El PP no ha tocado fondo en Baleares. A tenor del devastador sondeo publicado el domingo pasado en Última Hora, el PP no deja de perder apoyos electorales en favor de C’s, la misma tendencia que se observa en toda España. Según esta encuesta, el partido de Albert Rivera ya sería el primer partido en intención de voto directo de Baleares y, a un mes escaso de las generales, estaría en condiciones de disputar la hegemonía al PP y PSOE en las Islas. Mucho me temo que el giro “regionalista” –una etiqueta eufemística que no significa otra cosa que la genuflexión ante el catalanismo, en la línea de la cobarde Nuria Riera– que ha querido imprimir Vidal a su formación después del Waterloo del 24 de mayo está coadyuvando al nuevo descalabro que se avecina. Es cierto que en unas elecciones generales se vota en clave nacional. Ahora bien, la tendencia a la baja del principal partido en la oposición frente a un nefasto tercer Pacte de Progrés sólo se explica porque parte del electorado más fiel a los populares –esos que, en opinión de sus dirigentes, pueden ser traicionados sin temor ya que siempre les votarán– se esté marchando a C’s.
El PP balear leyó muy mal el resultado del 24-M al secundar la interpretación que más convenía a las terminales catalanistas, convencidas, por interés y narcisismo, que habían derrotado a Bauzá gracias al TIL y a su política lingüística. Puro reduccionismo voluntarista. Los jerifaltes populares se creyeron a pies juntillas los análisis interesados según los cuales el adversario a batir que les podía quitar votos era el PI de Jaume Font y no C’s de Xavier Pericay, al que menospreciaron al día siguiente. Nadie quiso ver que el PI apenas había sacado lo que en 2011 habían sacado Font y Convergència de Melià Jr. por separado, algo más de lo que venía sacando Munar con UM. Sin embargo, la solución para los “regionalistas” del PP para recuperar el voto perdido pasaba por acercarse ideológicamente al PI de Font, Pastor y Melià mientras C’s se los comía por los pies con un mensaje firme contra el nacionalismo adoptado por el tercer Pacte de Progrés. Miquel Vidal, ese hombre sin atributos, está llevando al PP hacia el despeñadero con el aplauso encendido de todo el catalanismo −que nunca va a votar al PP pero que necesita a un PP domesticado, servil y sumiso para seguir avanzando− que ve posibilidades de volver a hacerse con el control del todavía principal partido de Baleares y volver a los tiempos de paz lingüística y silencio de los corderos que caracterizaron las épocas de Gabriel Cañellas, Tòfol Soler, Tito Fiol y Jaume Matas. El Procés catalán ha abierto los ojos a todo el mundo que ya sabe a ciencia cierta qué se oculta detrás del catalanismo lingüístico y cultural, esta “política disfrazada de cultura”, como siempre ha reconocido la OCB. Y es que los proyectos “culturales” nunca son inocentes a largo plazo. Muchos ciudadanos ya no se resignan al mal menor que representaba el PP. Que Dios conserve la vista a sus dirigentes, que buena falta les hace.
Ordinalidad. Cladera y Armengol se están quedando sin argumentos para defender el supuesto agravio en financiación autonómica que sufrimos los ciudadanos de Baleares. La de Sa Pobla ha pasado de asegurar que “estábamos por debajo de la media” a decir que “estamos por debajo” sólo en “inversiones del Estado”, o sea, las que hace el Estado en Baleares a cargo de los Presupuestos Generales del Estado, un asunto que nada tiene que ver con el modelo de financiación autonómica. Por su parte, la inquera sigue insistiendo en que necesitamos una financiación “más justa” pero apenas bosqueja en qué consiste esta etérea justicia de la que habla. En una estupenda entrevista que le hace Miquel Payeras en la revista separatista El Temps, Armengol afirma que “algunas cláusulas” del sistema de financiación se han interpretado de tal modo que han perjudicado los intereses baleares. Algunas cláusulas… El tono de su discurso victimista, como vemos, ha bajado unos cuantos decibelios en cuanto le han puesto encima de la mesa los datos del Ministerio de Hacienda que sitúan en la media la financiación per cápita de Baleares. Sin embargo, la presidenta insiste en que “somos los peor financiados en Sanidad y Educación por persona” olvidando que, en última instancia, es la cámara balear la que decide, en los presupuestos autonómicos de cada año, donde se destinan los recursos de los que dispone, entre ellos los que llegan de la financiación autonómica. Armengol, además, se atreví a negar los datos anuales del Ministerio de Educación que ponen de manifiesto que el coste de la educación per cápita en Baleares –en la ratio de profesores por alumno, sin ir más lejos– está en la media nacional. Finalmente, Armengol se saca de la chistera el manoseado argumento de la “ordinalidad” que los catalanes han esgrimido durante lustros. “−No puede ser que seamos los terceros en aportar y los séptimos a la hora de recibir, esto es injusto”, se queja la presidenta. Armengol no entiende o no quiere entender que la solidaridad entre territorios es fruto de la solidaridad fiscal de los individuos y que no es ninguna anomalía que las familias, los barrios, las comarcas y las regiones con una mayor concentración de rentas altas y mayor crecimiento económico aporten más de lo que reciben. Algo que una socialdemócrata como ella ni siquiera debería cuestionar, habida cuenta de que la redistribución de la riqueza es la columna vertebral del socialismo. Armengol debería saber que en la trastienda del debate para cambiar el modelo de financiación los tiros no van por ahí sino en otra dirección. La solución que se está barajando parte de la premisa de que las autonomías deben ser mucho más corresponsables a la hora de recaudar los impuestos y se habla de cederles íntegramente un impuesto fuerte como el IRPF. Lo que se persigue es que, además de exclusivas centrales de gasto que es lo que son ahora, las comunidades autonómas sean también centrales de ingresos para que sus políticos paguen en las urnas su derroche y sus incumplimientos del déficit. De este modo, se terminaría con el cansino lloriqueo del “Madrid me mata” no sólo de las Islas, también del resto de comunidades que, al igual que nosotros, van “sobrados” de argumentos para quejarse de que no llegan a fin de mes.
Fuera del Ramón Llull. Una de las informaciones más relevantes que aparecen en la entrevista de Payeras a Armengol es que, contrariamente a todos los anuncios del Govern y de su consejera de Cultura, la menorquina Esperanza Camps, las Islas Baleares no se van a integrar finalmente en el Instituto Ramón Llull del bracito de Artur Mas y sus secuaces. Sabia decisión. Al parecer, el Govern balear ha dado marcha atrás en su pretensión original de incorporarse en el Llull para promover conjuntamente la cultura catalana en el exterior junto a la Generalidad separatista, más aislada que nunca. El Govern sólo “colaborará” con el Llull, nada más. A buen entendedor…

