Sacralizaciones

RAMON AGUILÓ MUNAR.

Estos días ha sido noticia una nueva polémica, una más, conjeturo, que en el futuro más lejano seguirá produciéndose, sobre la cuestión por excelencia que por sí sola es capaz de generar división encarnizada entre los mallorquines, no el paro en el que están sumidos más de cien mil, ni la indigencia a la que se han visto sometidos tantos de ellos obligados a acudir a la beneficencia, ni la descomunal deuda que tenemos que soportar, ni la corrupción que ha afectado de forma vergonzosa a nuestras instituciones de gobierno, ni la deplorable situación de nuestro sistema educativo, ni nuestros graves problemas ambientales, ni las insuficiencias de nuestro sistema de salud que obliga a tantos a suscribirse a seguros privados, no, la cuestión por excelencia que nos divide es la lengua. Algunos de los hitos de la polémica han sido, por una parte, al hilo del aniversario de la ley de normalización lingüística, la publicación del libro de Joan Font Rosselló i Joan Antoni Horrach Miralles Sa norma sagrada, publicación que ha sido ignorada por parte de los medios encuadrados en la ortodoxia, especialmente los oficiales, que han negado cualquier tipo de subvención al mismo. Por otra parte, la discusión en sede parlamentaria protagonizada por Xavier Pericay y la presidenta Armengol, a propósito de la reclamación por parte del primero de la atención a las modalidades insulares del catalán.

Creo poder opinar sobre la cuestión aunque no sea filólogo. La filología no es ninguna ciencia exacta ni goza de capacidad normativa indiscutible. Según la Wikipedia consiste en el estudio de los textos escritos, a través de los que se intenta reconstruir, lo más fielmente el sentido original de los mismos con el respaldo de la cultura que en ellos subyace. La palabra “lengua” está intrínsecamente ligada a la palabra “habla”. La lengua no existe por sí misma, es de los hablantes. Y otra cosa es la lengua escrita. Aunque me parecen muy interesantes las aportaciones de Font y Horrach desde el punto de vista histórico, especialmente la pugna Fabra-Alcover y las vicisitudes de Moll, discrepo respecto a que la lengua formal, escrita, deba atenerse a las formas de la lengua hablada. No sé de ninguna lengua que conozca un poco donde se cumpla este requisito. Ni el castellano, ni el francés, ni el inglés ni el alemán. En este sentido y hasta que alguien me convenza de lo contrario, soy partidario del catalán estándar, aunque, tal como dice el Estatuto en su artículo 14, con la protección de las modalidades insulares, sin perjuicio de la unidad del idioma. No existe un habla idéntica entre un hablante de Palma, uno de Binisalem, uno de Pollensa, uno de Sóller, etc., aunque podamos, a pesar de salar unos y no otros, decir que hablamos en mallorquín. Podríamos decir lo mismo respecto al catalán hablado en Menorca, Eivissa y Formentera. Aunque yo no me siento balear, sino mallorquín. Con más diferencias, con el catalán de Cataluña o el de Valencia. Creo necesario el consenso sobre la lengua escrita, la lengua formal o de “trona” que fortalezca y refuerce la unidad del idioma.

Pero lo que no puedo aceptar es que en un debate parlamentario, la presidenta Armengol que, en palabras de su padre, “se siente muy catalana”, responda a las peticiones de Pericay en pos de las modalidades insulares espetándole que es un ultraderechista. Armengol, no puede equipararse con los fanáticos nacionalistas catalanes que en una universidad catalana impidieron hablar a Fernando Savater al grito de fascista. Causa sonrojo que nuestra primera autoridad civil, trate de contrarrestar la argumentación de la oposición, no con otra argumentación, sino con la descalificación y el insulto. Esto no puede sino significar que carece de argumentos y se guarece en el viejo y sectario silogismo nacionalista: si no eres nacionalista (catalán o vasco o gallego) eres fascista. Queda sin explicar el porqué un nacionalista español es fascista y los otros no. El nacionalismo vive en la fantasía autojustificativa de que eres nacionalista de un signo o de otro. No puedes no ser nacionalista. Porque si no vives en esta fantasía se cae el edificio de la construcción nacionalista. Es una concepción pueril del mundo. Que llevó en el siglo XX a la mayor escabechina de la historia.

 

En un debate televisivo en el que dije que la ley de normalización, después del decreto de mínimos, se había convertido en una ley de imposición con el objetivo de transformar una comunidad bilingüe con dos idiomas oficiales, catalán y castellano, en una comunidad monolingüe catalana al servicio de un objetivo político pancatalanista (la postura de Més ha dejado de ser ya ambigua, apuestan por el referéndum de autodeterminación y los Països Catalans; uno de sus conspicuos dirigentes me tachó hace un año de judío traidor), sin respetar las modalidades insulares, Cristòfol Soler argumentó que tal posición (la de defender las modalidades) era como argumentar el uso en Andalucía del andaluz como lengua formal en lugar del castellano estándar. Es la misma argumentación de los dirigentes de la Obra Cultural Balear (OCB). Yo discrepo. El andaluz hablado no es sino una forma dialectal del castellano estándar. Antes del castellano, durante ocho siglos, en Andalucía predominaba el árabe. No entiendo la comparación. El mallorquín, o el catalán de Mallorca no es ningún dialecto del catalán estándar. Por dos razones. La primera es que no ha existido catalán estándar hasta avanzado el siglo XX. La segunda es que por el hecho de darse en una isla, el catalán de Mallorca se ha conservado mucho más puro y menos contaminado por otras lenguas, como el castellano o el francés, que el catalán de Cataluña. De ahí que nos rechine a algunos, no sé si muchos, que cuando vamos en un autobús de la EMT una máquina nos anuncie las paradas en un catalán del barrio de Gràcia de Barcelona y que cuando lo hace en castellano no pronuncie adecuadamente los topónimos y nos diga Son Moics en lugar de Son Moix.

Un dirigente de la OCB arremetía en una tribuna de este diario contra los que clamaban por las modalidades insulares (a los que calificaba como poseedores de obstinaciones enfermizas) y callaban contra la imposición supremacista del español en cines, etiquetado de productos, megafonía de superficies comerciales, diarios y emisoras de radio, consultas médicas, etc. Creo que confunden los valores y absolutizan sus creencias. Les convendría leer a Montaigne que dice que “la mejor ley es la que consagra la costumbre” y, con los antiguos, que “nada podemos conocer, nada percibir, nada saber; que nuestros sentidos son limitados, nuestras almas débiles, nuestras vidas breves”. Desaparecerá el catalán como desaparecerá el castellano, y el inglés, como desapareció el latín, el idioma del imperio más grandioso del historia. Estos asuntos a los que se refiere la OCB no son fruto de ninguna imposición españolista. Tienen que ver con algo que está para el hombre mucho más sacralizado que la lengua: la libertad.
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Publicat a Diario de Mallorca, es 6/5/2016.

El rearme ideológico de la derecha

La derecha sociológica balear está de enhorabuena con el nacimiento del Centro de Estudios Estratégicos de las Islas Baleares (CEEIB), un laboratorio de ideas que pretende analizar la realidad balear desde una óptica liberal. El mayor riesgo que corre este tipo de think tanks es el riesgo a ser instrumentalizados -incluso canibalizados- por el partido. Sería una lástima que así sucediera, máxime en Baleares, donde nos encontramos con un PP ayuno de ideas y que, históricamente, apenas se ha preocupado en reactualizar y profundizar en unos principios, los liberales, que son los responsables de lo mejor que ha ocurrido a la humanidad en los dos últimos siglos. Nunca entendí, cuando era diputado de este partido, cómo una formación cuyos postulados representan lo mejor de Occidente no los defendiera con más energía ni los aplicara con mayor determinación.

El CEEIB debería ocupar este vacío intelectual y esta secular falta de análisis a largo plazo que atenaza a los partidos, superados por el día a día, las luchas cainitas y el cortoplacismo, incapaces de sembrar para luego recoger. La inversión en ideas es fundamental si se quiere ganar una batalla política a largo plazo. Las ideas liberales ya están presentes en una sociedad tan dinámica como la balear y sólo hace falta que alguien las intelectualice y les dé concreción para así prestigiarlas primero y popularizarlas después. El CEEIB debe proporcionar munición a la sociedad y sobre todo a unos políticos que, en la mayoría de casos, desconocen lo mejor del pensamiento liberal. Es una magnífica ocasión para analizar temas de interés autonómico con profundidad como pueda ser el agua, el suelo, el territorio, la energía, la lengua, el peso de la administración, la agricultura o la financiación autonómica desde un enfoque liberal. A cambio, los políticos sólo deben cumplir con un requisito: dejar al CEEIB en paz. Como decía Huerta de Soto, «no hay mejor inversión que una buena idea».

Políticos o juristas. Una de las cosas que más me sorprendió después de asistir a cientos de debates en el Parlament de les Illes Balears fue la adhesión reverencial de los diputados del PP a la ley positiva vigente. Más que políticos, parecían juristas. Recientemente, hemos asistido a una muestra de esta mentalidad que sacraliza la letra impresa del BOE y las sentencias judiciales: militantes y dirigentes del PP han dado finalmente la razón a José Ramón Bauzá en el proyecto del trilingüismo sólo después de recibir el espaldarazo al proyecto de un alto tribunal. Esta mentalidad legalista tiene un lado positivo: la observancia de la ley y del Estado de Derecho, con el ejemplo que ello supone para el ciudadano.

Sin embargo, este apego a la única verdad del BOE y al statu quo legal se convierte en un inconveniente si uno quiere ganar un debate donde hay que convencer al ciudadano. El ciudadano medio no es un jurista pero sí es capaz de entender perfectamente ideas y principios generales si se explican bien. Las leyes son las resultantes finales del previo debate de ideas. Una argumentación basada en que yo tengo razón porque lo dice el artículo tal en el apartado enésimo de la ley X, como si la ley X fuera la última palabra en el tema, puede ser válida para un abogado, un funcionario o un secretario municipal. Es más, es la única válida para un abogado, un funcionario o un secretario municipal porque ellos no están en disposición de promulgar leyes, sólo de cumplirlas. Pero no lo es, en cambio, para los diputados, que tienen la obligación de trascender las leyes y la potestad de cambiarlas si lo consideran necesario.

En efecto, resulta exasperante que el único argumento de algunos sea que la ley actual (o los jueces) dice esto o lo otro, como si la ley en vigor fuera la verdad absoluta que zanjara toda discusión. O como si, por el mero hecho de ser ley, se defendiera ella sola. Por ejemplo, últimamente el PP se ha mostrado partidario de mantener el catalán como mérito porque así lo han decidido los tribunales. Y si los tribunales hubieran dicho lo contrario, ¿qué posición sobre el tema tendría el PP balear? ¿Tiene alguna opinión el PP del tema a parte de lo que digan los tribunales? Esto no es hacer política. La política consiste en defender principios, ideas generales y valores para ganar la batalla de la opinión pública y luego hacer o deshacer las leyes en base a estas ideas ganadoras. Lo primordial es el debate de ideas, no lo que dice la letra de la ley, aquí y ahora. La ley positiva votada por una cámara, igual que una sentencia judicial, debe acatarse, por supuesto, pero no certifica ninguna verdad, simplemente constata un apoyo coyuntural de una mayoría que, naturalmente, puede cambiar cada cuatro años. Mientras las leyes cambian, los principios generales se mantienen vigentes.

Nada que celebrar. No quiero dejar pasar la ocasión para referirme a los festejos que, con motivo de los 30 años de la aprobación de la Ley de Normalización Lingüística, se están celebrando por parte del Govern. Soy de la opinión de que no hay nada que celebrar. Tampoco creo que los sabios de la UIB que acaban de firmar el manifiesto Koiné donde denuncian el alarmante retroceso del catalán y la degradación estructural y cualitativa del idioma (su pérdida de genuinidad al ser sustituido por un catalán ortopédico, inexpresivo, insípido y castellanizado que nos ha llegado de Barcelona con el aplauso de nuestros políticos) tengan motivos de celebración alguna. La otrora directora del AraBalearsCristina Ros, reconocía con amargura esta semana que los sobrehumanos esfuerzos que se habían hecho en inmersión lingüística habían dado unos míseros resultados. Tampoco parece que el número de lectores haya aumentado ni la creación literaria en catalán pase por sus mejores momentos. La editorial Moll cerró, el AraBalears (subvencionado por Cataluña) ya sólo se edita en papel los fines de semana y los últimos premios Ciutat de Palma han puesto de relieve el pobre nivel de producción en esta lengua. Es cierto que hay más personas que leen en catalán, que saben escribirlo (con muchas limitaciones, la figura del «corrector» sigue siendo necesaria), que lo entienden. Mientras tanto, se oye cada vez menos en los centros urbanos.

Los últimos estudios constatan que en los últimos diez años su uso ha disminuido en diez puntos porcentuales. Este proceso de latinización puede encararse de dos modos. O bien, admitimos que nos hemos equivocado y hay que cambiar radicalmente el enfoque de treinta años de políticas lingüísticas basadas en la coacción, la inmersión, la imposición y la falta de identificación de la población con un estándar formal contraintuitivo y demasiado alejado de la lengua viva de la calle. O, como dicen los que viven de la lengua y que, como vemos, más que salvarla, la están matando («la maté porque era mía»), la solución pasa por dar otra vuelta de tuerca más y redoblar los esfuerzos en la misma dirección que nos ha llevado, tras treinta años, a estos resultados.
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Publicat a EL MUNDO/El Día de Baleares, 30/4/2016.

Sa Norma Sagrada i sa perversa unitat de sa llengua

JAUME OLIVER SALVÀ.

He acabat de llegir SA NORMA SAGRADA, un assaig escrit per D. Joantoni Horrach, i D. Joan Font, tots dos doctors de s’UIB, referent a s’imposició des català “estàndar” a ses Illes Balears. Excel·lent llibre.

Després de llegir-ho, no entenc sa forma en què varen actuar qualcuns des nostros polítics, uns per comoditat, uns altres per desidia, que varen consentir deixar en mans d’uns personatges sinistres sa nostra llengua, sa nostra cultura i part de sa nostra identitat.

Tant quan els va tocar governar an aquests fanàtics amb sos seus pactes, o com avui en dia, es seus únics esforços van dedicats a ideologisar i posar ses bases pes seu projecte pagat en una gran part amb doblers venguts de fora.

¿A qui he de demanar explicacions? Per tenir-me enganat durant trenta anys, fins an es punt de fer-me sentir culpable per no xerrar sa meva llengua materna correctament segons ells, vegent-me amb sa tessitura d’esser corregit per persones intel·lectualment no sé si més o manco preparades que jo, però si molt més ideologisades que lo únic que pretenen és una acció política.

Ah, ¿era això? S’unitat de sa llengua és una mera excusa per conseguir objectius polítics tal com varen fer es nazis amb so seu lema “ein Reich, ein Volk, ein Führer’ (Un Imperi, un poble, un líder).

He comprès que de lo únic que se tracta és arribar per mediació de sa llengua a uns quimèrics “Països Catalans” amb un lema clar “ein Land, eine Sprache, eine Kultur“ (Un país, una llengua, una cultura). Acabem.

Ja està disponible s’applicació des traductor automàtic castellà-mallorquí

Se pot descarregar de franc de sa web de sa Fundació Jaume III i a iTunes – Han fet ús des traductor 7650 usuaris as cap de sis mesos de funcionament

Qualsevol usuari d’Apple (iPad i iPhone) ja se pot descarregar de franc s’applicació des traductor automàtic castellà-mallorquí. Ho pot fer des de sa web de sa Fundació Jaume III (www.jaumetercer.com). Ara mateix feim feina perquè ben aviat també ets usuaris d’Android la se puguin descarregar.

D’aquí a un parell de mesos sa Fundació Jaume III posarà a disposició des públic sa versió 2.0 des traductor, una actualisació que incorpora un milenar de mots, locucions, dites i frases fetes mallorquins, molts d’ells en desús.

Fins ara, un total de 7650 d’usuaris diferents han usat es traductor que ja du sis mesos funcionant.

 

Els adjuntam un parell d’imatges de promoció de s’app i els deixam ets enllaços per accedir a descarregar-se s’app des traductor:

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Nada que celebrar

HACE POCOS días tenía lugar una celebración que, a tenor de las imágenes del acto conmemorativo, despertó menos entusiasmo que una cita con Puigdemont. 30 años de la Ley de Normalización Lingüística, quién lo diría. Personalmente creo que la ausencia de fervor popular, se debió a que a la gente real, le importa bastante poco el tema. Habrá quien piense que superada la situación que la generó, sus consecuencias se viven con tal normalidad, que la satisfacción por lo conseguido, ha pasado desapercibida. Pero no creo que se abonen a esa teoría ni sus impulsores ni los que vieron en ella una oportunidad de oro para el catalanismo político. Esos no van a dar nunca por innecesaria esa ley, porque jamás darán por normalizada a la sociedad balear, y no es por desánimo, no, ni por pesimismo, sino porque su concepto de normalización implica la sustitución del castellano por el catalán en todos los ámbitos -incluso en el privado- y porque reconocer que se ha llegado a la meta, implica que ya no hay excusa para la excepcionalidad constitucional en el ámbito educativo y en el de la Administración, ni tampoco motivo para que se sigan destinando recursos ingentes -humanos, materiales y sobre todo, económicos- a un proceso que ya se ha culminado. Pero lo más probable es que el entusiasmo haya sido perfectamente descriptible, porque para el balear, no hay nada que celebrar.

Se ha defendido el consenso que reinó hace 30 años, como el paradigma de un acuerdo sobre el que nunca debería discutirse, bajo pena de excomunión. La realidad es, que tal como se explica en el magnífico ensayo no subvencionado Sa norma sagrada, de Font Rosselló y Horrach, parece ser que ese divino consenso fue posible porque quienes lo protagonizaron, entendían cosas distintas por normalización. Era evidente que, en esos años, la lengua que era mayoritaria en la calle -por ejemplo, el mallorquín- , en cambio en las aulas, en la Administración y en otros ámbitos formales, era prácticamente inexistente. El problema es que, tal como explican ambos autores, desde un principio se partió de un planteamiento de oposición castellano/catalán, en el que, el resultado final debía ser la sustitución de una lengua por otra, y esa confrontación artificial, creada por políticos y por lingüistas (políticos) además de generar situaciones indeseables, en las que se conculcan alegremente libertades individuales, provocaron que lo que siempre había sido normal en la calle y que sólo necesitaba de un par de ajustes, de sentido común, acabase convertido en fuente de conflictos y que, treinta años después, la lengua que se escucha mayoritariamente en la calle, sea el castellano, y lo que impera en las aulas y en la Administración, sea una lengua importada, por la que no sentimos ningún aprecio, y que nos han vendido como «propia».

 

Y ese es el otro efecto indeseable de la Ley de Normalización: en esa confrontación castellano/catalán, no había espacio para las modalidades insulares. Y no lo había porque promoverlas, suponía, -bajo la opinión de los defensores de la normalización- debilitar el estatus del catalán, que debía enfrentarse, prístino y unitario, a la lengua, considerada, desde aquel momento, como “impropia”. Y porque una única lengua común, es la coartada de una idea de nación, vendida como cultural, pero a la postre, política. La realidad es que las modalidades pronto fueron aparcadas y poco importó lo que supone su pérdida para nuestro acervo cultural, y menos aún, su presencia en la Constitución o en el Estatut.
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Publicat a EL MUNDO/El Día de Baleares, 5/5/2016.

Treinta años inútiles

Francisco Gilet

PREÀMBUL. Hi ha manifestacions que són més importants pes QUI les diu que per lo QUE diuen. En Paco Gilet era es conseller de Cultura des Govern Cañellas que aprovà sa Llei de Normalisació Lingüística (1986). Sobre Gilet va recaure sa responsabilitat d’impulsar aquesta normativa. Com podran llegir, as cap de trenta anys sa decepció de Gilet és més que evident. Ni es sentit ni s’esperit des legisladors de llavors eren es mateixos que es que ara, interessadament, mos volen fer creure es defensors d’aquesta llei. Sa LNL ha fracassat per molts de motius i un d’ells ha estat sa desvirtuació sofrida després de deixar-la en mans des qui sempre varen voler anar molt més enfora de sa seva lletra i esperit: es nacionalistes. Fins an es punt que han arribat a fer creure a la resta d’actors polítics que es seus propòsits maximalistes eren compartits per Alianza Popular de Cañellas. Articles com aquest demostren que mai va esser així.

 

TREINTA AÑOS INÚTILES

FRANCISCO GILET.

Tal periodo arrancó un 29 de abril de 1986 y ha finalizado hace escasos días. Con la aprobación de la LNL, en gran medida se concluyó un período de cierta confrontación desde los sectores más radicales a favor de lo que estimaban una necesidad perentoria, absolutamente exigida a la actividad política de aquellos momentos.

Nos hallábamos en unos tiempos de imperiosa crispación, en los cuales la lengua catalana era un arma arrojadiza usada por dos sectores irreconciliables; los pancatalanistas y los anti catalanistas. En medio de ambos, un ejecutivo que, gobernando en minoría, no debía contentar a ninguno, pero tampoco ofender a nadie. Al fin y a la postre, ni de unos ni de otros se esperaba ni el aplauso, ni muchísimo menos el voto. El arranque de aquel proyecto legal se sustentaba en unas premisas: la igualdad de tratamiento del castellano y el catalán, el reconocimiento, promoción y defensa de las modalidades insulares propias, la libertad de elección de lengua por parte del ciudadano y el intocable futuro diferenciado de nuestro “poble”. Y dentro de tales parámetros se alcanzó el absoluto consenso.

Pueden existir dudas acerca del acierto de dichos condicionantes por parte del equipo de gobierno, mas, hace treinta años, ningún miembro del ejecutivo renunció ni traicionó sus sentimientos como ciudadano de estas islas, que se distinguían completamente de cualquier exceso o ambición por parte de otros colectivos o agentes sociales y culturales. Quizás, con el trascurso del tiempo, haya surgido alguna rara excepción, sorprendente e incomprensible si la contemplamos en el contexto de aquellos años, pero que, ahora, nos ratifica en la bondad de las decisiones adoptadas.

La aprobación de la LNL cumplió una función, acabar con la presión partidista, sin embargo, trascurridos esos treinta años de aquella unanimidad, su conmemoración en Es Baluart ratifica el fracaso de la política lingüística en Baleares.

Nadie, ni conservadores ni socialistas, ni nacionalistas, han dado con la tecla que establezca una aceptación, una convivencia pacífica entre el pueblo, en su conjunto, y esa normalización del uso del catalán, para algunos paranoica, La visión de múltiples sillas vacías en el acto conmemorativo de Es Baluart no es sino la constatación del nulo interés que el motivo del evento merece para el pueblo. Los políticos, de un color o de otro, han ido levantando la bandera de la normalización, impulsados por agentes con motivos supuestamente culturales, cuando en la realidad no eran, no son, sino económicos y políticos. La estandarización de la lengua catalana interesa a la gente del libro para aumentar el mercado con las muchedumbres del Principat. No es una defensa pura, sino, mayormente interesada. Y a tal interés crematístico hay que añadir el afán político de hacer uso de la lengua como cordón umbilical de un utópico ente unificador de diversas comunidades. Nuestra gente, sin embargo, vive completamente de espaldas a tales intenciones. Los resultados de esos treinta años son tan pobres que no existe ni un solo periódico que edite en catalán, mientras la televisión autonómica incrementa su audiencia si las películas son emitidas en castellano. 

La calle habla libertad, no grita imposición. Y en ésta se halla la verdadera causa del fracaso de las políticas normalizadoras; el pueblo es indiferente a la tópica inmersión lingüística, sin embargo, cuando llega el momento de aplicarla en su vida cotidiana, la deja en el olvido y se acoge a su libre albedrio. Por desgracia, algunos sectores y partidos políticos, han convertido el catalán en la enseña de una intromisión grosera e indeseada en la vida de nuestras gentes. Son escasamente miles los habitantes de estas islas que emularían a una diputada de Podemos cuando dice que, por ser valenciana, es catalana. Frases como esa son las que producen sarpullido en la idiosincrasia del ciudadano balear y aumentan los niveles de rechazo, aunque alguna ejecutiva de altura no lo entienda así.

Imposición, inmersión, estandarización formal, desprecio a las normas y modalidades propias, afán catalanista, son las principales causas de un fracaso más que llamativo de una Ley que bien pudiera haber cumplido la función a que iba destinada y en pro de la cual se han fundido miles y miles de partidas presupuestarias. Función que, en modo alguno y por unanimidad aceptada, no era imponer una lengua sobre la otra, sino en dar amplitud a ambas en su libre uso, como normales y corrientes entre nuestros ciudadanos. Unos ciudadanos que no se sienten hermanados con ninguna identidad colectiva más allá de sus fronteras naturales. Y si la política continua por esa senda, a esos inútiles treinta años seguirá otros tantos, siempre y cuando los políticos obren de espaldas a la libertad del ciudadano.
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Publicat a Ciutat.es, 3/5/2016. Francisco Gilet era es conseller de Cultura des primer Govern autonòmic liderat per Gabriel Cañellas quan s’aprovà sa Llei de Normalisació Lingüística (1986).

Sa Cosa Nostra

Extra Ecclesiam nulla salus. Fuera de la Iglesia no hay salvación. Existen muchas iglesias, pero hoy les hablaré de una en concreto: la pesemera. Como todas, funciona con claves antagónicas y una irrefrenable tendencia a la unanimidad. Su última gesta ha sido negar una modesta ayuda económica (3.837 euros) en el Consell de Menorca y en el Institut d’Estudis Baleàrics solicitada por la Fundació Jaume III para Sa norma sagrada. Un libro del que no pueden negar el rigor y el interés intrínseco, pues aglutinando multitud de datos realiza una investigación de la que Baleares andaba huérfana.

No respetan la legalidad, pues han vetado una obra escrita en un catalán medido y elegante por el pecado de seguir el modelo lingüístico de las modalidades que está protegido por el artículo 35 del Estatut d’Autonomia. Aducen «líneas estratégicas», o sea, criterios ideológicos de comisario político para negar aquello que le conceden a todo el mundo. Incluso con Antoni Vera el IEB apoyaba proyectos de tinte independentista. Bastaba con garabatear dos líneas inanes en una servilleta sucia para que te diera una ayuda. Pero ahora, sólo admiten fieles y pusilánimes.

No hablemos ya de la OCB, que vive a cuerpo de rey con el dinero de todos, con IB3 retransmitiéndole en directo cualquier sarao mientras que a la Jaume III ni agua. Millones de euros de Baleares y Cataluña se han llevado estos dialogantes amigos del fair play. 

Tienen un sentido patrimonialista del poder. Como han demostrado con la Conselleria de Cultura, que al parecer sólo pueden dirigir Venus de Willendorf menorquinas adscritas a Més. La conselleria es su corral y sólo valen sus normas.

Será verdad que al final esto se parece bastante a Sicilia. No sólo por el PP y su socio bipartidista, el PSOE, agentes destacados de una cleptocracia ineficiente, sino también por nuestros pesemeros, que no quieren quedarse atrás en el repertorio de artimañas sectarias. Con Sa Feixina ya demostraron a esos 20.000 nuevos votantes a los que estafaron en mayo que el escorpión es incapaz de ser otra cosa: su veneno siempre sale por alguna parte, aunque sea picándose a sí mismo.

Con Sa norma sagrada están imponiendo sus líneas estratégicas minuciosamente: primero la omertà, no sea que alguien se entere de la existencia del libro, ergo de las claves que sostienen el tinglado pesemero. Y segundo, negándole cualquier ayuda. Luego dicen que defienden la lengua catalana. ¡Un memeu! Con la laminación de las modalidades baleares casi parecen considerarlas otra lengua. Son fábricas industriales de anticatalanistas.
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Publicat a EL MUNDO/El Día de Baleares, 2/5/2016.

El manifiesto Koiné

A mí me hacen gracia algunos cuando quieren aparentar una imagen de normalidad y naturalidad en todo lo que afecta al catalán. Cualquiera diría que, históricamente, el movimiento catalanista ha sido una balsa de aceite. No más lejos de la realidad por poco que uno se asome a la historia de la lengua catalana, plagada de odios africanos y disputas inverosímiles. En el reciente ensayo “Sa Norma Sagrada” que he firmado con Juan Antonio Horrach damos cuenta de ello. La lengua catalana ha sido y es una fuente inagotable de conflictos, una “Verinosa llengua”, como titularon Xavier Pericay y Ferran Toutain un libro que marcó época.

Hace apenas tres semanas doscientos ochenta filólogos y estudiosos de la lengua lanzaron un manifiesto titulado “Per un veritable procés de normalització lingüística a la Catalunya independent”, conocido como manifiesto Koiné por llamarse así el grupo impulsor. Pues bien, este manifiesto ha provocado una auténtica convulsión en Cataluña y una honda división en las filas del catalanismo. Por cierto, algunos de nuestros sabios de la UIB (Bibiloni, Corbera, Melià, Rosselló Bover, Dols, Miralles) aparecen como firmantes. De los cinco “Premis d’Honor de les lletres catalanes” que firman el manifiesto, tres son mallorquines (Massot i Muntaner, Maria Antònia Oliver i Cabrer, Joan Veny i Clar). Una representación isleña nada despreciable.

Como el ejército del catalanismo no está formado por soldados, tenientes y coroneles, sino por maestros de escuela, curas, periodistas, escritores y sobre todo filólogos, cabría pensar que un manifiesto encabezado por los sacerdotes de la lengua contaría con el aplauso entusiasta y unánime de todo el catalanismo. Ha sido todo lo contrario. La Vanguardia ha tachado el manifiesto de “lamentable”, Lluís Rabell (Catalunya Sí que es pot) lo ha tachado de “racista” y “fundamentalista cultural”, ERC y Junts Pel Sí lo han censurado y han subrayado que Cataluña es bilingüe, ICV lo ha calificado de “error táctico” por dividir el movimiento separatista.

El manifiesto. El contenido del manifiesto no es nada original y viene a repetir las consignas repetidas hasta la saciedad por parte de la sociolingüística comprometida con el nacionalismo. En primer lugar, “constatan” que el catalán es la lengua propia, histórica, “endógena” y territorial de Cataluña, Valencia y Baleares. Pese a ello, no estaría en una situación “normal” en “su territorio” al estar amenazada por el castellano, situación a la que se ha llegado gracias a la “bilingüización forzosa de la población”. Llegan tan lejos que aseguran que Franco llegó a utilizar a los castellanohablantes como “instrumento involuntario de colonización lingüística”. La llegada de la democracia y la autonomía apenas habrían logrado revertir esta situación de “imposición politicojurídica del castellano”. El catalán sigue siendo una lengua subordinada a la castellana y está en proceso de sustitución. Constatan que ni siquiera el catalán es la lengua predominante entre las generaciones de la “inmersión lingüística”, sobre todo en las zonas más pobladas como Barcelona. Simultáneamente, la degradación cualitativa, estructural, de la lengua no ha dejado de aumentar “en la senda de convertirse en un dialecto del castellano” (sic).

Los firmantes denuncian la ideología política del llamado “bilingüismo” que, inoculado desde arriba, ha hecho creer que la coexistencia de dos lenguas era algo “natural, positivo, enriquecedor y democrático”. “En realidad −afirman−, esta ideología bilingüista no es más que una forma de encubrir y legitimar la subordinación de una lengua a la otra y el consiguiente proceso de sustitución lingüística”. Finalmente, critican a los políticos que proponen mantener el estatus lingüístico actual en una futura República Catalana y les piden: “a) la restitución al catalán del estatus de lengua territorial de Cataluña (..), b) la reversión de la práctica de la subordinación sistemática y generalizada del uso del catalán al uso del castellano y c) la recuperación progresiva de la genuinidad de la lengua”.

La normalización, un fracaso. No recuerdo haber leído ninguna constatación más manifiesta –nunca mejor dicho– del fracaso de la normalización lingüística. «Normalización» es el término que se utilizó por estos lares para no hablar de «planificación lingüística», de connotaciones sovietizantes. Algo habíamos olisqueado del fracaso normalizador cuando Joan Melià, firmante del manifiesto Koiné, informó hace unos meses de la dramática caída del uso del catalán en las Islas, con un bajón de 10 puntos porcentuales en apenas diez años. Un fiasco que entonces el catalanismo no quiso reconocer. Tampoco recuerdo haber leído ninguna constatación más manifiesta de la degradación cualitativa y estructural de la lengua, su falta de “genuinidad” (“genuino” significa “puro, originario”). Y lo dicen personajes como Melià que, en una entrevista en Canal 4, se burló de los que nos preocupábamos de la “lengua de los abuelos” en vez de hacerlo por la de los “nietos”, educados en un catalán nada genuino calcado al barcelonés y al castellano.

Por supuesto, la constatación del fiasco de la normalización –ni se ha conservado el patrimonio lingüístico de Baleares ni se habla ahora más catalán que en los ochenta– no les lleva a preguntarse si en algo pueden haberse equivocado. Todo lo contrario. Según ellos, el problema habría sido que los gobiernos habrían sido demasiado tibios con los castellanohablantes, a los que deberían haber obligado a utilizar el catalán a la fuerza, no sólo a aprenderlo. Como irredentos dirigistas que son, ésta es su receta. Si no querías taza, taza y media. Si no querías inmersión, doble ración.

Vuelve la Cataluña eterna. Como he adelantado, el manifiesto ha sido calificado de “error táctico” o rechazado abiertamente por la prensa y la clase política catalanas. ¿Por qué? ¿Acaso a alguien le puede sorprender a estas alturas el fascismo lingüístico de nuestros filólogos? El diputado del PP catalán, Fernando Sánchez Costa, ha ofrecido una interpretación convincente que explicaría este curioso rechazo de políticos y periodistas al manifiesto Koiné. El independentismo habría superado su condición de minoría social en Cataluña y lo habría logrado pagando un precio: olvidar la matriz intelectual que siempre lo había sostenido, la salud de la lengua. Para ampliar su base social, el independentismo se habría ido despojando del esencialismo originario basado en la lengua, la historia y el territorio para abrazar el discurso más pragmático de los recortes y el “Madrid ens roba”. Un ejercicio de travestismo que habría atraído a muchos no nacionalistas castellanohablantes al carro del Procés al creerse que les esperaba un país mejor.  La dureza del discurso identitario de los independentistas de toda la vida −que explicaría la irrelevancia de ERC hasta hace diez años− habría dado paso al “procés inclusiu”, a la “revolució dels somriures”, a la desnacionalización del Procés. En síntesis, habríamos pasado de Heribert Barrera a Rufián. Entretanto, habría crecido el descontento entre los filólogos que, después de creerse durante decenios el centro de la nación catalana, se preguntaban de qué serviría la soñada independencia si Cataluña tenía que acabar como Irlanda donde todo el mundo habla inglés. Los filólogos, el verdadero “núcleo irradiador” del independentismo pata negra, se habrían sentido despreciados, no habrían podido aguantar más y habrían estallado. La farsa del Procés habría llegado demasiado lejos. Ya no contaban con ellos como de costumbre. Y han dado un golpe en la mesa con su manifiesto, reclamando su derecho a volver a ser el centro de la nación. Su verdadero sentido. Ya saben, una lengua, una nación, un estado. Por algo ellos han sido independentistas toda la vida y no sólo de última generación. Un respeto.
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Publicat a EL MUNDO/El Día de Baleares, 23/4/2016

Sa Norma Sagrada

MIQUEL NIGORRA OLIVER.

AQUEST ÉS ES TÍTOL DES LLIBRE que sa Fundació Jaume III presenta a Ciutat, escrit per Joan Font Rosselló i per Joantoni Horrach. Crec que és s’obra que tracta amb més profunditat sa problemàtica de sa llengua a ses nostres Illes amb totes ses engronsades polítiques que hi ha hagudes en aquest darrers quaranta anys. És un complement bàsic de s’altre llibre Un model lingüístic per ses Illes Balears publicat l’any passat, redactat per Xavier Pericay i per sa Fundació. Aquestes dues obres justificarien per sempre, inclús sense fer res més, s’existència de sa Fundació Jaume III.

Val la pena lletgir es llibre amb atenció. És una obra d’un contengut històric important. Entra de ple en sa problemàtica de sa llingüística i de sa política amb un nivell de coneixements indiscutibles. Es baix nivell cultural de sa nostra ciutadania i sa matraca que dóna es catalanisme pot fer que molts de lectors passin des llibre. Joantoni Horrach creu que en molts de casos es llibre tendrà es silenci per resposta. Jo crec que no tendran gaire ganes de pegar cap envestida grossa an aquesta obra, perquè en Font i n’Horrach els guanyen de molt. S’estimaran més seguir grunyint per ses voreres amb qualque insult i rossegant d’això d’això sa seva brusca.

Ets autors des llibre passen pes sedàs ses ideologies que estan damunt sa taula i també sa llista des personatges que han tengut protagonisme en aquesta lluita. Sa llista més llarga és sa des pancatalanistes mallorquins que sempre han disfrutat de ses ajudes ideològiques i sobretot de ses econòmiques de Barcelona, per sa via de s’Universitat.

 

També trobam polítics mallorquins que estimen sa nostra terra i sa nostra llengua, que no eren catalanistes i que se varen equivocar fent sa farina blana per no tenir una clara visió de s’estràtegia de s’enemic. Així vàrem optar per postures més suaus i poc compromeses. A s’altre extrem trobam Jaume Sastre que ho tenia clar quan demanava es «barco de rejilla» per tot es forasterum. És vera que tot lo d’en Sastre feia pudor a persecució ètnica, però no enganava ningú.

Tòfol Soler, fent sa mitja mordala i sense agafar es tirany més dret d’en Sastre, amb un poc de voltera volia arribar an es mateix redol, a poc a poc i a les bones. Aviat li varen afinar sa coa i va durar dos dies de President. Diuen que encara li senten cantar aquella cançó, Un dia em digueres sí / i lo endemà m’enganares, / sense deixar-me tenir / s’alegria d’es coní / ni es consol de ses donades.

Sa clau de Sa norma sagrada és que darrera es problema lingüístic hi ha sa política expansionista de Catalunya que se vol empassolar ses nostres Illes com si fossin caramel·los, i sa millor forma de conseguir-ho és s’arma de sa llengua. Perquè ses armes que sa Generalitat va provar pes mes d’agost de l’any trenta-sis, ja no s’usen. Ara sa política expansionista se presenta amb claredat, però s’intenta dur a terme d’una forma gradual per arribar an es final a conseguir s’objectiu de lo que diuen es Procés.

Hi ha negocis foradats i altres que ho pareixen, però sempre suren per molt d’estropeig que hi hagi, com es negoci d’aquell porquer de son Caliu que feia ballar pessetes dins un garbell i amb això hi havia arribat a ser s’homo més viu de dins Son Serra, com diu sa cançó d’en Pep Gonella, aquell fabulós personatge, que retreu es llibre de Sa norma sagrada. S’èxit des porquer de Son Caliu és comparable amb so que tenen es nostros catalanistes que han inventat un negoci que s’haurà d’estudiar en es màsters de Harvard i que està inspirat en es que tenen es qui fan córrer es cans darrera sa llebre dins es canòdrom i que mai la podran aglapir perquè sempre anirà vint passes envant.

Es nostros amos des cans, científics i especialistes amb tot es negoci de sa llengua, fan anar a tot es personal afuat darrera sa llebre des castellà per figurar que li poden arribar, sabent que du tant avantatge que mai l’agafaran i per lo tant es seu negoci mai tendrà fi. Amb aquesta comèdia mai s’acabaran ses justificacions per demanar subvencions. Això, que és bo pets amos des cans, és dolent per tots es nivells educatius de sa nostra comunitat. No diguem res des nivell d’anglès que podren tenir a ses nostres illes a no ser que es pares tenguin medis econòmics suficients per enviar-los qualque any a Anglaterra o que sàpiguen fer ballar pessetes dins un garbell, com es porquer de son Caliu.

Mos hem de mantenir alerta i orella dreta. No mos podem fiar de ningú. N’hi ha molts que encara fan sa farina blana. Una de dues: o són curts de gambals i no hi veuen dues passes enfora o són uns vertaders traïdors a sa nostra terra i a sa nostra vertadera identitat illenca, disposats a vendre s’ànima an el dimoni fent costat an es procés anexionista català per arribar a sa Catalunya Gran. Tot lo demés és cercar na Maria per sa cuina.
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Publicat a EL MUNDO/El Día de Baleares, 14/4/2016.

Reminiscencias del arado

LA SEMANA pasada se disputó en Liverpool el Grand National, que llevo siguiendo desde hace unos años, cuando mi anglofilia alcanzó su extática cumbre. Aunque prefiero el Derby de Epsom, cita obligada para Fernando Savater desde hace 4 décadas. Qué belleza la hípica, queridos, al menos la hípica normal, aquella en la que el jockey se acomoda majestuosamente alzado sobre un magnífico purasangre.

En cambio, qué diferente es el trote que se estila en Baleares, ¡la madre que lo parió! Qué espanto ver al caballote, más tosco que en la hípica británica, tirando de un carruaje con el «manador» despatarrado de la forma menos estética imaginable. Y esas evidentes reminiscencias del arado, ese trote cochinero, como decía Butanito de los árbitros menos gráciles, esa fealdad insufrible.

Reminiscencias mentales del arado también aparecen en nuestra política de andar por casa. Me refiero al error político de Sa Feixina. Sin duda el discurso de Cort es puramente ideológico: en plena conga emocional, imitando a sus colegas del Parlament, corean que sólo se oponen al derribo los exaltados, los fascistas y tal. Pero al final si algo ha quedado claro, con encuestas y posicionamientos públicos, es que la mayoría de la población no secunda al ayuntamiento. Puede que tengamos alrededor de un 85% de fascistas en Palma, quién sabe, y que incluso muchos hayan votado al Pacte, pero no parece muy verosímil.

 

Sin embargo, ahora ya es difícil que se echen atrás. Si rectifican, se verá como una derrota. Si persisten, como una obsesión sectaria que incumple flagrante y fragantemente su máxima electoral de servir a la ciudadanía al margen de empecinamientos crispadores que, ya saben, siempre son defectos del rival.

Por esa supuesta superioridad moral se proclama también con solemnidad la despolitización de IB3. Y aunque es cierto que en algunas cosas la programación ha mejorado (Dues Voltes, Els Entusiastes), todavía se detecta un sesgo pronunciado en favor de según qué discursos y personajes.

Porque no tiene nombre que un acto como fue, este viernes, la presentación de Sa norma sagrada en el centro cultural de Sa Nostra, con nada menos que 200 asistentes, no suscitara la más mínima atención de nuestros carísimos medios públicos. Cuando después resulta que esos mismos (y otros) medios que castigan con la omertà a un libro que rompe arraigados tabúes pierden el culo dando protagonismo estelar a huelguillas seguidas por una docena justita de chavales desorientados, por ejemplo en Dalt Vila. El atávico arado doctrinario, por lo que se ve, sigue marcando la pauta.
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Publicat a EL MUNDO/El Día de Baleares, es 18/4/2016.