Títeres del separatismo

Este martes nuestra cámara regional rechazaba una proposición no de ley de C’s en la que se defendía la Constitución, la unidad de España, el cumplimiento de la Ley y de las sentencias judiciales y la igualdad de todos los españoles ante la ley, amén de recordar que la soberanía nacional reside en todos y cada uno de los ciudadanos españoles, no sólo en una parte. La propuesta, impecable y oportuna, era rechazada por el PSIB, Més, PI y Podemos. Tenemos el dudoso honor de contar con el primer parlamento autonómico que vota en contra de una declaración antiseparatista que había corrido mejor suerte en el resto de cámaras regionales donde se había presentado. Los diputados que votaron en contra tal vez no sean conscientes de que lo son gracias a la legitimidad que les concede un marco autonómico y constitucional que Artur Mas y cía quieren destruir. La secesión de Cataluña afecta a toda España y por ende a nuestras islas, no es un tema de ámbito exclusivamente catalán ni tampoco “una obsesión personal” como le recriminaron a Xavier Pericay (C’s), en un ejercicio sumo de hipocresía por parte de quienes no tienen ni han tenido otro espejo en el que mirarse que Cataluña, a la que veneran. Nada, en efecto, nos lleva a pensar que el marco autonómico de la España que hoy conocemos vaya a ser el mismo si finalmente se consuma la secesión de Cataluña. Para más inri, de ahí el malestar que les producen estos debates a los catalanistas, nuestra relación con Cataluña es “especial”, que diría Armengol, puesto que los impulsores del Procés (Òmnium, CDC, CUP, ERC) nunca han renunciado a sus sueños imperiales de integrar a Baleares en la nación lingüística, cultural y política de los fantasmagóricos Países Catalanes.

En efecto, en las instancias oficiales de Cataluña y Baleares se tiene por una verdad indiscutible que formamos parte de la misma “nación lingüística, cultural e histórica”, de acuerdo con la divisa de la Europa de Hitler: una lengua, una cultura, un pueblo, una nación, un estado. El domingo pasado, coincidiendo con los comicios catalanes, se cumplían dos años exactamente (27-09-2013) de la aprobación por parte del Parlamento de Cataluña de una declaración que, además de reclamar por enésima vez la unidad del catalán, reconocía “els Països Catalans com una realitat cultural, lingüística i històrica compartida entre els seus diferents terrritoris, actualmente ubicats en diferents estats i en el cas de l’estat espanyol en diferents comunitats autonòmiques”. Quiero recordar que, como respuesta a esta injerencia,José Ramón Bauzá llevó el asunto al parlamento balear y que Més y PSIB no dudaron en asegurar que los “Països Catalans” sí existían, apoyando de este modo la declaración del parlamento catalán. Lo curioso fue que algunos periodistas se burlaron de Bauzá por llevar a la cámara balear este debate y no hicieran lo propio con sus homólogos de Cataluña. Más allá de su frivolidad, estos periodistas ya estaban ejerciendo con sus mofas de adormideras morales y cívicas al tachar de obsesionados con el pancatalanismo a los que alertábamos de su peligro. Eran los mismos que se reían del “España se rompe” aventado por algunos con total realismo, por cierto, como se ha terminado demostrando. Estas declaraciones de ambos parlamentos tenían un fondo político innegable y no eran comparables a discutir sobre la existencia de Dios, como alguien dijo también en otra desafortunada comparación, entre otras cosas porque, desgraciadamente, la identidad nos preocupa mucho más que la existencia del creador.

A la luz de todo ello y del debate del martes, queda claro que para los nacionalistas y los socialistas catalanes y baleares, la cultura y la historia (y la política, claro, que debe ponerse al servicio de todas ellas) son meras criadas al servicio del tótem de la lengua y la lengua, claro, es la nación. En consecuencia, si hay una comunidad autónoma afectada por lo que está ocurriendo en Cataluña esa es, indudablemente, Baleares. Lo saben aquí y al otro lado del charco, por mucho que lo quieran negar Xicu TarrésNel MartíDavid Abril o Melià Jr.

Yo entiendo que estas verdades pongan de los nervios a los colaboracionistas del Procés de Baleares que siempre han preferido la estrategia gradual de “fer i callar”. Mientras no deja de dar pasos para que la sociedad balear –sobre todo las nuevas generaciones– vaya tomando conciencia de su catalanidad, de la historia compartida con los catalanes y de los agravios de todo tipo que compartiríamos con nuestros hermanos de ultramar, con el horizonte siempre puesto en una unión fraternal con Cataluña que nos llevaría a la plenitud nacional, el catalanismo trata de no espantar a los ciudadanos, sobre todo el PSIB cuyos votantes, en buena medida, son peninsulares y ajenos por tanto a los delirios de sus dirigentes. De ahí su incomodidad cuando tienen que afrontar abiertamente estos debates. A menos que se vean obligados a hacerlo, prefieren no mojarse y presentar la restauración de las relaciones culturales con Cataluña, el pisoteo de los derechos de los castellanohablantes o la imposición del catalán central en IB3 como una enigmática “vuelta a la normalidad”. Como era de esperar, la intervención del ibicenco Xicu Tarrés (PSIB) del pasado martes fue un monumento a la doblez y a la equidistancia acostumbradas. Tarrés abogó por la “reforma federal” como el bálsamo de Fierabrás para apaciguar a la fiera separatista sin explicar en qué consiste este milagroso federalismo. Tarrés insinuó que este “federalismo” tal vez significara sólo sentarse a dialogar con los separatistas, como si el diálogo por el diálogo fuera la solución. Lo que quedó claro una vez más fue la indefinición del PSIB en cuanto al modelo territorial que llevan meneando desde tiempos de Rodríguez Zapatero con los resultados por todos conocidos.

El PSOE ha sido el principal responsable del avance del separatismo en Cataluña y en Baleares al dar carta de nobleza al nacionalismo. Por cálculo electoral –mal cálculo, realmente– y por las convicciones de dirigentes como Armengol, los socialistas se han situado en la equidistancia en su afán por presentar a los demás partidos como unos radicales y atraer así votos de unos y de otros. Su estrategia ha consistido en presentarse a sí mismos como el centro moderado entre los dos polos que encuadrarían a los nacionalistas catalanes (Més, CDC, ERC, CUP) de una parte y a los otros “nacionalistas” españoles (PP, UPyD, C’s, Vox) de otra. Más allá del escaso éxito en su empresa, esta traición a la idea de España al tratar del mismo modo –en el mejor de los casos– a los defensores de España y a sus enemigos ha sido letal para la unidad de la nación y clave para las aspiraciones de los nacionalistas. Sistemáticamente, los socialistas se han alineado con los nacionalistas a los que han dado cobertura institucional y propagandística, legitimando su discurso y entregándoles grandes parcelas de poder donde han hecho y deshecho a su antojo.

Simultáneamente, las terminales socialistas trataban de quitar hierro a los atropellos y avances de sus socios. Todavía me acuerdo de las chanzas que motivó el profético sonsonete del “España se rompe”. Unas burlas que, a modo de estupefaciente, contribuyeron al desarme moral de la nación. Nunca han trabajado para otra cosa.

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Article publicat a El Mundo-El Día de Baleares, es 3-10-2015.

Germà Gordó los retrata a todos

El escándalo suscitado por las declaraciones de Germà Gordó, nada menos que el actual consejero de Justicia de la Generalitat de Artur Mas, ofreciendo el pasaporte del nuevo estado catalán a los baleares y valencianos que así lo deseen, ha permitido conocer de primera mano la posición de cada partido en Baleares en relación a una cuestión, el gran tabú, que lleva revoloteando desde hace cuarenta años en Baleares sin que nadie quiera abordarla de cara. Suena a tautología recordar a estas alturas que la lengua catalana es el elemento central en torno al cual se quiere construir la nación catalana y, en consecuencia, el estado catalán. Es innegable a la vista del “Procés” iniciado en Cataluña, como lo es también en Valencia y Baleares donde sus colaboracionistas (Més, ERC, Compromís) llevan décadas cantando las excelencias de Cataluña y fomentando el odio a España y a sus símbolos nacionales, como la reciente ofensa al Ejército del alcalde de Manacor de Més, o la negativa de los diputados de Més a acudir a la audiencia del Rey en Marivent. Como muy bien apuntaba ayer en este periódico el candidato de C’s a las elecciones generales, Fernando Navarro, el nacionalismo catalán ha elegido la lengua como hecho diferencial para “diferenciarse” (en realidad, “ser superior a”, nadie se diferencia pera ser menos) de los demás como hubiera podido elegir el folklore, la raza o la etnia como cimiento para la construcción nacional de un estado independiente. De ahí que para el nacionalismo la lengua sea la patria y la patria la lengua. El sintagma “lengua nacional” al que abogan sistemáticamente intelectuales nacionalistas como Gabriel Bibiloni, Jaume Corbera, Bernat Joan o Damià Pons es un concepto definitivo que equipara lengua a nación y nación a lengua. Un estado independiente es la condición sine qua non para que el catalán sobreviva como idioma. Y el idioma, claro, es la clave de bóveda sobre la que se asienta la construcción de un estado soberano. En definitiva, la lengua es la nación y la nación es la lengua.

En Baleares y Valencia, debido a la mayor debilidad del catalanismo, la política (la construcción nacional) se ha tenido que disfrazar de actividades culturales y de promociones lingüísticas para crecer. En Cataluña, si bien durante décadas se siguió el mismo patrón, el sentimiento de formar parte a una nación lingüística como tal ya había alcanzado tal grado madurez que sólo faltaba su culminación: el estado nacional. Hay que ser muy ingenuos para creerse las declaraciones de David Abril, el portavoz de las camisetas de colorines de Més, afirmando que su formación está de acuerdo con el concepto de nación lingüística y cultural de los Països Catalans –algo que todos ya sabíamos– pero no, en cambio, con la creación de un nuevo estado independiente, asociado de algún modo a la nueva Cataluña en ciernes. Més abogaría así por una especie de “coitus interruptus”, o sea, alimentar entre su militancia el separatismo y, a la hora de la verdad, cortar en seco la culminación del acto prohibido, con la frustración que se generaría entre su electorado. Ahora mismo, Més debería estar destapando botellas de cava catalán a todas horas después de la proposición de Gordó de otorgar el carné catalán a los baleares más “conscientes y avanzados”, no en vano esto es lo que han venido reclamando sus bases más conscientes y los intelectuales antes referidos. Si algo no han perdonado nunca los Bibiloni, Corbera y Bernat Joan a Jordi Pujol (y a su partido, CDC) ha sido que Cataluña abandonara a los baleares a su suerte, al menos a los catalanes de Mallorca más conscientes. ¿De qué se quejan ahora?

Otra que ha quedado bien retratada ha sido Francina Armengol cuya primera obligación, como presidenta de Baleares, es defender a los baleares de estas injerencias y a las instituciones que ella misma representa. A diferencia de los presidentes socialistas de Aragón y Valencia que sí han rechazado con rotundidad los humores imperialistas de Gordó, Armengol ha querido quitar hierro al asunto, dejándolo en un “debate estéril” con claras “intenciones electoralistas” (lo que indica reconocer que entre los principatinos, la idea de los Països Catalans vende, lo cual es más preocupante todavía) y que ella, en un ejercicio de responsabilidad, no quiere entrar en un “debate que quieren calentar los nacionalistas españoles y nacionalistas catalanes”. La inquera se metamorfosea y se pone ahora el traje de “no nacionalista” mientras, simultáneamente, recurre a uno de los argumentos más manidos y socorridos del nacionalismo catalán: acusar al contrincante del “nacionalista español”. Y tú más. Armengol debería saber que el nacionalismo, por definición, es un movimiento de aquellos que aspiran a tener una nación o a engrandecerla geográficamente. No es el caso de los españoles que, afortunadamente, ya tenemos una nación y no albergamos ninguna pretensión de devolver a España territorios que, como Sudamérica o las Filipinas, sí fueron españoles durante siglos. ¿Qué sentido tiene que los españoles seamos nacionalistas irredentos? La pusilanimidad y el servilismo de Armengol se explican no tanto por sus pactos con Més como por su catalanismo del que nunca ha abjurado.

Tampoco el PI de Jaume Font, otro partido catalanista que vende regionalismo a los incautos, ha salido a decir esta boca es mía. Tampoco el PP, que lleva tres meses de vacaciones y lamiéndose las heridas, ha salido a la palestra para cantar las cuarenta a Gordó. Intuyo que este silencio clamoroso se debe a que la formación conservadora ha interiorizado que su derrota electoral fue producto de las políticas lingüísticas de Bauzá. El PP balear, una formación tradicionalmente desnortada, cobarde e indigente, debe ser el único partido en el mundo que se cree lo que sus adversarios dicen de él. Los pobres sólo aspiran a hacerse perdonar.

En tres meses el PP ha callado como un muerto en todos y cada uno de los anuncios que ha hecho el Govern para “volver a la normalidad” de la tiranía lingüística que nos amenaza de nuevo. El PP quiere evitar hablar de lengua a toda costa en su afán por regresar a los felices tiempos de los infaustos Tòfol Soler, Bartomeu Rotger, Jaume Matas y Manuel Ferrer Massanet, cuando prepararon toda la infraestructura jurídica y administrativa para el asalto del catalanismo en Baleares, sucumbiendo a las insistentes demandas de la OCB y del departamento de filología catalana de la UIB. Ni siquiera esta cuadrilla de ineptos con sentimiento de culpa supieron hacer lo que valencianos y principatinos estaban haciendo por aquel entonces en sus medios audiovisuales como Canal 9, TV3 o Catalunya Ràdio: crear un estándar regional (valenciano, barcelonés) adaptado al modo de hablar mayoritario de sus hablantesrespectivos al rebufo de la modernización que se estaba acometiendo entonces de la lengua literaria fabriana, un modelo anquilosado desde los años treinta. Ni siquiera los populares supieron abordar en Baleares este impulso de reestandarización para acercar el estándar a la lengua viva de la calle. Ni eso. Gracias a su entreguismo, indigencia e innata cobardía, los baleares nos hemos tenido que tragar el estándar regional (acastellanado y localista de Barcelona, según el propio Corbera) que nos venía de Barcelona. El PP ha sido el máximo responsable del arrinconamiento de las modalidades insulares que, al menos de boquilla, habían defendido durante el debate estatutario (1983) y la ley de normalización (1986), traicionando así a sus votantes que nunca han entendido las rídiculas pretensiones catalanistas de sus dirigentes. Nunca se lo agradeceremos demasiado.

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Publicat a El Mundo-El Día de Baleares, es 29-8-2015.

Sa Fundació Jaume III demanarà a José Hila que Cort usi un estàndar molt més acostat a lo que xerren es ciutadans de Palma

Cort, una institució gens respectuosa amb sa modalitat insular de Mallorca– Demà dilluns, 31 d’agost, a les 12:00h, a Cort

Una delegació de sa Fundació Jaume III se reunirà demà dilluns a les 12:00a Cort amb José Hilabatle de s’Ajuntament de Palma. Aquesta reunió forma part de sa ronda de reunions que sa nostra fundació té previstes fer amb sos nous representants de ses principals institucions balears sortits des resultats electorals des passat 24 de maig.

Sa nostra fundació creu que s’Ajuntament de Palma té tendència a no respectar ses nostres modalitats insulars reconegudes a s’Estatut en tot lo que se refereix a ses comunicacions visuals (cartelleria, noms des carrers) i escrites (models de sol·licitud, instàncies…) dirigides an es ciutadans. També demanarem a José Hila que faci passes perquè a s’aeroport de Palma se balearisin es cartells que avui en dia estan en barceloní

No parlam només d’usar s’article baleàric –al qual se sol reduir erròniament i interessadament sa nostra proposta lingüística– sinó de lèxic, morfologia verbal i estructures sintàctiques barcelonines que suplanten lèxic, morfologia verbal i sintaxi ben mallorquins i totalment admesos per sa normativa. En resum, es català de Cort que podem trobar a Palma és exactament es mateix que podem trobar a Manresa. Ni més ni pus.

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Els adjuntam abaix també una sèrie d’exemples d’aquesta falta de sensibilitat cap a sa modalitat mallorquina.

Els posam una sèrie d’exemples (ses imatges en format jpeg les poden trobar a sa nostra web a Filologia>Catalanadesque posen en evidència com es tècnics lingüístics de Cort adesiara s’estimen més usar lèxici morfologia bacelonins que mallorquins, encara que aquestdarrers siguin totalment admesos pes diccionari normatiu de s’Institut d’Estudis Catalans.

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Exemples:

1. Espereu. Premeu [el botó]. En mallorquí hauria de ser: Esperau. Pitjau (Semàfors)

2. Paper i cartró. En mallorquí hauria de ser: Paper i cartó (EMAYA)

3. Si us plau, introdueixi el tiquet. Hauria de ser: Per favor, introduesqui es tiquet (aparcaments de sa Plaça Major)

4. Estem millorant la nostra ciutat. Disculpin les molèsties. Hauria de ser: Milloram sa nostra ciutat. Disculpin ses molèsties. (EMAYA)

5. Espanya, el país que portes dins. Vine de vacances al país que creus conèixer. Hauria de ser: Espanya, es país que dus dedins. Vine de vacacions en es país que te penses que coneixes(AENA. Aeroport de Son Sant Joan)

Ninguneo al Parlament

En un franco rechazo a la voluntad expresada por la misma cámara balear que la invistió hace unos meses presidenta balear, Francina Armengol (19% de los votos en Mallorca) se niega de momento a destituir de sus cargos a Juli Fuster –el maridísimo de la consejera de Salud– y a Pau Thomás, el hijo del otrora consejero de Salud, Vicenç Thomàs. Sólo desde el autoritarismo puede entenderse tamaña cerrazón en una Armengol que se ha mostrado infatigable en la oposición a la hora de reivindicar una mayor dignificación del Parlament y que, ahora en el Govern, se pasa por el forro sus dictados. La cámara autonómica tiene dos funciones primordiales: legislar y controlar al Govern. El control se ejerce mediante interpelaciones al conseller de turno, preguntas al Govern y la presentación de mociones y proposiciones no de ley que tratan de marcary orientar las políticas del ejecutivo. Al aprobarse una de estas propuestas, el Govern está obligado a obedecer el mandato de los diputados. Si no lo hace, a los seis meses el ejecutivo debe explicar por qué no lo ha hecho. Naturalmente, uno puede agarrarse a la letra del reglamento de la cámara para dejar pasar el tiempo y no hacer nada. Ésta parece la opción elegida por el Govern de PSIB y Més. Sin embargo, esto dice muy poco a favor de su talante democrático, máxime cuando todavía recordamos los gemidos de los socialistas porque el PP “ignoraba el Parlament” o el juramento del cargo por “imperativo legal” de los diputados de Més, sugiriendo tácitamente que la ley –o sea, el reglamento al que ahora se aferran desesperadamente para no obedecer a la cámara– no siempre es sinónimo de ética y justicia. Tampoco coadyuva a dar lustre al legislativo que una nerviosa Armengol regañe a Xavier Pericay y le diga qué debe preguntarle y cuáles deben ser sus desvelos como diputado. La presidenta debería recordar que su función es ahora rendir cuentas y no controlar al adversario. Debe responder, no preguntar. Tampoco dignifica la cámara el lenguaje de matón que utiliza un asilvestrado Carlos Saura (Podemos) cuando se refiere al PP como “mafia calabresa” o “sindicato del crimen”. Saura debería ser amonestado. Ni tampoco que la apparatchik Pilar Costa se refiera al PP como “el partido más corrupto de la historia”, pasando por alto los regímenes comunistas y bolivarianos en los que se miran sus todavía socios de Podemos, por no hablar de la corrupción de su propio partido en otras latitudes. A las primeras de cambio observamos que el “nuevo tiempo político” que algunos anunciaron tampoco ha contribuido a la tan cacareada regeneración del poder legislativo. Como diría Miquel Payeras, otra utopía desvanecida.

La moralina de Ros. A estas alturas no me sorprende tanto la cara de cemento armado de Armengol como los periodistas de cámara que le bailan el agua. El Ara Balears se burlaba el otro día del diputado popular, Antoni Gómez, por preguntarle al Govern si todavía percibía dietas por asistir a los plenos, a lo que el vicepresidente Biel Barceló contestó que no, dejando al de Escorca sin palabra. Tres días después hemos sabido que Barceló mintió en sede parlamentaria ya que todavía no había renunciado oficialmente a ellas y que Armengol quiere seguir cobrándolas. Medias verdades, hipocresía al por mayor y politiquería de la peor ralea. La misma que practica Cristina Ros, la directora de Ara Balears, que se pasea por los platós de televisión regañando a Podemos de que los trapos sucios del Pacte hay que lavarlos en casa y no exteriorizarlos y que, ante el nepotismo del PSIB, lo que toca es callar en público para no engordar al contrario y debilitar al Govern.

Lo sustancial del discurso. Resulta preocupante que las críticas a las famosas declaraciones de Miquel Ensenyat se hayan centrado únicamente en las formas –sus ataques a los extremeños y a los “pobres y miserables” escandinavos– y no en el fondo: la infrafinanciación de Baleares. ¿Será verdad que Ensenyat tiene razón en lo sustancial? Algunos creen que el presidente del Consell de Mallorca (apenas un 17% de los votos en la isla) ha dicho lo que todo el mundo piensa en privado pero que nadie se atreve a decir en público.Si así fuera se trataría de un fracaso en toda regla de PP y PSOE y un éxito indudable del separatismo que por fin habrían logrado inocular la consigna mágica del “Madrid mos roba” entre amplias capas de la población, precisamente cuando Baleares está mejor financiada que nunca. Ahí está Miquel Ramis, el diputado del PP en Madrid, reconociendo que le gustaría tener un grupo propio en las Cortes, unas intenciones que dejan bien a las claras que sus años de diputado nacional en la Carrera de San Jerónimo no le han servido para saber interpretar correctamente una balanza fiscal o conocer de primera mano las mejoras que han supuesto para Baleares los sucesivos modelos de financiación. Ramis es la viva imagen del PP balear, una formación despistada que ha terminado asumiendo el falso victimismo de Més y ERC.

El fracaso de los Perelló. Miquel Perelló (Més) es un maestro de escuela que ahora ejerce de concejal de Cultura, Memoria Histórica y Política Lingüística de Cort. Perelló es noticia estos días porque tiene entre ceja y ceja derribar el monumento de Sa Feixina sufragado por las familias de las 800 víctimas del crucero Baleares. Pues bien, el otro día regañó a los concejales de la corporación municipal pidiéndoles que hablaran en catalán en sus intervenciones plenarias para dar ejemplo. Perelló es coherente. Un equipo municipal que prohíbe el castellano en los premios Ciutat de Palma y que toma la decisión de dirigirse como norma general a los palmesanos en catalán salvo indicación expresa de los interesados tiene que dar ejemplo si quiere ser coherente con sus decisiones. Lo que no puede ser es predicar una cosa y hacer la contraria. Los ciudadanos están hartos de imposiciones –ahí está Armengol salando en sus declaraciones públicas mientras prohíbe salar a los locutores de los informativos de IB3– que luego los políticos se saltan a la torera. Con todo, lo que refleja en el fondo la dramática petición de Perelló es el proceso de latinización del mallorquín en Palma. Y la corporación no es más que un reflejo de la realidad de la calle. Mientras el catalán se ha convertido en la lengua del poder y del mundo oficial, el mallorquín se oye cada vez menos en las calles de Palma, no digamos ya entre las jóvenes generaciones. Basta darse un rodeo por cualquier colegio y percatarse de la lengua de relación de nuestros niños, adolescentes y jóvenes. Los Perelló tienen la batalla perdida. Los catalanistas creen que su fracaso se debe a que la normalización lingüística no ha sido lo suficiente intensa y que, por tanto, la solución pasa por más imposición. Ni siquiera se plantean erroresen los modos de aplicaruna ley de normalización que, en treinta años, nos ha llevado a un uso residual del mallorquín, menorquín e ibicenco. Según el último informe estadístico bendecido por la UIB, los baleares que usan la lengua autóctona apenas rondan ya el 35% de la población y en franca recesión (hace diez años era un 45%). El catalanismo puede presumir de controlar todas las esferas de influencia y de poder pero su programa a largo plazo ha sido un rotundo fracaso. No cabe esperar ninguna reflexión entre los habituados a la irreflexión, a la repetición de consignas, a la soberbia dogmática de los que se creen elegidos por la gracia de la “cultura, la ciencia y el saber” y a creerse que la suerte de las lenguas depende sólo del poder político y de sus políticas lingüísticas. No entienden nada. Es la sociedad balear la que les ha dado la espalda.

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Publicat a El Mundo-El Día de Baleares, es 26-9-2015.

Ramon Llull y Farragut són cultura menorquina

Que vayan por delante estas líneas como homenaje a dos grandes exponentes de nuestra cultura balear: el sabio mestre il•luminat Ramon Llull, del cual este año 2015 se conmemora el 700 aniversario de su muerte, y el histórico primer almirante de la marina nortemericana e hijo ilustre de Ciutadella, David G. Farragut, hijo del menorquín Jordi Ferragut, que el viernes pasado cumplía 145 años desde su fallecimiento. Parece ser que los astros del pancatalanismo se alinearon este 2015 para cometer un doble robatorum, una vez más, a la cultura propia de las Baleares. Recordarán que hace justo un año, Foment Cultural de Menorca y Club Nàutic de Ciutadella denunciabamos y pedíamos a las autoridades menorquinas que reaccionaran ante la usurpación de nuestro Almirant Farragut —sí, Almirant en menorquín y no “Almirall” en catalán; tal como firmaba también el mallorquín Cristòfol Colom— por parte de una fundación impulsada por la Generalitat de Catalunya en los Estados Unidos. Y nuestras instituciones, mientras tanto, sumisas y orgullosas de ser partícipes de este bochornoso despropósito, alardeando de colaboración con una Generalitat de Catalunya que pretende “desconectarse de España” en menos de un mes o pidiendo el reingreso al Institut Ramon Llull —del que lo único que deberían pedir es su abolición al ser dicho personaje propio de Baleares y no de Cataluña—, y aquí todo el mundo como si nada.

Es muy triste que el 700 aniversario de Ramon Llull y el 145 de la muerte de David G. Farragut hayan pasado desapercibido en Menorca. El catalanismo tan solo recurre a estas figuras para atribuirles una falsa catalanidad, pero nunca para exaltarlos como personajes célebres de nuestra tierra, qué curioso. Les recomiendo el brillante artículo Ramon Llull, defensor des Regne, de mi amigo e historiador Mateu Cañellas Taberner. Saca a la luz dos verdades como puños sobre la vida de Ramon Llull y que todos los baleares deberíamos conocer: “En plena commemoració des 700 anys des naixement d’en Ramon Llull —màxim exponent de sa cultura balear—, es catalanisme s’encarrega d’amagar aquells aspectes de sa seva vida i obra que són contraris a sa seva doctrina, com són: a) en Llull mai va anomenar sa seva llengua com a “catalana” i b) sa seva oposició frontal a s’ocupació aragonesa des Regne de Mallorca”.

¿Será demasiado pedir a nuestros gobernantes que rectifiquen y que, independientemente de su ideología nacionalista, celebren algún acto en Menorca en honor a Ramon Llull y David G. Farragut? No parece estar por la labor Miquel Àngel Maria, Conseller de Cultura del CIMe, quien está más preocupado buscando el santo grial de les quatre barres en el Castillo de Santa Àgueda para justificar que Menorca es catalana, tergiversando así el escudo de Alfonso III de Aragón, lo que le ha generado una polémica y un ridículo en las redes sociales que se ha ganado a pulso. Veritas in simplice, estimat conseller: som menorquins.

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Publicat en es Diari de Menorca, es 21-8-2015.

El déficit lo pagamos nosotros

El Govern de Baleares ha decidido un año más incumplir el objetivo del déficit previsto para el 2015. Si en 2014 el “neoliberal” y “austero” José Ramón Bauzá lo dejó en un 1,7% cuando estaba obligado a dejarlo en el 1%, Armengol no le anda a la zaga y lo va a dejar en un 1,5% cuando debía dejarlo en el 0,7%. Es cierto que en defensa de la socialista hay que decir que los presupuestos de 2015 los aprobó un Bauzá que en julio se había fundido más del 1% de déficit, superando en apenas medio año lo permitido para todo el año (0,7%). En lugar de apretarse el cinturón en lo que queda de ejercicio para tratar de aproximarse al objetivo del 0,7%, Armengol ha decidido sumarle casi medio punto más, anunciando que lo dejará en el 1,5% o más. Estamos en manos de unos manirrotos que no dudan en perjudicarnos a todos a cambio de sus intereses electorales.

Armengol, Cladera y Carrió deberían meterse en sus lindas cabecitas que el déficit no es ningún derecho para gastar más. Cuando se van a Madrid a mendigar medio punto más de déficit, o cuando aquí deciden aumentarlo con la excusa de que el anterior Govern no les ha dejado margen de maniobra, los ciudadanos no deberían olvidar que el déficit no lo acaba pagando Rajoy, ni el resto de españoles, ni tampoco Armengol. El déficit lo terminamos pagando todos nosotros, los baleares, contribuyendo a disparar nuestra deuda autonómica que ya debe rozar los 9.000 millones de euros, la tercera parte, aproximadamente, de toda la riqueza que generan nuestras islas en un año. Y que engrosar la bola de nieve de la deuda significa que en los próximos presupuestos tendremos que pagar más para amortizar deuda y pagar intereses mientras contamos con menos dinero para educación, sanidad y servicios sociales. Afirmar que no se pueden recortar más los derechos sociales de lo que ya se han recortado no es ninguna razón de peso para alargar el déficit. Sabemos que los políticos siempre encuentran grandes razones para disparar con pólvora de rey, aunque sea para reabrir inútiles organismos una vez pagado el coste político de haberlos eliminado, como el Consell Econòmic i Social (CES), el Consell de Joventut –una cantera de políticos, activistas y sindicalistas– o el Consell Social de la Llengua Catalana, un organismo en manos de catalanistas exaltados a los que vuelve locos elaborar planes de normalización lingüística meticulosos y exhaustivos con miles de acciones sobre cómo volver a una supuesta “normalidad” lingüística que nunca ha existido ni existirá jamás.

Repensar MallorcaLos nacionalistas de Més han entrado en las instituciones como un elefante en una cristalería de BohemiaAyunos de un programa realizable, alegran a su ideologizada parroquia denigrando los símbolos las normas vigentes y haciendo gestos teatrales. No dan más de sí. Miquel Ensenyat, presidente del Consell de Mallorca, no ha tenido otra ocurrencia que anunciar una campaña de participación ciudadana para cambiar la fecha de la Diada de Mallorca. Ensenyat afirma que el 12 de septiembre “no ha arraigado”, entre otros motivos porque su elección fue “política”, dando alas a la pretensión de la OCB y de Última Hora de trasladarla al 31 de diciembre, el año cero según nuestros catalanistas, cuando recibimos las aguas lustrales del bautismo e ingresamos en la gran familia catalanaSe trata de una reclamación histórica del PSM que los partidos con representación en el Consell han venido rechazando hasta ahora. Mientras que el 31 de diciembre de 1229 conmemora una auténtica carnicería a manos de las huestes del rey de Aragón, el 12 de septiembre de 1276 evoca la carta de libertades –una especie de carta  protoconstitucional en la medida en que acota los abusos del poder real y establece los “derechos” de sus súbditos– que concede Jaime II a los mallorquines, una efeméride más civilizada y sin lugar a dudas más pacífica que la conquista cristiana de 1229Causa estupor el doble rasero del catalanismo: mientras los catalanes reclaman el derecho a decidir su futuro impugnando si es necesario todos los avatares históricos que han vivido, los mallorquines nos vemosobligados a ser catalanespor una especie de ley histórica –inalterable, inexorable, eterna– que comenzaría en 1229 y que nos determinaría por completo más allá de nuestra voluntad. Ensenyat debería recordar que, aunque sustentados por un sustrato histórico del que después los legisladores cogen y rechazan lo que quieren, todos los símbolos de un territorio son el resultado de decisiones políticas. Lo es el nombre de la lengua, no digamos ya su modelo estándar–la “tradición literaria autóctona, según la ley de normalización–, lo es la bandera, lo es el escudo, lo es la fecha de la Diada. Y lo es, cuidado, el propio Consell de Mallorca que preside Ensenyat, una institución que nos hemos tenido que comer con patatas porque así lo han querido nuestros políticos a pesar de su proverbial ineficiencia, corrupción y falta de arraigo entre los mallorquines. Sí, falta de arraigo. Y si este es el criterio a tener en cuenta, tal vez deberíamos empezar por eliminar el Consell traspasando todas sus competencias al Govern. No perderíamos nada.

Pirómanos y bomberos. Otra que ha entrado como elefante en una cacharrería ha sido la alcaldesa de Ciutadella, la pesemera Joana Gomila. Esta maestra de catalán** ya ha anunciado que en la llamada “Processó des Tres Tocs” que se celebra por San Antonio (17 de enero) no se interpretará el himno español tal como se venía haciendo hasta ahora. Lo curioso de Gomila no es el adanismo de los que creen estar en posesión de la verdad mientras tratan de esculpir desde el poder un modelo de sociedad que se amolde a sus ideas, sino el hecho de que, como respuesta a las lógicas críticas por el quebranto de dicha convención, diga que “no vamos a hacer de eso un problema”. ¿Quién ha hecho de eso un problema? ¿Ella o los que han protestado? Estos maestros del PSM están tan convencidos de que son los ungidos que el pueblo esperaba para su salvación que tratan a los ciudadanos que no son de su cuerda como si fueran estudiantes, acusando a los demás de lo que hacen ellos: crear problemas donde no los había. Se trata de una variante de esta “vuelta a la normalidad” a la que no dejan de apelar socialistas y nacionalistas para justificar todas sus decisiones de carácter lingüístico, como si ellos personificaran de pronto la “normalidad” –social, histórica– cuando se han pasado toda la vida defendiendo todo lo contrario: el derecho de las minorías a disentir contra las normas. Otra vez el doble rasero. Definitivamente, los resultados del pasado 24-M les han subido a la cabeza.

**Se trata de un error. En realidad, Joana Gomila es profesora de matemáticas, no de catalán.

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Publicat a El Mundo-El Día de Baleares, es 22-8-2015.

Las diadas

Supongo que todos los pueblos han de tener (quizá por inercia o mercantilismo, por suscripción popular o sólo por presumir de afinidades) sus propias celebraciones y efemérides, su íntima dosis de autoafirmación más o menos orgiástica, oficial y hasta histórica, su personal e intransferible catarsis, su colmena enmarañada de símbolos, su colección atmosférica de himnos triunfales, sus refulgentes joyas de la corona, su teatro medieval (o postmoderno) del horror y su libro abierto de las vanidades.

Toda esta sucesión de síntomas no debe alarmarnos, porque no deja de ser un apunte del natural, una inocente extrapolación de lo que sucede cada año, el 12 de septiembre o el 31 de diciembre, cuando a unos o a otros les da por acordarse de Jaume II, su carta de franquicias y privilegios del Reino de Mallorca, en el primer caso, y la hiperbólica introducción de la lengua catalana y sus infecciones colaterales, en el segundo caso. La isla, al fondo, sigue palpitando su calma o bullicio ancestral, su apatía o discreción, su mirar de cerca como si fuera de lejos. O viceversa.

Se trata, pues, de ajustar la mirada sobre las razones que mueven al econacionalista (o así) Miquel Ensenyat, presidente del CIM, a impulsar campañas ciudadanas como Repensar Mallorca en pro de la diada catalanista y del propio Consell. Como era de prever, las consultas formalmente asamblearias acaban convirtiéndose, siempre, en el mejor cauce de la manipulación ideológica. Hace siglos que no celebro diada alguna y así va a seguir siendo.

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Publicat a El Mundo-El Día de Baleares, es 18-8-2015.

Madrid como disfraz de la futilidad

Francina Armengol ha elegido el recurso de la confrontación con el Gobierno de Mariano Rajoy como estrategia políticaEs verdad que a estas alturas resulta cansino el sonsonete del “Madrid me mata”, pero hasta cierto punto es lógico dadas las circunstancias políticas y personales de la presidentaArmengol ha ejercido siempre de opositora y ni siquiera presidiendo el Govern puede dejar de obrar como lo que es. Por otra parte, su educación sentimental es la propia de una nacionalista en cuyos grupúsculos y capillitas militó antes de enrolarse en las filas del socialismo español, siguiendo la trayectoria de su padre. Armengol es una nacionalista de corazón que ha tenido que moderarse a la fuerza para aspirar a dirigir el PSIB, transformándolo en la medida de sus posibilidades en una formación que no le hace ascos al nacionalismo. Lo demuestra su complejo de inferioridad frente a los nacionalistas a los que considera sangre de su sangre.

Por si fuera poco, la falta de un programa de gobierno digno de este nombre –como se visualizó en el debate de investidura– y su más que probable incompetencia en la gestión no le dan otra opción que envolverse en la bandera del agravio territorialEl “Madrid me mata” siempre ha sido un magnífico disfraz para camuflar la futilidad que siempre ha caracterizado a la izquierda cuando ha gobernado estas islasArmengol quiere salvar el pequeño comercio de la “deslealtad traicionera” de Madrid, quiere gastar más de lo que le permite Madrid, quiere mejorar el “injusto” modelo de financiación negociado por Rodríguez Zapatero y Carlos Manera, quiere minimizar los efectos de una ley educativa que Madrid le obliga a aplicarreclama 1.300 millones de euros de unas inversiones estatutarias que se saca de la manga y que le habría negado Madrid, se lamenta la pobre de que Rajoy no tenga “una hora” para reunirse con ella. Cualquier circunstancia sirve para arremeter y quejarse de Madrid, el gran Satán. “Madrid no nos da ni agua”, brama Catalina Cladera. El problema de fondo de la izquierda balear es que nunca ha tenido programa alguno salvo el desalojo del PP de las instituciones, de ahí que buena parte de sus medidas sean reactivas contra todo lo realizado por este partido. No son capaces de hacer nada en positivo que dependa de su buen hacer, de sus propias ideas y de su propia capacidad de gestión, su genio es puramente destructivo. Sólo saben gobernar a la contra.

La equidistancia de ArmengolEn declaraciones a Europa Press, Armengol ha afirmado que el “el independentismo es simplemente un sueño”. Habrá querido decir que la “independencia es un sueño”, entendido como algo que carece de realidad y fundamento, sin posibilidades de consumarse. Porque el independentismo, con el que simpatizó de joven la inquera, no es ningún sueño, es una realidad palpable a poco que se dé una vuelta por Cataluña o eche una ojeada a sus socios de Més. En la entrevista a Europa Press, Armengol no expresa ningún rechazo moral, ético, cívico o democrático al independentismo como principio, sencillamente se limita a constatar sus escasas probabilidades de que triunfe. Por eso, se aparta de él con la dosis de realismo que se espera de una secretaria general regional de un partido tan español como el PSOE. El subconsciente le vuelve a traicionar en la entrevista cuando se sitúa en la equidistancia entre Rajoy y Artur Mas, como si el gallego tuviera en buena parte la culpa de los delirios de Mas. “Los dos gobiernos han preferido la bronca al acuerdo”, afirma Armengol, responsabilizando a Rajoy de lo ocurrido en Cataluña no por omisión sino por ¡exceso de acción! Por ser demasiado bronco. Finalmente, la de Inca defiende la incorporación de Baleares al Instituto Ramón Llull para ir de la mano de la sediciosa Generalitat porque “Baleares tiene una relación especial por cuestiones lingüísticas, históricas e identitarias”. Identitarias, nada menos. Y achaca al PP que “olvide estas cuestiones”. Para la inquera, aliarse con el gobierno de una región que se quiere “desconectar” de España en dos meses y que no tiene otra pretensión que quebrantar el marco constitucional y autonómico bajo cuyo paraguas ella es presidenta balear es tener un sentido “institucional” del que carece el PP. Y hacerlo, además, mediante alianzas lingüísticas y culturales cuando la lengua, precisamente, está al servicio del proceso separatista, le parece de lo más oportuno. cuando ni los separatistas de allá (ERC, CUP, parte de CDC) ni sus quintacolumnistas de acá (ERC, Més, Guanyem) han renunciado al proyecto pancatalanista que nos engloba a baleares y valencianos de acuerdo con la divisa “una lengua, una nación, un estado”. Para Armengol, nuesta integración al Llull viene a ser otra vuelta a la normalidad tras el estado de excepción de Bauzá. ¿Normalidad? Será la normalidad de alguien que en el fondo de su alma nunca ha dejado de ser una nacionalista que sigue creyendo en los Países Catalanes aunque admita la enorme dificultad de la empresa. Ahora bien, compromiso emocional contra el separatismo, ninguno.

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Publicat a El Mundo-El Día de Baleares, es 8-8-2015.

Es fracàs de s’estàndar de sa UIB

Fa estona que es concepte de llengua estàndar va deixar de ser equivalent a llengua literària (escrita, de “littera”: lletra). Amb s’irrupció des medis audiovisuals de masses, es paradigma de sa formalitat va deixar de ser sa literatura per deixar pas a s’oralitat. Com ha dit Màrius Serra, es medis de comunicació s’han convertit en “el primer aparador d’una llengua” que “ha arrabassat la centralitat social a la literatura”, un àmbit on se percep millor que des des cenacles acadèmics i de ses capelletes literàries quina és sa salut real de sa llengua i si es parlant se sent part o no des seu ús. Una evolució conceptual, emperò, que molts encara no han digerit. Per posar un exemple que mos toca de ben a prop, amb s’intenció de rebutjar s’ús de s’article baleàric en ets informatius d’IB3, encara l’any passat es nostros filòlegs de sa UIB mos entimaven sa “tradició literària” de s’arxipèlag com a principal motiu per oposar-s’hi. Com recorda Albert Pla Nualart, es cap des correctors des diari Ara, “sembla que alguns quan parlen d’estàndar encara estan pensant en la llengua literària. L’estàndar és avui sobretot oral i hi dominen els continguts informals i espontanis”

¿Què volem dir quan deim que s’estàndar de sa UIB ha fracassat? Volem dir que es model lingüístic que va proposar fa uns anys sa UIB relatiu a s’oralitat espontània per usos formals ha fracassat totalment. Senzillament, ningú l’usa, llevat que se reciti un text escrit en català estàndar. O sigui, que ningú l’utilisa quan ha d’improvisar. Hi ha diputats autonòmics que, quan reciten un text que duen preparat, ho fan en estàndar i amb s’article literari. Però a sa rèplica i a sa contrarèplica, quan no poden recórrer a cap text escrit, o sigui, quan no poden llegir i han d’improvisar, xerren en mallorquí i usen s’article salat. Lo mateix passa a missa: quan es capellà llegeix sa litúrgia ho fa en estàndar, però quan fa es sermó el fa en bon mallorquí… ¡i salant, clar! Lo mateix fan es professors quan fan classe, es periodistes quan participen a una conferència, a una taula redona o a una tertúlia. En una paraula, se sol respectar s’estàndar escrit però no s’oral. ¿Per què? Perquè lo natural és lo que acaba sortint quan xerram de forma espontània, perquè tothom sap que s’ús des mallorquí (menorquí i eivissenc) és perfectament apte dins un àmbit com són ses Illes Balears i perquè ningú veu sa necessitat de xerrar un estàndar que sa majoria veu com a postís, pedant i artificial.

Que hagi fracassat s’estàndar oral se constata de ses expectatives que tenien es filòlegs de sa UIB. L’any 1999 publicaren dos llibres de referència relatius an es model de llengua culta que, segons ells, s’havia d’utilisar a Balears: La llengua catalana a Mallorca. Propostes per a l’ús públic (Antoni I. Alomar, G. Bibiloni, J. Corbera, J. Melià) i Proposta de model de llengua per a l’escola de les Illes Balears (Antoni I. Alomar, J. Melià). Es dos llibres deixaven ben clar a qui anava dirigida sa seva proposta: “Els destinataris principals [de La llengua catalana…] són les persones que per la seva professió o activitat fan habitualment actes de parla en àmbits públics, com mitjans de comunicació, tribunes parlamentàries, aules universitàries, conferències i taules rodones, etc.”; i “la situació exemplificada [a Proposta de model... ] amb els ensenyants pot fer-se extensiva a la majoria d’activitats professionals de la societat actual (metges, polítics, representants, periodistes, etc.)”. Llavors, ets autors ja assenyalaven que es problemes que afectaven sa llengua escrita i sa llengua oral formal no eren es mateixos: “la llengua escrita encara no pateix tan greument les conseqüències de la anormalitat dels models lingüístics, perquè sol estar controlada per la figura del corrector. On el problema es més punyent és en el cas de la llengua espontània oral formal, massa allunyada de la llengua escrita, massa confosa amb els parlars casolans i massa interferida pel castellà”. Convé aturar-s’hi una mica: es problema de bon de veres residia, segons es nostros filòlegs, en sa “llengua espontània oral formal”, no en s’estàndar escrit, que sempre pot passar pes sedàs des correctors. Aquesta situació feia que, entre ses necessitats més urgents i prioritàries per sa normalisació de sa llengua catalana, aquests quatre professors considerassin prioritari i fonamental “vehicular models de llengua oral formal que (..) superin el col•loquialisme dels usos majoritaris actuals i acostin la llengua oral formal a la llengua escrita que avui és d’ús general (per exemple, amb la utilització de l’article estàndard, de les formes verbals i pronominals normatives o d’una sintaxi ajustada a les normes de la gramàtica)”. Era l’any 1999.

As cap de setze anys, no creim que aquests professors puguin estar gaire satisfets. Basta acostar-se qualsevol dimarts en es Parlament, o pegar un bot a sa UIB, a un institut de secundària o a un col•legi de primària, parar s’orella i treure conclusions. Sa pregunta és: ¿seguirà sa UIB aclucant ets ulls davant aquesta realitat i enganant-se ella mateixa? ¿No li convendria fer autocrítica i reconèixer que han volgut anar massa enfora, que han estat massa exigents amb tots noltros i que pentura s’haurien de plantejar s’elaboració d’un estàndar molt més pròxim a sa llengua viva des carrer amb el qual tots es balears mos poguem sentim més a pler i més identificats? ¿No és una norma una simple convenció que ha de servir per fer ses coses més funcionals i bones de fer?

Una llengua és un conjunt d’elements simbòlics i funcionals. Expressa una identitat però això no basta: ha de ser també una eina de comunicació eficaç. Un estàndar que no ha passat ni de bon tros s’examen de s’oralitat no pot ser considerat “funcional”. I si no funciona, hem de revisar-lo. Si sa majoria de balears no tenen problemes en xerrar es castellà, mos hauríem de demanar per què se neguen a xerrar en es seus usos més formals s’estàndar continental que aprenen a llegir i senten a TV3, C33 o IB3, i això quan aquesta resistència passiva, segons es nostros savis universitaris, els hauria de penalisar socialment. Senzillament, no el volem xerrar perquè no mos hi sentim còmodos, ni reconeguts, ni identificats.

Fa uns dies, va sortir una enquesta d’usos lingüístics que apuntava que només un 37% des balears tenen es català com a “llengua habitual” quan fa deu anys hi havia un 45%. Es catalanisme ho atribueix en exclusiva a s’immigració. Tanmateix, sabem que molts de pares catalanoparlants han desertat de sa seva llengua i xerren an es seus fills en castellà. Però es catalanisme no se demana per què, ni tan sols se planteja sa possibilitat que sa falta d’identificació de molts de parlants amb un estàndar que se veu imposat i impostat hi pugui haver contribuït de qualque manera. No hi ha cap fanàtic, però, que vulgui rectificar: si el món real no s’adapta a sa norma, serà que no els hi hem donat norma a bastament. ¿No volies norma? ¡Idò, tassa i mitja! Persistir en aquesta actitud seria un error. Però, alerta, no un error des savis que viuen dins ses seves torres de marfil –absolutament impotents per capgirar sa realitat, per molt bona voluntat que hi posin– sinó sobretot des nostros polítics que s’estimen més blindar sa seva autoritat per por de ser tatxats d’ignorants, com si aquest model fracassat fos sagrat i intocable. Es nostros polítics no han entès que triar un (o qualsevol) model de llengua (a Catalunya, a València o a Singapur) és una decisió política, no filològica. Si valencians i catalans tenen un estàndar autònom regional basat en sa seva llengua natural, ¿per què es balears no n’hem de tenir un d’adaptat a sa nostra manera de xerrar? Conservar una llengua implica sebre conjugar lo identitari i lo funcional. S’estàndar postís i estufat de sa UIB no ha conseguit ni una cosa ni s’altra.

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Publicat a El Mundo-El Día de Baleares, es 31-7-2015.

Huérfanos de identidad

Se lamentaba este martes el siempre brillante Arcadi Espada de que “las propuestas de los populistas españoles no se hayan sometido al juicio de la inteligencia y que haya vuelto a probarse que la altivez ideológica es el mejor camuflaje de la indigencia intelectual”. No le falta la razón.En España, el embrión de todos los populismos ha sido el nacionalismo al que algunos siguen dando pábulo al no someterlo al juicio de la inteligencia. Lo hemos vuelto a comprobar esta semana a cuenta de la tosca interpretación de los saldos fiscales calculados por el Ministerio de Hacienda.

Una fábrica de separatistas. El diario Última Hora ha decidido convertirse en una fábrica de separatistas. Como nos ilustra el caso catalán, no hay que infravalorar el papel de los periodistas en la construcción denaciones modernasLa prensa en castellano de las Islas está trufada de nacionalistas que no dan puntada sin hilo. La ideología les puede y no dudan en sacrificar la verdad por una buena causaEl pasado domingo la navarra Nekane Domblás (UH) repetía la misma jugada del año pasado volvía a dedicar dos páginas a todo color para enumerar todo lo que podría hacer Armengol con 1330 millones más en el bolsillo, la suma a la que asciende el último saldo fiscal de Baleares referido al 2012como ya les he ido informando. La que fuera subdirectora general de IB3 durante el segundo Pacte de Progrés interpretaba los 1.330 millones de euros que “se irían de Baleares y no volverían” como un “expolio” a nuestras islas. Se trata, como he repetido varias veces, de una burda manipulación en toda regla que debe ser denunciada, o cuando menos, sometida al juicio de la inteligencia, como dice Espada¿Por qué es una tosca manipulación considerar el montante de una balanza o saldo fiscal, el que sea, como un “expolio”? Porque dentro de estos 1330 millones hay una porción muy elevada distinta para cada autonomía– que no supone ningún agravio territorial, ya que es el resultado de la existencia natural de flujos de renta (en impuestos, cotizaciones sociales, prestaciones, pensiones, servicios) desde las autonomías, barrios, familias y personas más ricas a las autonomías, barrios, familias y personas más pobres. En concreto, en Balearesesta porción “no territorial” ascendería al 82,8% de estos 1.330 millones: 1.098 millones. El agravio a los baleares por el hecho de vivir en Baleares y no en otra autonomía se circunscribiría únicamente al 17,2restante (232 millones). El “expolio”, de existir, serían por tanto estos 232 millones, no los 1.330 millones desaldo total. Esto es lo que dice el informe de Hacienda, esta es la interpretación exacta de sus autores. ¿A qué nos conduciría el “no expolio” o dejar el saldo a cero que propugna DomblásNos llevaría a un escenario donde no habría redistribución de la riqueza, donde todos, fuéramos ricos o pobres, pagaríamos los mismos impuestos y recibiríamos las mismas pensiones y subsidios, al margen de nuestras posibilidades y necesidades. ¿Estaría de acuerdo Domblás con este paraíso de redistribución ceroMe temo que no. Estos 1.098 millones no son pues ningún agravio territorial: son el resultado de la solidaridad de los ricos hacia los pobressometidos ambos a los mismos criterios uniformes en toda España –salvando a vascos y navarros–. En las mismas condiciones e igual cotización, un pensionista de Baleares cobrará la misma pensión que otro de Extremadura. Estos 1.098 millones (o la parte proporcional relativa a pensiones) afloran por el hecho de que en Baleares el número de pensionistas es menor (o bien al ser nuestras pensiones más bajas porque el salario medio en Baleares es más bajo debido a nuestra singular economíaque en Extremadura, no porque se les trate de modo desigual. Lo mismo ocurre con los impuestos, los subsidios o las cotizaciones, donde se aplican criterios uniformes en toda EspañaHay que saber distinguir entre la solidaridad individual entre españoles, que debe mantenerse en principio y que supone entre el 70-80% de la balanza fiscal; los agravios territoriales que, a mi juicio, deben minimizarse y que suponen entre el 20-30% del total de la balanza. Y eso ocurrirá siempre, por mucho que cambie la metodología de cálculo, se imputen de forma distinta ingresos y gastos, se calculen saldos relativos o balanzas absolutas, o se utilice el enfoque flujo monetario en lugar deenfoque carga-beneficio.

Política disfrazada de culturaEn su etapa como conseller de Educación y Cultura (1999-2003)Damià Pons (PSM) fue uno de los artífices del Institut Ramon Llull (IRL). Alumbrado en 2001, el IRL se presentó como “un gran instrumento de salida exterior de nuestra lengua y de sus producciones culturales”. Años más tarde, en su libro “El jonc i l’aritja” (Ed. Lleonard Muntaner, Palma, 2006), el mismo Pons reconocía que la entrada en el IRL había tenido “una evident i important dimensió política. Nada nuevo bajo el sol, ciertamente, para alguien que siempre ha considerado a los mallorquines como “orfes d’identitat”, un pueblo colonizado y desorientado al que sólo Cataluña podía rescatar de su indignidad y vacío existencial. Queda claro que nuestra reincorporación al IRL es la enésima muestra de política disfrazada de actividad cultural, la sempiterna añagaza del catalanismo. Esta vez, sin embargo, nuestra subordinación vicaria a Cataluña es más grave todavía a tenor del excepcional y enrarecido clima político que vive aquella región donde los actuales inquilinos de la Generalitat están anunciando a bombo y platillo su pretensión de “desconectarse” de España tras las elecciones del 27-S. ¿Qué hace la consejera Esperança Camps afirmando que “comparte aspiraciones” con Cataluña, que quieren “ir juntos por el mundo”, que “quiere tender puentes y abrir puertas”, que “no quiere aislarse” de una región que aspira romper el marco constitucional y estatutario vigente, un marco que legitima y del que emana la autonomía balear bajo cuyo paraguas ella es ahora consejera?

Al parecer, Camps está encantada con el Procés y no le importaría engancharse al tren de Artur Mas y Oriol Junqueras. Establecer alianzas culturales y lingüísticas con Cataluña no es firmar un convenio de tipo sanitario o de ayuda a la dependencia. La consejera no debería tomarnos por tontos. El irredentismo catalán obedece a una ideología que tiene a la lengua, y no a la sanidad, como el pilar fundamental sobre el cual quiere construir una nación y un estado independienteY los impulsores de este Procés –y algunos de forma explícita: ERC, CUP, una parte de CDC– nunca han renunciado al sueño pancatalanista que, de consumarse, significaría nuestra fagocitación como pueblo en el magma de una Gran Catalunya (Prat de la Riba) o de los Països Catalans (Joan Fuster). Situarnos en el dominio pancatalán como hace Camps (“todos somos cultura catalana”, ha reiterado estos días) en unas circunstancias como las actuales es propio de irresponsabley de fanáticos nacionalistas que, como Damià Pons, ruegan a todas horas por que Cataluña nos salve de nuestra insignificancia como pueblo.

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Publicat a El Mundo-El Día de Baleares, s’1-8-2015.