per conseguir que a través de sa pressió de sa societat civil, es nostros polítics, com a representants d’aquesta, perdin sa por a defensar es mallorquí, es menorquí i s’eivissenc. Però que ho facin de dever. No només de forma retòrica, sinó efectiva. No només de boca, sinó amb fets. Sense complexes, sense mitges tintes i amb sentit comú. Des d’aquí demanam an es partits polítics constitucionalistes que, si creuen en sa defensa de ses modalitats insulars i en sa convivència entre es balear i s’espanyol, que no tenguin por, que no mos defraudin més, i que sapin aquí està sa Fundació Jaume III per oferir tots es seus servicis i ajudes possibles an es ciutadans, institucions o partits polítics que tenguin un poc d’estima per lo nostro i vulguin emprar i defensar rigorosament es mallorquí, es menorquí i s’eivissenc. Si d’una vegada per totes, i de dever, estan disposts a fer-ho, noltros estam disposts a acompanyar-los. Mos va com anell an es dit sa frase des gran Unamuno, com si la dedicàs an ets enemics de sa nostra llengua baleàrica que es basc defensà en es seu dia davant ets estandarisadors a ultrança: “Venceréis, pero no convenceréis. Venceréis porque tenéis sobrada fuerza bruta; pero no convenceréis, porque convencer significa persuadir. Y para persuadir necesitáis algo que os falta: razón y derecho en la lucha”.

*Discurs pronunciat a sa Gala des I Premi Gabriel Maura de relats curts.
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Publicat as Diari MENORCA, 11/2016.

Llull, es nostro heroi il·luminat

El próximo domingo 27 de noviembre, la reina Sofíapresidirá en la Seu la misa que clausurará el año jubilar del 700 aniversario de la muerte del beato Ramón Llull. No creo que nuestras instituciones –públicas, académicas y eclesiásticas– puedan sentirse satisfechas de haber cumplido con su obligación de honrar como es debido al doctor iluminado. Naturalmente, desde que la Iglesia entro en coma y con ella toda la Tradición todo es mucho más complicado. Divulgar la vida y el legado de beatos y santos en una sociedad pagana que muestra poco interés por todo lo religioso es harto difícil. Tampoco la indudable dimensión filosófica, científica, heterodoxa y ecuménica de Llull le ha salvado del olvido. Ni siquiera el descarado interés del catalanismo de apropiárselo ha servido para popularizarlo. Esta última instrumentalización es tanto más bochornosa cuanto que el catalanismo está en las antípodas de todo lo que representó Llull en cuanto a la apertura de miras que le llevó a aprender lenguas para predicar la fe cristiana, al uso insólito de la razón para convencer a los infieles, a la heterodoxia dentro de la propia Iglesia tan alejada del pensamiento único y dogmático de la tribu, al amor a la tierra que le vio nacer y a los legítimos reyes independientes de Mallorca acosados por sus familiares aragoneses, al uso del romance que hablaba para publicar algunas de sus obras más destacadas. Si me perdonan el anacronismo, Llull nunca habría militado en la tribu catalanista. Nunca. Su espíritu representa exactamente todo lo contrario.

En enero de 2015 algunas asociaciones filosóficas convocaron el III Congreso Catalán de Filosofía en la UIB. El magno congreso dedicó seis conferencias a Llull bajo el epígrafe “Història de la filosofia catalana. Ramon Llull y el lulismo”. No despertó ningún interés. A la primera de las conferencias, el ponente no se presentó. En las siguientes bastaron los dedos de una mano para contar el número de asistentes. Un éxito arrollador. Hace una semana, la UIB organizaba la conferencia “Ramon Llull en la literatura catalana del segle XIX” –es impresionante que al lado de Llull siempre aparezca, indefectiblemente, el adjetivo “catalán”– que apenas suscitaba el interés de una veintena de personas. Por lo visto, ni su vinculación con la “literatura” ni tampoco con la “filosofía” catalanas han logrado deslumbrar a la parroquia nacionalista.

Nada nuevo bajo el sol, por otra parte. El catalanismo es como Atila, donde pisa no vuelve a crecer la hierba. Un día habrá que analizar qué frutos ha dado un partido como el PSM en los cuarenta años que ahora mismo está celebrando. El resultado no puede ser más desolador. La Iglesia de Mallorca en manos de una curia catalanista ha logrado la proeza de vaciar los templos, más que en otras partes. El panorama de la cultura catalana en Baleares es lamentable, “amb quasi quaranta anys de comptar amb uns sectors mallorquinistes i d’esquerra molt ben col·locats a la premsa, al món universitari, a la funció pública i als sindicats, el resultat, el balanç, –amb tres pactes de Progrés a l’esquena–, podria ser manifestament millor”, como admitía Antoni Trobat, un columnista del progubernamental AraBalears. El catalán se ha convertido en una lengua de poder cuyo uso en la calle es cada vez más residual debido a la  deserción lingüística de los hijos y nietos de familias mallorquinohablantes. La lengua en sí misma se ha empobrecido hasta niveles deplorables sometida a la doble presión del castellano y del catalán estándar que se enseña en las escuelas. La enseñanza, controlada por el catalanismo triunfante, ocupa los últimos lugares de Europa. En todas las parcelas que se confiaron al sucursalismo local (Iglesia, lengua, cultura, enseñanza) ha florecido un erial. El PSM ha sido una calamidad en todos los órdenes, una plaga mortífera que ha arruinado todo lo que ha tocado, produciendo el efecto contrario al rey Midas. Eso sí, todos ellos viven felizmente instalados en la administración pública desde la que nos siguen, sin riesgo, dando lecciones morales.

Llull, naturalmente, no podía ser una excepción. En sus manos, sólo les ha importado reivindicar una y otra vez su supuesta “catalanidad”, apropiárselo de forma anacrónica –valorar el pasado con conceptos modernos– como el inventor de la “literatura catalana” –cuando Llull siempre se refirió a su lengua materna como “romanç”– para después vaciarlo de contenido y usarlo para su propaganda política. Entretanto, el interés del pueblo por la figura de Llull se desvanecía.

La intelectualización de Llull y su posterior catalanización han corrido paralelas a la pérdida de interés para el pueblo mallorquín que lo veneró durante siglos como un santo. Antes que filósofo, teólogo, científico o cibernético y, por supuesto, antes que prohombre de las letras catalanas, Llull fue un santo popular, querido, apreciado y amado. De ello dan fe las disputas religiosas entre franciscanos y dominicos, de “gorrions” contra “marrells”, lo que indica bien a las claras su lugar central en la vida mallorquina. Eso, sin embargo, no parece importar a nadie.

Un libro imprescindible. Hace una semana Francesc Romero presentaba ante unas 250 personas su novela histórica “Llull, es nostro heroi il·luminat”. Publicada en tres idiomas (mallorquín, castellano e inglés), trasunto del espíritu políglota que distinguió al doctor iluminado, el autor trata de acercar a Llull al lector medio y despertar su curiosidad, destacando los aspectos más humanos del transcurrir diario del sabio mallorquín, donde “el prodigio y el portento pueden discurrir y de hecho lo hacen por los cauces de la normalidad cotidiana”, como señalaba en su presentación Ángel González, catedrático de la Universidad de Santiago de Compostela. En el libro se “van engarzando, casi sin que nos demos cuenta −proseguía González−, las grandes decisiones personales, los acertados consejos a los poderosos de la tierra, las investigaciones científicas, las disquisiciones de altura filosófica o teológica, las escenas de ternura familiar, las oraciones, la meditación, los arrobos místicos, los sermones, las diatribas dialécticas dirigidas a convencer al infiel, los más de 250 libros (en latín, en árabe, en el romance mallorquín de la época) salidos del “scriptorium” doméstico y, más aún, del “scriptorium” de viaje, que constituye el obligado e indefectible equipaje de Llull en sus constantes desplazamientos por todo el mundo mediterráneo”. En suma, una novela amena con un estilo directo y sencillo que reactualiza a Llull y lo devuelve al pueblo llano.
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Publicat a EL MUNDO/El Día de Baleares, 19/11/2016

Jornaleros de la lengua

Nadie ha definido mejor que el filólogo Joan Veny, investido doctor honoris causa por la UIB hace unas semanas, la función del catalanismo en Baleares. Veny se definió a sí mismo como un “jornalero y soldado de la lengua catalana” durante el solemne acto que se celebró en la misma universidad que, entre otras celebridades, ha investido honoris causa a la lacrimógena Maria del Mar Bonet, no sabemos si por su dilatada y exitosa trayectoria científica o por sus profundos conocimientos en psicología colectiva del alma mediterránea. Un jornalero es alguien que trabaja a jornal según las necesidades del dueño. Y siempre retribuido, naturalmente. Veny se suma al rosario de baleares que han trabajado para Cataluña comoMassot Muntaner, Antoni Mir, Bernat Joan, Aina Moll, Isidor Marí o Sebastià Alzamora, por mentar sólo a los más recientes y más ilustres.

No son, sin embargo, los únicos. Aquí son legión los jornaleros que trabajan para Cataluña aunque con el dinero de todos los baleares. Su único modus vivendi es la lengua catalana, a la que se deben, a la que adoran, por la que se desviven. Gracias a los 40.000 € que le ha dado Ruth Mateu (Més), voy a poder seguir inspirándome en mi digital favorito, el dbalears.cat, el panfleto underground y separatista al que, en contrapartida, ni siquiera se le quiere someter al imperio del control de audiencias. El catalán es un bien supremo al que no deben aplicarse las leyes del mercado.

El arabalears.cat, el otro digital afortunado que ha recibido de Ruth Mateu la friolera de 140.000 €, sí es un diario: lo que me molesta es que para leerlo tenga que pagarlo dos veces puesto que sólo es para suscritores. Si la ayuda es para difundir el catalán, lo mínimo que puede pedirse a Ferran Aguiló es que sus contenidos puedan ser visitados por todo el mundo. Estas dos subvenciones han caído muy mal en el mundo periodístico. El digital de Antonio Martorell, mallorcadiario.com, ha acusado al Govern de tratar “descaradamente de beneficiar a dos medios con una subvención que supone un traje a medida y que perjudica al resto de medios competidores”. Es más, las dos subvenciones están destinadas, en realidad, a mantener a las dos redacciones, es decir, a apuntalar la supervivencia de dos proyectos “empresariales” que hacen aguas por todas partes y que, sin el apoyo del Govern, tendrían los días contados.

Pero para jornaleros de la lengua nadie como la OCB que recibió en 2010 la enésima subvención, esta de Aina Calvo, de 65.619 € de los que sólo justificó debidamente 7.292 €, según la Sindicatura de Cuentas. La organización separatista que dirige Jaume Mateu habría pagado con cargo a la ayuda de Cort el teléfono, la luz, las nóminas y la Seguridad Social de sus empleados, los viajes, las comidas y el alojamiento en hoteles, gastos que estaban terminantemente prohibidos subvenir con la ayuda, destinada a pagar únicamente actividades específicas y concretas de tipo cultural o artístico. Los interventores de Cort miraron al parecer para otro lado y finalmente el anterior Pacte de Progrés pagó religiosamente con pólvora del rey. Los síndicos creen que ni siquiera la OCB tendría que haber recibido la subvención puesto que ni presentó proyecto ni acreditó estar al corriente de sus obligaciones con Hacienda y la Seguridad Social. Unos ciudadanos ejemplares, estos de la OCB. Tan ejemplares que Jaume Mateu se sube por las paredes porque en esta legislatura el Govern todavía no le ha aflojado la cartera. Todo llegará, Jaume, todo llegará.

En las tres ayudas concedidas a estos tres esforzados jornaleros, nos encontramos al menos con tres irregularidades. En primer lugar, un procedimiento que parece ser un traje a medida y que vulneraría los principios de concurrencia, igualdad y no discriminación. En segundo lugar, no se subvenciona ningún proyecto o actividad concreta sino la propia supervivencia de las entidades, algo prohibido en las convocatorias de ayudas públicas. En tercer lugar, el Govern se vale del dinero de todos para pagar los servicios prestados a unos medios descaradamente afines, por mucho que el director del Ara Balears Ferran Aguiló salte diciendo que “rebre subvencions no és rebre ordres” (14/10/2016). Excusatio non petita.. Por si fuera poco, la OCB ni siquiera se ha molestado en justificar debidamente la ayuda. Definiéndose a sí mismo, Joan Veny en realidad estaba definiendo a la inmensa mayoría de los que le aclamaban en la UIB. También ellos son unos jornaleros de la lengua, aunque su jornal no sea tan merecido como el del nuevo doctor.

Catalanofobia. Algunos jornaleros de la lengua no sólo se contentan con vivir de nuestros impuestos. Ejercen también el matonismo. Pretenden cerrar el pico a los que discrepan y se atreven, cuarenta años de resistencia pasiva, a cuestionar las sagradas verdades del catalanismo “científico”. Ahora nos quieren acusar de un nuevo delito, el de “catalanofobia” y para eso la OCB que fundara Francesc de Borja Moll –¡quién la  ha visto y quién la ve– se ha traído de Cataluña a un tal Sergi Blázquez para atemorizar a los baleares que atacan a los catalanes. De lo que muchos están hartos, Blázquez, no es de los catalanes ni de lo catalán sino de su quinta columna en Baleares. Ya conocíamos el ánimo censor del sucursalismo local, su inclinación a cerrar los medios no afines, a cerrar el pico a todo el mundo llamándole “ignorante” e “inculto”, a denunciar en la cámara balear a las entidades que les hacen frente como el Círculo Balear, a señalar a los docentes, padres y directores que no son de su cuerda, a boicotear las librerías que venden o presentan obras que no son de su agrado, a chantajear a las instituciones para que no dejen exponer a ciertas asociaciones como sucedió con Foment Cultural en la feria del libro menorquín, a vetar a compañías de teatro no catalanistas. Están acostumbrados a ejercer de matones bajo la mirada cómplice de toda la izquierda balear, que calla y otorga. Ahora estos jornaleros con alma de inquisidores dan un paso más y van a tratar por todos los medios de incluir en el código penal el delito de “catalanofobia”, por analogía a los de homofobia y xenofobia. La OCB, el dbalears.cat Última Hora son los altavoces de Blázquez en su peculiar caza de brujas por un territorio, el balear, que siguen considerando como un apéndice del universo catalán con capital en Barcelona. Así trabajan nuestros jornaleros.
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Publicat a EL MUNDO/El Día de Baleares, 5/11/2016

Quo Vadis Baliares?

Tras un descanso regreso a este digital. Inicio nueva temporada volviendo hoy sobre el catalanismo que se incrementa con fuerza, aún más si cabe, en las escuelas de Baleares. Y que, directamente, aunque no únicamente, influye en los pésimos y preocupantes resultados de nuestros escolares.

Soy insistente, lo sé. Y lo soy porque se trata de la más clara demostración de utilización política del actual sistema educativo para manipular a los alumnos pisoteando derechos y libertades sagrados en cualquier democracia, que se precie de serlo. El objetivo: Crear una realidad de algo que jamás ha existido ni cultural, ni, por supuesto, políticamente, como son los denominados “paisos catalans”. Un concepto alucinante, por lo asombroso y fantasioso, propio de mentes trastornadas, que sustituyendo la identidad cultural balear y valenciana inventan una “gran” Cataluña cultural y política arrancada de su raíz española.

Las empresas editoriales reflejan en sus manuales lo que el sector docente dominante pide, con el visto bueno del gobernante de la taifa autonómica. Lo hemos visto ahora con la editorial Casals y sus manuales de “Lengua y literatura catalana”, donde, además de valoraciones políticas, se vierten todo tipo de falsedades históricas y aberraciones lingüísticas sobre Baleares y su pretendida catalanidad.

Soy insistente porque, además, el pancatalanismo afecta negativamente a la educación, a la enseñanza, esto es, al futuro del país. No tan sólo a nivel académico y cultural, sino también a nivel familiar: Muchas familias, si pueden, optan por separarse o abandonar Baleares al comprobar el perjuicio académico en sus hijos y la sistemática vulneración de derechos. No sería justo si no dijera que son muchos los profesores que conocen el importante papel que ocupan en la vida de sus alumnos y que actúan desde el privilegio y la responsabilidad que supone; pero tampoco lo sería si no denunciara la existencia de un sector docente, miserable y cobarde, que se aprovecha de esa posición para engañar a los niños con fines políticos. Lo más parecido al estalinismo es, a día de hoy, los colegios e institutos en manos de ese sector docente catalanista. Políticos frustrados metidos a profesorcillos que sin escrúpulos lavan el cerebro de un niño para convertirlo a su pérfida causa.

Como he apuntado, el drama intelectual y académico de nuestro sistema de enseñanza se traslada a las familias también de forma dramática, y traumática en muchas ocasiones, debido a la imposición e intolerancia catalanista. Recuerdo, entre muchos casos que el Círculo Balear ha denunciado, el del niño de Canarias que en 2014, con 10 años, se escolarizaba en el colegio Joan Veny i Clar del pueblo de Campos, en Mallorca, debido al traslado laboral de Juan Miguel, su padre. Al finalizar el primer año escolar en Mallorca, el niño fracasaba en sus resultados académicos, lógicamente, al impartirse todas las materias en catalán. La preocupación de sus padres contrastaba con la satisfacción de sus ¿profesores? que en aquel momento se enfundaban la camiseta verde: El niño canario, con la ilusión de vestir una sudadera verde-Crida, le confesaba a Cristina, su madre: “Mamá, yo soy catalán de Mallorca”.

“Vergonya, polítics, vergonya”, parafraseando la indignación que, dicen, mostró aquel rey de Aragón al que también han hecho catalán. Quo Vadis, sociedad?
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Publicat a Mallorcadiario.com, 22/9/2016

Ser de los nuestros

Avui en es centre de cultura de Sa Nostra, a les 20:00 – S’obra és un assaig sobre sa psicologia col·lectiva des poble balear a partir de 16 efemèrides que han configurat per què es balears som així com som 

Refiriéndose a los honderos mallorquines y menorquines que lucharon en la Primera Guerra Púnica, el catedrático Román Piña Homs afirma que“los baleares ya por entonces –siglo III a.C.– entran en la historia europea con denominación de origen, como nación, o sea como “natio” o lugar de nacimiento determinado, cuando, no lo olvidemos, otros pueblos vecinos, como valencianos o catalanes, señalados como íberos, tendrán que esperar a la Edad Media, más de mil años después, para ofrecer señas diferenciales de identidad colectivas. Cataluña comenzará a llamarse tal a partir del siglo XII. El primer testimonio escrito nos lo ofrece el “Liber Maioliquinus” al describir la expedición pisana a las Baleares, protagonizada en el 1112”. Encontramos este pasaje y otros muchos igualmente interesantes en “Ser de los nuestros”, el último libro de Piña Homs editado por la editorial Sloper que se presentará hoy jueves día 3 de noviembre en el centro cultural de Sa Nostra (Calle Concepción, 12).

“Ser de los nuestros” es un libro importante para estas islas con tan poco orgullo colectivo. Y necesario también ante el avance imparable del discurso de las huestes impostoras, escasas pero organizadas, que miran siempre a Baleares como un apéndice insular de Cataluña, como su extensión ultramarina. Piña Homs desgrana los 16 hitos determinantes de la historia de Baleares que, a su juicio, han configurado lo que somos los baleares, cómo somos y por qué somos así. Desde la fundación de la ciudad de Ebussus (643 a.C.) hasta la consecución de la autonomía balear (1983) que hoy padecemos, Piña se adentra de modo divulgativo y ameno –apenas 178 páginas que se leen volando, máxime teniendo en cuenta que cada uno de los capítulos es autosuficiente– en estas 16 efemérides cruciales que han determinado nuestra psicología como pueblo a lo largo de más de 2.500 años. Y lo hace sin dar por sentada ninguna tesis de antemano, sin ningún prejuicio apriorístico, sin esconder ninguna de nuestras miserias –que las ha habido y bastantes–, sin meter con calzador los hechos al servicio de alguna ideología o ley histórica, como hacen los nacionalistas o hacían hasta hace poco los comunistas. Aunque estrictamente nunca puede hablarse de una historia verdadera y unívoca sí podemos afirmar que es bastante objetiva con todo el subjetivismo que conlleva, naturalmente, el ejercicio de todo historiador a la hora de seleccionar unos hechos u otros.

El título puede dar lugar a malentendidos. Piña Homs es demasiado inteligente, tiene demasiada experiencia, su ironía es demasiado fina, para ser un nacionalista de vía estrecha, tampoco un nacionalista balearista si es que todavía queda alguno. A lo largo del libro el autor utiliza el término “es nostros” o “los nuestros” de forma conscientemente equívoca. “Aceptémoslo. Llevamos la componenda en el alma”, nos recuerda nuestro catedrático, como si pretendiera insuflarnos ciertas dosis de prudencia y pragmatismo y evitar caer así en la autocomplacencia. Piña Homs se está refiriendo al “carácter acomodaticio, transaccional y temeroso de una sociedad que lleva siglos siendo tomada y desposeída, y que sólo ansía vivir en paz al margen de confrontaciones”. Ello no es óbice para que, al mismo tiempo, manifieste su perplejidad de cómo un pueblo milenario como el balear (“¡Más de cinco mil años os contemplan como lo que sois: síntesis de culturas!”) se haya dejado amilanar y avasallar por los “germanos del norte”, como llama a los catalanes.

En cuanto al contenido de la obra, la extensa documentación recopilada aporta un sinfín de datos decisivos poco conocidos para el gran público que, sin lugar a dudas, van a hacer sus delicias. Como por ejemplo, la existencia de una población cristiana antes de la conquista de Jaime I (1229) como algunas basílicas paleocristianas atestiguan, o la obstinación de nuestros vecinos del norte de apropiarse de unas islas cuyo fuerte siempre ha sido su privilegiada situación geográfica, una cabezonería anexionista que lejos de atenuarse con el tiempo parece haberse agudizado aunque bajo formas mucho más suaves y sibilinas con el pretexto de la cultura y la lengua. De gran interés resulta también por desconocida la influencia de las potencias marítimas italianas sobre nuestras islas y nuestros estrechos lazos con Génova, Pisa, Venecia y Sicilia, sobre todo durante la dinastía privativa. Tal vez el autor podría haberse extendido un poco más en la ruina de las finanzas públicas del Reino de Mallorca debida principalmente a la ambición personal de Pere IV, el Ceremonioso, que nos arrastra a unas guerras con el resto de potencias marítimas del Mediterráneo que no nos van ni nos vienen y que dará lugar al “deute dels catalans”, el dinero que prestarán a las arcas del Reino los banqueros de Barcelona para hacer frente a las aventuras bélicas de “el Ceremonioso” y que nunca devolveremos del todo, constituyendo un foco de permanente malestar al recaer su devolución sobre un campesinado pobre y maltratado con continuas exacciones fiscales que, desesperado, se levantará en armas contra los privilegiados de Ciutat. “El deute dels catalans” habría merecido, desde mi punto de vista, una mayor atención, incluso un capítulo, ya que forma parte del decorado que pende como una espada de Damocles en nuestras luchas intestinas de raíz social y económica a lo largo de varios siglos.

Y ya por último, quiero destacar que se trata de un libro valiente. Con la excepción de Mateu Cañellas y ahora de Piña Homs, una de nuestras grandes lagunas como pueblo ha sido precisamente la falta de compromiso de los historiadores de la UIB en divulgar –divulgar, repito, no escribir para expertos– una historia sintética y objetiva de Baleares al margen de las anteojeras ideológicas que todos conocemos. No creo que sea lícito subordinar la verdad al compromiso. Ahora bien, a los baleares se nos ha escamoteado la verdadera historia de nuestras islas, mucho más rica y variada que la que nos quieren endosar algunos, dejándonos a los pies de los caballos ante la historiografía nacionalista que ha deformado los hechos para alinearlos en una especie de ley inexorable, como si lo que ha ocurrido no pudiera haber ocurrido de otro modo. Ha sucedido con la lengua y ha sucedido también con nuestra historia. De ahí la importancia de un libro divulgativo como éste al alcance del gran público y que viene a subsanar, en parte, este estado de cosas. Enhorabuena, Román.
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Publicat a EL MUNDO/El Día de Baleares, 29/10/2016

De lo que hoy se celebra en España

LA FIESTA NACIONAL de España, como se denomina en la Constitución del 78, o de la Hispanidad, como se llamó en el santo periodo de la II República, tiene algo de esquizofrénico para los populistas y para la mayoría de los nacionalistas. Según su definición más aceptada, la esquizofrenia se caracteriza por alteraciones en la percepción, las creencias falsas o por un pensamiento poco definido o confuso. Es un trastorno mental crónico y grave, que puede ser tratado. Sobra decir que, si de populistas o nacionalistas con relato, hablamos, la ignorancia y la demagogia, son el mejor revulsivo para cualquier tratamiento.

«Consideramos que nuestra presencia es más útil en la defensa de los derechos y la justicia social en este país, como hacemos a diario junto con otras personas, organizaciones e instituciones, que en este tipo de actos». Pablo Iglesias nunca defrauda. El catódico político que definió, en las elecciones vascas, la patria como «que los niños tengan opción a ir a la escuela», y que parece ignorar que en España, además de ser gratuita, la enseñanza, para los niños, es obligatoria, necesitaba una excusa a la altura de su excelsa persona, para irse de puente, o simplemente para evitarse el plantón de varias horas, del desfile y la recepción oficial del 12 de octubre.

Improbable, me parece, que esas horas las dedique a algo especialmente útil para «este país», si obviamos que su propia existencia y, como no, su pensamiento, es de por sí imprescindible para la subsistencia de cualquier justicia social, derecho o lo que se tercie. La realidad es que, puestos a escaquearse, mejor hubiese sido que utilizase la manida excusa de la masacre indígena, que, aunque resulte más vulgar, suena más verídica.

Tampoco acudirá el lehendakari Urkullu, sin más, porque la fiesta nacional de España, no va con él ni con los suyos. Sin acritud y sin explicaciones. Celebraciones de españoles ¿Qué tendrá que ver Euskadi o los vascos con el descubrimiento de América y todo lo que vino después? Al parecer, nada, si se borra del relato la historia y los protagonistas que no interesan. Nada menos que ignorar la relación de los vascos con la conquista americana y con su emancipación. Lope de Aguirre, La cólera de Dios, recordado especialmente por su crueldad, que descendió de las alturas de los Andes peruanos y llegó, por los ríos Marañón y Amazonas, a la costa de Venezuela. En el otro lado (de todo hubo), Juan de Zumárraga, defensor de los indios y primer obispo de México. Irala, colonizador del Paraguay. Francisco de Ibarra, de México occidental. Legazpi y Urdaneta, de las Filipinas.

Pensaba Unamuno -y Urkullu ignora- que no podía hablarse de la personalidad histórica de los pueblos de América sin la presencia vasca. La historia de Chile y Venezuela (antes de ser santuario de etarras), no podría escribirse si se excluyen los apellidos vascos (bastantes más de ocho) y hay quien sostiene que antes incluso de que Colón llegase a las Indias Occidentales, ya lo habían hecho los balleneros vascos.

Sobre la excusa de la presidenta de Navarra, Uxue Barkos, dado que tiene la euskaldización de esa comunidad foral como objetivo, hagamos suyos los no argumentos de Urkullu y eliminemos del escudo oficial de España, las armas de Navarra (es decir, una cuarta parte de dicho escudo). Fiesta nacional de España ¿acaso voy a los fastos de la de Mónaco?

De Puigdemont, como antes de Mas, la ausencia se presupone. Hace dos siglos, las autoridades catalanas llamaban a los barceloneses a «derramar gloriosamente su sangre y vida por su Rey, por su honor, por la Patria y por la libertad de toda España». Aunque no haría falta decirlo, por si acaso, advierto, que las autoridades no eran franquistas. Y para paliar las carencias del revisionismo histórico, tan caro al nacionalismo excluyente, se trata del bando del episodio culminante, probablemente la génesis, de los agravios por España contra Cataluña: el once de septiembre de 1714. Por la libertad de toda España, ya ven.

En Baleares, los niveles de esquizofrenia, son inabarcables. Me explico: además de los motivos que aduce Cataluña en su desapego a España como nación y que nuestro nacionalismo sucursalista, hace suyos con entusiasmo, está la cuestión de la «matanza indígena» como excusa para negarse a celebrar nada en la conmemoración del descubrimiento de América. Hablo por tanto, de esquizofrenia, porque los mismos que reniegan de la violencia del hecho celebrado, insisten en que el Día de Mallorca sea el 31 de diciembre, fecha de la entrada del rey de AragónJaime I en Madina Mayurqa, una entrada que, a decir de las crónicas, fue cualquier cosa menos un paseo galante, y que se saldó con decenas de miles de muertos, mallorquines, moros o no, cierto, pero mallorquines. Nada que decir. Cada uno empieza la Historia donde le da la gana. Sorprende, no obstante, que estos pacifistas que abjuran del descubrimiento y conquista de América, por cruento, no sólo aplaudan otro similar (la guerra es la guerra) sino que lo prefieran a una conmemoración tan pacífica y políticamente correcta como la que se celebra, actualmente, en el Día de Mallorca: el juramento de nuestro rey Jaime II, en el año 1276, de la Carta de franquezas y privilegios del Reino de Mallorca. Es decir la base legal que otorgaba a los mallorquines, un conjunto de derechos y libertades, y les eximía de muchas de las cargas del régimen feudal, común en casi toda Europa. Inexplicable ¿verdad? Feliz día.
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Publicat a EL MUNDO/El Día de Baleares, 12/10/2016

Pancatalanistas pesados

JORGE DEZCALLAR

El señor Tardà, portavoz de ERC en el Congreso de Diputados, me merece el mismo respeto que otros políticos profesionales. Ni más ni menos. Lo que no me gusta son sus ideas, que él es afortunadamente muy libre de mantener, igual que yo soy afortunadamente muy libre de no estar de acuerdo. Y no lo estoy.

Durante el último debate de investidura el señor Tardà lanzó un mensaje entre patético e insufriblemente paternalista dirigido a sus “hermanos valencianos y baleares” por el que se comprometía a no cejar hasta lograr liberarnos de nosotros mismos. Su idea es traernos un referéndum que nos permita votar a favor de un pancatalanismo (dominado por Barcelona) sobre el conjunto de eso que llaman los “Països Catalans” (?). Supongo que Perpignan y Montpelier quedan para una segunda tacada. Es pura dinamita y exige no callar ante tamaño dislate.

Confieso que soy parcial pues no me gustan los nacionalismos en general porque propugnan un regreso a un pasado idílico que ya no existe y porque siempre son expansionistas, como muestra el lío en el que nos metieron los nazis con los Sudetes y con Polonia y ya sé que estos eran nacionalsocialistas, que fue la versión más perniciosa de los nacionalismos. Y ojo porque en Europa central comienzan a aparecer grupos fascistoides, nacionalistas y xenófobos que nada bueno auguran. Y no me gustan tampoco porque son profundamente reaccionarios e insolidarios y por eso no logro entender la deriva nacionalista de algunos socialismos periféricos que les alejan de su identidad internacionalista y acaban alejándoles de sus desconcertados votantes. Los nacionalismos me parecen reductores y empobrecedores de realidades mucho más ricas. Me parece estupendo el amor por lo propio, pero es muy estúpido pensar que es mejor que lo del vecino. Qué le vamos a hacer, creo en identidades integradoras y que un pueblo, como una cultura, es más rico cuanto más bastardo y más influencias diversas logre integrar.

Pero el nacionalismo pancatalanista me gusta aún menos y se me ocurren varias razones para ello:

En primer lugar porque me aburre tanto lloriqueo y tanto victimismo. “No nos escuchan, no nos comprenden, se nos amenaza, se nos desprecia, se nos roba (sic)”, decían en la última diada. Acaba uno harto. Y además no es cierto, aunque tampoco piense que el gobierno esté tratando bien este asunto. Todo lo contrario.

En segundo lugar porque falsifican la historia y engañan a mucho incauto/ignorante. Gabriel Tortella recordaba hace poco en El País (21-9-2016) que “persiste la memoria de un pasado mítico, que los nacionalistas mantienen viva con diadas y desfiles a lo Nuremberg”. Pero eso no hace esa “memoria” más verdadera. En 1714 Cataluña no quería ser independiente sino que se equivocó de bando y apoyó al candidato perdedor al trono. Y pagó su error con los decretos de Nueva Planta que modernizaron el país, suprimieron impuestos interiores, unificaron la legislación e hicieron de Cataluña la región más rica de España gracias a que le reservaron todo el mercado nacional y las colonias americanas para sus tejidos. Vicens Vives, que no era extremeño, escribió que esta unificación política y administrativa “benefició insospechadamente a Cataluña”.

En tercer lugar porque mienten descaradamente como ha puesto de relieve el magnífico libro de Josep Borrell (otro que tampoco es andaluz) Las cuentas y los cuentos de la independencia. El futuro de una hipotética independencia unilateral de Cataluña es la soledad fuera de Europa. Y a mí el modelo de Albania no me atrae nada. Es infame engañar al personal sobre esto. Lean el libro, vale la pena.

En cuarto lugar porque me hacen pasar mucha vergüenza cuando dicen sin rubor que actuar contra la ley es democrático. Es una afirmación que deja perplejos a mis amigos europeos y americanos. ¡Mentira! Ir contra las leyes, desobedecerlas, es algo muy antidemocrático en una democracia como la española. Igual que me hacen pasar vergüenza las romerías callejeras de un puñado de incondicionales pastoreados por el inefable Mas, acompañando a Homs a testificar ante los tribunales. Porque la ley es igual para todos y eso (lo siento) incluye a los catalanes.

Y lo de basar la pretensión de crear unos pretendidos Països Catalans sobre la base de la lengua y la cultura compartidas me parece de carcajada. Es como si a algún iluminado se le ocurriera inventarse unos “países castellanos” con Argentina, México, Colombia y una veintena más y tratarlos con paternalismo desde Madrid. No puedo creer que lo digan en serio, aunque de algunos fanáticos cabe esperarlo todo. Cuando Jordi Pujol presidía la Generalitat pronunció un discurso ante un grupo de ministros de países árabes, que yo acompañaba, que hubiera hecho las delicias de Serrano Súñer y otros de aquellos que iban por el imperio hacia Dios. Pujol habló de las hazañas de los almogávares y recordó que había un tiempo en el que los peces del Mediterráneo llevaban pintadas sobre sus escamas las cuatro barras “de Cataluña” (sic). Los ministros asistentes flipaban en technicolor. No me lo invento. Yo pasé mucha vergüenza ajena aquella noche.

Por eso, si algunos catalanes se quieren independizar por las bravas, allá ellos. Yo no se lo aconsejo porque fuera se está muy solo, hace mucho frío y se vive peor. Pero les pido que nos dejen en paz a los baleares en general y a los mallorquines en particular. Y de los valencianos mejor no hablar, pues su nacionalismo se ha construido precisamente contra Barcelona y no contra Madrid.
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Publicat a Diario de Mallorca, 25/9/2016