De lo que hoy se celebra en España

LA FIESTA NACIONAL de España, como se denomina en la Constitución del 78, o de la Hispanidad, como se llamó en el santo periodo de la II República, tiene algo de esquizofrénico para los populistas y para la mayoría de los nacionalistas. Según su definición más aceptada, la esquizofrenia se caracteriza por alteraciones en la percepción, las creencias falsas o por un pensamiento poco definido o confuso. Es un trastorno mental crónico y grave, que puede ser tratado. Sobra decir que, si de populistas o nacionalistas con relato, hablamos, la ignorancia y la demagogia, son el mejor revulsivo para cualquier tratamiento.

«Consideramos que nuestra presencia es más útil en la defensa de los derechos y la justicia social en este país, como hacemos a diario junto con otras personas, organizaciones e instituciones, que en este tipo de actos». Pablo Iglesias nunca defrauda. El catódico político que definió, en las elecciones vascas, la patria como «que los niños tengan opción a ir a la escuela», y que parece ignorar que en España, además de ser gratuita, la enseñanza, para los niños, es obligatoria, necesitaba una excusa a la altura de su excelsa persona, para irse de puente, o simplemente para evitarse el plantón de varias horas, del desfile y la recepción oficial del 12 de octubre.

Improbable, me parece, que esas horas las dedique a algo especialmente útil para «este país», si obviamos que su propia existencia y, como no, su pensamiento, es de por sí imprescindible para la subsistencia de cualquier justicia social, derecho o lo que se tercie. La realidad es que, puestos a escaquearse, mejor hubiese sido que utilizase la manida excusa de la masacre indígena, que, aunque resulte más vulgar, suena más verídica.

Tampoco acudirá el lehendakari Urkullu, sin más, porque la fiesta nacional de España, no va con él ni con los suyos. Sin acritud y sin explicaciones. Celebraciones de españoles ¿Qué tendrá que ver Euskadi o los vascos con el descubrimiento de América y todo lo que vino después? Al parecer, nada, si se borra del relato la historia y los protagonistas que no interesan. Nada menos que ignorar la relación de los vascos con la conquista americana y con su emancipación. Lope de Aguirre, La cólera de Dios, recordado especialmente por su crueldad, que descendió de las alturas de los Andes peruanos y llegó, por los ríos Marañón y Amazonas, a la costa de Venezuela. En el otro lado (de todo hubo), Juan de Zumárraga, defensor de los indios y primer obispo de México. Irala, colonizador del Paraguay. Francisco de Ibarra, de México occidental. Legazpi y Urdaneta, de las Filipinas.

Pensaba Unamuno -y Urkullu ignora- que no podía hablarse de la personalidad histórica de los pueblos de América sin la presencia vasca. La historia de Chile y Venezuela (antes de ser santuario de etarras), no podría escribirse si se excluyen los apellidos vascos (bastantes más de ocho) y hay quien sostiene que antes incluso de que Colón llegase a las Indias Occidentales, ya lo habían hecho los balleneros vascos.

Sobre la excusa de la presidenta de Navarra, Uxue Barkos, dado que tiene la euskaldización de esa comunidad foral como objetivo, hagamos suyos los no argumentos de Urkullu y eliminemos del escudo oficial de España, las armas de Navarra (es decir, una cuarta parte de dicho escudo). Fiesta nacional de España ¿acaso voy a los fastos de la de Mónaco?

De Puigdemont, como antes de Mas, la ausencia se presupone. Hace dos siglos, las autoridades catalanas llamaban a los barceloneses a «derramar gloriosamente su sangre y vida por su Rey, por su honor, por la Patria y por la libertad de toda España». Aunque no haría falta decirlo, por si acaso, advierto, que las autoridades no eran franquistas. Y para paliar las carencias del revisionismo histórico, tan caro al nacionalismo excluyente, se trata del bando del episodio culminante, probablemente la génesis, de los agravios por España contra Cataluña: el once de septiembre de 1714. Por la libertad de toda España, ya ven.

En Baleares, los niveles de esquizofrenia, son inabarcables. Me explico: además de los motivos que aduce Cataluña en su desapego a España como nación y que nuestro nacionalismo sucursalista, hace suyos con entusiasmo, está la cuestión de la «matanza indígena» como excusa para negarse a celebrar nada en la conmemoración del descubrimiento de América. Hablo por tanto, de esquizofrenia, porque los mismos que reniegan de la violencia del hecho celebrado, insisten en que el Día de Mallorca sea el 31 de diciembre, fecha de la entrada del rey de AragónJaime I en Madina Mayurqa, una entrada que, a decir de las crónicas, fue cualquier cosa menos un paseo galante, y que se saldó con decenas de miles de muertos, mallorquines, moros o no, cierto, pero mallorquines. Nada que decir. Cada uno empieza la Historia donde le da la gana. Sorprende, no obstante, que estos pacifistas que abjuran del descubrimiento y conquista de América, por cruento, no sólo aplaudan otro similar (la guerra es la guerra) sino que lo prefieran a una conmemoración tan pacífica y políticamente correcta como la que se celebra, actualmente, en el Día de Mallorca: el juramento de nuestro rey Jaime II, en el año 1276, de la Carta de franquezas y privilegios del Reino de Mallorca. Es decir la base legal que otorgaba a los mallorquines, un conjunto de derechos y libertades, y les eximía de muchas de las cargas del régimen feudal, común en casi toda Europa. Inexplicable ¿verdad? Feliz día.
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Publicat a EL MUNDO/El Día de Baleares, 12/10/2016

Pancatalanistas pesados

JORGE DEZCALLAR

El señor Tardà, portavoz de ERC en el Congreso de Diputados, me merece el mismo respeto que otros políticos profesionales. Ni más ni menos. Lo que no me gusta son sus ideas, que él es afortunadamente muy libre de mantener, igual que yo soy afortunadamente muy libre de no estar de acuerdo. Y no lo estoy.

Durante el último debate de investidura el señor Tardà lanzó un mensaje entre patético e insufriblemente paternalista dirigido a sus “hermanos valencianos y baleares” por el que se comprometía a no cejar hasta lograr liberarnos de nosotros mismos. Su idea es traernos un referéndum que nos permita votar a favor de un pancatalanismo (dominado por Barcelona) sobre el conjunto de eso que llaman los “Països Catalans” (?). Supongo que Perpignan y Montpelier quedan para una segunda tacada. Es pura dinamita y exige no callar ante tamaño dislate.

Confieso que soy parcial pues no me gustan los nacionalismos en general porque propugnan un regreso a un pasado idílico que ya no existe y porque siempre son expansionistas, como muestra el lío en el que nos metieron los nazis con los Sudetes y con Polonia y ya sé que estos eran nacionalsocialistas, que fue la versión más perniciosa de los nacionalismos. Y ojo porque en Europa central comienzan a aparecer grupos fascistoides, nacionalistas y xenófobos que nada bueno auguran. Y no me gustan tampoco porque son profundamente reaccionarios e insolidarios y por eso no logro entender la deriva nacionalista de algunos socialismos periféricos que les alejan de su identidad internacionalista y acaban alejándoles de sus desconcertados votantes. Los nacionalismos me parecen reductores y empobrecedores de realidades mucho más ricas. Me parece estupendo el amor por lo propio, pero es muy estúpido pensar que es mejor que lo del vecino. Qué le vamos a hacer, creo en identidades integradoras y que un pueblo, como una cultura, es más rico cuanto más bastardo y más influencias diversas logre integrar.

Pero el nacionalismo pancatalanista me gusta aún menos y se me ocurren varias razones para ello:

En primer lugar porque me aburre tanto lloriqueo y tanto victimismo. “No nos escuchan, no nos comprenden, se nos amenaza, se nos desprecia, se nos roba (sic)”, decían en la última diada. Acaba uno harto. Y además no es cierto, aunque tampoco piense que el gobierno esté tratando bien este asunto. Todo lo contrario.

En segundo lugar porque falsifican la historia y engañan a mucho incauto/ignorante. Gabriel Tortella recordaba hace poco en El País (21-9-2016) que “persiste la memoria de un pasado mítico, que los nacionalistas mantienen viva con diadas y desfiles a lo Nuremberg”. Pero eso no hace esa “memoria” más verdadera. En 1714 Cataluña no quería ser independiente sino que se equivocó de bando y apoyó al candidato perdedor al trono. Y pagó su error con los decretos de Nueva Planta que modernizaron el país, suprimieron impuestos interiores, unificaron la legislación e hicieron de Cataluña la región más rica de España gracias a que le reservaron todo el mercado nacional y las colonias americanas para sus tejidos. Vicens Vives, que no era extremeño, escribió que esta unificación política y administrativa “benefició insospechadamente a Cataluña”.

En tercer lugar porque mienten descaradamente como ha puesto de relieve el magnífico libro de Josep Borrell (otro que tampoco es andaluz) Las cuentas y los cuentos de la independencia. El futuro de una hipotética independencia unilateral de Cataluña es la soledad fuera de Europa. Y a mí el modelo de Albania no me atrae nada. Es infame engañar al personal sobre esto. Lean el libro, vale la pena.

En cuarto lugar porque me hacen pasar mucha vergüenza cuando dicen sin rubor que actuar contra la ley es democrático. Es una afirmación que deja perplejos a mis amigos europeos y americanos. ¡Mentira! Ir contra las leyes, desobedecerlas, es algo muy antidemocrático en una democracia como la española. Igual que me hacen pasar vergüenza las romerías callejeras de un puñado de incondicionales pastoreados por el inefable Mas, acompañando a Homs a testificar ante los tribunales. Porque la ley es igual para todos y eso (lo siento) incluye a los catalanes.

Y lo de basar la pretensión de crear unos pretendidos Països Catalans sobre la base de la lengua y la cultura compartidas me parece de carcajada. Es como si a algún iluminado se le ocurriera inventarse unos “países castellanos” con Argentina, México, Colombia y una veintena más y tratarlos con paternalismo desde Madrid. No puedo creer que lo digan en serio, aunque de algunos fanáticos cabe esperarlo todo. Cuando Jordi Pujol presidía la Generalitat pronunció un discurso ante un grupo de ministros de países árabes, que yo acompañaba, que hubiera hecho las delicias de Serrano Súñer y otros de aquellos que iban por el imperio hacia Dios. Pujol habló de las hazañas de los almogávares y recordó que había un tiempo en el que los peces del Mediterráneo llevaban pintadas sobre sus escamas las cuatro barras “de Cataluña” (sic). Los ministros asistentes flipaban en technicolor. No me lo invento. Yo pasé mucha vergüenza ajena aquella noche.

Por eso, si algunos catalanes se quieren independizar por las bravas, allá ellos. Yo no se lo aconsejo porque fuera se está muy solo, hace mucho frío y se vive peor. Pero les pido que nos dejen en paz a los baleares en general y a los mallorquines en particular. Y de los valencianos mejor no hablar, pues su nacionalismo se ha construido precisamente contra Barcelona y no contra Madrid.
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Publicat a Diario de Mallorca, 25/9/2016

Melopeas pancatalanistas

Cuenta Hannah Arendt en los “Orígenes del totalitarismo” que el pangermanismo y el paneslavismo –nacidos para forjar una gran nación germánica y otra eslava de base étnica–  tenían una tendencia innata a pensar a lo grande. No mostraban interés por la gestión prosaica y “pequeñoburguesa” de construir carreteras, adecentar calles o mantener asilos. Sus verdaderos intereses se centraban en la política exterior, el teatro de la guerra y de los tratados de paz donde sucumbían y renacían imperios, las nacionalidades oprimidas se erigían en estados o éstos cambiaban sus fronteras. El periodo de entreguerras, con el principio de las nacionalidades de Wilson a flor de piel, fue una época pródiga en ensoñaciones nacionales, también en Cataluña. Algunos poetas catalanes se afanaban por fundir en una sola las gramáticas del catalán y del occitano como paso previo a construir una gran nación occitana con capital en Barcelona y así situarla a la altura de París, Viena o Madrid como centro irradiador de una gran cultura nacional. Fracasada la ilusión occitana, el catalanismo volvió sus ojos a la piel del toro y centró sus esfuerzos en el proyecto de los Países Catalanes, una idea a la que años antes había apuntado Prat de la Riba (“la Catalunya Gran”) y que conceptualizó, en los años sesenta, el valenciano Joan Fuster. Para el profesor August Rafanell, que ha estudiado en detalle las relaciones entre Cataluña y Occitania, el 1934 es un año clave: se firman el acta de defunción de la ilusión occitana y acto seguido la del bautismo de la ilusión pancatalana. Imperio por imperio. En efecto, el 30 abril de 1934, Pompeu Fabra lanza su manifiesto“Desviacions en els conceptes de llengua i de la Pàtria”. Se trata de una llamada al orden en toda regla y tiene un solo cometido: desacreditar cualquier anhelo “desviado” de tipo occitanista. El sueño imposible de una Occitania Gran que debía expandirse a territorios a fin de cuentas franceses daba paso al sueño más plausible de la Catalunya Gran orientada hacia Valencia y Baleares, tal como había ocurrido siete siglos antes cuando la derrota de los ejércitos aragoneses en Muret (1213) cerró la puerta a los territorios de Oc que cayeron bajo dominio francés.

La “nación catalana” no preexiste al nacionalismo catalán. Es justo al revés: es el nacionalismo quien se la inventa. Es en Prat, Fabra y Fuster donde hay que buscar los orígenes de esta fantasmagórica “nación catalana” que nunca ha existido ni jurídica, ni política, ni lingüísticamente más que en las cabecitas iluminadas del catalanismo político que surge muy tarde, a principios del siglo XX.

Lo ignora todo el columnista de Última Hora, Pere Bonnín, cuando se remonta a antes de 1714 para certificar su existencia mítica. Ni siquiera existía, como apunta Massot i Muntaner desmintiendo a Bonnín, conciencia de hablar la misma lengua y mucho menos de llamarla “catalana”. La unidad lingüística auspiciada muy tardíamente por Marià Aguiló, Tomàs Forteza y Antoni M. Alcover fue toda una revolución en los círculos intelectuales mallorquines. Sólo unos pocos defendían sus tesis. En 1903 un escritor de la talla de Miguel de los Santos Oliver tenía miedo todavía de denominar “catalán” a la lengua de Mallorca. Hasta la llegada del siglo XX el nacionalismo es todavía un movimiento muy minoritario incluso dentro del catalanismo cultural, como atestiguan las alabanzas y glorias a España de Víctor BalaguerRubió y Ors, Verdaguer, Anselm Clavé y la mayoría de poetas de la Renaixença. Durante todo el siglo XIX Cataluña vibra de españolidad por los cuatro costados. La zarzuela y el flamenquismo están a la orden del día. El Principado es un bastión del carlismo y las exaltaciones patrióticas se suceden por doquier con la Guerra contra el francés, la Guerra de África, la Guerra de las Carolinas o la Guerra de Cuba. ¿Qué historia nos cuentan cada semana Pere Bonnín, Llorenç Capellà o Guillem Rosselló? ¿A qué viene tanto descaro a la hora de falsear la historia?

Esta larga digresión viene a colación del mitin que largó el activista Tomeu Martí el pasado 9 de septiembre en la Plaza Mayor de Palma en una concentración para respaldar el Procés y la República Catalana. En el breve discurso, apenas 450 palabras contadas, que arenga a las apenas medio centenar de personas reunidas, Martí se refiere de nueve maneras distintas a lo que Prat llamaba “la Gran Catalunya” y Fuster “els Països Catalans”. Pueden encontrar la sublime pieza retórica en dbalears.cat, digital al que Ruth Mateu acaba de subvencionar con 40.000 euros. El discurso deja claro que Martí piensa a lo grande, como los pangermanistas y los paneslavistas. Naciones, países, repúblicas, pueblos, estados… El galimatías terminológico exhibido es antológico. Desenredémoslo.

Tomeu Martí denomina “República catalana” al nuevo ente independiente que los separatistas quieren construir en la actual comunidad autónoma de Cataluña. Sin embargo, no tiene empacho en llamar a sus habitantes como “ciudadanos del Principado”. No parece que una república y un principado sean conceptos congruentes. A continuación, Martí anima a los mallorquines a construir una “república mallorquina” y a los menorquines una “república menorquina”, repúblicas que en principio no pertenecerían a la “República catalana”, sin que todo ello sea óbice para sostener que “la nació catalana va de Salses a Guardamar i de Fraga a Maó”. En definitiva, habría una sola nación pero no sé cuántas repúblicas la constituirían, al menos tres. Este planteamiento choca con el principio tan caro al nacionalismo de que “la nación” (natural, real, necesaria, sentimental) es primordial y anterior al “estado” (artificial, irreal, contingente, racional). Asimismo, Martí se refiere a Mallorca como “pueblo” y “país”, terminando su alegato con un “Visca Mallorca Lliure!” y el inevitable “Visca els Països Catalans!”. Debería ser “Visquin” o “Visquen” si son países en plural pero una vez más el subconsciente, impregnado de unitarismo, le traiciona.

Tres repúblicas, una sola nación catalana, un estado a nuestro servicio, un pueblo, un país, una Mallorca libre y los Países Catalanes, este es el abanico de proyectos futuribles que nos proponen Martí y Tòfol Soler (ASM), a los que Última Hora sigue dando pábulo sin el menor sentido de la estética ni de la vergüenza. Y después se mofan y tachan de “ultraespañolistas” y de  “extrema derecha” a casi un millar de mallorquines llenos de sentido común que el día 2 de septiembre se manifestaron por las calles de Palma para defender algo tan plausible, tangible y real como el estatuto de autonomía vigente, la Constitución en vigor y una forma propia de hablar que por lo menos tiene ochocientos años. El mundo al revés. ¿Quiénes son los “iluminados”? ¿O los “ultras”? Algún día habrá que saldar cuentas con ciertos periodistas que han sido, junto con los maestros, los grandes fautores de la melopea catalanista.

Dadas las evidentes dificultades terminológicas de nuestros “soberanistas” para referirse a este “ente soberano” que está por alumbrar, yo les recomendaría un término más preciso. Mi propuesta es que lo llamen la URSC, Unión de Repúblicas Socialistas Catalanas. No creo que lo de “socialistas” moleste en demasía a sus impulsores conocidos sus afanes estatistas. Tampoco ciertas connotaciones que evocan a este gran imperio que fue la URSS y que representó, durante siete inolvidables décadas, la esperanza de los trabajadores y el faro luminoso de la humanidad, la solidaridad y la justicia en la tierra.
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Publicat a EL MUNDO/El Día de Baleares, 1/10/2016

Intel·lectuals de pa amb fonteta

TONI CANTARELLAS

Dilluns passat en Carles Cabrera, columnista d’aquest mateix digital, va lluir-se dins sa línia habitual des ‘furor barbaricus’ des qual sol fer gala es seu minvat però exquisit círcol, fidel sense condicions a s’alt comissariat en sa matèria. S’article publicat, “Gonellades”, casualment clavat, en es seu to pujadet i insultant, an es que un col·lega seu havia emprat dos dies abans a s’Ara.cat, un tal Antoni Riera (“El Batle gonelleja”), qui atacava as partidaris d’un model lingüístic adaptat a ses exigències de Balears, assimilant amb mala fe es defensors des compliment de s’Estatut -es mateix que reconeix explícitament sa nostra singularitat lingüística i mana protegir-la- amb s’extrema dreta espanyolista que només cerca destruir “la llengua catalana”. Increïble. Sa mescla d’ous amb caragols no sol fer bon maridatge. Es setciències d’en Cabrera basava s’apocalipsis genocida en una sola premissa: es poder disgregant de sa dignificació de s’article baleàric per excel·lència, es ben legítim “salat”, d’ús creixent a diversos àmbits formals.

Amb tota sa seva capacitat intel·lectual, Cabrera va tornar a s’enverinat i recurrent tòpic de tractar d’assimilar es model proposat per sa llengua de Balears amb aquell peculiar concepte de “baléà” que finalment ha estat superat fins a s’extrem que s’anomenat GAB va deixar-lo de banda assumint es de “balear” (que té ses bendicions de s’IEC i de sa Llei de Normalisació Lingüística!!), així com mirar d’establir un nexe necessari entre es filòlegs que advoquen pes model assenyat que respecta ses vessants des balear amb figues d’un altre paner, com aquella “Fuya” fotocopiada que escampà fa dècades es desaparegut C. Cultural Mallorquí. També va mirar de ressuscitar un Pep Gonella que fa 44 anys se va limitar a enviar tres senzilles cartes a un diari local, revolucionant amb sa feta s’elit filocatalana des moment. Ses tesis d’en Gonella no són equivalents as “blaverisme” valencià, des qual en Cabrera emfatisa un espanyolisme ultradretà pes fet d’esser València un territori limítrof amb la resta d’Espanya… Vaja argument: i Catalunya ¿amb qui fa frontera? ¿o pentura és un continent aïllat…?. En es seu intent d’aparentar qualque bri d’objectivitat, eleva als cels dos personatges conservadors fent veure que se salven “per esser catalans”: en Fageda (d’Olot) i el Bisbe Úbeda (d’Ontinyent), però se’n cuida bé de no esmentar a sa barcelonina ‘MAM’ i d’obviar que es dejectat Xavier Pericay, filòleg defensor de s’identitat illenca, també és català. Es text d’en Cabrera, igual que es d’en Toni Riera, representa es paradigma des més genuí gènere pamfletari, farcit de prejudicis, cega doctrina i una enfilall de fal·làcies lògiques. Tots dos exhibeixen es paupèrrim nivell intel·lectual de sa nostra alienada minoria balearofòbica.

En es meu darrer article afirmava que es darrers anys hem assistit a fets diversos que evidenciaven com sa molló i certs prejudicis s’esvaïen a favor d’una presa de consciència identitària pròpia i deslligada de Catalunya mentres creixia proporcionalment sa desafecció cap an es pressuposts catalanistes, lo qual és conseqüent amb una dinàmica de claríssim canvi de tendència. Idò bé, resulta que sa meva tesis coincideix amb sa pròpia opinió d’un des seus, Antoni Trobat, que no només se limita a vendre fum com fan Cabreres i Rieres. Fou a un article a s’Ara.cat (“L’OCB té un problema”).

Trobat constatava com es ciutadans convocats per s’OCB, l’Assemblea Sobiranista de Mallorca i el Grup Blanquerna per reivindicar “el suport dels mallorquins a la república catalana” havien estat ben pocs a sa darrera concentració des passat dia 9 a sa Plaça Major. “Massa poquets (…) massa estelada per tanta poca gent”, deia textualment. Recordem que ja venien d’altre grans fracassos, comes des 30è aniversari de sa Llei de Normalisació Lingüística. Reconeixia estar preocupat pes fet que sa seva entitat (OCB) organitsàs actes amb es mateix número d’assistents que es convocats per ses entitats balearistes, afegint “Dol dir-ho, però s’ha de dir”, tota una reflexió sobre sa realitat social i, també en es fons, sobre es sucursalisme des catalans de Mallorca i sa seva fixació mimètica i enlluernada cap a Catalunya, rematant: “La còpia, la necessitat d’imitar, el calc, no ens fan bé”.

Des tres articles, es d’en Trobat és s’únic honest i valent, encara que deixa entreveure es despreci i fàtua actitud de superioritat cap es que no combrega amb es catalanisme. No sé si es seus el condemnaran per “derrotisme”, però sia com sia, lo més abjecte vessat per part d’aquest doctrinarisme decadent i mancat de suport social, és sa promoció de mites falsos (com lo des “baléà”), restar credibilitat as divergents que dins d’un model sèrio de llengua adaptada a Balears, són acusats de “destructors de la cultura” per vindicar s’article salat, i altres tergiversacions com dir d’ells que són s’extrema dreta espanyolista (!!!). Sa darrera novetat que tenc per part de sa Fundació Jaume III ha estat un altre vídeo que s’ha fet viral on se torna a posar de manifest sa suplantació de paraules i morfologia verbal mallorquines, genuïnes i ben correctes, per altres continentals. Paradoxalment, ¡aquesta denúncia també coincideix exactament amb es diagnòstic d’en Trobat!: “La còpia, la necessitat d’imitar, el calc, no ens fan bé” –textual-.

Si tot s’argumentari d’aquests “intel·lectuals” se basa en perverses i escollides fal·làcies no mos hauria de venir de nou s’enfonsament palpable d’un catalanisme que, a pesar des privilegi de ses subvencions públiques, només guanya en descrèdit i generalisada antipatia.
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Publiat a Mallorcadiario.com, 25/9/2016

El búnker de la lengua

JUAN PLANAS BENNÁSAR

TANTO MI hijo como mi hijastro, que hay que tener de todo y no privarse de casi nada en esta vida, hablan perfectamente tres lenguas. Español, catalán o mallorquín e inglés. Podría decirse, pues, que el sistema educativo, al menos en su caso, ha funcionado bastante bien y que las leyes educativas han sido lo suficientemente flexibles como para ellos mismos pudieran ir acompasando, cada uno a su manera, las peculiaridades de su entorno familiar y el absurdo caos lingüístico al que, de forma más o menos consciente, han tenido que ir enfrentándose a lo largo de los años en la enseñanza pública o concertada.

¿Está bien, entonces, lo que bien acaba? En absoluto. La posible buena suerte de mis hijos no garantiza ni condice la de tantos otros chavales que, por desgracia, no supieron o no pudieron adaptarse a los planes lingüísticos de los colegios, no lograron sobreponerse al panfletario poso ideológico de algunos docentes ni, tampoco, driblar las líneas rojas del pensamiento único y dejar pasar así, sabiamente, el tiempo, cumplir, con mayor o menor holgura, con los deberes y los exámenes, hacer y deshacer los entuertos puntuales de cada día y sobrevivir, en fin, a esa forma de castración personal que acaba siendo una educación genérica, mediocre, acrítica según convenga y, sobre todo, ideológicamente contaminada.

Me envían desde Change.org, ese muro virtual de las lamentaciones donde cualquiera puede llorar sobre lo que le plazca con la certeza de que va encontrar suficientes plañideros con que consolarse, la petición al Ministerio de Educación de España de que nuestros hijos puedan estudiar en castellano y balear. Este derecho, en principio, viene incluido en la infame Ley de Normalización Lingüística, pero la penúltima pirueta econacionalista del Govern, es decir, el Decreto de Lenguas, ha convertido el claustro de los colegios en el búnker desde el que se puede blindar (y se blinda) el uso exclusivo del catalán. Los centros educativos, además de la aberrante morralla de los planes de estudio que mutan según el gobierno de turno, poseen un denominado «proyecto lingüístico propio» que prevalece sobre cualquier otra norma, incluso de orden superior. Es increíble. O no. Es lo que hay.

No pienso, faltaría más, quejarme porque se incumpla el único artículo de la Ley de Normalización Lingüística con el que, de hecho, estoy de acuerdo. Pero a otro perro con ese collar. No concibo ninguna solución educativa en Baleares que no pase por derogar esa ley de normalización zoológica y territorial, esa encerrona conceptual, esa grieta subrepticia por la que se nos coló, para quedarse, el nacionalismo, su primitivismo lingüístico, dialéctico y tribal, su reduccionista ir avanzando, parasitariamente, a costa del progreso y el futuro colectivos. Hacia ninguna parte.
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Publicat a EL MUNDO/El Día de Baleares, 13/9/2016

2 símptomes: Manacor i Perpinyà

TONI CANTARELLAS

Ja fa un parell d’anys vaig diagnosticar que a Balears se cuina una discreta però creixent revolució cultural, antecedent social d’una autèntica “renaixença” que encara haurà de passar temps perquè s’acabi de consumar i donar es seu fruit. És un procés progressiu, transversal i pluri-insular que avança passa a passa, superant ses dificultats que planteja es Govern nacionalista i es petit Lobby de “La Causa”, aplegant a gent de totes ses edats i condicions, filòlegs, doctors en diverses matèries, periodistes, polítics, un caramull de joves universitaris i escolars, etc. Aquesta nota “credencialista” no cerca cap pretensió elitista, però me sembla avinent perquè desarma un des principals tòpics contra es dissidents de ses polítiques a s’ús; sa fal•làcia de desautorisar a tot aquell que no combregàs amb es polèmic “cientifisme” des monopoli cultural atribuint-li ignorància i manca de coneixements, argument que ja no se sosté de cap manera.

Es darrers anys hem assistit a diversos fets realment significatius que deixaven, més enllà de qualsevol dubta, com sa molló (o “menfotisme”) o certs prejudicis s’anaven esvaint en favor d’una actitud crítica i una presa de consciència identitària que se deslliga des sucursalisme afavorit des de ses institucions, des de ses esferes oficials de “La Cultura. CAT”. Aquest fenomen, a més, ha coincidit amb una patent i creixent desafecció de gran part de sa societat cap es pressuposts catalanistes, conseqüent amb sa dinàmica descrita i que demostra es fet de tot un canvi de tendència.

Encara -de moment- controlen sa clau principal, que és s’adoctrinament mitjançant ses directives docents (es vergonyós llibre de “català” per aquest curs, carregat de política i propaganda és un excel•lent exemple), però és inevitable que s’acabin topant amb tot un clam sociològic que els fera perdre aquest darrer búnquer. A més de ses entitats de nova factura, des de fa anys, clubs deportius, fundacions culturals, empreses, etc, començaren a deslligar-se de sa dictadura catalanista amb gestos humils com es de baratar en es seus portals virtuals “la quadribarrada” i es corresponent nom de “català” en favor de sa bandera que pertoca i es ben legítim nom de “mallorquí”. Me va cridar s’atenció que el nou Bisbe Tatavull, s’altre dia, en referir-se a sa nostra llengua, ho va fer amb so terme “mallorquí”.

Ha estat molt important un factor as qual no li havia donat massa importància, es protagonisme creixent de ses xarxes socials, un element democratisador que, entre altres ha aportat sa pluralitat de diversos medis de comunicació virtuals. Es poble, que abans d’aquesta revolució no tenia pràcticament cap tribuna d’expressió, ha cobrat inusitat protagonisme. Sa Fundació Jaume III, Foment Cultural de ses Illes Balears, sa revista Toc•Toc i diverses associacions, compten amb milers i milers d’associats i simpatisants que han pogut canalisar ses seves opinions gràcies a ses noves tecnologies i que ja sumen molts més adeptes que es de sa decadent OCB. Ses noves atalaies virtuals representen un bot qualitatiu com en es seu fou s’impremta, que ha servit de medi exclusiu de control allà onsevulla que s’hagi instal•lat un poder que deia justificar-se en una ideologia “pes poble però sense es poble”: Es Pravda soviètic, es Granma cubà, es corresponents a ses teocràcies islàmiques, a s’actual Corea del Nord… o es cas clientelista de Catalunya.

Fa temps que en es context d’aquestes eines de lliure expressió, diversos polítics (mallorquins, eivissencs i menorquins) s’expressen públicament deixant de banda sa sacralisació de s’article “lalat” i altres imposicions foranes per passar a emprar es natural i ben legítim article sibilant, salat (que en realitat és un cultisme directe des llatí). Es darrer exemple ha estat es des batle de Manacor, qui emprant un mallorquí correcte que no arracona es nostro article baleàric, ha despertat sa fúria inquisitiva des Pacte i ets insults per part d’opinadors de medis tan sospitosos com s’ARA.CAT. Això amb s’afegit revengista que a Manacor, MES no va aconseguir governar ni un any per mor d’una moció de censura. Sa diferència és que s’actual batle, quan era a s’oposició, mai va criticar a s’anterior per emprar un registre formal ben divergent des legítim registre mallorquí.

El volien crucificar, però a principi de setmana, va comparèixer a La Sala un nodrit i pacífic grup de ciutadans en suport des batle manacorí, exhibint qualque símbol estatutari (que també se considera subversiu per no coincidir amb “la quadribarrada”) i consignes en es seus cartells com “Gràcies Batle”, “A Mallorca en bon mallorquí”, etc. S’acte no havia estat orquestrat pes batle, que se va voler desvincular, però matisant que ho respectava. ARA.CAT (es particular “Pravda” catalanista), que interessadament ara assimila es mallorquinisme amb s’ultradreta (sic), sentencià: “El cas, sigui com sigui, és que EL BATLE DE MANACOR GONELLEJA I HO FA AMB TOTA LA INTENCIÓ” (AFEGINT QUE ES SIMPLE ÚS DE S’ARTICLE SALAT “VA CONTRA LA NOSTRA CULTURA!!!”); Un pancatalanisme rabiós i desesperat que pretén confondre a s’opinió pública amb desbarats i mesclant ous amb caragols, deprimit per ses seves derrotes a tots es fronts en coincidir a sa feta d’altre batle… es de Perpinyà (antiga possessió del Regne de Mallorques), a on sa República d’allà ja se va cuidar fa uns anys de rebaixar s’estatus cooficial des català a simple parla regional. Ara, a rel de “La Diada”, Perpinyà expressa com mai es seu rebuig cap es concepte de “Pays Catalan”.

Aquestes anècdotes freqüents i comuns a TOTS es veïnats de s’Autonomia catalana són un altre símptoma des progressiu canvi sociocultural que vivim i que simplement aspira a que se respecti lo propi de cada un poguent arribar així a una situació de normalitat exempta de manipulacions i de forçades imposicions polítiques, orquestrades des de s’àmbit de sa teorètica pujolista i es seus epígons de frustrada vocació imperialista, mentidera i profundament miserable que encara avui està representada per partits satèl•lits com “MÉS” o medis subvencionats com s’ARA.CAT.
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Publicat a Mallorcadiario.com, es 18/9/2016

El león sigue dormido

Miquel Ensenyat está conduciendo al Consell de Mallorca hacia la irrelevancia. Nunca fue una institución importante pero sí conoció alguna época en la que tenía cierta razón de ser. Recuerdo, por ejemplo, cuando el Consell era conocido como “sa repartidora” por su magnífico desempeño en el reparto de las subvenciones, una disciplina que UM convirtió en una de las bellas artes que pasará a los anales de la ciencia política como una contribución de primer orden de la “res” pública mallorquina. Este esplendor redistributivo coincidió, justo es reconocerlo, con un ambicioso plan para modernizar las carreteras “a la mallorquina”. No se rían ustedes, poca broma: prácticamente todas las infraestructuras viarias de las que hoy disfrutamos deben atribuirse al pacto Matas-Munar (2003-2007), pese a quien pese y caiga quien caiga. De Armengol, por contraste, apenas sí recordamos alguna realización en su sonriente andadura como presidenta del Consell, si descontamos su sonrisa profidén y aquella fantasmagórica Agencia para la Disciplina Urbanística cuyo propósito era, nada menos, que terminar con la vista gorda de los alcaldes. Por misericordia cristiana, no voy a recordar los frutos de dicha agencia.

La cuestión es qué hace el Consell ahora mismo aparte de “repensar Mallorca”, cambiar por la puerta de atrás la Diada de Mallorca, recibir en audiencia a excursionistas, “vermadors i vermadores” y todo lo que se agite por Palau Reial, subvencionar “sa pujada des Güell a Lluc a peu” y, sobre todo, salir a la palestra por las astracanadas de Miquel Ensenyat. Es cierto, a falta de gestión, de carreteras y de munificencia subvencionadora, Ensenyat se ha apropiado de la institución hasta tal punto de confundirse con ella. Ensenyat es el Consell y el Consell es Ensenyat. El Consell existe gracias a las salidas de tono de Ensenyat, ese educador social, que nos distrae de vez en cuando para despertarnos del sopor y recordarnos que el Consell, como Teruel, ¡también existe! No cabe duda de que se trata de un líder con personalidad: presentarse como “mallorquinista” y decir que no sabe qué es el “pancatalanismo” cuando sus conmilitones de Més se van a Cataluña a celebrar el 11 de septiembre tiene su mérito, indudablemente. Claro que para celebrar la Diada de Cataluña no hacía falta cruzar el charco, bastaba con quedarse aquí tras haber adelantado un día la Diada de Mallorca (12 de septiembre), como él mismo admitió en una entrevista a Canal4.

Tan desesperado debe andar el pobre por la inactividad de la institución que preside y por lo poquito que puede vender de su gestión que al fin se ha dado cuenta de que lo que le hace falta son más competencias y financiación. Aunque ello signifique birlárselas a Armengol, a la que lanzó un dardo envenenado en su discurso del Teatro Principal al espetarle que “hacía suyas sus palabras” que dirigiera en 2010 a Antich para conminarle que de una vez por todas le transfiera las competencias recogidas en el Estatuto de Autonomía de 2007. “−Que nadie piense que los mallorquines hemos olvidado lo que nos toca por derecho, y tenemos derecho a decidir las políticas que queremos hacer en nuestra casa y eso solo lo puede hacer desde la institución que representa al pueblo de Mallorca y este es el Consell”, advirtió a la presidenta. Al parecer, los mallorquines estaríamos oprimidos no tanto por los malvados españoles como de los baleares en su conjunto, del Govern o de la comunidad autónoma. Seguro que Nel Martí(léase, la “voz de Menorca”) debe estar riéndose a rienda suelta con el victimismo de Ensenyat (léase, “la voz de Mallorca”) en nombre de los mallorquines. Menos mal que alguien piensa en nosotros. Por eso decía antes que Ensenyat es la sal de la tierra, que nos despierta del letargo y que, a falta de gestión, carreteras y subvenciones, salva al Consell del eclipse informativo.

No está de más en mi sentido homenaje a esta imprescindible institución recordar por último las fabulosas esperanzas con las que entró el tripartito en el Consell de Mallorca hace poco más de un año. Querían comerse el mundo. “−El cambio instaurado por las fuerzas progresistas ya ha comenzado”, anunciaba el vicepresidente Miralles, nada más llegar. “−No es fácil, porque las máquinas estaban paradas por la inactividad del gobierno liderado porMaría Salom“, remataba el socialista. Ensenyat no se quedaba atrás: “−Somos gente que creemos en esta institución, que queremos que sea fuerte y bien financiada, ágil y con todas las competencias que pueda asumir”. Y anunciaba “Repensem Mallorca”, una campaña propagandística para camuflar la futilidad y la inacción de la institución. A los cien días, un eufórico Ensenyat trompeteaba triunfal que “el león que estaba dormido” había empezado a despertarse. Pues ya lo ven. Pasan los días, pasan las semanas, pasan los meses, pasan los años y el león sólo ruge gracias a las salidas de pata de banco de Ensenyat y a su populismo de regional preferente. Un genio o un cantamañanas, ustedes mismos.

Una de formalidades. Los ediles de Esquerra-Més de Manacor han criticado al alcalde de Manacor, Pedro Rosselló, por utilizar el artículo baleárico –así lo llamaba Moll– en Facebook. Dicen que le resta “formalidad” y “solemnidad”. Los creyentes republicanos se han creído la idea anticuada de que la “formalidad” la marca únicamente la letra impresa. Para ellos, se debe escribir con el artículo “literario” y se puede hablar –así lo hacen ellos en las sesiones plenarias a pesar de las advertencias de la UIB– con el artículo “salado”. Ignoran que esta frontera es hoy mucho más porosa de lo que era hace cincuenta años cuando sólo existía la literatura “formal” por una parte y el uso cotidiano “informal” de la lengua por otra, al estar restringida a usos familiares y privados. Hoy existen multitud de ámbitos (el último, las redes sociales) difíciles de encasillar en las categorías clásicas de “formal” e “informal”. ¿Debe escribirse en salado o en lalado en Facebook, Twitter, Instagram o Whatsapp? Si uno lee las recomendaciones que hacían quince años atrás los sabios lingüísticos de la UIB puede encontrarse con auténticas virguerías que ponen de manifiesto que la “formalidad” no es un asunto baladí. En los libros “La llengua catalana a Mallorca” (1999) y “Proposta de model de llengua per a l’escola” (1999), los autores, cuatro filólogos, distinguen entre formalidad “alta”, “media” y “baja”, “formalidad” a secas, “formal no tan culto” , “formalidad media oralmente”, “oral de una determinada formalidad”, “no formal”, etc.. Las cosas, como ven, no son tan fáciles como creen algunos, máxime si los ámbitos de uso social se multiplican, como ha ocurrido con las redes sociales y los medios de comunicación de masas. No tengo dudas de que nuestros sabios universitarios sabrán explicar estas exquisitas sutilezas a los estilistas Miquel OliverCristina CapóMª Francesca MasJoan Llodrà y Sebastià Llodrà. Con toda formalidad, claro.
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Publicat a EL MUNDO/El Día de Baleares, 17/9/2016

El desprecio de Ensenyat hacia el 12-S

Miquel Ensenyat reconoció ayer que “se hizo la Diada de Mallorca un día antes para que no fuera un día laborable”, admitiendo implícitamente las acusaciones de asociaciones como la Fundació Jaume III de diluir el 12 de septiembre por la vía de los hechos consumados puesto que a su entender lo único que ocupa y preocupa a los miembros de Més es cambiar la Diada de Mallorca de fecha. Y si encima pueden hacer coincidir sus actos más emblemáticos como la ofrenda floral con la Diada de Cataluña, miel sobre hojuelas. La Jaume III destacaba además que entre la treintena de actos organizados con motivo de la Diada de Mallorca –bastantes en días laborables, por cierto– sólo uno, la entrega de medallas, tuvo lugar ayer, día 12 de septiembre. La falta de consideración de Ensenyat hacia los reyes privativos de Mallorca y todo lo que representó el reino independiente para forjar la patria de los mallorquines se puso de manifiesto el domingo en la ofrenda floral que cada año realiza el Consell a los monarcas enterrados en la catedral, en la capilla de la Trinidad. No sólo se equivocaron de retrato, confundiendo a Jaume II con Jaume III, sino que dejaron a las entidades civiles a dos velas al no permitirles, como otros años, el acceso a la capilla, invitándoles a depositar sus ramos y coronas en el altar. Sólo las autoridades accedieron a la capilla de la Trinidad. Una forma muy peculiar de venerar y dar a conocer a nuestros reyes privativos.

El catalanismo siempre ha abjurado de esta dinastía mallorquina ya que simboliza los anhelos de soberanía de los mallorquines con respecto a Cataluña cuyos monarcas, en los apenas setenta años que duró el Regne de Mallorques soberano, nunca cejaron en su empeño de fagocitar al precario y pequeño reino insular y unirlo otra vez a la Corona Aragonesa de la que, a sus ojos, nunca debería haberse desprendido. Tanto resquemor provocan nuestros reyes privativos que el catalanismo no vaciló en criticar a las autoridades mallorquinas cuando decidieron recuperar sus restos para ser enterrados en la catedral de Mallorca. El PSM siempre ha considerado el 12 de septiembre como una fiesta “postiza” que “no ha arraigado”, algo que es cierto en parte por el carácter de los mallorquines y en gran parte por el poco interés que han demostrado y siguen demostrando nuestras autoridades en darle el realce que se merece.

Es fungus catalanensis com a espècie invasora

JAUME OLIVER SALVÀ

Repassant sa premsa vaig veure un interessant reportatge a Diari de Mallorca, firmat per Alejandro Cortés, ho va titular “S’ametller se mor sense cura”. Tot d’una me va dur records d’al·lot, “anar a tomar ametles” a partir de sa segona setmana d’agost. Totes ses finques amb quadrilles de temporers, ets homos amb llargues perxes tomant es tan preuat fruit, ses dones agenollades aplegant ses ametles caigudes damunt una tela que arredonia s’abre i es nins espigolant. Després des de finals de primavera de s’hivern fins a mitjan gener, amb s’imaginació infantil, aquests arbres sempre me varen parèixer bubotes amb molts de braços, especialment a s’entrada de nit.

Que morin ets ametllers és una forma de morir una part de Mallorca. Quan érem una societat agrària, amb una economia de subsistència, i cap tipo d’indústria, sa Societat Econòmica d’Amics des País, en es s. XVIII se va decidir per s’ametller, abre de secà que permetia es poder conrar cereals davall ells i no els afectava. Era un modus vivendique cada any proporcionava feina i bons ingressos an es mallorquins i primer producte d’exportació que vàrem tenir. Ara un fong anomenat “de sa fusta” o “fussicoccum” i sa falta de ploure està poguent amb ells.

A Balears ha sorgit una nova malaltia, perdonin sa “llatinada”, se la coneix com “Introductio cogeretur catalanensis”, traduït com a “introducció obligatòria des català”. És una malaltia que afecta sa llengua xerrada a Mallorca des de temps molt més remots que la sembra dets ametllers. Està ferida de mort, cada dia que passa, es “fungus catalanensis” com a espècie invasora està aniquilant a sa “baliaris lingua”, i s’única forma de recuperar-la és regant-la cada dia, amb sa finalitat de que sa sequedat de no usar-la no l’afecti i ses paraules autèntiques de sa forma autòctona de parlar siguin ses habituals entre ets habitants, cosa primordial perquè s’espècie invasora no devasti sa “balearis lingua” en un breu plaç de temps i conseguesqui fer-la desaparèixer. Ses circumstàncies d’infecció varen esser ben tramades, una Llei de Normalisació Lingüística mal enfocada, un canvi de nom de llengua ancestral en es nostro Estatut d’Autonomia, un Decret de Mínims, -que sempre ha estat de màxims-, doblers a voler a organisacions com s’Obra Cultural Balear, i uns polítics porucs incapaços de fer front a tan infecciosa malaltia, i acoquinats per altres polítics favorables a sa reproducció de s’espècie invasora que tants de beneficis els reporta. Es temps ha fet tota la resta.

Es moviments socials i grups de pressió i sa societat, també són responsables d’aquesta situació, ha arribat es moment de deixar-se sa pell a cada passa per conseguir que sa llengua invasora sigui doblegada, no permetre que vagi intoxicant cada racó de sa nostra societat. Si existeixen diferències entre ells haurien de cercar qualque remei abans que sigui massa tard. Ets estudiosos de sa “baliaris lingua”, estan obligats a cercar formules per aniquilar tan molest “fungus catalanensis”, ajudant-se tots ets investigadors i es seus diferents mètodes científics. Si s’ha de realisar un congrés que se faci, per arribar a sa conclusió d’una tesi final i poder arribar a una única conclusió, que desaparegui es “fungus catalinensis” i a partir d’aquí que es paradigma sigui igual per tots.

Poden estar segurs ets investigadors que sa societat els ajudarà, està desitjosa que sigui així. Si hem arribat tard amb sos ametllers, no consentiguem que mos ocorri lo mateix amb sa “baliaris lingua”, això no tendria remei.

Amarga ternura

RAMON A. OBRADOR

LEO CON SUMO interés la entrevista de esta semana a la nueva directora general de Política Lingüística del gobierno balear, Marta Fuxà, alguien que derrocha simpatía por cada poro de su cuerpo y que además dice tener una misión, como corresponde a todo nacionalista: conseguir que en las islas sea posible una vida plenamente en catalán. Teniendo en cuenta las implicaciones lingüísticas del turismo y que gran parte de la población balear es bilingüe o castellanohablante, ignoro cómo pretende Fuxà alcanzar esa plenitud si no es imponiendo tanto al sector público como al privado el uso del catalán. Según la lógica enferma que desprende toda la entrevista, eso no sería un ataque a la libertad, sino una «medida necesaria» para fomentar el catalán. Las embestidas, la violencia, tienen lugar, según Fuxà, cuando se prescinde del catalán como requisito para la función pública apostando por la excelencia o se quiere implantar el trilingüismo. Todo lo que no sea monolingüismo catalán representa un crimen contra la humanidad catalana.

El determinismo darwinista que subyace bajo cada sonriente palabra de Fuxà es acojonante: no hay espacio para una identidad plural, española, mallorquina, catalana, integradora. Menos mal que la propia directora confiesa implícitamente no saber de qué habla cuando proclama que «la lengua no ha de ser una arma de confrontación política». Que esto lo diga alguien que ostenta un puesto creado precisamente para hacer política con la lengua, que sueña con una sociedad monolingüe y que interpreta todo intento de pluralidad como un ataque, no puede despertar en el lector sino una amarga ternura. Aunque la expresión máxima de ternura irrumpe cuando Fuxà suspira por tender puentes entre las patrias hermanas, Cataluña y el País Valenciano, pero se queja de que no reciben para ello suficiente financiación del gobierno español. Es decir: aspiramos a una identidad catalana común, pero la debe sufragar España, cuya lengua oficial consideramos ajena y prescindible. ¿Es posible mayor e insultante cinismo?

La traca final llega en la última pregunta, cuando Fuxà justifica la «exitosa» inmersión lingüística escolar con la migración. «Sin inmersión marginaríamos a los que no conocen el catalán». Traducido: con una educación bilingüe marginaríamos a los inmigrantes. Más allá del monolingüismo catalán sólo hay espacio para la segregación y el ostracismo escolar. Fuxà lo podría haber dicho incluso más claro: sin imposición marginamos a los que no son como nosotros. Por lo tanto, obliguemos a todos a ser como nosotros, a ser catalanes. Quién iba a decir que de una boca tan dicharachera como la de Fuxà iba a emerger una defensa en toda regla de la violencia absolutista y del totalitarismo.
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Publicat a EL MUNDO/El Día de Baleares, 2/9/2016