El catalanismo o todo por la pasta

No creo que a estas alturas existan demasiadas dudas sobre el trasfondo económico del movimiento catalanista. Como apuntaba este periódico con motivo de la última subvención de Artur Mas –una ayudita de nada para lo que están acostumbrados, apenas 70.000 euritos– a la Obra Cultural Balear (OCB), el catalanismo no sería nada sin dinero público. Absolutamente nada. Como cualquier lobby de presión con cargo al presupuesto público, el catalanismo ha perfeccionado sus técnicas de presión, de amenaza y de chantaje contra el Govern de turno, demasiado consciente de que sólo puede sobrevivir luchando ferozmente en la batalla sin cuartel que se dirime cada día entre todos los que tratan de quedarse con parte de la tarta presupuestaria. Los ejemplos nos asaltan por doquier. Ahí tienen a Paraula, esta asociación cultural vinculada a la OCB, presentándose a un concurso para implantar un nuevo modelo lingüístico en IB3 que la propia OCB había vapuleado sin misericordia semanas antes. O todo el llanto y crujir de dientes de los filólogos de la UIB por la balearización de los informativos de IB3, negándose a enviar becarios como correctores. ¿Acaso no responde más al típico rebuzno de quien quiere seguir controlando un cortijo muy bien remunerado que a una cuestión “científica”?

A diferencia de lo que piensan los ingenuos, la ideología no casa mal con la corrupción o el interés egoísta. No existió mayor corrupción que la de los regímenes totalitarios que asolaron de muerte y destrucción el siglo XX. Ni ha existido mayor corrupción, de proporciones africanas, que la de Jordi Pujol, un beato y un hombre de “principios”, como le gustaba presentarse. De hecho, la ideología se ha convertido en la coartada moral –como el “interés general”– para parasitar al pueblo. En esto coinciden feministas, sindicalistas, ecologistas, catalanistas o el movimiento LGBT. El victimismo y la protección de los “más débiles” como antesala al asalto sin rubor del botín presupuestario. Estas castas parasitarias que enarbolan las banderas del resentimiento nunca van a reconocer que las democracias no dejan de avanzar en el reconocimiento de todas sus demandas. Hacerlo significaría plantearse su autodisolución y dejar de vivir del cuento. De ahí que, en aras a su supervivencia, alienten la queja, se abonen a la mentira sistemática, exageren sus sufrimientos y se radicalicen en sus propósitos conforme van logrando cada uno de sus objetivos originarios. “S’ase com més té, més brama”, decimos en mallorquín. ¿Qué tiene que ver la OCB original que fundara Francesc de Borja Moll con la OCB actual partidaria de nuestra anexión a la Gran Cataluña? Moll se habría dado con un canto en los dientes si un día el catalán hubiera tenido la protección y el reconocimiento que tiene a día de hoy. No es exagerado aventurar que Moll habría liquidado la OCB al dar por realizadas sus metas iniciales. No caerá esa breva: ¿de qué vivirían entonces sus actuales dirigentes?

El catalanismo no es ningún movimiento de idealistas –si lo fue algún día, dejó de serlo– sino un ejército superorganizado que se ha constituido para y por el “spoils system”, un organismo formidable donde cada una de sus partes tiene una determinada función que cumple a la perfección. Tiene a sus partidos-lobby como ERC y PSM, compuestos exclusivamente por funcionarios y empleados públicos. Cuenta con sus periodistas, muy bien representados en el SPIB, Diario de Mallorca y el Grupo Serra. Dispone de sus sindicatos, como el STEI, la Asamblea de Docentes o el comité de empresa de CBM. Tiene a sus familias organizadas, sobrerrepresentadas en las APIMAs. Tiene a sus captadores de ayudas públicas, como la OCB y acólitos. Cuenta con sus intelectuales orgánicos tras haber colonizado la UIB. Dispone de su legión de maestros debidamente formados en el resentimiento tras pasar por sus escuelas de magisterio. Tiene a sus comisarios lingüísticos en las administraciones. Tiene a sus curas que rezan a la patria en vez de hacerlo al Señor. Dispone de literatos, editores, xeremiers, batucadas, dinamizadores de fiestas populares y hasta de sus poetastros que cortan el bacalao en los premios literarios hasta el extremo de que, si les caes mal, puedes olvidarte de hacerte un nombre en la literatura, no sólo en la catalana sino incluso en la literatura española. La cultura es su reino desde cuyos palacios dan lecciones morales y éticas a los que contribuimos a su bienestar. De hecho, no tienen otra función que la de atizarnos a todas horas a menos que reconozcamos que no nos merecemos sus desvelos. Son hiperactivos y unos enfermos de la política porque saben que su modus vivendi depende de su permanente revoloteo político para forzar al gobernante de turno a aflojar la cartera. Nunca han aspirado a nada que no sea vivir a costa de los demás, aunque sin mala conciencia. No en vano se sienten a sí mismos como unos elegidos por la Providencia y por tanto superiores a los demás. Su mesianismo justificaría sus sistemáticas conculcaciones a la ley, al orden y a la buena educación.

El catalanismo se ha hecho con los resortes de todo lo público, lo oficial y lo institucional sin que ningún Govern, ni siquiera con mayoría absoluta, sea capaz de doblegarlo. ¿Un estado dentro del estado? Sin el dinero de los contribuyentes no serían nadie, dada su nula incidencia en la actividad empresarial. Contrariamente al empresario, este ser altruista que trata de adecuarse al gusto y a las apetencias del soberano consumidor, el catalanismo nos impone sus dictados, nos hace creer que lo hace por nuestro bien y nos regaña si no le aplaudimos. Han interiorizado que es perfectamente legítimo cobrar de nuestros impuestos para hacer política, sin ningún recato. Quintaesencia del parasitismo, alardean de no depender del turismo para vivir y presumen de sus políticos –todos ellos, funcionarios o profesionales del agit-prop– porque no incurren en ninguna incompatibilidad con los denostados negocios privados. Claro, su gran negocio ha sido colonizar todo lo público.

____________________________

Publicat a El Mundo-El Día de Baleares, el 13-9-2014

Es mallorquí no és cap degeneració des català

Una de ses idees que s’ha anat imposant poc a poc entre es mallorquins d’ençà que, estatutàriament, se va admetre es català com sa llengua pròpia de Balears, ha estat que es mallorquí n’era sa seva degeneració. També hi ha contribuït, naturalment, s’imposició a tot es món oficial, acadèmic i formal d’un model de llengua estàndar que, sistemàticament i amb molt poques excepcions, ha retirat ses singularitats ancestrals mallorquines de sa circulació pública. Això ha fet que es mallorquí se’l consideràs no ja com un xerrar familiar, domèstic i no apte per ser utilisat a registres més formals i elevats, sinó també com una espècie de degradació d’una llengua catalana medieval pura i no corrompuda per sa castellanisació. Es català estàndar que, com sabem té base barcelonina, faria es paper d’aquesta llengua pura medieval i seria sinònim de correcció, cultura i prestigi social.

Aquesta percepció, que ha fet fortuna entre ses generacions més joves, no té res a veure amb sa realitat. Quan a començaments des segle XX, Mossèn Alcover i Pompeu Fabra, per xerrar de ses dues personalitats més importants de s’època, decidiren dotar d’unes normes ortogràfiques i gramaticals a sa llengua catalana, es mallorquí era considerat es dialecte més pur i més poc corromput, es que millor havia preservat sa riquesa medieval. Per tant, és un desbarat dir que es mallorquí és una degeneració de res, molt manco des barceloní que, maldament s’acabàs agafant com a base de sa llengua literària (o estàndar), era es dialecte més castellanisat de tots.

No hi ha res inexorable ni que no pugui tornar enrera en qüestions tan convencionals com sa normativa (o s’estàndar) d’una llengua. En darrera instància, són es parlants es qui decideixen si es filòlegs normativisadors s’equivocaren o no. Demanar un estàndar que tengui molt més en compte ses particularitats mallorquines i amb el qual mos hi sentiguem més identificats és una reivindicació legítima a la qual també noltros mos volem sumar.

___________________________

Editorial des número d’estiu sa revista Tablón de Santa Catalina.

Un ús legítim i natural

XAVIER PERICAY

Quan sa polèmica sobre s’ús de s’article salat a sa ràdio i sa televisió públiques balears ja feia cadufos —i això que, com qui diu, acabava tot just de començar—, Valentí Puig va escriure un article a s’edició catalana d’El País en què, entre d’altres coses, afirmava lo següent: «En Mallorca, lo que se ha llamado lengua culta autóctona utiliza el artículo literario, pero cuando se trata de comunicación oral —como es la radio y la televisión— es postulable que usar el artículo salat sea del todo legítimo y natural» («El ‘gonellisme’ vuelve a escena»El País, 5-5-2014). No sé per què, però, que jo recordi, cap medi de comunicació va destacar llavors aquestes paraules. I és una pena, ja que haurien pogut servir per reconduir un debat que, d’ençà, no ha fet més que degradar-se i on s’ideologia i ses falses proves han pres es lloc des raciocini i es fets objectivables.

Es comentari de Puig tenia, en efecte, es mèrit d’introduir en es debat dos eixos argumentals que es detractors des nou model de llengua que IB3 ha decidit implantar a part des seus informatius —un model molt més respectuós amb ses modalitats insulars— solen ometre o, en es millor des casos, fer convergir en un de tot sol. Me referesc a sa distinció entre oralitat i escriptura, per una banda, i a sa distinció entre llengua literària i llengua estàndar, per una altra. Pes defensors de s’actual statu quo lingüístic, sa llengua literària i sa llengua estàndar són una mateixa cosa i s’oralitat no és sinó un subproducte de s’escriptura. De resultes d’aquest seguit d’equivalències, sa llengua de sa ràdio i sa televisió públiques balears hauria de basar-se, per força, en sa que sa tradició literària ha fixat des de temps immemorials —això és, mutatis mutandis, des des temps de sa Cancelleria Reial de sa Corona d’Aragó—.

Com és natural, un raonament d’aquesta casta no aguanta es més mínim contrast amb sa realitat. Primer de tot, perquè sa llengua literària de cap de ses maneres pot reduir-se a un únic model, ni aquí ni enlloc. No fa gaire Joan Veny indicava que ja al segle XVII s’article salat se va introduir en s’escriptura de ses Balears i que va ser amb s’arribada de sa Renaixença que s’hi va tornar usar, en exclusiva, s’article literari o lalat. Llàstima que no aprofitàs per recordar que escriptors com Gabriel Maura o Àngel Ruiz i Pablo, per posar dos exemples ben coneguts, seguiren emprant-hi es salat a pesar des vents que bufaven des de Catalunya. I és que resulta perfectament imaginable s’existència d’una llengua literària on s’ús de s’article lalat tot sol alterni amb so recurs an es sistema baleàric de s’article, o sigui, amb s’ús combinat de ses formes salades i ses lalades. Sa decisió, en tot cas, estarà en mans de cada escriptor. Si un creu que adoptant es model continental de s’article pot satisfer millor es seu propòsit literari o arribar més lluny en sa seva carrera, ¿qui són ets altres per impedir-li-ho? I lo mateix se pot aplicar a s’escriptor que opta per utilisar es sistema baleàric de s’article.

S’estàndar és una altra cosa. S’estàndar és un model de referència que s’ha d’acostar tant com sigui possible a lo que es parlants d’un territori consideren propi. Evidentment, amb tots ets ajustos formals que facin falta. No és lo mateix xerrar amb sos amics que escriure a un diari. Ni escriure a un diari que parlar per ràdio o televisió. I amb això entram a s’altre eix argumental a què m’he referit abans, es que diferencia s’escriptura de s’oralitat. Pretendre que s’estàndar oral ha de mimetisar s’estàndar escrit, com pareix que pretenen es qui fan bandera d’aquesta tradició literària per negar-se a canviar es model de llengua d’IB3 i per negar-se, de passada, a obeir es mandat des Parlament de ses Illes Balears que prescriu s’ús de ses modalitats insulars a sa ràdio i sa televisió autonòmiques, no treu cap enlloc. Com no en treu citar es mallorquí de trona —mímesi d’aquell llenguatge literari d’un temps— com a antecedent argumental a què aferrar-se, entre altres motius perquè se tracta ja d’una vertadera relíquia. S’estàndar, sobretot si és oral, no pot trobar-se a anys llum de lo que es parlants identifiquen com sa seva manera xerrar. Això és, de lo que anomenen, segons d’on siguin, mallorquí, menorquí, eivissenc o formenterer. I si una cosa identifica i unifica aquests parlants en sa seva manera de xerrar és s’ús de s’article salat. Aquest ús que Valentí Puig qualificava, amb tota sa raó del món, de «legítim i natural».

__________

Publicat an es Diari de Mallorca, el 27-8-2014

Sa ciència des filòlegs (i 2)

XAVIER PERICAY

Ja fa unes setmanes els parlava aquí mateix de dos manuals apareguts quinze anys enrere i que tenien com a fi orientar es mallorquins amb relació a s’ús públic de sa llengua catalana, en un cas, i a tots es balears amb relació a sa seva ensenyança, a s’altre. Se tracta, respectivament, de La llengua catalana a Mallorca. Propostes per a l’ús públic (LCM), des professors de sa UIB Antoni I. Alomar, Gabriel Bibiloni, Jaume Corbera i Joan Melià, i de Proposta de model de llengua per a l’escola de les Illes Balears (PMLE), des mateixos Alomar i Melià. També els deia que tots dos llibres coincidien en molts d’aspectes, començant pes noms de dos dets autors; seguint pes recurs a una metodologia quasi idèntica per justificar s’idoneïtat d’una determinada forma, i acabant per s’objectiu d’acostar es model de llengua proposat an es model vigent des de fa dècades en es mitjans de comunicació i es centres d’ensenyança de Catalunya.

Es criteris de què se servien aquests filòlegs per beneir una forma i condemnar-ne una altra de manera presumptament científica eren bàsicament dos: es territorial, això és, es que indica si sa solució se dóna a tot es domini lingüístic o només a una part i si aquesta part és majoritària i inclou o no ses Balears; i es temporal, això és, es que indica si sa solució és més o manco clàssica o tradicional. A aquests dos criteris se n’hi afegia després un tercer, es de sa formalitat, consistent a determinar si sa solució és col·loquial o vulgar o, al contrari, distingida o culta. I lo cert és que, lluny de trobar-mos amb un mètode que s’aplica escrupolosament a cada cas en què hi pot haver dues o més variants en litigi, descobrim que no hi ha tal mètode, sinó un vertader manyuclejat de criteris en què lo únic que compta, as cap i a la fi, és que cada proposta s’acabi ajustant an es patró fixat d’unes quantes dècades ençà a Catalunya. Vegem-ne un parell —mallorquí— d’exemples.

D’entrada, sa parella moix/gat. Com és sabut, sa primera variant, moix, és avui en dia s’única emprada a ses Balears, mentre que a la resta des domini lingüístic s’usada de forma quasi exclusiva per designar aquest animaló és sa segona. Idò, a PMLE (119-121), en lloc de preferir s’utilisada en es territori a què va dirigit es manual, se recorre a tota casta d’arguments —que si gat és sa forma tradicional, que si durant segles no en va existir d’altra a ses Illes, que si “popularment mai no s’ha deixat de tenir clar que ambdues formes són sinònimes” (¿?)— per recomanar un ús indistint de moix i gat. En definitiva, per convidar ses editorials catalanes de llibres de text a mantenir a ses versions pretesament adaptades a ses Balears tots es gats que hi havia a s’original.

I si de vegades es criteri adduït perquè sa balança s’inclini —fins i tot quan aquesta balança se presenta equilibrada— és es tradicional, d’altres és es territorial. Però mai prenent com a referència ses Balears, sinó la resta des domini lingüístic. És es cas, per exemple (LCM, 55, i PMLE, 67), de ses formes reforçades des pronoms personals (em, et, es, ens, us), preferides a ses plenes (me, te, se, nos, vos), maldament aquestes darreres siguin ses més tradicionals i ses usades de manera predominant a s’arxipèlag. O es de s’orde des mateixos pronoms a ses combinacions de complement directe i indirecte (PMLE, 68-69), que a Mallorca s’ha conservat en s’estadi original (“el me dóna”) i a la resta de ses Balears i des domini lingüístic ha evolucionat (“me’l dóna”). En tots dos casos, es motiu per preferir ses solucions més modernes a ses més tradicionals és que ses primeres s’han “generalitzat en es llenguatge formal”. Dit d’una altra manera: sa formalitat, que hauria d’esser es corol·lari des raonament anterior i no un argument de pes per validar-lo i de la qual, per afegitó, ets autors són en part coresponsables, almanco amb relació a ses Balears, acaba actuant com una tradició compensatòria —i coincident naturalment amb sos usos de Catalunya— quan sa vertadera no convé an es propòsits des filòlegs. (Entre parèntesis: aquesta formalitat és tan científica que es nostros filòlegs la qualifiquen adesiara de “mitjana” (LCM, 51), de “mitjana i alta” (LCM, 62) o de “mínima” (PMLE, 86), sense que en cap moment precisin a què se refereixen amb cada un d’aquests adjectius.)

D’exemples com es que acabam de retreure aquí, en què es criteris territorials i temporals són usats de forma aleatòria i contradictòria, i segons convé a un objectiu que no és mai es de privilegiar ses solucions balears quan aquestes divergeixen de ses des català central, n’hi ha un caramull en es llibres citats. De fet, s’única defensa aparent de lo que s’actual Estatut d’Autonomia denomina “modalitats insulars” se dóna en un apartat dedicat an es lèxic (LCM, 66) i consisteix a aconsellar que s’evitin una sèrie de castellanismes històrics que figuren des de fa anys en es diccionari de s’IEC, o sigui, que són plenament normatius, i que se substitueixin per “ses nostres formes genuïnes”. Però fins i tot aquí ets autors mostren es llautó, ja que devora solucions estranyes an ets usos illencs, n’hi ha de ben arrelades i correctes i que ells també condemnen, com ets ordinals sext, sèptim, etc. o es substantiu fatxada.

Sa lectura, quinze anys després de sa seva publicació, d’aquests dos manuals permet entendre moltes de coses. Permet entendre, per exemple, per què s’ensenyança de sa llengua catalana a ses Balears és sa que és i per què es llibres de text que s’hi empren són es que són. Permet entendre també per què es model de llengua d’IB3 no difereix en absolut des de TV3. I permet entendre, sobretot, fins a quin punt sa filologia i s’autoritat científica que n’emana s’han posat an es servici d’una ideologia.

________________

Publicat a Diario de Mallorca, el 13-8-2014

La quinta columna, muy tocada

El 31 de marzo del presente, Jordi Pujol i Soley visitaba Palma para participar en el coloquio“El futur de les Illes Balears i el País Valencià davant el procés sobiranista de Catalunya”. En la foto, ante un aforo abarrotado, pueden observar sentados al Gran Patriarca, a Pere Sampol, a un tal Pere Mayor que no cabe de sí de gozo y a una relajadísima Neus Albis, ejerciendo de moderadora. Cuentan las crónicas que Pujol remarcó que cada territorio de habla catalana tenía que hacer su propio camino hacia la autodeterminación y que Cataluña no debía incitar a Baleares y Valencia hacia la independencia. Ello no es óbice para que Cataluña les “extienda la mano” y les ayude. No concretó en qué consistiría esta ayuda aunque tampoco hacía falta. El “tu ja m’entens” es el código familiar del pujolismo.

Antes de la Gran Confesión, los catalanes de Mallorca tenían en gran estima a Jordi Pujol. UM y PSM siempre se disputaron el honor de coaligarse con CiU para los comicios europeos. Quien se llevaba el gato al agua alardeaba de aparecer ante nuestros catalanistas como los más auténticos y mejor situados porque, no nos engañemos, la referencia, el espejo a seguir, fue siempre Cataluña, concretamente la CiU de Pujol.

Cataluña, TV3, el Barça y Pujol siempre fueron los “referentes”, como le encanta decir al pancatalanismo local. Me acuerdo todavía de cuando Pere Sampol –que ha evolucionado con los años, como el Gran Patriarca, hacia el separatismo– acusaba a Jaume Matas y a este diario de “madrileñizar” la política balear. Sampol, que en sus dos últimos libros nos plantea la disyuntiva de escoger entre Madrid y Barcelona, era de los que creían que la política catalana era muy distinta de la española, un hecho diferencial más. Frente a la honradez, el idealismo, los modos elegantes y la responsabilidad de país que encarnaban los líderes catalanes, al otro lado del Ebro chapoteaban el cainismo, los malos modos, la corrupción y la demagogia más ramplona. El “madrileñismo”, en suma. También en eso era diferente el oasis catalán. La propia política catalana era trasunto del mito de la Cataluña progresista, europea, vanguardista, educada y abierta en contraposición al mito de la España roñosa, casposa, atrasada, corrupta e incapaz de dejar atrás sus demonios ancestrales. Cataluña era para sus sucursalistas de “les Illes” el puntal al que se aferraban para restregar su superioridad moral e intelectual en la cara del resto de mallorquines, demasiado superficiales para entender la trascendencia histórica del Procés de sus hermanos catalanes.

Partiendo de estas premisas, la conmoción entre el pancatalanismo insular tiene que haber sido gigantesca. Las primeras denuncias sobre los negocios de los Pujol –igual que pasara ya con Munar con la prensa balear– no eran cosas de “la caverna”, de la “Brunete mediática” o de El Mundo, como suelen denominarnos para no tomarnos en serio. Su incredulidad voluntariosa e interesada se ha vuelto a dar de bruces con la cruda realidad. Tomar conciencia de la mayor estafa conocida en la España democrática, no sólo en términos económicos –la fortuna de 1.800 millones de euros amasada por los Pujol dejaría en una aprendiz a Maria Antònia Munar y les equipararía con los dictadores africanos– sino en términos políticos, éticos y morales, ha tenido que ser un varapalo similar al que sufrieron los comunistas ante las revelaciones de Nikita Kruschev de las matanzas y deportaciones masivas del padrecito Stalin. Tal ha sido el golpe que durante los días transcurridos desde la Gran Confesión apenas he podido encontrar a ninguno de sus plumíferos hablando del monumental fraude. Silencio sepulcral. Hay que recordar que la ideologización extrema de nuestros sucursalistas (OCB, PSM, STEI, ERC) ha sido un mecanismo de autodefensa para neutralizar el hecho de no ser catalanes de nacimiento. A falta de arraigo, fe.

La Cataluña mítica que nos habían vendido era esto, mítica, fruto de la propaganda, y nada tenía que ver con la Cataluña real, ocultada por unos medios de comunicación untados con dinero público. El verdadero hecho diferencial de Cataluña –y de su quinta columna insular- no era ni la lengua, ni sus maneras políticas, ni sus valores morales, ni su retahíla de agravios: era una xenofobia de seda disfrazada con la más repugnante de las hipocresías y la doble moral. Los que han conocido de cerca a los pesemeros saben de lo que hablo.

La caída a los infiernos del capo di tutti capi y de las élites extractivas catalanas –prensa incluida– es la prueba de algodón de la mentira del nacionalismo. El nacionalismo miente y lo hace siempre, pervirtiendo todo lo que toca. Lo lleva en sus genes. La desintegración de UM –la patria como negocio– sólo fue un aperitivo de lo que está por llegar con CiU y el régimen cleptómano que construyó, comparable con Andalucía. El via crucis no ha hecho nada más que comenzar. A pesar de agrandarla día tras día, la bandera no ha sido lo bastante grande para envolver todas las miserias y fechorías que se ocultaban detrás de tanto amor a la patria (en realidad, odio a la ajena), la última gran coartada de los bribones, como anticipó hace siglos el gran Samuel Johnson.

_________________________

Publicat a El Mundo-El Día de Baleares, el 9-8-2014

Sa ciència des filòlegs (1)

XAVIER PERICAY.

Que un filòleg aspiri a esser considerat un científic, amb tot lo que això comporta de prestigi, distinció i quasi quasi immunitat, és sa cosa més natural del món. De fet, se tracta d’una aspiració comuna a qualsevol professor universitari, i un filòleg sol reunir també sovint aquesta condició. A més, ¿no forma part sa filologia de ses ciències humanes? ¿No s’obliga es filòlegs a publicar en revistes dites científiques per poder mantenir —és un dir— sa seva plaça universitària? ¿No són ells, en fi, o una selecta representació des seu gremi, es principals garants de sa normativa d’una llengua, quan aquesta llengua disposa d’una acadèmia? ¿No constitueixen l’Acadèmia per antonomàsia?

Tot això fa que es dictàmens des filòlegs siguin rebuts, per part de sa gent normal i corrent, com paraula de Déu. Aquesta bona gent xerra com li han ensenyat o tal com ha sentit xerrar a ca seva, però no sap d’on surt, això que xerra; es filòlegs sí que ho saben. Per això mateix han estudiat lo que han estudiat. És sa seva feina, en definitiva. Sa que els permet distingir es termes genuïns des que no ho són o no ho són tant, sa que els faculta per interpretar texts escrits fa un caramull de segles, sa que els posa en condicions de decidir, per exemple, si un determinat topònim és un llatinisme, un arabisme o un mossarabisme.

Però no tots es filòlegs se limiten an aquestes funcions. Es nostros de Balears, i en general es que tenen per objecte d’estudi això que en diuen es domini lingüístic català, afegeixen una nova funció a ses pròpiament filològiques. Ells la consideren patriòtica —i ja se sap que ets interessos de sa pàtria tot ho justifiquen—, però lo seu seria anomenar-la pes seu nom, és a dir, política. Perquè persegueix un objectiu polític: s’imposició d’un model de llengua estàndar unitari i uniforme a s’Administració, s’ensenyança i es medis de comunicació de tots es territoris des domini lingüístic, un model que precedesqui i faciliti sa tan anhelada unitat i independència dets anomenats Països Catalans.

Com és natural, tothom té dret a proposar utopies i a defensar-les a sa plaça pública. Només faltaria. Però lo que no treu cap enlloc i constitueix, per afegitó, un cas de despotisme gens il·lustrat és servir-se d’un determinat prestigi social —en aquest cas, es de filòlegs, es de científics— per imposar an es conjunt des ciutadans un model de llengua que no respon ni an ets interessos generals d’aquest col·lectiu ni se sol avenir sa majoria de ses vegades amb sa seva manera de xerrar. Per comprovar-ho, no hi ha res millor que repassar ets arguments contenguts en dues obres publicades ara fa quinze anys per quatre membres des Departament de Filologia Catalana de sa UIB i que tenien com a finalitat inculcar an es mestres i professors balears, d’una part, i a tots es qui volguessin fer un ús públic de sa llengua, de s’altra, un model caracterisat per sa seva evident llunyania de sa llengua parlada.

Me referesc a Proposta de model de llengua per a l’escola de les Illes Balears, des professors Antoni I. Alomar i Joan Melià, i a La llengua catalana a Mallorca. Propostes per a l’ús públic, des professors Alomar, Gabriel Bibiloni, Jaume Corbera i Melià, respectivament. Vagi per endavant, per si qualcú en dubtava, que no hi ha cap diferència entre es model proposat en un llibre i es proposat a s’altre. Es fet que dues firmes coincidesquin i que tots quatre autors formin part des mateix Departament ja ho feia preveure. Però és que tampoc difereixen ses estratègies suposadament filològiques i científiques. Com que tot model descansa en sa tria d’una sèrie de solucions lingüístiques en detriment d’unes altres que podrien concórrer en un determinat context i amb una determinada funció, aquesta tria ha de basar-se en qualque criteri. Es nostros autors en manegen tres: es temporal, o sigui es que els permet dir si sa solució és més o manco clàssica o tradicional; es territorial, o sigui es que els permet dir si sa solució se dóna a tot es domini lingüístic o només a una part i si aquesta part és majoritària i inclou o no ses Balears; i un tercer criteri, vinculat an es dos anteriors i relacionat amb sa formalitat, o sigui es que els permet dir si sa solució és col·loquial o vulgar o, al contrari, distingida o culta. Aquests tres criteris incorporen també altres factors, com per exemple es pes de sa demografia o sa naturalesa, oral o escrita, des canal de sa comunicació.

Idò bé, un pic analisades ses dues obres, lo que un constata és que es criteris utilisats per beneir una solució i condemnar-ne una altra no s’usen sempre tots an es mateix temps, com correspondria a qualsevol procediment científic, sinó segons convé an es diguem-ne legislador. Això fa que un mateix criteri tant pugui servir per justificar una solució com per invalidar-ne una altra. Com si, en es fons des fons, s’únic criteri real fos anar ajustant sa tria i ets arguments corresponents a un model d’estàndar preestablit.

Però com que, per demostrar-ho, necessitam exemplificar-ho i per això hauríem de menester el doble d’espai de què disposam, ho deixarem, si no hi tenen inconvenient, per un pròxim article.

____________________

Publicat en es Diari de Mallorca, el 29-7-2014

Foment Cultural de Menorca i Eivissa fan costat a IB3 Televisió en es procés de balearisació davant ses falses crítiques de ‘mallorquinisació”

. En nom de ses juntes insulars de Foment Cultural de Menorca i Foment Cultural d’Eivissa, volem fer arribar es nostro suport a IB3 Televisió davant ses crítiques i sa manipulació des sector catalanista de ses Balears que, una vegada més, ha difós una  falsetat sobre IB3 amb s’objectiu de desprestigiar ses modalitats insulars.

Com a menorquins i eivissencs, hem de lamentar aquesta manipulació informativa apareguda en es digital dBalears.catBalearisar no significa mallorquinisar. Balears no només és Mallorca, i es primers que ho tenim clar som es qui pertanyem a ses Balears menors, que volem fer valer sa nostra veu, que se mos escolti i se mos tengui en compte.

Es presidents de Foment Cultural de Menorca, Joan Pons, i d’Eivissa, Antoni Marí, han afirmat lo que segueix: “Aprofitam es present comunicat per deixar clar que consideram que a IB3 encara no se té prou en compte a ses illes de Menorca, Eivissa i Formentera. Dit açò, és rotundament fals que es procés de balearisació d’IB3 Televisió suposi mallorquinisar Menorca i Eivissa, cosa que mai acceptaríem”.

I han acabat amb un parell de consideracions: “Per comprovar que qui es menja es menorquí i s’eivissenc a IB3 no és es mallorquí sinó es català estàndar, bastarà un exemple molt senzill: a sa televisió no veim que sa paraula mallorquina veïnat substituesqui sa paraula menorquina i eivissenca vesí, sinó que veim com sa paraula catalana veí, que no empram a cap de ses Balears, suplanta ses dues balears, i així amb una infinitat de lèxic i formes genuïnes balears que són substituïdes per ses catalanes”.

“Està clar que aquesta campanya mediàtica de ‘mallorquinisació’ promoguda pes catalanisme és una excusa per seguir marginant es mallorquí, es menorquí i s’eivissenc a sa televisió pública balear, en favor des català estàndar”.

Català, mallorquí i evolució

SEBASTIÁN JAUME MUÑOZ-MALDONADO. Quan es partit polític Més volia, en un exemple de falta de democràcia i de despreci a sa llibertat d’expressió, que es Parlament no deixàs emetre es vídeo “A Mallorca, en bon mallorquí” per IB3 Televisió, va comparar sa postura de sa Fundació Jaume III de defensar es mallorquí amb sa des creacionistes, que, pes qui no ho sap, són es que no accepten sa teoria de s’evolució de ses espècies d’en Darwin, cosa que fa que se’ls consideri incultes i fanàtics i que se’ls acusi d’estar en contra de sa veritat científica. Idò, és just a s’enrevés. Es creacionistes són ells. Ells són ets introductors d’un català estàndar nou i artificial, i noltros, es que volem sa permanència i dignificació des mallorquí, som ets evolucionistes, es respectuosos amb s’evolució de sa nostra llengua.

Es mallorquí ve de lo que parlaven es que arribaren amb el rei En Jaume I, amb afegitons de s’àrab i de sa llengua que se xerrava per aquí. Tot això més s’incorporació de paraules i expressions d’altres llengües, com es castellà, es francès i, de fa poc ençà, de s’anglès. Però, sobretot, es mallorquí és es resultat de s’adaptació contínua de tot aquest bagatge a sa nostra personalitat.

Es nostro estimat mallorquí s’ha anat formant, poc a poc, segle a segle, a ses vetlades de ses possessions, a ses barques des pescadors, a ses oficines des notaris, a ses cases des senyors i des mercaders, a ses consultes des metges, en es tribunals, en es convents, a sa trona, etc., de vegades evolucionant, de vegades mantenguent ses formes més arcaiques. Es fruit d’aquest procés irrepetible és una llengua meravellosa, dolça i suau. Basta veure lo que en deia en Josep Pla l’any 1921, quan va visitar Mallorca:

“El parlar mallorquí és una cosa tan agradable, tan deliciosa, tan prodigiosament feta, pastada i civilitzada, que només per sentir parlar mallorquí val la pena d’anar a les Illes”

Idò aquesta llengua deliciosa i prodigiosament pastada pes nostros avantpassats, aquesta relíquia, és lo que ara ets estandarisadors volen substituir pes català estàndar. Escrit i parlat! Diuen que sa qüestió és que no troben es mallorquí tot lo digne que s’hauria de menester. Idò, vuit segles tirats en es fems.

Es fet que no existís una unitat política i geogràfica des territoris que compartien una llengua medieval incipient va fer que sa llengua evolucionàs amb molta més llibertat que si s’hagués tractat de territoris pròxims i amb una administració única i una gramàtica primerenca com és es cas des castellà. Es resultat és una llengua amb un tronc comú que compartim amb valencians i catalans, però de vàries branques, d’una gran varietat, d’una extraordinària riquesa lèxica, fonètica, sintàctica, i molt més diferenciada de lo que pugui esser-ho entre dialectes castellans. “Català, Valencià, Balear”, ja ho deia n’Alcover. Però, com que sa denominació alcoveriana és molt llarga, se pot acceptar que an es conjunt se li digui català. A lo que no se pot donar passada és que, per mor d’aquesta denominació, se vulgui exsecallar s’arbre i deixar-li només sa branca barcelonina-fabriana, i que se consideri que es mallorquí es un bordall de s’arbre. Que és un subdialecte. Per ells, és una degeneració des català, impropi d’actes públics, cultes o professionals, ni tan sols és digne, a bastament, per transmetre ses notícies a IB3, i només val per esser emprat an es bars i a ses cuines. Se pot estar d’acord en s’unitat de sa llengua, però en s´uniformitat barcelonina i arrasadora no.

Es que no accepten de ses Balears ni es nom, aquells que sempre han tengut com a bandera pròpia sa de Catalunya i ara tenen s’estelada independentista, estan molt interessats a arraconar i, si poden, a extingir ses modalitats balears, que son ses més importants senyes que mos diferencien des catalans. Se pot comprendre: quan aconseguesquin que tots parlem en català de Barcelona, tots serem catalans. Però lo que no s’entén és es seguiment que molts de periodistes, professors i polítics no catalanistes fan des catalanisme. Total perquè s’han arribat a empassolar s’absurda cançoneta que, científicament, es català-barceloní és sa llengua i es nostro mallorquí només és un dialectutxo i que per això, i científicament, lo que s’ha de fomentar i protegir no és es mallorquí sinó es català. Com si sa decisió d’un poble de conservar o no sa seva llengua quasi mil·lenària, es seu paisatge o ses seves obres d’art, fos una qüestió científica.

Així, aquest incomprensible complex d’inferioritat ha fet que molts vegin desitjable s’ensenyança i s’utilisació des català estàndar en es medis de comunicació, en lloc de ses nostres modalitats. I es resultat és terrible. Estam perdent, de totes totes, es nostro millor tresor. Ja només parlen correctament es mallorquí es fills de pares preocupats per transmetre-lo. Fa mal a ses orelles sentir parlar aquells al·lots que aprenen sa llengua a s’escola. Es mallorquí se perdrà per sempre si això no se corregeix. Lo més tràgic és que tampoc se’n beneficien es catalanistes. Es jovent veu com els volen imposar una llengua estranya i artificial, i reaccionen dejectant-la del tot. A Ciutat no n’hi ha cap que l’empri fora de s’escola.

Si a Mallorca, de fa segles ençà, quan es metges comenten un cas ho fan sempre en mallorquí; si es missers quan tracten i han tractat d’un plet ho fan sempre en mallorquí; si es polítics quan discuteixen, en es Parlament i tot, ho fan en ses nostres modalitats, ¿qui són es catalanistes de s’Institut d’Estudis Catalans o de s’Universitat de ses Illes Balears per dir-mos que, com que ells ho consideren un subdialecte, a partir d’ara es mallorquí no és digne d’esser emprat a àmbits cultes o generals? ¿Qui és s’IEC per imposar an es balears on, com i quan poden parlar en mallorquí? ¿Qui és sa UIB per obligar a sentir ses noticies en català estàndar?

¿Es nostros catalanistes son científics? No. O potser sí. Però científics d’aquests que serien capaços de mutar artificialment sa nostra estimada tomàtiga de ramallet, autentica, única, irregular però gustosíssima, per una transgènica, artificial, fada…, si amb això poguessin aconseguir fer-li desaparèixer ses seves diferències amb sos tomàquets catalans.

En ets anys vint ho pagava venir a Mallorca per sentir parlar es mallorquí. Que sigui per molts d’anys. Serà senyal que hem reaccionat i que sa plaga d’estandarisadors que patim ha fracassat.

Publicat en es Diario de Mallorca, 7-7-2014

¿Existeixen ses modalitats insulars?

GRUP RAMON LLULL.

A ses ponències parlamentàries per sa reforma de s’Estatut d’Autonomia de 2007, sa qüestió de sa llengua va a tornar cobrar protagonisme. Uns ponents eren partidaris d’incloure dins es text estatutari es termes de “mallorquí, menorquí, eivissenc i formenterer”, o sigui, lo que fins llavors s’havien anomenat “modalitats insulars”, un concepte jurídic que ja apareixia en es primer estatut de 1983. Davant s’oposició frontal des ponents des partits d’esquerres que acusaren es PP d’encendre es foc des “secessionisme lingüístic”, es PP va claudicar una vegada més i va optar per una solució de compromís perquè se pogués aprovar sa reforma estatutària.

As cap de set anys, i obligats per ses circumstàncies, es filòlegs de sa UIB s’han hagut de pronunciar, primer davant es llibre que va editar s’Institut d’Estudis Baleàrics (Les modalitats insulars. Recull de formes lingüístiques normatives de les Illes Balears, IEB, 2013), i llavors davant sa proposta d’incorporar ses modalitats insulars en ets informatius d’IB3. Així, fa poc, a una ressenya crítica des llibre citat, deien que no se podia parlar de “modalitats insulars” si abans no se parlava de “modalitat lingüística” amb s’intenció d’equiparar una modalitat territorial (un dialecte) a un sociolecte –manera de xerrar d’un grup social– o a un registre –estil de xerrar una llengua adequat a un cert context–. I un parell de retxes més envant, deien: “Sembla que els responsables de l’obra obliden que, ja des de fa molts d’anys, l’Institut d’Estudis Catalans, a través de les diverses publicacions sobre normativa (gramàtica, DIEC, etc.), ja tenen en compte moltes de les modalitats lingüístiques insulars, si compleixen determinades condicions de genuïnitat, extensió d’ús i utilitat.”

El 15 d’abril, a una nota de premsa, es nostros filòlegs rebutjaven s’ús en ets informatius d’IB3 de lo que ells anomenaven “català dialectal”. El passat 22 de maig treien un manifest rebutjant sa formalisació de s’article baleàric. I en es punt nº 2, se referien a “una falsa oposició entre unes “suposades modalitats lingüístiques” i la varietat comuna de la llengua catalana”. O sigui, usant s’adjectiu “suposades”, donaven a entendre que no tenien constància de s’existència de sa realitat jurídica de ses “modalitats insulars” que apareixen a un Estatut al qual, per altra banda, hi apel·len cada vegada que poden per recalcar es seu paper d’òrgan consultiu en matèria de llengua catalana. Darrerament, s’hi han referit també com a “variants lingüístiques”.

És evident que es nostros savis universitaris no se senten a pler amb so terme jurídic de “modalitats insulars del català, de Mallorca, Menorca, Eivissa i Formentera”, tal com diu s’article 35 de s’Estatut d’Autonomia de 2007. No en parlem ja de si s’hi senten amb sos termes “mallorquí”, “menorquí”, “eivissenc” i “formenterer”, que sempre miren d’evitar com si fos el dimoni cucarell.

No és mal de fer endevinar es futur que espera an es mallorquí, menorquí, eivissenc i formenterer. A s’Estatut de 1983 s’eliminaren aquestes denominacions centenàries i les substituïren per ses “modalitats insulars” des català de ses Balears. I ara veim, as cap de trenta anys, com sa UIB no només no les potencia –com a universitat de ses Illes Balears que és, desobeint, a més, es mandat estatutari–, sinó que ni tan sols reconeix aquest terme (“modalitat insular”) com a concepte lingüístic o jurídic.

Dit d’una altra manera, sa “ciència” filològica que es nostros savis duen entre mans nega es fets que tothom, llevat d’ells, veuen i toquen cada dia. Quan convé, ses modalitats insulars no existeixen. Quan no, s’IEC ja les té en compte. És com si es nostros savis mos volguessin fer creure que la Mare de Déu nom Joana, com si volguessin trobar ossos en es lleu per negar sa realitat. Com si mos diguessin que es nostros elements de judici estan atrofiats o no són adequats perquè mos falta un edifici conceptual i teòric que només ells coneixen. És com si amb sos conceptes sublims que manegen volguessin canviar sa mateixa substància de sa realitat.

Tota aquesta farsa, que mos volen encolomar en nom de sa ciència, té en realitat dos objectius: negar sa realitat, com ja hem dit, i tot per no fer gens d’autocrítica sobre es model d’estàndar que han imposat com si fossin un dèspotes il·lustrats; i no reconèixer una ideologia que iguala “unitat lingüística” a “unifomitat lingüística” i que té, com a conseqüència a llarg plaç, s’assimilació des balear pes català estàndar. Perquè aquest és es destí al qual sa mateixa sociolingüística catalana (Ll. V. Aracil, B. Montoya) condemna a la llarga, i així en parla obertament i amb total franquesa, es mallorquí, es menorquí, s’eivissenc i es formenterer.

Hi haurà crèduls que pensaran que sa distància entre lo que sa gent normal i corrent percep i sa percepció que tenen es nostros savis és fruit de s’ignorància des primers i de sa ciència que impregna es pensament des segons. Ca barret! Sa filologia mai ha estat cap ciència de bon de veres, en tot cas una branca de ses humanitats que utilisa uns criteris a s’hora de distingir què és lo formal o lo informal, què és lo normatiu o lo normatiu, que no sempre responen a factors “purament” lingüístics. En realitat, darrera aquestes criteris “acadèmics” s’hi amaga una determinada ideologia, lingüística i política si volen. Mos trobam, sense cap dubte, davant un exemple més de com s’ideologia pot arribar a distorsionar es mateixos fets, i fer-mos veure blanc per negre.

No és gens estrany que ets esforços des nostros savis hagin anat dirigits a eliminar qualsevol singularitat lingüística de ses nostres illes des registres més formals, com per exemple eliminant s’article salat de sa toponímia i sa rotulació des carrers, amb flagrant contradicció amb lo que diu sa llei de normalisació lingüística de 1986 que, en es seu article 14.2, estableix que se donarà preferència a “la toponímia popular tradicional i als elements culturals autòctons”. Resulta una ironia des destí que Balears, s’únic territori on encara se conserva s’ús generalisat de s’article salat, prescindesqui d’aquest article quan resulta que sa toponímia de Catalunya, on s’ús de s’article salat pràcticament s’ha extingit, el conservi a molts des seus topònims com Sant Joan Despí, Sant Just Desvern, Sant Esteve Sesrovires, Sant Llorenç Savall o Collserola. Dit amb altres paraules, es nostros filòlegs han anat més enfora que ses directrius donades per s’Institut d’Estudis Catalans. No creim anar gens errats si deim que es nostros “catalans de Mallorca”, segurament per això, perquè són de Mallorca i no de Catalunya i han de demostrar un plus de catalanitat que es seu origen els ha negat, han estat es pitjors enemics des cultiu i sa promoció des mallorquí, menorquí, eivissenc i formenterer. Si en Moll i n’Alcover alçassin es cap!

Publicat a El Mundo-El Día de Baleares, 12-6-2014

Gabinet de crisi

Estan nirviosos i preocupats, se’ls nota. Per això dimarts passat, en es Club de Opinión Diario de Mallorca, es gurús des catalanisme varen muntar un gabinet de crisi en forma de taula rodona (Per una llengua plenament normal) en es seu estil: sis veus unànimes. A totes ses taules rodones a què he assistit m’he trobat sempre amb més d’un punt de vista representat. Sigui on sigui. Sa pluralitat humana és lo que té, que difícilment (sense coaccions) trobes que tots pensin lo mateix. Idò no, resulta que en es món de sa cultura catalana oficial sí que passen aquestes coses inversemblants: taules rodones sense cap veu crítica. Inclús sense reaccions crítiques, perquè ets aplaudiments des públic entregat eren també tan entusiastes i unànimes que, com que jo era s’únic que no aplaudia, tot d’una es de devora me miraven de forma inquisitorial. Vaig decidir imitar-los tímidament perquè no sospitassin que era un dissident.

D’entrada ja se varen dir mitges veritats. Per part de sa presentadora i vice-rectora de sa UIB, na Maria Antònia Fornés, quan va reivindicar s’article 35 de s’Estatut d’Autonomia només per reafirmar s’autoritat de s’universitat, però sense recordar que sa defensa de ses modalidats no l’estan duguent a terme. Una altra mitja veritat la va dir n’Isidor Marí, president de sa Secció Filològica de s’IEC, vertader conductor de s’acte, quan va afirmar que “s’estàndar no és el barceloní”, oblidant que es tronc sí que ho és. En Marí, durant sa seva intervenció, se va dedicar a dir coses que en es funcionament real de sa llengua no passen de ser paper banyat, purs brindis an es sol: “S’estàndar no amenaça ses modalitats” (quan després afirma, molest, que s’estan “exagerant ses diferències dialectals” i que ses modalidats han de quedar arraconades a un àmbit “col·loquial”); “és un sistema inclusiu, amb criteris flexibles i respectuosos”, quan qualsevol que hagi vist o escoltat aquests anys IB3 televisió i ràdio sabrà que no és així. Després va assegurar que aquells que estam a favor d’un model de llengua a Balears que tengui en compte ses nostres modalidats duim a terme ni més ni manco que una “ofensiva general contra la llengua”, i que aquest “confusionisme lingüístic” va més enllà, perque implica també “desarrelament, destrucció de l’entorn i la cultura” (seria, segons ell, un “projecte antibalear”). I inclús, i alerta amb això, “falta de respecte per la democràcia”! Se veu que té una idea curiosa de lo que és una democràcia, perquè just després va afirmar, quedant-se tan ample, que s’Estat espanyol encara avui en dia és tan uniformisador com durant sa dictadura franquista. Així mateix, va clarificar sa seva interpretació de què és una llengua, entesa en clau herderiana, no com una eina per comunicar-se, sinó com a manifestació particular d’una identitat col·lectiva, lo que té més d’ideològico-sentimental que de científic.

Sa taula rodona tenia com a fi, entre d’altres coses, reivindicar es paper que han jugat a ses lletres catalanes certs escriptors illencs. És evident que això és així, i que a s’IEC hi ha un grapat de balears (tots es de sa xerrada ho són), però ja és més discutible que es català de Balears hagi tengut cap influència en sa llengua des Principat. Ah, i per descomptat, ni una paraula se va sentir, com sol esser costum, de sa polèmica Fabra versus Alcover, ni des lèxic balear que desapareix poc a poc als nostres medis de comunicació i a ses aules de s’escola pública.

Ets altres participants varen seguir sa mateixa línia marcada per en Marí. Només en Joan Miralles, veterà professor des Departament de Filologia Catalana de sa UIB, va donar més informacions que opinions, encara que no aclarien sa qüestió lingüística, sinó es paper que com a consultor ha jugat aquest organisme. En Joan Veny, molt donat a sa broma, deia que mos trobam davant un “problema que estava resolt”, expressió estranya venguent d’un científic, perquè a sa ciència els problemes mai acostumen a estar resolts del tot, sinó que cada cert temps van sorgint noves hipòtesis que posen a prova ses ja acceptades. També va mostrar una mica es llautó, com solen dir ells, declarant que necessitam un estàndar fort “per les relacions internacionals”, com si es territoris de parla catalana integrassin un Estat autònom. Per altra banda, va recalcar que “hi ha poca diferenciació en els nostres dialectes, hi ha molta homogeneïtat”; si és així, ¿quina por tenen que ses modalidats adquiresquin un major pes? Es menorquí Joan Francesc López Casasnovas, en una indiscutible mostra de rigorós cientifisme, va xerrar de sa “malaltia de l’actitud antinormista”. Se veu que es que discrepen de sa norma oficial necessiten tractament mèdic, segons aquest respectuós membre de s’IEC.

A mitjan acte, varem viure una situació una mica teatral, quasi mística, quan una tupada Aina Moll va fer acte de presència, caminant lentament amb un gaiato, passant pes corredor central cap a una cadira a sa primera filera. Ets assitents estaven religiosament pendents d’ella, la Gran Mare del Catalanisme a Balears, i varen esclatar en aplaudiments extàtics quan en Marí li va donar sa benvenguda.

Com que en Marí i en Veny s’havien estès massa, ets altres varen haver de fer es seus discursos de manera sintètica. D’en Joan Miralles destacaré dues afirmacions curioses: d’un part, que “s’estàndar és s’estructura de sa llengua. Ses modalitats són es detalls”, lo que emprenyaria molt mossèn Alcover, que defensava que sa llengua real és sa que dóna pas a s’estàndar, i no a s’enrevés; i, d’altra part, que “es lèxic eliminat dels nous diccionaris ho és per manca d’ús”, cosa indiscutible, clar, si bé s’hauria de veure quina manca d’ús s’ha anat treballant pacientment amb decisions d’enginyeria social encaminades a unificar i, en conseqüència, a mutilar s’idioma.

Finalment, aquesta atípica taula rodona se va tancar amb una intervenció d’en Nicolau Dols, degà de sa Facultat de Filosofia i Lletres de sa UIB. Va ser es més breu i, també, es més agressiu i sectari. Ses seves paraules van adquirir un to grollerament mitiner, cercant ets aplaudiments fàcils i assenyalant amb claredat ets enemics polítics: “Hem de canviar els que diuen com se fan les coses”. Ni una sola reflexió tècnica, en definitiva. Aquest inqüestionable rigor científic demostra, sens dubte, per què és es nou fitxatge estel·lar de s’IEC. Sa cita final va estar a s’altura de sa seva schwartzeneggeriana intervenció, i quasi diria que de tot s’acte: “Si m’estau escoltant és que sou sa resistència”, treta des film Terminator.

Jo podria dir una cosa parescuda per acabar aquesta crònica, canviant escoltar per llegir, però ses meves referències cinematogràfiques no coincideixen gaire amb ses d’en Dols, què hi farem.