Sa Norma Sagrada i sa perversa unitat de sa llengua

JAUME OLIVER SALVÀ.

He acabat de llegir SA NORMA SAGRADA, un assaig escrit per D. Joantoni Horrach, i D. Joan Font, tots dos doctors de s’UIB, referent a s’imposició des català “estàndar” a ses Illes Balears. Excel·lent llibre.

Després de llegir-ho, no entenc sa forma en què varen actuar qualcuns des nostros polítics, uns per comoditat, uns altres per desidia, que varen consentir deixar en mans d’uns personatges sinistres sa nostra llengua, sa nostra cultura i part de sa nostra identitat.

Tant quan els va tocar governar an aquests fanàtics amb sos seus pactes, o com avui en dia, es seus únics esforços van dedicats a ideologisar i posar ses bases pes seu projecte pagat en una gran part amb doblers venguts de fora.

¿A qui he de demanar explicacions? Per tenir-me enganat durant trenta anys, fins an es punt de fer-me sentir culpable per no xerrar sa meva llengua materna correctament segons ells, vegent-me amb sa tessitura d’esser corregit per persones intel·lectualment no sé si més o manco preparades que jo, però si molt més ideologisades que lo únic que pretenen és una acció política.

Ah, ¿era això? S’unitat de sa llengua és una mera excusa per conseguir objectius polítics tal com varen fer es nazis amb so seu lema “ein Reich, ein Volk, ein Führer’ (Un Imperi, un poble, un líder).

He comprès que de lo únic que se tracta és arribar per mediació de sa llengua a uns quimèrics “Països Catalans” amb un lema clar “ein Land, eine Sprache, eine Kultur“ (Un país, una llengua, una cultura). Acabem.

Ja està disponible s’applicació des traductor automàtic castellà-mallorquí

Se pot descarregar de franc de sa web de sa Fundació Jaume III i a iTunes – Han fet ús des traductor 7650 usuaris as cap de sis mesos de funcionament

Qualsevol usuari d’Apple (iPad i iPhone) ja se pot descarregar de franc s’applicació des traductor automàtic castellà-mallorquí. Ho pot fer des de sa web de sa Fundació Jaume III (www.jaumetercer.com). Ara mateix feim feina perquè ben aviat també ets usuaris d’Android la se puguin descarregar.

D’aquí a un parell de mesos sa Fundació Jaume III posarà a disposició des públic sa versió 2.0 des traductor, una actualisació que incorpora un milenar de mots, locucions, dites i frases fetes mallorquins, molts d’ells en desús.

Fins ara, un total de 7650 d’usuaris diferents han usat es traductor que ja du sis mesos funcionant.

 

Els adjuntam un parell d’imatges de promoció de s’app i els deixam ets enllaços per accedir a descarregar-se s’app des traductor:

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Nada que celebrar

HACE POCOS días tenía lugar una celebración que, a tenor de las imágenes del acto conmemorativo, despertó menos entusiasmo que una cita con Puigdemont. 30 años de la Ley de Normalización Lingüística, quién lo diría. Personalmente creo que la ausencia de fervor popular, se debió a que a la gente real, le importa bastante poco el tema. Habrá quien piense que superada la situación que la generó, sus consecuencias se viven con tal normalidad, que la satisfacción por lo conseguido, ha pasado desapercibida. Pero no creo que se abonen a esa teoría ni sus impulsores ni los que vieron en ella una oportunidad de oro para el catalanismo político. Esos no van a dar nunca por innecesaria esa ley, porque jamás darán por normalizada a la sociedad balear, y no es por desánimo, no, ni por pesimismo, sino porque su concepto de normalización implica la sustitución del castellano por el catalán en todos los ámbitos -incluso en el privado- y porque reconocer que se ha llegado a la meta, implica que ya no hay excusa para la excepcionalidad constitucional en el ámbito educativo y en el de la Administración, ni tampoco motivo para que se sigan destinando recursos ingentes -humanos, materiales y sobre todo, económicos- a un proceso que ya se ha culminado. Pero lo más probable es que el entusiasmo haya sido perfectamente descriptible, porque para el balear, no hay nada que celebrar.

Se ha defendido el consenso que reinó hace 30 años, como el paradigma de un acuerdo sobre el que nunca debería discutirse, bajo pena de excomunión. La realidad es, que tal como se explica en el magnífico ensayo no subvencionado Sa norma sagrada, de Font Rosselló y Horrach, parece ser que ese divino consenso fue posible porque quienes lo protagonizaron, entendían cosas distintas por normalización. Era evidente que, en esos años, la lengua que era mayoritaria en la calle -por ejemplo, el mallorquín- , en cambio en las aulas, en la Administración y en otros ámbitos formales, era prácticamente inexistente. El problema es que, tal como explican ambos autores, desde un principio se partió de un planteamiento de oposición castellano/catalán, en el que, el resultado final debía ser la sustitución de una lengua por otra, y esa confrontación artificial, creada por políticos y por lingüistas (políticos) además de generar situaciones indeseables, en las que se conculcan alegremente libertades individuales, provocaron que lo que siempre había sido normal en la calle y que sólo necesitaba de un par de ajustes, de sentido común, acabase convertido en fuente de conflictos y que, treinta años después, la lengua que se escucha mayoritariamente en la calle, sea el castellano, y lo que impera en las aulas y en la Administración, sea una lengua importada, por la que no sentimos ningún aprecio, y que nos han vendido como «propia».

 

Y ese es el otro efecto indeseable de la Ley de Normalización: en esa confrontación castellano/catalán, no había espacio para las modalidades insulares. Y no lo había porque promoverlas, suponía, -bajo la opinión de los defensores de la normalización- debilitar el estatus del catalán, que debía enfrentarse, prístino y unitario, a la lengua, considerada, desde aquel momento, como “impropia”. Y porque una única lengua común, es la coartada de una idea de nación, vendida como cultural, pero a la postre, política. La realidad es que las modalidades pronto fueron aparcadas y poco importó lo que supone su pérdida para nuestro acervo cultural, y menos aún, su presencia en la Constitución o en el Estatut.
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Publicat a EL MUNDO/El Día de Baleares, 5/5/2016.

Treinta años inútiles

Francisco Gilet

PREÀMBUL. Hi ha manifestacions que són més importants pes QUI les diu que per lo QUE diuen. En Paco Gilet era es conseller de Cultura des Govern Cañellas que aprovà sa Llei de Normalisació Lingüística (1986). Sobre Gilet va recaure sa responsabilitat d’impulsar aquesta normativa. Com podran llegir, as cap de trenta anys sa decepció de Gilet és més que evident. Ni es sentit ni s’esperit des legisladors de llavors eren es mateixos que es que ara, interessadament, mos volen fer creure es defensors d’aquesta llei. Sa LNL ha fracassat per molts de motius i un d’ells ha estat sa desvirtuació sofrida després de deixar-la en mans des qui sempre varen voler anar molt més enfora de sa seva lletra i esperit: es nacionalistes. Fins an es punt que han arribat a fer creure a la resta d’actors polítics que es seus propòsits maximalistes eren compartits per Alianza Popular de Cañellas. Articles com aquest demostren que mai va esser així.

 

TREINTA AÑOS INÚTILES

FRANCISCO GILET.

Tal periodo arrancó un 29 de abril de 1986 y ha finalizado hace escasos días. Con la aprobación de la LNL, en gran medida se concluyó un período de cierta confrontación desde los sectores más radicales a favor de lo que estimaban una necesidad perentoria, absolutamente exigida a la actividad política de aquellos momentos.

Nos hallábamos en unos tiempos de imperiosa crispación, en los cuales la lengua catalana era un arma arrojadiza usada por dos sectores irreconciliables; los pancatalanistas y los anti catalanistas. En medio de ambos, un ejecutivo que, gobernando en minoría, no debía contentar a ninguno, pero tampoco ofender a nadie. Al fin y a la postre, ni de unos ni de otros se esperaba ni el aplauso, ni muchísimo menos el voto. El arranque de aquel proyecto legal se sustentaba en unas premisas: la igualdad de tratamiento del castellano y el catalán, el reconocimiento, promoción y defensa de las modalidades insulares propias, la libertad de elección de lengua por parte del ciudadano y el intocable futuro diferenciado de nuestro “poble”. Y dentro de tales parámetros se alcanzó el absoluto consenso.

Pueden existir dudas acerca del acierto de dichos condicionantes por parte del equipo de gobierno, mas, hace treinta años, ningún miembro del ejecutivo renunció ni traicionó sus sentimientos como ciudadano de estas islas, que se distinguían completamente de cualquier exceso o ambición por parte de otros colectivos o agentes sociales y culturales. Quizás, con el trascurso del tiempo, haya surgido alguna rara excepción, sorprendente e incomprensible si la contemplamos en el contexto de aquellos años, pero que, ahora, nos ratifica en la bondad de las decisiones adoptadas.

La aprobación de la LNL cumplió una función, acabar con la presión partidista, sin embargo, trascurridos esos treinta años de aquella unanimidad, su conmemoración en Es Baluart ratifica el fracaso de la política lingüística en Baleares.

Nadie, ni conservadores ni socialistas, ni nacionalistas, han dado con la tecla que establezca una aceptación, una convivencia pacífica entre el pueblo, en su conjunto, y esa normalización del uso del catalán, para algunos paranoica, La visión de múltiples sillas vacías en el acto conmemorativo de Es Baluart no es sino la constatación del nulo interés que el motivo del evento merece para el pueblo. Los políticos, de un color o de otro, han ido levantando la bandera de la normalización, impulsados por agentes con motivos supuestamente culturales, cuando en la realidad no eran, no son, sino económicos y políticos. La estandarización de la lengua catalana interesa a la gente del libro para aumentar el mercado con las muchedumbres del Principat. No es una defensa pura, sino, mayormente interesada. Y a tal interés crematístico hay que añadir el afán político de hacer uso de la lengua como cordón umbilical de un utópico ente unificador de diversas comunidades. Nuestra gente, sin embargo, vive completamente de espaldas a tales intenciones. Los resultados de esos treinta años son tan pobres que no existe ni un solo periódico que edite en catalán, mientras la televisión autonómica incrementa su audiencia si las películas son emitidas en castellano. 

La calle habla libertad, no grita imposición. Y en ésta se halla la verdadera causa del fracaso de las políticas normalizadoras; el pueblo es indiferente a la tópica inmersión lingüística, sin embargo, cuando llega el momento de aplicarla en su vida cotidiana, la deja en el olvido y se acoge a su libre albedrio. Por desgracia, algunos sectores y partidos políticos, han convertido el catalán en la enseña de una intromisión grosera e indeseada en la vida de nuestras gentes. Son escasamente miles los habitantes de estas islas que emularían a una diputada de Podemos cuando dice que, por ser valenciana, es catalana. Frases como esa son las que producen sarpullido en la idiosincrasia del ciudadano balear y aumentan los niveles de rechazo, aunque alguna ejecutiva de altura no lo entienda así.

Imposición, inmersión, estandarización formal, desprecio a las normas y modalidades propias, afán catalanista, son las principales causas de un fracaso más que llamativo de una Ley que bien pudiera haber cumplido la función a que iba destinada y en pro de la cual se han fundido miles y miles de partidas presupuestarias. Función que, en modo alguno y por unanimidad aceptada, no era imponer una lengua sobre la otra, sino en dar amplitud a ambas en su libre uso, como normales y corrientes entre nuestros ciudadanos. Unos ciudadanos que no se sienten hermanados con ninguna identidad colectiva más allá de sus fronteras naturales. Y si la política continua por esa senda, a esos inútiles treinta años seguirá otros tantos, siempre y cuando los políticos obren de espaldas a la libertad del ciudadano.
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Publicat a Ciutat.es, 3/5/2016. Francisco Gilet era es conseller de Cultura des primer Govern autonòmic liderat per Gabriel Cañellas quan s’aprovà sa Llei de Normalisació Lingüística (1986).

Sa Cosa Nostra

Extra Ecclesiam nulla salus. Fuera de la Iglesia no hay salvación. Existen muchas iglesias, pero hoy les hablaré de una en concreto: la pesemera. Como todas, funciona con claves antagónicas y una irrefrenable tendencia a la unanimidad. Su última gesta ha sido negar una modesta ayuda económica (3.837 euros) en el Consell de Menorca y en el Institut d’Estudis Baleàrics solicitada por la Fundació Jaume III para Sa norma sagrada. Un libro del que no pueden negar el rigor y el interés intrínseco, pues aglutinando multitud de datos realiza una investigación de la que Baleares andaba huérfana.

No respetan la legalidad, pues han vetado una obra escrita en un catalán medido y elegante por el pecado de seguir el modelo lingüístico de las modalidades que está protegido por el artículo 35 del Estatut d’Autonomia. Aducen «líneas estratégicas», o sea, criterios ideológicos de comisario político para negar aquello que le conceden a todo el mundo. Incluso con Antoni Vera el IEB apoyaba proyectos de tinte independentista. Bastaba con garabatear dos líneas inanes en una servilleta sucia para que te diera una ayuda. Pero ahora, sólo admiten fieles y pusilánimes.

No hablemos ya de la OCB, que vive a cuerpo de rey con el dinero de todos, con IB3 retransmitiéndole en directo cualquier sarao mientras que a la Jaume III ni agua. Millones de euros de Baleares y Cataluña se han llevado estos dialogantes amigos del fair play. 

Tienen un sentido patrimonialista del poder. Como han demostrado con la Conselleria de Cultura, que al parecer sólo pueden dirigir Venus de Willendorf menorquinas adscritas a Més. La conselleria es su corral y sólo valen sus normas.

Será verdad que al final esto se parece bastante a Sicilia. No sólo por el PP y su socio bipartidista, el PSOE, agentes destacados de una cleptocracia ineficiente, sino también por nuestros pesemeros, que no quieren quedarse atrás en el repertorio de artimañas sectarias. Con Sa Feixina ya demostraron a esos 20.000 nuevos votantes a los que estafaron en mayo que el escorpión es incapaz de ser otra cosa: su veneno siempre sale por alguna parte, aunque sea picándose a sí mismo.

Con Sa norma sagrada están imponiendo sus líneas estratégicas minuciosamente: primero la omertà, no sea que alguien se entere de la existencia del libro, ergo de las claves que sostienen el tinglado pesemero. Y segundo, negándole cualquier ayuda. Luego dicen que defienden la lengua catalana. ¡Un memeu! Con la laminación de las modalidades baleares casi parecen considerarlas otra lengua. Son fábricas industriales de anticatalanistas.
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Publicat a EL MUNDO/El Día de Baleares, 2/5/2016.

El manifiesto Koiné

A mí me hacen gracia algunos cuando quieren aparentar una imagen de normalidad y naturalidad en todo lo que afecta al catalán. Cualquiera diría que, históricamente, el movimiento catalanista ha sido una balsa de aceite. No más lejos de la realidad por poco que uno se asome a la historia de la lengua catalana, plagada de odios africanos y disputas inverosímiles. En el reciente ensayo “Sa Norma Sagrada” que he firmado con Juan Antonio Horrach damos cuenta de ello. La lengua catalana ha sido y es una fuente inagotable de conflictos, una “Verinosa llengua”, como titularon Xavier Pericay y Ferran Toutain un libro que marcó época.

Hace apenas tres semanas doscientos ochenta filólogos y estudiosos de la lengua lanzaron un manifiesto titulado “Per un veritable procés de normalització lingüística a la Catalunya independent”, conocido como manifiesto Koiné por llamarse así el grupo impulsor. Pues bien, este manifiesto ha provocado una auténtica convulsión en Cataluña y una honda división en las filas del catalanismo. Por cierto, algunos de nuestros sabios de la UIB (Bibiloni, Corbera, Melià, Rosselló Bover, Dols, Miralles) aparecen como firmantes. De los cinco “Premis d’Honor de les lletres catalanes” que firman el manifiesto, tres son mallorquines (Massot i Muntaner, Maria Antònia Oliver i Cabrer, Joan Veny i Clar). Una representación isleña nada despreciable.

Como el ejército del catalanismo no está formado por soldados, tenientes y coroneles, sino por maestros de escuela, curas, periodistas, escritores y sobre todo filólogos, cabría pensar que un manifiesto encabezado por los sacerdotes de la lengua contaría con el aplauso entusiasta y unánime de todo el catalanismo. Ha sido todo lo contrario. La Vanguardia ha tachado el manifiesto de “lamentable”, Lluís Rabell (Catalunya Sí que es pot) lo ha tachado de “racista” y “fundamentalista cultural”, ERC y Junts Pel Sí lo han censurado y han subrayado que Cataluña es bilingüe, ICV lo ha calificado de “error táctico” por dividir el movimiento separatista.

El manifiesto. El contenido del manifiesto no es nada original y viene a repetir las consignas repetidas hasta la saciedad por parte de la sociolingüística comprometida con el nacionalismo. En primer lugar, “constatan” que el catalán es la lengua propia, histórica, “endógena” y territorial de Cataluña, Valencia y Baleares. Pese a ello, no estaría en una situación “normal” en “su territorio” al estar amenazada por el castellano, situación a la que se ha llegado gracias a la “bilingüización forzosa de la población”. Llegan tan lejos que aseguran que Franco llegó a utilizar a los castellanohablantes como “instrumento involuntario de colonización lingüística”. La llegada de la democracia y la autonomía apenas habrían logrado revertir esta situación de “imposición politicojurídica del castellano”. El catalán sigue siendo una lengua subordinada a la castellana y está en proceso de sustitución. Constatan que ni siquiera el catalán es la lengua predominante entre las generaciones de la “inmersión lingüística”, sobre todo en las zonas más pobladas como Barcelona. Simultáneamente, la degradación cualitativa, estructural, de la lengua no ha dejado de aumentar “en la senda de convertirse en un dialecto del castellano” (sic).

Los firmantes denuncian la ideología política del llamado “bilingüismo” que, inoculado desde arriba, ha hecho creer que la coexistencia de dos lenguas era algo “natural, positivo, enriquecedor y democrático”. “En realidad −afirman−, esta ideología bilingüista no es más que una forma de encubrir y legitimar la subordinación de una lengua a la otra y el consiguiente proceso de sustitución lingüística”. Finalmente, critican a los políticos que proponen mantener el estatus lingüístico actual en una futura República Catalana y les piden: “a) la restitución al catalán del estatus de lengua territorial de Cataluña (..), b) la reversión de la práctica de la subordinación sistemática y generalizada del uso del catalán al uso del castellano y c) la recuperación progresiva de la genuinidad de la lengua”.

La normalización, un fracaso. No recuerdo haber leído ninguna constatación más manifiesta –nunca mejor dicho– del fracaso de la normalización lingüística. «Normalización» es el término que se utilizó por estos lares para no hablar de «planificación lingüística», de connotaciones sovietizantes. Algo habíamos olisqueado del fracaso normalizador cuando Joan Melià, firmante del manifiesto Koiné, informó hace unos meses de la dramática caída del uso del catalán en las Islas, con un bajón de 10 puntos porcentuales en apenas diez años. Un fiasco que entonces el catalanismo no quiso reconocer. Tampoco recuerdo haber leído ninguna constatación más manifiesta de la degradación cualitativa y estructural de la lengua, su falta de “genuinidad” (“genuino” significa “puro, originario”). Y lo dicen personajes como Melià que, en una entrevista en Canal 4, se burló de los que nos preocupábamos de la “lengua de los abuelos” en vez de hacerlo por la de los “nietos”, educados en un catalán nada genuino calcado al barcelonés y al castellano.

Por supuesto, la constatación del fiasco de la normalización –ni se ha conservado el patrimonio lingüístico de Baleares ni se habla ahora más catalán que en los ochenta– no les lleva a preguntarse si en algo pueden haberse equivocado. Todo lo contrario. Según ellos, el problema habría sido que los gobiernos habrían sido demasiado tibios con los castellanohablantes, a los que deberían haber obligado a utilizar el catalán a la fuerza, no sólo a aprenderlo. Como irredentos dirigistas que son, ésta es su receta. Si no querías taza, taza y media. Si no querías inmersión, doble ración.

Vuelve la Cataluña eterna. Como he adelantado, el manifiesto ha sido calificado de “error táctico” o rechazado abiertamente por la prensa y la clase política catalanas. ¿Por qué? ¿Acaso a alguien le puede sorprender a estas alturas el fascismo lingüístico de nuestros filólogos? El diputado del PP catalán, Fernando Sánchez Costa, ha ofrecido una interpretación convincente que explicaría este curioso rechazo de políticos y periodistas al manifiesto Koiné. El independentismo habría superado su condición de minoría social en Cataluña y lo habría logrado pagando un precio: olvidar la matriz intelectual que siempre lo había sostenido, la salud de la lengua. Para ampliar su base social, el independentismo se habría ido despojando del esencialismo originario basado en la lengua, la historia y el territorio para abrazar el discurso más pragmático de los recortes y el “Madrid ens roba”. Un ejercicio de travestismo que habría atraído a muchos no nacionalistas castellanohablantes al carro del Procés al creerse que les esperaba un país mejor.  La dureza del discurso identitario de los independentistas de toda la vida −que explicaría la irrelevancia de ERC hasta hace diez años− habría dado paso al “procés inclusiu”, a la “revolució dels somriures”, a la desnacionalización del Procés. En síntesis, habríamos pasado de Heribert Barrera a Rufián. Entretanto, habría crecido el descontento entre los filólogos que, después de creerse durante decenios el centro de la nación catalana, se preguntaban de qué serviría la soñada independencia si Cataluña tenía que acabar como Irlanda donde todo el mundo habla inglés. Los filólogos, el verdadero “núcleo irradiador” del independentismo pata negra, se habrían sentido despreciados, no habrían podido aguantar más y habrían estallado. La farsa del Procés habría llegado demasiado lejos. Ya no contaban con ellos como de costumbre. Y han dado un golpe en la mesa con su manifiesto, reclamando su derecho a volver a ser el centro de la nación. Su verdadero sentido. Ya saben, una lengua, una nación, un estado. Por algo ellos han sido independentistas toda la vida y no sólo de última generación. Un respeto.
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Publicat a EL MUNDO/El Día de Baleares, 23/4/2016

Sa Norma Sagrada

MIQUEL NIGORRA OLIVER.

AQUEST ÉS ES TÍTOL DES LLIBRE que sa Fundació Jaume III presenta a Ciutat, escrit per Joan Font Rosselló i per Joantoni Horrach. Crec que és s’obra que tracta amb més profunditat sa problemàtica de sa llengua a ses nostres Illes amb totes ses engronsades polítiques que hi ha hagudes en aquest darrers quaranta anys. És un complement bàsic de s’altre llibre Un model lingüístic per ses Illes Balears publicat l’any passat, redactat per Xavier Pericay i per sa Fundació. Aquestes dues obres justificarien per sempre, inclús sense fer res més, s’existència de sa Fundació Jaume III.

Val la pena lletgir es llibre amb atenció. És una obra d’un contengut històric important. Entra de ple en sa problemàtica de sa llingüística i de sa política amb un nivell de coneixements indiscutibles. Es baix nivell cultural de sa nostra ciutadania i sa matraca que dóna es catalanisme pot fer que molts de lectors passin des llibre. Joantoni Horrach creu que en molts de casos es llibre tendrà es silenci per resposta. Jo crec que no tendran gaire ganes de pegar cap envestida grossa an aquesta obra, perquè en Font i n’Horrach els guanyen de molt. S’estimaran més seguir grunyint per ses voreres amb qualque insult i rossegant d’això d’això sa seva brusca.

Ets autors des llibre passen pes sedàs ses ideologies que estan damunt sa taula i també sa llista des personatges que han tengut protagonisme en aquesta lluita. Sa llista més llarga és sa des pancatalanistes mallorquins que sempre han disfrutat de ses ajudes ideològiques i sobretot de ses econòmiques de Barcelona, per sa via de s’Universitat.

 

També trobam polítics mallorquins que estimen sa nostra terra i sa nostra llengua, que no eren catalanistes i que se varen equivocar fent sa farina blana per no tenir una clara visió de s’estràtegia de s’enemic. Així vàrem optar per postures més suaus i poc compromeses. A s’altre extrem trobam Jaume Sastre que ho tenia clar quan demanava es «barco de rejilla» per tot es forasterum. És vera que tot lo d’en Sastre feia pudor a persecució ètnica, però no enganava ningú.

Tòfol Soler, fent sa mitja mordala i sense agafar es tirany més dret d’en Sastre, amb un poc de voltera volia arribar an es mateix redol, a poc a poc i a les bones. Aviat li varen afinar sa coa i va durar dos dies de President. Diuen que encara li senten cantar aquella cançó, Un dia em digueres sí / i lo endemà m’enganares, / sense deixar-me tenir / s’alegria d’es coní / ni es consol de ses donades.

Sa clau de Sa norma sagrada és que darrera es problema lingüístic hi ha sa política expansionista de Catalunya que se vol empassolar ses nostres Illes com si fossin caramel·los, i sa millor forma de conseguir-ho és s’arma de sa llengua. Perquè ses armes que sa Generalitat va provar pes mes d’agost de l’any trenta-sis, ja no s’usen. Ara sa política expansionista se presenta amb claredat, però s’intenta dur a terme d’una forma gradual per arribar an es final a conseguir s’objectiu de lo que diuen es Procés.

Hi ha negocis foradats i altres que ho pareixen, però sempre suren per molt d’estropeig que hi hagi, com es negoci d’aquell porquer de son Caliu que feia ballar pessetes dins un garbell i amb això hi havia arribat a ser s’homo més viu de dins Son Serra, com diu sa cançó d’en Pep Gonella, aquell fabulós personatge, que retreu es llibre de Sa norma sagrada. S’èxit des porquer de Son Caliu és comparable amb so que tenen es nostros catalanistes que han inventat un negoci que s’haurà d’estudiar en es màsters de Harvard i que està inspirat en es que tenen es qui fan córrer es cans darrera sa llebre dins es canòdrom i que mai la podran aglapir perquè sempre anirà vint passes envant.

Es nostros amos des cans, científics i especialistes amb tot es negoci de sa llengua, fan anar a tot es personal afuat darrera sa llebre des castellà per figurar que li poden arribar, sabent que du tant avantatge que mai l’agafaran i per lo tant es seu negoci mai tendrà fi. Amb aquesta comèdia mai s’acabaran ses justificacions per demanar subvencions. Això, que és bo pets amos des cans, és dolent per tots es nivells educatius de sa nostra comunitat. No diguem res des nivell d’anglès que podren tenir a ses nostres illes a no ser que es pares tenguin medis econòmics suficients per enviar-los qualque any a Anglaterra o que sàpiguen fer ballar pessetes dins un garbell, com es porquer de son Caliu.

Mos hem de mantenir alerta i orella dreta. No mos podem fiar de ningú. N’hi ha molts que encara fan sa farina blana. Una de dues: o són curts de gambals i no hi veuen dues passes enfora o són uns vertaders traïdors a sa nostra terra i a sa nostra vertadera identitat illenca, disposats a vendre s’ànima an el dimoni fent costat an es procés anexionista català per arribar a sa Catalunya Gran. Tot lo demés és cercar na Maria per sa cuina.
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Publicat a EL MUNDO/El Día de Baleares, 14/4/2016.

Reminiscencias del arado

LA SEMANA pasada se disputó en Liverpool el Grand National, que llevo siguiendo desde hace unos años, cuando mi anglofilia alcanzó su extática cumbre. Aunque prefiero el Derby de Epsom, cita obligada para Fernando Savater desde hace 4 décadas. Qué belleza la hípica, queridos, al menos la hípica normal, aquella en la que el jockey se acomoda majestuosamente alzado sobre un magnífico purasangre.

En cambio, qué diferente es el trote que se estila en Baleares, ¡la madre que lo parió! Qué espanto ver al caballote, más tosco que en la hípica británica, tirando de un carruaje con el «manador» despatarrado de la forma menos estética imaginable. Y esas evidentes reminiscencias del arado, ese trote cochinero, como decía Butanito de los árbitros menos gráciles, esa fealdad insufrible.

Reminiscencias mentales del arado también aparecen en nuestra política de andar por casa. Me refiero al error político de Sa Feixina. Sin duda el discurso de Cort es puramente ideológico: en plena conga emocional, imitando a sus colegas del Parlament, corean que sólo se oponen al derribo los exaltados, los fascistas y tal. Pero al final si algo ha quedado claro, con encuestas y posicionamientos públicos, es que la mayoría de la población no secunda al ayuntamiento. Puede que tengamos alrededor de un 85% de fascistas en Palma, quién sabe, y que incluso muchos hayan votado al Pacte, pero no parece muy verosímil.

 

Sin embargo, ahora ya es difícil que se echen atrás. Si rectifican, se verá como una derrota. Si persisten, como una obsesión sectaria que incumple flagrante y fragantemente su máxima electoral de servir a la ciudadanía al margen de empecinamientos crispadores que, ya saben, siempre son defectos del rival.

Por esa supuesta superioridad moral se proclama también con solemnidad la despolitización de IB3. Y aunque es cierto que en algunas cosas la programación ha mejorado (Dues Voltes, Els Entusiastes), todavía se detecta un sesgo pronunciado en favor de según qué discursos y personajes.

Porque no tiene nombre que un acto como fue, este viernes, la presentación de Sa norma sagrada en el centro cultural de Sa Nostra, con nada menos que 200 asistentes, no suscitara la más mínima atención de nuestros carísimos medios públicos. Cuando después resulta que esos mismos (y otros) medios que castigan con la omertà a un libro que rompe arraigados tabúes pierden el culo dando protagonismo estelar a huelguillas seguidas por una docena justita de chavales desorientados, por ejemplo en Dalt Vila. El atávico arado doctrinario, por lo que se ve, sigue marcando la pauta.
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Publicat a EL MUNDO/El Día de Baleares, es 18/4/2016.

Es darrer búnquer vs sa realitat sociolingüística

Gràcies a un parell de circumstàncies mos trobam, després de dècades, amb un nou horitzó d’esperança, amb una nova realitat sociocultural gairebé inèdita. D’una part, sa fartadura generalisada envers es model impositiu de s’anomenada immersió lingüística en perfecte fabrià, que a pesar de ses obsequioses subvencions de ses successives Conselleries de Cultura, fent balanç, ha resultat un fracàs de proporcions bíbliques…

…Sa més que certificada quebra des medis escrits en català, com sa breu aventura des Diari de Balears o de s’ARA.CAT, que acumula milions de pèrdues; D’altra banda s’inevitable arribada de tota una generació universitària, ben preparada i crítica que retorna a lo nostro carregada d’arguments incontestables per esbucar amb sos raonaments tots ets antics tòpics catalanistes; Sa venturosa retrobada i magnífica sinèrgia de ses generacions d’autèntics històrics amb es joves que ara desperten i que ja són legió; Ets episodis fundacionals d’aquesta autèntica renaixença, com sa sortida de sa revista Toc·Toc, de sa Fundació Jaume III, des pluri-insular Foment Cultural, etc, que tenen es seu precedent a una anterior i vigorosa activitat d’un parell de compromesos divergents amb s’Statu Quo, des de s’humil atalaia des seus actius blogs o inclús a rel de llibres editats en bon mallorquí com es d’en Mateu Cañellas i altres.

Aquest encara humil pluralisme amb es qual mos trobam i que és es símptoma d’una societat lliure i democràtica, està ofegant es tradicional monopoli des principal agent catalanisador: s’avui agonisant OCB, així com altres subcomissariats regats durant tant de temps amb es nostros impostos. Ara és possible accedir a diaris com ‘Mallorcadiario.com’ entre altres publicacions lliures. No fa massa, es braç executor de s’abans institucionalisada corrent sucursalista (s’OCB va arribar a ser una virtual Conselleria de Cultural en paral·lel), es polèmics i combatius “Maulets” se dissolien per mai sempre i ses redaccions de sa premsa lliure començaven a respirar tranquil·les fora por que els rompessin un portal, un aparador o una finestra.

 

Sa societat ha donat s’esquena a tot aquest autèntic Lobby que en temps de na Munar (“Balears no existeix”, 2006) i n’Antich (qui essent ja a Madrid amb es projecte des nou Estatut consensuat per totes ses forces polítiques, se va tancar en banda per tal deblindar es renovat Estatut contra una major rellevància de “ses modalitats”) pasturaven de s’erari públic amb s’impunitat de ses vaques sagrades de l’Índia.

Es procés ha estat històricament paral·lel i conseqüent amb sa feina de difusió cultural d’entitats com sa Fundació Jaume III, però… dissortadament encara queda es reducte més perillós de tots. Sa pedra a sa sabata. Un àrea que no representa ni es 5% de sa nostra Universitat i que ostenta s’entredit i sospitós record d’aplegar, any rera any, es menor i més ridícul número de matriculacions: sa Facultat de Filologia Catalana, autèntic comissariat lingüístic (entre altres, d’allà sortí sa magnífica idea de exterminar s’article sibilant -salat- des carrers de Palma) que segueix regint i aconsellant a gents que se declaren incompetents en sa matèria i apel·len amb cega obediència as corresponent departament de s’UIB. Això és lo que fan es caps d’aquest Govern de Progrés.

Revisant s’història, aquesta situació me provoca un déjà vu associat a certa ciutat ja fa dècades, epicentre d’una idea visionaria caiguda en dissort, es reducte final que fou cert búnquer a on s’havien refugiat es darrers partidaris d’una grandiloqüent quimera que va acabar per fer ets ous enterra. Salvant ses distàncies, s’irrellevant sector catalanista de S’UIB (encara amb amples competències concedides pes nostro govern) roman com es darrer bastió, es búnquer d’obstinada resistència contra sa realitat sociocultural des carrer, contra es mirall des present.

Sa projecció cap es futur de fets històrics passats, sa lògica de sa realitat actual, es canvis patents dins s’estat d’opinió, no poden estorbar-se massa en fer caure aquest darrer reducte que disfruta d’unes prebendes que el fan encara determinants per frenar es desenrotllo des nostro mallorquí, menorquí, eivissenc. Es governants encara no s’han entemut de s’aberrant conflicte entre lleis que suposa s’obediència a s’article 35 de s’Estatut, que és taxatiu (protegir “ses modalitats”) i es fet que aquest comissariat no figura en cap cas com a jutge determinant, sinó que constitueix un orgue merament consultiu com poden ser altres fonts acreditades. Amb aquesta incondicional i sotmesa reverència cap s’esmentat departament en concret se propicia una latent animadversió contra tota s’Universitat, que com a institució, tampoc té tota sa culpa.

Més valdria que comissaris lingüístics i polítics obrissin ets ulls i comprenguessin que ja és hora de fer un pensament, i que en qüestió lingüística, existeixen altres actors de plena solvència acadèmica as quals també se pot (al manco) consultar.
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Publicat a Mallorcadiario.com, es 17/4/2016.

La rendición de Moll

CON SU permiso, promoción obliga, hoy me voy a marcar un Umbral, pues mi segundo libro, Sa norma sagrada, ya está en las librerías. Les contaré una historia de Francesc de Borja Moll y de como las doctrinas que tienden a la unanimidad, de la misma manera que excluyen toda posibilidad de criticar sus postulados, intentan presentar el cauce de los hechos que nos ha llevado hasta aquí de una manera providencial, como si las cosas no pudieran haber sucedido de otra manera.

El caso de Moll es muy revelador de lo que podría haber sido y no fue el catalanismo de Baleares. Hasta los años 50, Moll había permanecido fuera de Sa Ceba cuatribarrada pues, aunque aceptó la ortografía de Fabra, no quiso cambiar el título del alcoveriano Diccionari català-valencià-balear, que para los ultrafabristas suponía un atentado contra la unidad de la lengua. En su primera singladura de titubeante outsider, publicó en su editorial la colección Les Illes d’Or, con obras escritas en las modalidades isleñas para que la gente pudiese leer «en mallorquí», lo que generó críticas exaltadas en el Principado.

En una conferencia que impartió en Barcelona (mayo de 1954), titulada Els dos diccionaris, defendió un modelo integrador del catalán ante el pasmo de los asistentes, que en su cabreo avisaron al primo de Zumosol del catalanismo de entonces,Joan Coromines, que residía en Chicago. Coromines intercambió unas cartas paternalistas con Moll pero, ante la imposibilidad de reeducarlo, recurrió a la misma estratagema de McNamara con J. Edgar Hoover: «Es mejor tener al indio dentro de la tienda meando para afuera que tenerlo fuera meando hacia dentro». Es decir, propuso a Moll para un puesto en el Institut d’Estudis Catalans. Moll aceptó.

No es fácil caminar solo, y el menorquín carecía del coraje de su maestro Alcover. A partir de entonces, cuando tenía más motivos para defender las modalidades, viendo la actitud bunquerizada que se encontró en Barcelona, se pasó curiosamente al otro lado.

Consolidado como miembro del Politburó lingüístico, hizo méritos para aumentar galones en la polémica de Pep Gonella (1972), donde se mostró implacable con su contendiente, cuando realmente éste no cuestionaba la unidad del catalán ni, en su tercer y último artículo, difería de lo que en teoría defendía Moll. Y digo en teoría porque ya se vislumbraba ahí su doble discurso: hacer ver una cosa, pero promoviendo la otra por debajo de la mesa. Estrategia que prolongaron y enfatizaron sus discípulos en la UIB, como puede verse en Sa norma sagrada.
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Publicat a EL MUNDO/El Día de Baleares, es 4/4/2016.