Germà Gordó los retrata a todos

El escándalo suscitado por las declaraciones de Germà Gordó, nada menos que el actual consejero de Justicia de la Generalitat de Artur Mas, ofreciendo el pasaporte del nuevo estado catalán a los baleares y valencianos que así lo deseen, ha permitido conocer de primera mano la posición de cada partido en Baleares en relación a una cuestión, el gran tabú, que lleva revoloteando desde hace cuarenta años en Baleares sin que nadie quiera abordarla de cara. Suena a tautología recordar a estas alturas que la lengua catalana es el elemento central en torno al cual se quiere construir la nación catalana y, en consecuencia, el estado catalán. Es innegable a la vista del “Procés” iniciado en Cataluña, como lo es también en Valencia y Baleares donde sus colaboracionistas (Més, ERC, Compromís) llevan décadas cantando las excelencias de Cataluña y fomentando el odio a España y a sus símbolos nacionales, como la reciente ofensa al Ejército del alcalde de Manacor de Més, o la negativa de los diputados de Més a acudir a la audiencia del Rey en Marivent. Como muy bien apuntaba ayer en este periódico el candidato de C’s a las elecciones generales, Fernando Navarro, el nacionalismo catalán ha elegido la lengua como hecho diferencial para “diferenciarse” (en realidad, “ser superior a”, nadie se diferencia pera ser menos) de los demás como hubiera podido elegir el folklore, la raza o la etnia como cimiento para la construcción nacional de un estado independiente. De ahí que para el nacionalismo la lengua sea la patria y la patria la lengua. El sintagma “lengua nacional” al que abogan sistemáticamente intelectuales nacionalistas como Gabriel Bibiloni, Jaume Corbera, Bernat Joan o Damià Pons es un concepto definitivo que equipara lengua a nación y nación a lengua. Un estado independiente es la condición sine qua non para que el catalán sobreviva como idioma. Y el idioma, claro, es la clave de bóveda sobre la que se asienta la construcción de un estado soberano. En definitiva, la lengua es la nación y la nación es la lengua.

En Baleares y Valencia, debido a la mayor debilidad del catalanismo, la política (la construcción nacional) se ha tenido que disfrazar de actividades culturales y de promociones lingüísticas para crecer. En Cataluña, si bien durante décadas se siguió el mismo patrón, el sentimiento de formar parte a una nación lingüística como tal ya había alcanzado tal grado madurez que sólo faltaba su culminación: el estado nacional. Hay que ser muy ingenuos para creerse las declaraciones de David Abril, el portavoz de las camisetas de colorines de Més, afirmando que su formación está de acuerdo con el concepto de nación lingüística y cultural de los Països Catalans –algo que todos ya sabíamos– pero no, en cambio, con la creación de un nuevo estado independiente, asociado de algún modo a la nueva Cataluña en ciernes. Més abogaría así por una especie de “coitus interruptus”, o sea, alimentar entre su militancia el separatismo y, a la hora de la verdad, cortar en seco la culminación del acto prohibido, con la frustración que se generaría entre su electorado. Ahora mismo, Més debería estar destapando botellas de cava catalán a todas horas después de la proposición de Gordó de otorgar el carné catalán a los baleares más “conscientes y avanzados”, no en vano esto es lo que han venido reclamando sus bases más conscientes y los intelectuales antes referidos. Si algo no han perdonado nunca los Bibiloni, Corbera y Bernat Joan a Jordi Pujol (y a su partido, CDC) ha sido que Cataluña abandonara a los baleares a su suerte, al menos a los catalanes de Mallorca más conscientes. ¿De qué se quejan ahora?

Otra que ha quedado bien retratada ha sido Francina Armengol cuya primera obligación, como presidenta de Baleares, es defender a los baleares de estas injerencias y a las instituciones que ella misma representa. A diferencia de los presidentes socialistas de Aragón y Valencia que sí han rechazado con rotundidad los humores imperialistas de Gordó, Armengol ha querido quitar hierro al asunto, dejándolo en un “debate estéril” con claras “intenciones electoralistas” (lo que indica reconocer que entre los principatinos, la idea de los Països Catalans vende, lo cual es más preocupante todavía) y que ella, en un ejercicio de responsabilidad, no quiere entrar en un “debate que quieren calentar los nacionalistas españoles y nacionalistas catalanes”. La inquera se metamorfosea y se pone ahora el traje de “no nacionalista” mientras, simultáneamente, recurre a uno de los argumentos más manidos y socorridos del nacionalismo catalán: acusar al contrincante del “nacionalista español”. Y tú más. Armengol debería saber que el nacionalismo, por definición, es un movimiento de aquellos que aspiran a tener una nación o a engrandecerla geográficamente. No es el caso de los españoles que, afortunadamente, ya tenemos una nación y no albergamos ninguna pretensión de devolver a España territorios que, como Sudamérica o las Filipinas, sí fueron españoles durante siglos. ¿Qué sentido tiene que los españoles seamos nacionalistas irredentos? La pusilanimidad y el servilismo de Armengol se explican no tanto por sus pactos con Més como por su catalanismo del que nunca ha abjurado.

Tampoco el PI de Jaume Font, otro partido catalanista que vende regionalismo a los incautos, ha salido a decir esta boca es mía. Tampoco el PP, que lleva tres meses de vacaciones y lamiéndose las heridas, ha salido a la palestra para cantar las cuarenta a Gordó. Intuyo que este silencio clamoroso se debe a que la formación conservadora ha interiorizado que su derrota electoral fue producto de las políticas lingüísticas de Bauzá. El PP balear, una formación tradicionalmente desnortada, cobarde e indigente, debe ser el único partido en el mundo que se cree lo que sus adversarios dicen de él. Los pobres sólo aspiran a hacerse perdonar.

En tres meses el PP ha callado como un muerto en todos y cada uno de los anuncios que ha hecho el Govern para “volver a la normalidad” de la tiranía lingüística que nos amenaza de nuevo. El PP quiere evitar hablar de lengua a toda costa en su afán por regresar a los felices tiempos de los infaustos Tòfol Soler, Bartomeu Rotger, Jaume Matas y Manuel Ferrer Massanet, cuando prepararon toda la infraestructura jurídica y administrativa para el asalto del catalanismo en Baleares, sucumbiendo a las insistentes demandas de la OCB y del departamento de filología catalana de la UIB. Ni siquiera esta cuadrilla de ineptos con sentimiento de culpa supieron hacer lo que valencianos y principatinos estaban haciendo por aquel entonces en sus medios audiovisuales como Canal 9, TV3 o Catalunya Ràdio: crear un estándar regional (valenciano, barcelonés) adaptado al modo de hablar mayoritario de sus hablantesrespectivos al rebufo de la modernización que se estaba acometiendo entonces de la lengua literaria fabriana, un modelo anquilosado desde los años treinta. Ni siquiera los populares supieron abordar en Baleares este impulso de reestandarización para acercar el estándar a la lengua viva de la calle. Ni eso. Gracias a su entreguismo, indigencia e innata cobardía, los baleares nos hemos tenido que tragar el estándar regional (acastellanado y localista de Barcelona, según el propio Corbera) que nos venía de Barcelona. El PP ha sido el máximo responsable del arrinconamiento de las modalidades insulares que, al menos de boquilla, habían defendido durante el debate estatutario (1983) y la ley de normalización (1986), traicionando así a sus votantes que nunca han entendido las rídiculas pretensiones catalanistas de sus dirigentes. Nunca se lo agradeceremos demasiado.

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Publicat a El Mundo-El Día de Baleares, es 29-8-2015.

Ninguneo al Parlament

En un franco rechazo a la voluntad expresada por la misma cámara balear que la invistió hace unos meses presidenta balear, Francina Armengol (19% de los votos en Mallorca) se niega de momento a destituir de sus cargos a Juli Fuster –el maridísimo de la consejera de Salud– y a Pau Thomás, el hijo del otrora consejero de Salud, Vicenç Thomàs. Sólo desde el autoritarismo puede entenderse tamaña cerrazón en una Armengol que se ha mostrado infatigable en la oposición a la hora de reivindicar una mayor dignificación del Parlament y que, ahora en el Govern, se pasa por el forro sus dictados. La cámara autonómica tiene dos funciones primordiales: legislar y controlar al Govern. El control se ejerce mediante interpelaciones al conseller de turno, preguntas al Govern y la presentación de mociones y proposiciones no de ley que tratan de marcary orientar las políticas del ejecutivo. Al aprobarse una de estas propuestas, el Govern está obligado a obedecer el mandato de los diputados. Si no lo hace, a los seis meses el ejecutivo debe explicar por qué no lo ha hecho. Naturalmente, uno puede agarrarse a la letra del reglamento de la cámara para dejar pasar el tiempo y no hacer nada. Ésta parece la opción elegida por el Govern de PSIB y Més. Sin embargo, esto dice muy poco a favor de su talante democrático, máxime cuando todavía recordamos los gemidos de los socialistas porque el PP “ignoraba el Parlament” o el juramento del cargo por “imperativo legal” de los diputados de Més, sugiriendo tácitamente que la ley –o sea, el reglamento al que ahora se aferran desesperadamente para no obedecer a la cámara– no siempre es sinónimo de ética y justicia. Tampoco coadyuva a dar lustre al legislativo que una nerviosa Armengol regañe a Xavier Pericay y le diga qué debe preguntarle y cuáles deben ser sus desvelos como diputado. La presidenta debería recordar que su función es ahora rendir cuentas y no controlar al adversario. Debe responder, no preguntar. Tampoco dignifica la cámara el lenguaje de matón que utiliza un asilvestrado Carlos Saura (Podemos) cuando se refiere al PP como “mafia calabresa” o “sindicato del crimen”. Saura debería ser amonestado. Ni tampoco que la apparatchik Pilar Costa se refiera al PP como “el partido más corrupto de la historia”, pasando por alto los regímenes comunistas y bolivarianos en los que se miran sus todavía socios de Podemos, por no hablar de la corrupción de su propio partido en otras latitudes. A las primeras de cambio observamos que el “nuevo tiempo político” que algunos anunciaron tampoco ha contribuido a la tan cacareada regeneración del poder legislativo. Como diría Miquel Payeras, otra utopía desvanecida.

La moralina de Ros. A estas alturas no me sorprende tanto la cara de cemento armado de Armengol como los periodistas de cámara que le bailan el agua. El Ara Balears se burlaba el otro día del diputado popular, Antoni Gómez, por preguntarle al Govern si todavía percibía dietas por asistir a los plenos, a lo que el vicepresidente Biel Barceló contestó que no, dejando al de Escorca sin palabra. Tres días después hemos sabido que Barceló mintió en sede parlamentaria ya que todavía no había renunciado oficialmente a ellas y que Armengol quiere seguir cobrándolas. Medias verdades, hipocresía al por mayor y politiquería de la peor ralea. La misma que practica Cristina Ros, la directora de Ara Balears, que se pasea por los platós de televisión regañando a Podemos de que los trapos sucios del Pacte hay que lavarlos en casa y no exteriorizarlos y que, ante el nepotismo del PSIB, lo que toca es callar en público para no engordar al contrario y debilitar al Govern.

Lo sustancial del discurso. Resulta preocupante que las críticas a las famosas declaraciones de Miquel Ensenyat se hayan centrado únicamente en las formas –sus ataques a los extremeños y a los “pobres y miserables” escandinavos– y no en el fondo: la infrafinanciación de Baleares. ¿Será verdad que Ensenyat tiene razón en lo sustancial? Algunos creen que el presidente del Consell de Mallorca (apenas un 17% de los votos en la isla) ha dicho lo que todo el mundo piensa en privado pero que nadie se atreve a decir en público.Si así fuera se trataría de un fracaso en toda regla de PP y PSOE y un éxito indudable del separatismo que por fin habrían logrado inocular la consigna mágica del “Madrid mos roba” entre amplias capas de la población, precisamente cuando Baleares está mejor financiada que nunca. Ahí está Miquel Ramis, el diputado del PP en Madrid, reconociendo que le gustaría tener un grupo propio en las Cortes, unas intenciones que dejan bien a las claras que sus años de diputado nacional en la Carrera de San Jerónimo no le han servido para saber interpretar correctamente una balanza fiscal o conocer de primera mano las mejoras que han supuesto para Baleares los sucesivos modelos de financiación. Ramis es la viva imagen del PP balear, una formación despistada que ha terminado asumiendo el falso victimismo de Més y ERC.

El fracaso de los Perelló. Miquel Perelló (Més) es un maestro de escuela que ahora ejerce de concejal de Cultura, Memoria Histórica y Política Lingüística de Cort. Perelló es noticia estos días porque tiene entre ceja y ceja derribar el monumento de Sa Feixina sufragado por las familias de las 800 víctimas del crucero Baleares. Pues bien, el otro día regañó a los concejales de la corporación municipal pidiéndoles que hablaran en catalán en sus intervenciones plenarias para dar ejemplo. Perelló es coherente. Un equipo municipal que prohíbe el castellano en los premios Ciutat de Palma y que toma la decisión de dirigirse como norma general a los palmesanos en catalán salvo indicación expresa de los interesados tiene que dar ejemplo si quiere ser coherente con sus decisiones. Lo que no puede ser es predicar una cosa y hacer la contraria. Los ciudadanos están hartos de imposiciones –ahí está Armengol salando en sus declaraciones públicas mientras prohíbe salar a los locutores de los informativos de IB3– que luego los políticos se saltan a la torera. Con todo, lo que refleja en el fondo la dramática petición de Perelló es el proceso de latinización del mallorquín en Palma. Y la corporación no es más que un reflejo de la realidad de la calle. Mientras el catalán se ha convertido en la lengua del poder y del mundo oficial, el mallorquín se oye cada vez menos en las calles de Palma, no digamos ya entre las jóvenes generaciones. Basta darse un rodeo por cualquier colegio y percatarse de la lengua de relación de nuestros niños, adolescentes y jóvenes. Los Perelló tienen la batalla perdida. Los catalanistas creen que su fracaso se debe a que la normalización lingüística no ha sido lo suficiente intensa y que, por tanto, la solución pasa por más imposición. Ni siquiera se plantean erroresen los modos de aplicaruna ley de normalización que, en treinta años, nos ha llevado a un uso residual del mallorquín, menorquín e ibicenco. Según el último informe estadístico bendecido por la UIB, los baleares que usan la lengua autóctona apenas rondan ya el 35% de la población y en franca recesión (hace diez años era un 45%). El catalanismo puede presumir de controlar todas las esferas de influencia y de poder pero su programa a largo plazo ha sido un rotundo fracaso. No cabe esperar ninguna reflexión entre los habituados a la irreflexión, a la repetición de consignas, a la soberbia dogmática de los que se creen elegidos por la gracia de la “cultura, la ciencia y el saber” y a creerse que la suerte de las lenguas depende sólo del poder político y de sus políticas lingüísticas. No entienden nada. Es la sociedad balear la que les ha dado la espalda.

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Publicat a El Mundo-El Día de Baleares, es 26-9-2015.

El déficit lo pagamos nosotros

El Govern de Baleares ha decidido un año más incumplir el objetivo del déficit previsto para el 2015. Si en 2014 el “neoliberal” y “austero” José Ramón Bauzá lo dejó en un 1,7% cuando estaba obligado a dejarlo en el 1%, Armengol no le anda a la zaga y lo va a dejar en un 1,5% cuando debía dejarlo en el 0,7%. Es cierto que en defensa de la socialista hay que decir que los presupuestos de 2015 los aprobó un Bauzá que en julio se había fundido más del 1% de déficit, superando en apenas medio año lo permitido para todo el año (0,7%). En lugar de apretarse el cinturón en lo que queda de ejercicio para tratar de aproximarse al objetivo del 0,7%, Armengol ha decidido sumarle casi medio punto más, anunciando que lo dejará en el 1,5% o más. Estamos en manos de unos manirrotos que no dudan en perjudicarnos a todos a cambio de sus intereses electorales.

Armengol, Cladera y Carrió deberían meterse en sus lindas cabecitas que el déficit no es ningún derecho para gastar más. Cuando se van a Madrid a mendigar medio punto más de déficit, o cuando aquí deciden aumentarlo con la excusa de que el anterior Govern no les ha dejado margen de maniobra, los ciudadanos no deberían olvidar que el déficit no lo acaba pagando Rajoy, ni el resto de españoles, ni tampoco Armengol. El déficit lo terminamos pagando todos nosotros, los baleares, contribuyendo a disparar nuestra deuda autonómica que ya debe rozar los 9.000 millones de euros, la tercera parte, aproximadamente, de toda la riqueza que generan nuestras islas en un año. Y que engrosar la bola de nieve de la deuda significa que en los próximos presupuestos tendremos que pagar más para amortizar deuda y pagar intereses mientras contamos con menos dinero para educación, sanidad y servicios sociales. Afirmar que no se pueden recortar más los derechos sociales de lo que ya se han recortado no es ninguna razón de peso para alargar el déficit. Sabemos que los políticos siempre encuentran grandes razones para disparar con pólvora de rey, aunque sea para reabrir inútiles organismos una vez pagado el coste político de haberlos eliminado, como el Consell Econòmic i Social (CES), el Consell de Joventut –una cantera de políticos, activistas y sindicalistas– o el Consell Social de la Llengua Catalana, un organismo en manos de catalanistas exaltados a los que vuelve locos elaborar planes de normalización lingüística meticulosos y exhaustivos con miles de acciones sobre cómo volver a una supuesta “normalidad” lingüística que nunca ha existido ni existirá jamás.

Repensar MallorcaLos nacionalistas de Més han entrado en las instituciones como un elefante en una cristalería de BohemiaAyunos de un programa realizable, alegran a su ideologizada parroquia denigrando los símbolos las normas vigentes y haciendo gestos teatrales. No dan más de sí. Miquel Ensenyat, presidente del Consell de Mallorca, no ha tenido otra ocurrencia que anunciar una campaña de participación ciudadana para cambiar la fecha de la Diada de Mallorca. Ensenyat afirma que el 12 de septiembre “no ha arraigado”, entre otros motivos porque su elección fue “política”, dando alas a la pretensión de la OCB y de Última Hora de trasladarla al 31 de diciembre, el año cero según nuestros catalanistas, cuando recibimos las aguas lustrales del bautismo e ingresamos en la gran familia catalanaSe trata de una reclamación histórica del PSM que los partidos con representación en el Consell han venido rechazando hasta ahora. Mientras que el 31 de diciembre de 1229 conmemora una auténtica carnicería a manos de las huestes del rey de Aragón, el 12 de septiembre de 1276 evoca la carta de libertades –una especie de carta  protoconstitucional en la medida en que acota los abusos del poder real y establece los “derechos” de sus súbditos– que concede Jaime II a los mallorquines, una efeméride más civilizada y sin lugar a dudas más pacífica que la conquista cristiana de 1229Causa estupor el doble rasero del catalanismo: mientras los catalanes reclaman el derecho a decidir su futuro impugnando si es necesario todos los avatares históricos que han vivido, los mallorquines nos vemosobligados a ser catalanespor una especie de ley histórica –inalterable, inexorable, eterna– que comenzaría en 1229 y que nos determinaría por completo más allá de nuestra voluntad. Ensenyat debería recordar que, aunque sustentados por un sustrato histórico del que después los legisladores cogen y rechazan lo que quieren, todos los símbolos de un territorio son el resultado de decisiones políticas. Lo es el nombre de la lengua, no digamos ya su modelo estándar–la “tradición literaria autóctona, según la ley de normalización–, lo es la bandera, lo es el escudo, lo es la fecha de la Diada. Y lo es, cuidado, el propio Consell de Mallorca que preside Ensenyat, una institución que nos hemos tenido que comer con patatas porque así lo han querido nuestros políticos a pesar de su proverbial ineficiencia, corrupción y falta de arraigo entre los mallorquines. Sí, falta de arraigo. Y si este es el criterio a tener en cuenta, tal vez deberíamos empezar por eliminar el Consell traspasando todas sus competencias al Govern. No perderíamos nada.

Pirómanos y bomberos. Otra que ha entrado como elefante en una cacharrería ha sido la alcaldesa de Ciutadella, la pesemera Joana Gomila. Esta maestra de catalán** ya ha anunciado que en la llamada “Processó des Tres Tocs” que se celebra por San Antonio (17 de enero) no se interpretará el himno español tal como se venía haciendo hasta ahora. Lo curioso de Gomila no es el adanismo de los que creen estar en posesión de la verdad mientras tratan de esculpir desde el poder un modelo de sociedad que se amolde a sus ideas, sino el hecho de que, como respuesta a las lógicas críticas por el quebranto de dicha convención, diga que “no vamos a hacer de eso un problema”. ¿Quién ha hecho de eso un problema? ¿Ella o los que han protestado? Estos maestros del PSM están tan convencidos de que son los ungidos que el pueblo esperaba para su salvación que tratan a los ciudadanos que no son de su cuerda como si fueran estudiantes, acusando a los demás de lo que hacen ellos: crear problemas donde no los había. Se trata de una variante de esta “vuelta a la normalidad” a la que no dejan de apelar socialistas y nacionalistas para justificar todas sus decisiones de carácter lingüístico, como si ellos personificaran de pronto la “normalidad” –social, histórica– cuando se han pasado toda la vida defendiendo todo lo contrario: el derecho de las minorías a disentir contra las normas. Otra vez el doble rasero. Definitivamente, los resultados del pasado 24-M les han subido a la cabeza.

**Se trata de un error. En realidad, Joana Gomila es profesora de matemáticas, no de catalán.

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Publicat a El Mundo-El Día de Baleares, es 22-8-2015.

Madrid como disfraz de la futilidad

Francina Armengol ha elegido el recurso de la confrontación con el Gobierno de Mariano Rajoy como estrategia políticaEs verdad que a estas alturas resulta cansino el sonsonete del “Madrid me mata”, pero hasta cierto punto es lógico dadas las circunstancias políticas y personales de la presidentaArmengol ha ejercido siempre de opositora y ni siquiera presidiendo el Govern puede dejar de obrar como lo que es. Por otra parte, su educación sentimental es la propia de una nacionalista en cuyos grupúsculos y capillitas militó antes de enrolarse en las filas del socialismo español, siguiendo la trayectoria de su padre. Armengol es una nacionalista de corazón que ha tenido que moderarse a la fuerza para aspirar a dirigir el PSIB, transformándolo en la medida de sus posibilidades en una formación que no le hace ascos al nacionalismo. Lo demuestra su complejo de inferioridad frente a los nacionalistas a los que considera sangre de su sangre.

Por si fuera poco, la falta de un programa de gobierno digno de este nombre –como se visualizó en el debate de investidura– y su más que probable incompetencia en la gestión no le dan otra opción que envolverse en la bandera del agravio territorialEl “Madrid me mata” siempre ha sido un magnífico disfraz para camuflar la futilidad que siempre ha caracterizado a la izquierda cuando ha gobernado estas islasArmengol quiere salvar el pequeño comercio de la “deslealtad traicionera” de Madrid, quiere gastar más de lo que le permite Madrid, quiere mejorar el “injusto” modelo de financiación negociado por Rodríguez Zapatero y Carlos Manera, quiere minimizar los efectos de una ley educativa que Madrid le obliga a aplicarreclama 1.300 millones de euros de unas inversiones estatutarias que se saca de la manga y que le habría negado Madrid, se lamenta la pobre de que Rajoy no tenga “una hora” para reunirse con ella. Cualquier circunstancia sirve para arremeter y quejarse de Madrid, el gran Satán. “Madrid no nos da ni agua”, brama Catalina Cladera. El problema de fondo de la izquierda balear es que nunca ha tenido programa alguno salvo el desalojo del PP de las instituciones, de ahí que buena parte de sus medidas sean reactivas contra todo lo realizado por este partido. No son capaces de hacer nada en positivo que dependa de su buen hacer, de sus propias ideas y de su propia capacidad de gestión, su genio es puramente destructivo. Sólo saben gobernar a la contra.

La equidistancia de ArmengolEn declaraciones a Europa Press, Armengol ha afirmado que el “el independentismo es simplemente un sueño”. Habrá querido decir que la “independencia es un sueño”, entendido como algo que carece de realidad y fundamento, sin posibilidades de consumarse. Porque el independentismo, con el que simpatizó de joven la inquera, no es ningún sueño, es una realidad palpable a poco que se dé una vuelta por Cataluña o eche una ojeada a sus socios de Més. En la entrevista a Europa Press, Armengol no expresa ningún rechazo moral, ético, cívico o democrático al independentismo como principio, sencillamente se limita a constatar sus escasas probabilidades de que triunfe. Por eso, se aparta de él con la dosis de realismo que se espera de una secretaria general regional de un partido tan español como el PSOE. El subconsciente le vuelve a traicionar en la entrevista cuando se sitúa en la equidistancia entre Rajoy y Artur Mas, como si el gallego tuviera en buena parte la culpa de los delirios de Mas. “Los dos gobiernos han preferido la bronca al acuerdo”, afirma Armengol, responsabilizando a Rajoy de lo ocurrido en Cataluña no por omisión sino por ¡exceso de acción! Por ser demasiado bronco. Finalmente, la de Inca defiende la incorporación de Baleares al Instituto Ramón Llull para ir de la mano de la sediciosa Generalitat porque “Baleares tiene una relación especial por cuestiones lingüísticas, históricas e identitarias”. Identitarias, nada menos. Y achaca al PP que “olvide estas cuestiones”. Para la inquera, aliarse con el gobierno de una región que se quiere “desconectar” de España en dos meses y que no tiene otra pretensión que quebrantar el marco constitucional y autonómico bajo cuyo paraguas ella es presidenta balear es tener un sentido “institucional” del que carece el PP. Y hacerlo, además, mediante alianzas lingüísticas y culturales cuando la lengua, precisamente, está al servicio del proceso separatista, le parece de lo más oportuno. cuando ni los separatistas de allá (ERC, CUP, parte de CDC) ni sus quintacolumnistas de acá (ERC, Més, Guanyem) han renunciado al proyecto pancatalanista que nos engloba a baleares y valencianos de acuerdo con la divisa “una lengua, una nación, un estado”. Para Armengol, nuesta integración al Llull viene a ser otra vuelta a la normalidad tras el estado de excepción de Bauzá. ¿Normalidad? Será la normalidad de alguien que en el fondo de su alma nunca ha dejado de ser una nacionalista que sigue creyendo en los Países Catalanes aunque admita la enorme dificultad de la empresa. Ahora bien, compromiso emocional contra el separatismo, ninguno.

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Publicat a El Mundo-El Día de Baleares, es 8-8-2015.

Huérfanos de identidad

Se lamentaba este martes el siempre brillante Arcadi Espada de que “las propuestas de los populistas españoles no se hayan sometido al juicio de la inteligencia y que haya vuelto a probarse que la altivez ideológica es el mejor camuflaje de la indigencia intelectual”. No le falta la razón.En España, el embrión de todos los populismos ha sido el nacionalismo al que algunos siguen dando pábulo al no someterlo al juicio de la inteligencia. Lo hemos vuelto a comprobar esta semana a cuenta de la tosca interpretación de los saldos fiscales calculados por el Ministerio de Hacienda.

Una fábrica de separatistas. El diario Última Hora ha decidido convertirse en una fábrica de separatistas. Como nos ilustra el caso catalán, no hay que infravalorar el papel de los periodistas en la construcción denaciones modernasLa prensa en castellano de las Islas está trufada de nacionalistas que no dan puntada sin hilo. La ideología les puede y no dudan en sacrificar la verdad por una buena causaEl pasado domingo la navarra Nekane Domblás (UH) repetía la misma jugada del año pasado volvía a dedicar dos páginas a todo color para enumerar todo lo que podría hacer Armengol con 1330 millones más en el bolsillo, la suma a la que asciende el último saldo fiscal de Baleares referido al 2012como ya les he ido informando. La que fuera subdirectora general de IB3 durante el segundo Pacte de Progrés interpretaba los 1.330 millones de euros que “se irían de Baleares y no volverían” como un “expolio” a nuestras islas. Se trata, como he repetido varias veces, de una burda manipulación en toda regla que debe ser denunciada, o cuando menos, sometida al juicio de la inteligencia, como dice Espada¿Por qué es una tosca manipulación considerar el montante de una balanza o saldo fiscal, el que sea, como un “expolio”? Porque dentro de estos 1330 millones hay una porción muy elevada distinta para cada autonomía– que no supone ningún agravio territorial, ya que es el resultado de la existencia natural de flujos de renta (en impuestos, cotizaciones sociales, prestaciones, pensiones, servicios) desde las autonomías, barrios, familias y personas más ricas a las autonomías, barrios, familias y personas más pobres. En concreto, en Balearesesta porción “no territorial” ascendería al 82,8% de estos 1.330 millones: 1.098 millones. El agravio a los baleares por el hecho de vivir en Baleares y no en otra autonomía se circunscribiría únicamente al 17,2restante (232 millones). El “expolio”, de existir, serían por tanto estos 232 millones, no los 1.330 millones desaldo total. Esto es lo que dice el informe de Hacienda, esta es la interpretación exacta de sus autores. ¿A qué nos conduciría el “no expolio” o dejar el saldo a cero que propugna DomblásNos llevaría a un escenario donde no habría redistribución de la riqueza, donde todos, fuéramos ricos o pobres, pagaríamos los mismos impuestos y recibiríamos las mismas pensiones y subsidios, al margen de nuestras posibilidades y necesidades. ¿Estaría de acuerdo Domblás con este paraíso de redistribución ceroMe temo que no. Estos 1.098 millones no son pues ningún agravio territorial: son el resultado de la solidaridad de los ricos hacia los pobressometidos ambos a los mismos criterios uniformes en toda España –salvando a vascos y navarros–. En las mismas condiciones e igual cotización, un pensionista de Baleares cobrará la misma pensión que otro de Extremadura. Estos 1.098 millones (o la parte proporcional relativa a pensiones) afloran por el hecho de que en Baleares el número de pensionistas es menor (o bien al ser nuestras pensiones más bajas porque el salario medio en Baleares es más bajo debido a nuestra singular economíaque en Extremadura, no porque se les trate de modo desigual. Lo mismo ocurre con los impuestos, los subsidios o las cotizaciones, donde se aplican criterios uniformes en toda EspañaHay que saber distinguir entre la solidaridad individual entre españoles, que debe mantenerse en principio y que supone entre el 70-80% de la balanza fiscal; los agravios territoriales que, a mi juicio, deben minimizarse y que suponen entre el 20-30% del total de la balanza. Y eso ocurrirá siempre, por mucho que cambie la metodología de cálculo, se imputen de forma distinta ingresos y gastos, se calculen saldos relativos o balanzas absolutas, o se utilice el enfoque flujo monetario en lugar deenfoque carga-beneficio.

Política disfrazada de culturaEn su etapa como conseller de Educación y Cultura (1999-2003)Damià Pons (PSM) fue uno de los artífices del Institut Ramon Llull (IRL). Alumbrado en 2001, el IRL se presentó como “un gran instrumento de salida exterior de nuestra lengua y de sus producciones culturales”. Años más tarde, en su libro “El jonc i l’aritja” (Ed. Lleonard Muntaner, Palma, 2006), el mismo Pons reconocía que la entrada en el IRL había tenido “una evident i important dimensió política. Nada nuevo bajo el sol, ciertamente, para alguien que siempre ha considerado a los mallorquines como “orfes d’identitat”, un pueblo colonizado y desorientado al que sólo Cataluña podía rescatar de su indignidad y vacío existencial. Queda claro que nuestra reincorporación al IRL es la enésima muestra de política disfrazada de actividad cultural, la sempiterna añagaza del catalanismo. Esta vez, sin embargo, nuestra subordinación vicaria a Cataluña es más grave todavía a tenor del excepcional y enrarecido clima político que vive aquella región donde los actuales inquilinos de la Generalitat están anunciando a bombo y platillo su pretensión de “desconectarse” de España tras las elecciones del 27-S. ¿Qué hace la consejera Esperança Camps afirmando que “comparte aspiraciones” con Cataluña, que quieren “ir juntos por el mundo”, que “quiere tender puentes y abrir puertas”, que “no quiere aislarse” de una región que aspira romper el marco constitucional y estatutario vigente, un marco que legitima y del que emana la autonomía balear bajo cuyo paraguas ella es ahora consejera?

Al parecer, Camps está encantada con el Procés y no le importaría engancharse al tren de Artur Mas y Oriol Junqueras. Establecer alianzas culturales y lingüísticas con Cataluña no es firmar un convenio de tipo sanitario o de ayuda a la dependencia. La consejera no debería tomarnos por tontos. El irredentismo catalán obedece a una ideología que tiene a la lengua, y no a la sanidad, como el pilar fundamental sobre el cual quiere construir una nación y un estado independienteY los impulsores de este Procés –y algunos de forma explícita: ERC, CUP, una parte de CDC– nunca han renunciado al sueño pancatalanista que, de consumarse, significaría nuestra fagocitación como pueblo en el magma de una Gran Catalunya (Prat de la Riba) o de los Països Catalans (Joan Fuster). Situarnos en el dominio pancatalán como hace Camps (“todos somos cultura catalana”, ha reiterado estos días) en unas circunstancias como las actuales es propio de irresponsabley de fanáticos nacionalistas que, como Damià Pons, ruegan a todas horas por que Cataluña nos salve de nuestra insignificancia como pueblo.

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Publicat a El Mundo-El Día de Baleares, s’1-8-2015.

¿Y el expolio de 3.500 millones?

Hace unas semanas me distraje viendo una tertulia sobre financiación autonómica en Canal 4. Los cuatro políticos mallorquines que hacían de tertulianos estaban de acuerdo en que las Islas estaban muy mal financiadas y que urgía cambiar el sistema de financiación. Por supuesto, lo hacían sin aportar un solo dato ni una sola idea precisa del tema, demostrando la ignorancia supina de los que hablan por boca de ganso y se dedican a repetir como papagayos las ideas dominantes. La mala financiación es una de estas ideas dominantes que firmaría cualquier lector de periódicos, incluso algunos creerán que, como los catalanes, también nosotros somos víctimas de un verdadero “expolio”. Es lógico que así sea ante la falta de información que se ofrece a los ciudadanos. Encima, cuando sale un estudio como el de esta semana sobre cuentas territorializadas referidas al año 2012, en vez de estudiárselo a fondo y aportar un poco de luz a unos ciudadanos que merecen ser informados y no manipulados, la consejera del ramo, Catalina Cladera, y su director general, Joan Carrió, no tienen nada más que decirnos que repetir lo de siempre, o sea, que este nuevo estudio corroboraría, ¡cómo no!, que estamos muy mal financiados. Y dale.

Lo primero, los datos. Antes de sacar ninguna conclusión, expongamos los datos que sí aparecen en el informe de marras relativos a Baleares. En primer lugar, se nos dice que tenemos un saldo fiscal negativo de 1330 millones de euros, el 5,08% del PIB regional, “impuestos que se van y no vuelven”. Se trata de un modo impreciso de hablar. Estos 1330 millones son la suma de los 39 millones de euros en impuestos y cotizaciones sociales que pagamos de más respecto a la media española y los 1291 millones que el Estado dejaría de gastar en Baleares. Hace tiempo que las Baleares dejaron de ser una comunidad rica, apenas ocupan el séptimo lugar en renta per cápita, de ahí que nuestro esfuerzo fiscal apenas sobrepase la media (+39 millones). En cambio, lo fundamental en nuestro caso reside en lo que el Estado dejaría de gastar en Baleares respecto a la media (+1291 millones). ¿De dónde salen estos 1291 millones de euros? El estudio del Ministerio de Hacienda lo desagrega en cuatro sumandos: a) las pensiones y prestaciones de desempleo que dejaríamos de percibir respecto a la media (728 millones); b) la promoción económica (163 millones) que dejaría de hacerse en nuestras islas; c) los intereses de la deuda pública estatal (190 millones) que pagamos de más; y d) un cuarto sumando denominado “gasto territorializable” (232 millones), que es dónde hay que buscar una hipotética discriminación territorial. De los cuatro déficits relativos anteriores sólo el último es problemático. En efecto, pensiones y paro son prestaciones de carácter personal que uno percibe en función de su cotización y de su salario, no del territorio donde vive. No suponen, por tanto, ninguna discriminación a los baleares por el hecho de vivir en las Islas. La promoción económica recoge las ayudas a empresas y sectores que se asignan con criterios económicos y sectoriales, no territoriales en principio. Bajo el epígrafe de “gastos (propiamente) territorializables” (232 millones), en cambio, agruparíamos aquellos servicios o prestaciones a los que los ciudadanos tienen acceso en función de su lugar de residencia: financiación de las administraciones autonómica (120 millones menos) y local (48 millones más), inversiones de la Administración central en infraestructuras (124 millones menos), ayudas regionales (32 millones menos), transporte, seguridad y gastos residuales (las competencias están transferidas) de la Administración Central en educación, sanidad, deporte o cultura a cargo de los Presupuestos Generales del Estado. En este “gasto territorializable” está el meollo de la cuestión.

Gasto en función del territorio. Este “gasto propiamente territorializable” (232 millones) sólo supone el 17,2% de todo nuestro déficit fiscal (1330 millones). Es decir, sólo la quinta parte de los 1330 millones representaría un “expolio” de verdad ya que podríamos atribuirlo al hecho de vivir en Baleares. Y, por tanto, sería el único exigible ante el Gobierno y demás autonomías ya que nos estarían castigando por el hecho de vivir en Baleares y no en otro sitio. En cambio, el 82,8% restante, más de las cuatro quintas partes de los 1330 millones que “se van pero no vuelven”, no supondría realmente ningún agravio territorial. Si usted viviera en Extremadura y su cotización fuera la misma que viviendo aquí en Baleares, recibiría la misma pensión. Que usted reciba una pensión superior o inferior no depende de donde viva, sino de lo que ha cotizado. No sufre, por tanto, ninguna discriminación por razones de territorio.

El peso de la financiación. Como he señalado, la financiación autonómica es una partida más de las que contribuyen a este gasto propiamente territorializable (232 millones). Una más. Según el informe, Baleares recibiría 120 millones menos que la media nacional. Sin embargo, los ayuntamientos recibirían 48 millones de más. Como podemos ver, la financiación autonómica tiene poco peso (un 9%) en relación al déficit total (1330 millones). Como habrán podido deducir, quien confunde una balanza fiscal con una evaluación del sistema de financiación no sabe de lo que habla.

Cada vez mejor. Los distintos estudios que últimamente se han venido realizando de cuentas territorializadas –según el criterio carga-beneficio– han ido reduciendo el agravio fiscal de Baleares. En efecto, en 2005, el déficit balear era de 1684 millones, en 2011 fue de 1483 millones y en 2012 de 1330 millones. Lo mismo puede decirse de los estudios sobre financiación autonómica. Bauzá y Armengol han sido los presidentes más afortunados de Baleares en tanto que han contado con muchos más recursos que ningún otro para abordar sus presupuestos y los que menos razones objetivas tienen para quejarse. Lloriquean de vicio. Se mire por donde se mire, no aparecen por ninguna parte los míticos 3.500 millones de “expolio” que denuncian Jaume Font, Biel Barceló y demás fauna nacionalista. Ni tampoco los 2.000 millones que el otro día se sacaba de la chistera el columnista Miquel Segura (UH). Sin ofrecer tampoco ningún dato, por supuesto. El nacionalismo no maneja datos, sólo gestiona fe.

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Publicat a El Mundo-El Día de Baleares, es 25-7-2015.

Vuelta a la normalidad

El vuelco electoral ha sido presentado por la parroquia nacionalista como una vuelta a la normalidad. Así, por ejemplo, nos prometen ahora un curso “normal” los mismos que hace un año abogaban por que no lo fuera. O como el diario Ara Balears, cuando afirma que el reingreso al Instituto Ramón Llull (IRL) significa “normalizar” las relaciones de Baleares con Cataluña. O como el regreso al anterior modelo lingüístico de IB3 bendecido por la UIB, presentado como otra vuelta a la normalidad. Nada obsesiona tanto al catalanismo como la normalidad, un término que nunca se les cae de los labios. Norma, normal, normalidad, normativa, normativizar, normalizar, normalización. En principio, no debería extrañarnos esta curiosa pulsión entre aquellos que han convertido la Norma por excelencia –la fabriana, naturalmente– en sus Tablas de la Ley y a Fabra en Sant Pompeu Fabra. La divinización de la norma y el endiosamiento del codificador de la lengua van de “soi” en un movimiento cuyos integrantes apenas han concebido ningún otro oficio que el de corrector o maestro de escuela. La literatura catalanista, por otra parte, rebosa de expresiones como “en un país normal”, “en una lengua normal”, “en una situación normal”, dando a entender que Mallorca, España, o los que tenemos la desgracia de no ser nacionalistas, no somos normales. Los normales serían ellos, los demás seríamos anormales, paranormales o subnormales, en cualquier caso, raros.

¿En qué consistiría esta “normalidad” de la que alardean los trompeteros catalanistas? ¿Cuál sería la dichosa norma que separaría a los normales -ellos- de los anormales –todos los demás? No se hagan ilusiones. Raramente aparece alguien que nos explique de modo claro y diáfano en qué consiste esta normalidad y esta superioridad moral que dimana de ella. Ningún periodista, editorialista, columnista o político de los que nos han estado bombardeando estos días con la vuelta a la normalidad nos ha explicado en qué consiste. El discurso nacionalista tiene este aire de familia que parece dirigido únicamente a los que ya son nacionalistas, como si fuera una conversación familiar, de consumo interno, esotérica, al alcance sólo de los elegidos. El nacionalismo en Baleares nunca ha forjado un discurso público con argumentos explícitos para convencer a los no convencidos y dirigido a una opinión pública adulta y plural. Su hipotética normalidad es un tópico más de la tupida red de sobreentendidos que dejan caer sin llegar nunca a explicarlos. “En una situación normal, la lengua catalana sería la única vehicular en la enseñanza”, nos espetan a bocajarro. La frase empieza haciendo acopio de una normalidad que se presupone… para concluir con un pronunciamiento que se deriva sin solución de continuidad de la premisa inicial. Pero…¿a qué “situación normal” se refieren? 

 

La normalidad sin tapujos. Para saber en qué consiste la normalidad de la que alardea a todas horas el catalanismo hay que profundizar en la literatura de sus referentes intelectuales: Gabriel Bibiloni, Jaume Corbera, Damià Pons, Isidor Marí o Bernat Joan. No es casualidad que todos sean filólogos catalanes y no precisamente estudiosos de su literatura, sino sociolingüistas. La razón que da sentido a sus vidas es la salvación de la lengua catalana amenazada por múltiples peligros. Dadas las resistencias sociales y políticas que se interponen en su camino, todos ellos han llegado a la conclusión de que sólo un Estado independiente podría salvar el idioma. El nuevo Estado debería ser monolingüe en catalán, la lengua “nacional”, como lo es el italiano en Italia, el francés en Francia o el alemán en Alemania. No quieren ser más que los demás, sólo como ellos. Normales, vaya. Un país normal es un país con una lengua nacional que debe diferenciarse de las lenguas circundantes –a las que tratará de tú a tú– mientras logra la unidad interna arrasando con todos los dialectos exceptuando aquel que, por razones demográficas, políticas, personales, filológicas o culturales, se ha convertido en la lengua supradialectal, en estándar. Así pues, los mallorquines debemos resignarnos a perder el mallorquín de nuestros padres porque,en última instancia, el estándar que, en sus primeras fases sólo aspira a ocupar los ámbitos públicos y más formales, a largo plazo termina arramblando irremisiblemente –al desaparecer de todos los espacios públicos y prestigiosos– con el resto dedialectos no elegidos por la Historia. Es lo que ha ocurrido, ni más ni menos, en todos los países “normales”: Italia, Alemania… Así es la vida. De ahí su odio a las modalidades insulares ya que su fomento se interpondría en su programa irredentista. 

Todo lo que nos aleje de este escenario o nos desvíe de las tareas urgentes y necesarias para trabajar en la construcción de este país “normal” con el que sueñan nuestros filólogos deja de ser percibido como normal. El proyecto de “una lengua, una nación, un estado” es lo que da patente de normalidad o no. Nada más. Cuando oigan hablarles de “normalidad” ya saben a qué normalidad se refieren. Alguien podrá objetarme que exagero. En absoluto, lean a estos autores y se darán cuenta de ello. Es más, si su verdadero proyecto no fuera éste y aceptaran una solución de compromiso como la coexistencia de varias lenguas en nuestra geografía insular, aceptando el marco estatutario y constitucional, no les importaría debatir sobre los objetivos reales de la normalización lingüística, si hay que revisar sus objetivos después de treinta años, si es ético o no que la Administración priorice el aprendizaje –bastante precario, además– de una lengua sobre la propia enseñanza, si apoyar una lengua debe afectar y cómo a la comunidad castellanohablante, si estamos dispuestos a sacrificar o no nuestras modalidades, etc. Todo esto debería discutirse en un debate público, franco y abierto entre todas las partes que tienen opiniones diversas sobre el tema. En cambio, todos prefieren “fer i callar”, la política de hechos consumados y aferrarse a la lengua de madera para salir del paso. “−La lengua es una”, ha afirmado con solemnidad la nueva consejera de Cultura, Esperança Camps, para justificar la “rentrée” de la UIB en IB3, como si Mariantònia Lladó y el resto de filólogas que le han acompañado en su ardua tarea de balearizar el ente lo hubieran puesto en duda alguna vez. O como si reingresar en el IRL fuera sinónimo de “normalizar las relaciones con Cataluña”, una autonomía, por cierto, que lleva unos años por unos derroteros de lo más normales. Normalísimos, diría yo.

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Publicat a El Mundo-El Día de Baleares, es 18-7-2015.

Sa veu de Menorca

Sa Veu de Menorca, o si prefieren, La Voz de Menorca, no es ningún proyecto periodístico en gestación para equilibrar el triste panorama informativo de la isla hermana en la que, desde la fusión de Última Hora y Diario de Menorca, sólo sale un diario de papel, con todo lo que ello supone para el pluralismo democrático. No, sa Veu de Menorca es la última consigna que está empleando el partido Més per Menorca para tratar de apropiarse de la voz de todos (subrayo, todos) los menorquines. A pesar de haber sido sólo la tercera fuerza más votada en Menorca, Més per Menorca ha conseguido dos hitos remarcables. Conseguir un grupo parlamentario propio con el mínimo de diputados exigible (tres diputados) y con apenas 6.491 votos (17’48%). Y hacerse con la presidencia del Consell de Menorca con sólo 3 consellers de un total de 13, aunque parece que aún no está cerrada del todo la cuestión. Nunca tan pocos sufragios habían dado para tanto. Frente a las críticas a Més por la desfachatez de formar dos grupos parlamentarios distintos (Més per Mallorca, con seis diputados; y Més per Menorca, con tres) para cobrar más, tener más asesores y tener mayor visibilidad en los debates, su portavoz menorquín, Nel Martí, se vio obligado durante el debate de investidura del pasado martes a justificar tanto atrevimiento. Martí se enfangó en la habitual retórica de los nacionalistas, que si era una “reivindicación histórica de los menorquines”, que si “la voz de Menorca” se escucharía por fin en la Cámara balear, que si había políticos que votaban una cosa en un sitio y otra en otro. En fin, los lugares comunes de siempre que aburren hasta a las ovejas. Lo que pretende Nel Martí es identificar su isla y a sus habitantes con su partido, una estrategia eficaz pero democrática y éticamente reprobable que sigue las mismas pautas de los nacionalistas catalanes (CiU, ERC) y vascos (PNV) cuando tratan de hablar en nombre de todos los catalanes y de todos los vascos en sus cuitas a las Cortes. El resultado después de más de treinta años de deslealtad ha sido la disgregación sentimental de España. Martí pretende hacer lo mismo pero a nivel autonómico, ni más ni menos. 

Més per Menorca no es la única voz de Menorca, es una voz entre otras muchas que tiene el peso que tiene y que representa lo que representa, como vienen reflejando todas las elecciones. Un partido (PSMe) que hasta ahora había sacado un raquítico conseller/diputado y que se movía en torno al 10% de los sufragios no puede arrogarse el sentimiento y la representación de toda una isla porque haya obtenido ahora el 17%. Falta a la verdad Martí cuando afirma que hasta ahora no se había escuchado al “pueblo” menorquín. Cuando fui diputado siempre me dio la impresión de que los diputados menorquines e ibicencos sólo estaban preocupados por los problemas exclusivos de sus islas y apenas participaban en otros debates. Y encima si obtienen los diputados suficientes para formar un grupo propio es porque cada uno de ellos les sale baratísimo en votos, a Menorca más que Ibiza, algo que a mi juicio tendría que corregirse cuanto antes cambiando la ley electoral. Le recuerdo a Martí (y también a la pesada diputada de Formentera) que, como diputado, representa a todos los baleares, no sólo a los menorquines. Para representar a éstos, ya cuenta con el Consell de Menorca que al parecer va a gestionar más competencias que nunca si finalmente Armengol es fiel a su palabra. Esta Comunidad Autónoma ha hecho muchos esfuerzos –que nos han costado un ojo de la cara– para que los menorquines se sintieran a gusto: la sobrerrepresentación parlamentaria del voto menorquín, la creación del Consell de Menorca o las salvaguardas para que los intereses de Mallorca no se impusieran sobre los de las islas menores (sí, menores) a la hora de aprobar los presupuestos autonómicos. Los padres fundadores de esta autonomía (Albertí, Félix Pons, etc..) trataron de evitar a toda cosa el enfrentamiento entre islas y si finalmente hemos conseguido superar estas reticencias iniciales ha sido gracias a que los dos partidos mayoritarios, PP y PSOE, se han comportado más como partidos baleares que como partidos insulares. Los diputados han venido votando en función de su pertenencia partidista, no en función de la isla a la que pertenecen. Y, al menos hasta ahora, lo considerábamos un logro. Los legítimos intereses de una isla en particular se gestionaban dentro de cada grupo parlamentario pero no se hacía política sacando punta a las discrepancias que inevitablemente se producen. Toda esta paz institucional podría desvanecerse si Martí se sale con la suya. El peligro de su estrategia es que va a arrastrar a los diputados menorquines del PP y PSOE a hacer lo mismo. Y vistos los resultados, nadie nos asegura que los ibicencos no tarden en presentarse en el Parlamento como la “voz de Ibiza”. Nos estamos jugando el futuro institucional de la autonomía balear y los narcisismos localistas deben atajarse cuanto antes. Xelo Huertas y los grupos parlamentarios tienen la obligación de cortar de raíz este fraude de ley. Y por favor, señor Martí, déjese de monsergas de leguleyo sobre si técnicamente Més per Menorca es un partido distinto a Més per MallorcaEstamos hablando no de si “puede” hacerlo, sino si “debe”.

Mezclas infumables. No creo que exista ningún país del mundo donde un portavozparlamentario lea su discurso en un registro estándar y nada más levantarla vista de los papeles dé rienda a su espontaneidad hablandoen forma dialectal. Lo pudimos ver en vivo y en directo durante el debate de investidura del martes. A Francina Armengol, Marga Prohens y Jaume Font tal vez les parezca de lo más normal pero no deja de ser incoherente y sobre todo ridículo. Porque en el fondo refleja que nadie se siente cómodo hablando en un estándar continental en el que no nos sentimos identificados ni reconocidos. Los filólogos de la UIB hace veinte años que vienen aconsejando a nuestros tribunos que empleen siempre el estándar no sólo para leer en público sino también para expresarse espontáneamente. A la vista está su fracaso. La culpa, sin embargo, no la tienen ellos estos filólogos –que aspiran a un estándar pan-catalán por motivos políticos– sino la estulticia de una clase política que blinda la autoridad de los “sabios” de la UIB mientras no les hace caso, todo para no reconocer la necesidad urgente de un estándar balear –todo lo normativo que se quiera de acuerdo con el IEC, pero morfológica, léxica y sintácticamente insular – basado en nuestra forma natural de hablar, como lo han hecho valencianos y catalanes, sin ir más lejos. Armengol, Prohens y Font tienen dos alternativas para alejarse de este modelo híbrido, inseguro y fluctuante. O lo hacen todo en estándar de acuerdo con las pautas de los filólogos de la UIB, o lo hacen todo en mallorquín como Xavier Pericay, o en buen menorquín, como Nel Martí. Las mezclas quedan fatal.

Unos maestros mal preparados

Hasta hace unas semanas ebajo nivel de los estudiantes de magisterio era un secreto a voces. En el transcurso de alguna clase de ingeniería en la UIB he podido presenciarla siguiente escena. Alguien no tiene los conocimientos matemáticos básicos para seguir una asignatura. Sus propios compañeros dejan caer con sorna que ha elegido mal y que tal vez debería estar estudiando magisterio. Segunda escena. Maestros que han cursado magisterio en nuestra universidad, cuando se sinceran en privado, admiten que el nivel exigido es deplorable. Tercera escena. Las reiteradas quejas del profesorado de la ESO y Bachiller. Todo esto se sabía, se intuía pero la corrección política dominante sumada al temor a represalias por parte de los maestros organizados impedía decirlo y menos asegurarlo. La autollamada “comunidad educativa” venía decirnos que el cataclismo educativo de Baleares obedecía a múltiples factores pero en ningún caso a la mala formación de la pieza fundamental del engranaje, los maestros. Por supuesto, insinuarlo era interpretado como una forma de humillar, faltar al respeto y desprestigiar a un colectivo que por primera vez se ha visto cuestionado por una parte de la sociedad.

El departamento de Pedagogía Aplicada y Psicología de la Educación de la UIB que encabeza el catedrático Jaume Sureda Negre acaba de publicar un estudio que demuestra que los rumores que circulaban en torno al deficiente nivel de los estudiantes de magisterio no eran ninguna leyenda urbana. Es cierto que el estudio incide sólo en el nivel formativo de los estudiantes antes de empezar la carrera y que, para ser honestos, necesitaríamos saber también su nivel terminada ésta. Todos los profesores sabemos, no obstante, que partiendo de ciertos mimbres los cestos resultantes tampoco pueden ser una maravilla. Y que partir de un nivel bajo generalizado te obliga a rebajar la exigencia si quieres mantener unas tasas de éxito razonables. El estudio de la UIB es devastador. El 19% de los alumnos que empiezan los grados de infantil y primaria en la UIB suspendió catalán en las pruebas de selectividad. El 29,7% suspendió castellano. El 39,4% suspendió las Matemáticas Aplicadas a las Ciencias Sociales II (las fáciles) y otro 41,9% las Matemáticas II, las difíciles. Para que se hagan una idea de la dificultad de las pruebas de selectividad, recordarles que este año las han superado casi el 95% de los presentados. El estudio, en su afán por demostrar que un elevado porcentaje de los aspirantes a maestro no tiene los conocimientos mínimos para iniciar la carrera, hace referencia a los desoladores resultados de una prueba sobre conocimientos matemáticos realizada por los profesores Joe Miró y Miquel Nadal en 2014 para la asignatura de Matemáticas de Primaria. La suspendieron el 62,4%, aun cuando el nivel de la prueba era equivalente a… sexto de primaria (12 años). 

La opinión de Sureda contrasta con los desesperados intentos de la comunidad educativa de tirar balones fuera y minimizar el papel fundamental que juega el profesor en el éxito de un sistema escolar. “Són moltes les evidències que mostren que el professorat constitueix l’element fonamental per al bon funcionament dels centres educatius, el factor que més influència té sobre la qualitat de l’educació escolar” (Atreure el millor alumnat als estudis de mestre, Jaume Sureda NegreDiario de Mallorca, 18-05-2015). La profesionalidad del docente es lo que marcael listón del sistema educativo. “No és estrany, doncs, que aquells països amb sistemes escolars d’èxit siguin, precisament, els que han prioritzat la política educativa centrada en el professorat, els que han posat en marxa mesures orientades a incrementar el prestigi i la qualitat dels seus mestres”, subraya el catedrático. Y por ello, Sureda reclama que se admiten la carrera de magisterio sólo a los alumnos mejor capacitados como ocurre en Filandia, un modelo de éxito escolar, donde la media para iniciar los estudios de infantil y primaria es superior a nueve. En el país escandinavo, sólo uno de cada nueve aspirantes son admitidos, todo lo contrario de lo que ocurre en la UIB. Del CESAG, donde también se imparte magisterio, no tenemos datos.

En efecto, la gravedad de esta cruda realidad que debería haber provocado un escándalo en el agitado mundo educativo de Baleares y que los medios –grandes aliados del sector docente a la hora de taparles las vergüenzas– han saludado con la ley del silencio habitual,se acentúa todavía más si nos remontamos a otro artículo demoledor del propio Sureda, publicado hace medio año, donde trataba de explicar por qué tantos jóvenes querían estudiar de maestro (¿Per què hi ha tants joves que volen estudiar per ser mestre?, Jaume Sureda Negre, 9-10-2014, Diario de Mallorca). Los motivos que esgrime Sureda serían los siguientes: a) la profesión de docente sigue teniendo un elevado prestigio social, a pesar de las críticas de los últimos tiempos y de los nefastos resultados académicos; b) es una profesión bien retribuida económicamente, comparativamente hablando; c) es una carrera muy fácil, la más fácil, reconoce el catedrático, de la UIB; d) hasta hace poco era relativamente fácil encontrar acomodo laboral. O sea: estudios facilísimos, buen salario, alto prestigio social y fácil inserción laboral hasta la fecha. El panorama que dibuja Sureda es desolador, de ahí que abogue por quela carrera de Magisterio sea tan exigente como Medicina. Este sería su objetivo.

Por supuesto, a nadie medianamente inteligente se le escapan los devastadores efectos que han tenido sobre la enseñanza balear estas mesnadas de maestros mal preparados y con poca vocación. Los resultados están ahí, al alcance de cualquiera. Incrustar a este tipo de profesionales en órganos de reproducción clave para una sociedad como son los centros de infantil y de primaria sólo podía conducirnos al colapso educativo, tal como ha ocurrido. A un círculo vicioso en el que las crecientes carencias académicas de los alumnos se van arrastrando etapa tras etapa sin que nadie les ponga remedio. Todos los profesores nos aferramos a la coartada de que no podemos hacer más de lo que hacemos. A fin de cuentas, pensamos todos a modo de exculpación, los culpables de la formación insuficiente de los alumnos con los que tenemos de lidiar son los docentes que nos han precedido. Un día habrá que hablar de la selectividad –nada “selectiva”, paradójicamente– de la rebaja sustancial en el grado de exigencia de los concursos-oposición para acceder al cuerpo de maestros que se ha producido desde que tenemos transferidas las competencias autonómicas. No esperen el menor ejercicio de autocrítica en el colectivo. Tampoco entre los políticos. Para que comprueben la autocomplacencia y el cinismo de nuestros responsables políticos les voy a regalar una perla. Hace unos meses, el periodista Llorenç Capellà entrevistaba en la revista Brisas (21 marzo) Bartomeu Rotger Amengual, un inspector educativo que en los años noventa se convirtió en el factótum educativo “par excellence” de la derecha mallorquina. La excusa de la entrevista era que Rotger acababa de publicar un libro, Cap a una reforma educativa, y el motivo real, naturalmente, vapulear la política educativa de Bauzá. En la entrevista Rotger afirma que la virtud de Cañellas y Munar era que “confiaban la educación a los profesionales”, a diferencia, claro está, del maléfico Bauzá. Y concluía el experto: “Tengo una gran fe, una fe casi ciega, en los docentes (…). ¡Si nuestro profesorado tiene un nivel magnífico!”. Rotger es un reformador de la educación al que ni se le ocurre cuestionarlos educadoresQue Dios le conserve la vista.

Ante críticas como la que están leyendo, la actitud de la autollamada “comunidad educativa” será parecida a la de Rotger. Hacer como los avestruces, negar la realidad, mirar para otro lado, adoptar la ley del silencio o como hacía Francina Armengol este martes durante el debate de su investidura, ¡ver el vaso medio lleno y congratularse de que los niveles de alfabetización han aumentado en España después de décadas de enseñanza obligatoria! Y yo me pregunto ante el espíritu panglossiano de Armengol, ¿no se habrá equivocado nombrando consejero de Educación a Martí March y no a Jaume Sureda? Al tiempo.

¿Periodismo o psicoanálisis?

“Crec, i això no és collita meva, que darrera aquesta impostura seva, s’hi amaga un personatge que se comporta com un neoliberal, però ‘sense consciència de ser-ho” (Ultima Hora). Estas palabras, referidas, ¡cómo no!, a José Ramón Bauzá, no las escribía este lunes una psicoanalista, sino alguien que firma como doctora en Historia Económica de la UIB, Joana Maria Escartín. La izquierda intelectual ejerce una segunda profesión, la del psicoanalista que se afana en desenmascarar las profundidades del inconsciente del adversario. O la del demonólogo. El columnismo balear está saturado de muestras como éstaEl sagaz Miquel Payeras (Ultima Horaviene advirtiendo a todos los que le quieren escuchar de la amenaza que supone la Fundació Jaume III para el catalán, si bien ésta nunca ha puesto en duda la unidad del idioma. El mayor peligro no residiría en los que abiertamente se definen a sí mismos como “secesionistas lingüísticos” sino en aquellos que ocultan sus intenciones con la hipocresía de una conceptualidad respetable, como la Jaume IIIEl Diario de Mallorca bombea en portada “Bauzá negoció ayer en Madrid su salida como senador autonómico”como si dicho cargo tuviera que negociarse con Madrid. La noticia es desmentida después por el presidente.

La función de estos demonólogos de andar por casano es debatir, informar o exponer una tesis. Aspiran a mucho más, nada menos que a desenmascarar la verdadera realidad que anida en el subconsciente del adversario, convertido en enemigoAl adversario, ya saben, se le respeta, al enemigo no. Se trata de buscar siempre segundas y terceras intenciones detrás de las posiciones que defiende pública y abiertamente, intereses inconfesables, sumergirse en su pasado remoto, inmiscuirse en su esfera privada para encontrar una doble vida, todo vale para tratarle no como un igual con el que se pueda hablar sino como un malvado impostor cubierto con la máscara de la respetabilidadEl periodista o columnista se convierte a su vez en un psicólogo en busca del sustrato “fascista” del contrincanteen un inquisidor despiadadoAtaca siempre en el plano moral, nunca en el racional y en el factualAlain Finkielkraut se remonta al primigenio jacobinismo francés para descubrir los orígenes de esta forma de pensamiento, cuando los jacobinos se percataron de que la única forma de sobrevivir en medio del frenesí revolucionario era calumniar primero. Insinuar una doble moral, dejar caer la sombra de la sospecha, hacer juicios de intenciones, en nombre, claro, del bien de la humanidad. De ahí esa infinita amargura, estas toneladas de resentimiento, este tono agriado que recorreeste tipo de opinionesEsta es su contribución al debate públicoel desenmascaramiento. Las variaciones sobre el tema son diversas. Ahí tienen a Llorenç Capellà, regurgitando una y otra vez el fantasma dela Guerra Civil –otros colegas suyos, en cambio, regurgitan el III Reich con igual fiereza en busca del nazi emboscado– como la piedra filosofal a ver si a través de ella consigue interpretar la realidad política ochenta años después e identificar al fascista congénito que todos llevamos dentro.Ahí tienen Miquel Segura, acechando el mal y pastoreando a los mallorquines para advertirlos en su omnisciencia telúrica de sus emboscados enemigos:“Xavier Pericay es más peligroso para los mallorquines que Bauzá”,“Ciudadanos es el Círculo Balear” y demás perlas insuperables que ha esculpido en su peculiar campaña electoral contra C’s. ¿Qué peligro entraña Pericay, una persona respetuosa, educada con los demásadversarios, que no alza la voz y que expresa sus puntos de vista tranquilamenteen foros no precisamente afines como la OCB y el AraBalears sin darles ninguna dentellada? ¿De verdad un hombre a es un peligro para los mallorquines, como asegura Miquel Segura?

Como dice Andreu Malraux, “lo que necesita ese modo de pensamiento no es que el adversario sea un adversario, sino que sea lo que en el siglo XVIII se denominaba un malvado”Por supuesto, un espacio público inundado por la sospecha, la persecucióny la calumnia no merece este nombre. Es su antítesis. Un espacio público y democrático es aquel donde todo el mundo se expresa sin segundas intenciones. Y recalco, sin segundas intenciones. ¿Por qué habría que haberlas en un régimen de opinión pública donde impera la libertad de expresión? ¿Acaso alguien que se decide a dar la cara libremente en la esfera pública tiene algún motivo para tener las segundas intenciones que te atribuyen nada más salir al escenario, únicamente porque lo haces en el bando equivocadoSin embargo, la democracia como espacio público está sucumbiendo bajo los efectos de la chusma anónima de las redes socialesde la podemización ambientede la pésima educación de una juventud tan arrogante como indocumentadade la cacería al corrupto y de este repugnante periodismo de alcantarilla. No triunfa quien tiene razón sino aquel que es capaz de movilizar más tontos ilustrados por las redes sociales y repetir las consignas sin descanso. Cualquier hombre público tiene derecho a ser respetado, lo que no significa dejar de combatir sus ideas de forma racional y argumentada, sino dejar de atacarle como persona, como si el “error” en el que eventualmentese encuentra fuera también manifestación de su maldad.

Esta fauna de escritores y periodistas que a su vez se nos desvelan como unos ambiciosos psicólogos saben mejor que tú, hombre público, cuáles son tus verdaderas intenciones y los monstruos que habitan en ti. No te escondas. Ellos saben reconocerte mejor de lo que tú lo harías. No te esfuerces en explicárselo porque ellos, deberías saberleen tu pensamiento cuando les hablas y al identificar tus ideas reaccionarias con el Mal, saben que defenderlas no se puede deber al error ni a tu confusión, en cualquier caso dignos de perdón. Sólo puedeobedecer a tu maldad. Tu sonrisa liberal delata al monstruo fascista que llevas dentro. La defensa del mallorquín delata tu antimallorquinismo. Tu caridad cristiana tu falta de solidaridad. Tu educación con las mujeres tu machismo oculto. Tu respeto por el adversario el odio que le tienes.

En realidad, su vocación es la misma que la de Nel Martí, el diputado de Més, el típico inquisidor moralizante que se escandaliza por tus puntos de vista y los cataloga de “golpes de estado”, saltando como un resorte cada vez que cometes la imprudencia de alejarte de lo que él, hijo de la Luz y del Progreso, entiende como políticamente correcto. No son políticos, no son periodistas, son comisarios a la caza de reaccionarios. Y con el reaccionario no se habla, se le desenmascara y se le expulsa, pues, como dice Finkielkraut, coinciden en él lo escandaloso y lo anticuado.

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Publicat a El Mundo-El Día de Baleares, es 6-6-2015.