Anormalización lingüística

Se han cumplido 30 años de la Ley de Normalización Lingüística. Aprobada por unanimidad en el Parlament, esa coincidencia fue engañosa pues la sociedad no ha seguido el camino dictado por los políticos. Y eso porque la promoción del catalán no se ha hecho en sentido positivo sino crispadamente contra el castellano y las modalidades insulares, como armamento para una maximalista batalla política. Cuando algo requiere señalar y atacar chivos expiatorios al final acaba sometido al principio de acción-reacción.

 

Como indican los últimos datos, el porcentaje de hablantes va reculando. ¿Nadie ha pensado entre nuestras eminentísimas autoridades que eso se debe a la antipatía que genera la forma megaestandarizada y antagónica de aplicar el modelo de lengua? Josep Melià avisaba en 1992 que era un error usar el catalán para fer patriotes porque generaba rechazo y, en consecuencia, un retroceso en el uso de la lengua, como estamos viendo.

Ya en la época de la pre-autonomía, un Jeroni Albertí acomplejado al ser el castellano su lengua familiar entregó la cuestión lingüística en manos de intransigentes como Carod-Rovira, Bernat Joan o Aina Moll. Luego Cañellas consumó la rendición dejando el campo abierto para que una OCB liderada por el submarino pujolista Antoni Mir, apartado el culto y respetuoso Bartomeu Fiol, fuera aplicando el rodillo allá donde ponía la pata.

Uno de los grandes errores de Cañellas fue pensar que con esta ley (y otros gestos) el catalanismo se amansaría. Xisco Gilet, conseller del ramo en 1986, especificaba que unidad no implica uniformismo. Pero ingenuamente se dejó hacer a un nacionalismo que fue copando la educación y la administración para imponer un modelo de lengua, gobernara quien gobernara, que no tenía (ni tiene) seguimiento mayoritario por parte de la ciudadanía balear. De hecho, la Comisión Técnica de la ley quedó en manos de gente como Janer Manila o Joan Miralles.

La Fundació Jaume III, tan odiada como eficiente, lleva 3 años trabajando por una mayor identificación del hablante con su lengua materna. No se trata, como expelen ciertas víboras, de comulgar con castellanismos y formas coloquiales, sino de aplicar aquello que normativamente permite el DIEC95, aunque muchos se dediquen en cuerpo y alma a timar al ciudadano haciéndole creer que esos casos no son preceptivos. La obsesión con este ultrafabrismo cerril, más ideológico que filológico, está provocando la deserción de los hablantes, hartos de ser reconvenidos sobre sus supuestos errores. El catalán, igual que el castellano, no tiene por qué someterse a un único estándar. Si en Argentina usan sin complejos un castellano que no es el de España, no se entiende que en Baleares no se pueda hacer lo mismo con las modalidades.

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Publicat a EL MUNDO/Día de Baleares

La mentira enquistada

Tal vez uno de los rasgos más odiosos del nacionalismo sea la facilidad con la que miente. El cambio de la Diada de Mallorca nos ha ofrecido una nueva muestra para observar su apego a la mentira y a la hipocresía, sin importarles caer en incoherencias ni contradicciones de toda índole con tal de imponer su punto de vista. El fin justifica los medios. Y la mentira es, en política, uno de los más eficaces, como saben los populistas y los nacionalistas, a fin de cuentas unos populistas “avant la lettre”.

Los mismos saduceos y sofistas que repiten sin cesar que no hay inmersión en catalán son los mismos que nos dicen ahora que no se puede tildar el 31-D de “fiesta catalanista”. “Sorprende −decía el editorial de Última Hora−, que algunas organizaciones, como la Fundació Jaume III, se opongan a que el 31 de diciembre sea la Diada de Mallorca por tildarla de fiesta catalanista. La protesta carece de sentido y es un mal precedente el intento de politización de la jornada”. Se trata del mismo periódico que días atrás informaba del lema de los independentistas para este 31-D: “Per la plena sobirania de Mallorca. Construïm Països Catalans”. Da igual que los premios de la OCB se llamen 31 de diciembre. Da igual que Tòfol Soler (ASM) y Maria Antònia Font del STEI defendieran la “catalanidad” de los mallorquines en el pleno del Consell de Mallorca de hace una semana (“yo me siento catalana de Mallorca”, dijo Font, como si todo el mundo no pueda sentirse lo que quiera) y abogaran por que el 31-D fuera una palanca para “ser el que volem ser”, con continuas alusiones al derecho de autodeterminación. Da igual que el PSM nunca haya dejado de reivindicar el 31-D. Da igual que la manifestación del 30-D se convierta año tras año en un aquelarre separatista que se prolonga hasta la ofrenda floral en la Plaza de España. Da igual. Para Última Hora, los que politizan el 31-D no son los catalanistas que llevan treinta años haciéndolo sino la Fundación Jaume III. Nada menos.

Resulta insólito que Última Hora publique el mismo día que el editorial reseñado una entrevista a Miquel Deyà en la que el historiador defiende el 31-D como Diada de Mallorca porque “la Festa de l’Estendard ha sido siempre una exhibición de hispanidad”, una fiesta conservadora que parte de los señores descendientes directos de la Conquista, una conmemoración donde históricamente se han rendido honores “al pendón del rei en Jaume, no a ningún partidismo nacionalista”, una celebración donde se homenajea a la “Corona de Aragón, fundadora de la hispanidad y al antiguo Reino de Mallorca”. Lo insólito no son las declaraciones de Deyà que nos remiten a un 31-D no contaminado por el catalanismo. Lo insólito es que Última Hora –así como los portavoces de Més y El PI– se aproveche de Deyà para respaldar la peregrina tesis de que el 31-D no es ninguna “fiesta catalanista”.

En efecto, si Més ha elegido el 31-D como Diada de Mallorca no lo ha hecho por ninguna de las razones que aduce Deyà sino exactamente por todo lo contrario. Efectivamente, desde que el catalanismo se lo apropió, el 31-D es una celebración nada lúdica y sí muy reivindicativa, nada cristiana, nada hispánica, excluyente, de la que se ha expulsado al ejército, en la que no se exhiben las cuatro barras como emblema de los reyes aragoneses sino como signo de la “catalanidad” de Mallorca. El ponente de Més en el Consell, Lluís Apesteguia, ha sido muy claro al respecto: cada nueva generación tiene derecho a interpretar el pasado como le venga en gana. Es lo que han hecho.

Otro que baila el agua al catalanismo triunfante es el periodista de Diario de Mallorca, Miquel Adrover, que informa que “la Fundació Jaume III clama contra la unidad de la lengua”. Falso. Lo que dije yo el pasado 23 de diciembre en defensa del 12-S fue que el primer triunfo del catalanismo a la hora de imponer sus símbolos de partido había sido en 1983 cuando logró que la lengua se denominara “catalana” en el Estatut, un nombre que nadie utilizaba salvo una minoría. Las pruebas son abrumadoras. Cuando en 1975 Franco permitió el aprendizaje de las llamadas “lenguas regionales”,  Última Hora tituló en portada: “El mallorquín en la escuela”. En 1978 la Constitución Española fue publicada oficialmente en “lengua balear”. El nombre no hace la cosa y en principio no cuestiona ninguna unidad, máxime de un idioma que hasta hace muy poco carecía de un nombre unitario.

El catalanismo en Baleares no sería nadie si los Pedro Serra, los adrover o los manresa de turno no le allanaran el camino al disfrazar sus verdaderas intenciones mientras difaman a quienes se oponen a su avance.

El pasado, según el catalanismo, es un campo fértil para la reinterpretación, la manipulación y la deformación a gusto del ciudadano actual. Por lo tanto, no ven incoherencia alguna que quien se declara laicista quiera celebrar la llegada del denostado cristianismo, que quien se declara pacifista (incluso antitaurino y animalista) quiera celebrar una matanza, que quien se declara republicano prefiera celebrar un acto de guerra a un juramento de una carta de libertades civiles, que quien se declara “soberanista” quiera celebrar nuestra subordinación a Cataluña y no nuestra independencia como reino (que es lo que se celebraba el 12 de septiembre), que quien se declara amigo de las clases populares quiera celebrar una tradición de señores feudales, que quien se declara contrario al 12 de octubre celebre la conquista de 1229. Sólo es cuestión de jugar a contextualizar/descontextualizar el pasado para volver a presentarlo (“re-presentar”) cómo nos convenga de modo que, debidamente reinterpretado por los elegidos, el oráculo ancestral nos marque el camino a seguir desvelando nuestra verdadera esencia.

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Publicat a EL MUNDO/Día de Baleares

Arranquen es cursos de mallorquí de sa Jaume III

Dijous qui ve presentam es cursos i els donam es sus – S’hi han inscrites 38 persones – Es model lingüístic que se seguirà serà es llibre d’estil de sa fundació, un model que és un 99% normatiu però que pren com a principal referència sa modalitat mallorquina.

 

Dijous qui ve començaran es cursos per aprendre a escriure mallorquí que ha organisat sa Fundació Jaume III. Es cursos seran d’una hora setmanal i se faran a sa seu de Sant Elies, 10A, 1erB, de Palma, a càrrec d’un llicenciat en filologia catalana amb amplis coneixements de mallorquí. Durant es període d’inscripció s’hi han apuntat 38 persones.

Es model lingüístic que se seguirà en aquests cursos serà es llibre d’estil de sa fundació (“Un model lingüístic per ses Illes Balears”, 2015), un model que és un 99% normatiu però que pren com a principal referència sa modalitat mallorquina i que cerca dignificar-ne certs aspectes com s’ús formal de s’article baleàric, entre altres.

Portada ModelLing

 

Si encara hi ha qualcú interessat, pot telefonar an aquests números:

616 624 355 (seu)
971 666 468 (seu)
627 181 702

La ‘manifa’ estelada

La ‘manifa’ independentista del 30-D en Mallorca no crece ni mengua. Es la misma de siempre. Número indeterminado pero similar de asistentes (entre 1.500 y 2.000 personas), mismas caras en el frontispicio de la marcha y la misma sopa de letras: pueblo, nación, país, futuro, soberanía… En fin, un acto folklórico al que, incomprensiblemente, los medios seguimos dedicando un espacio que no se merece. Incluida, por supuesto, esta columna.

Dado que los unos perseveran en convocar esta procesión trasnochada, hasta el punto de querer convertirla en el acto central del día de la patria, y otros nos empeñamos de forma rutinaria y absurda en darle cancha, conviene proclamar su fracaso y tranquilizar a todos esos ciudadanos estoicos que no pueden evitar sentir cierto canguelo ante la visión de los desfiles con banderas y las llamadas exaltadas a la lucha. La realidad es que los estelados son bastantes menos de lo que la inercia informativa hace parecer.

 

Habrá quien piense que reunir a 2.000 independentistas (tiremos por lo alto) no está mal. A mí me parece una cifra pírrica para cualquier tipo de concentración en una ciudad del tamaño de Palma. Y aun así, si decidimos otorgar relevancia a esta supuesta noticia en función del número de participantes, cabe ponderar otras circunstancias que nos han de llevar sin posibilidad de error a la conclusión de que el movimiento soberanista en Baleares es un fiasco.

El pancatalanismo, como todo el mundo sabe, ha contado durante décadas en Mallorca con financiación interior y exterior, y ha dispuesto de herramientas suficientes (educación, cultura, connivencia mediática y acomplejamiento político) para aspirar a mucho más que a juntar a dos millares de personas el día de su gran marcha. Cualquier otro movimiento ciudadano con los mismos recursos y que defendiera posturas medianamente razonables habría conseguido a estas alturas resultados muy superiores. Otra cosa es que la democracia española permita cosas tan alucinantes como que la cuarta fuerza política (o la tercera menos votada, si se le da la vuelta a la tabla) goce de unas cuotas de poder desproporcionadas. De ahí la explicación a la anomalía de que un vicepresidente autonómico y un consejero fueran los que el otro día sujetaban la pancarta.

Agreguémosle al argumentario previo que las entidades organizadoras (MésERCAsamblea SoberanistaSTEIUOBFundación Emili DarderAteneo Pere Mascaró y Grupo Blanquerna) sumaban ocho. Ello sitúa la capacidad de convocatoria de cada una en apenas 250 personas, más o menos la gente que usted podría congregar a través de su perfil en Facebook creando un evento donde ofrezca bebida gratis. Lo dicho: un descalabro que no pueden tapar ni la propaganda ni una legión de informadores dispuestos a ignorar la verdad objetiva de los hechos.

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Publicat a EL MUNDO/Día de Baleares

Aclariment a Miquel Adrover (Diario de Mallorca)

Apreciada directora [des DM]:

He llegit sa crònica des seu diari de dia 24 de desembre que informava de s’aprovació des canvi de data de sa Diada de Mallorca. Sa crònica està firmada per Miquel Adrover, periodista d’aquesta casa. I he romàs estafaril·lat pes subtítol de sa notícia: «La Fundación Jaume III clama contra la unidad de la lengua y saca pancartas contra la decisión adoptada en el pleno del Consell». Com a portaveu de sa Fundació Jaume III, puc afirmar que no vaig negar s’unitat de sa llengua catalana durant sa meva intervenció a sa sala de plens des Consell. Lo que sí vaig dir és que el 1983 es catalanisme, molt minoritari llavors, va conseguir un triumf històric quan ginyà ses altres formacions polítiques perquè denominassin “catalana” sa llengua de Balears quan sa gran majoria d’illencs l’anomenaven mallorquina de feia molts de segles, com a mínim des segle XVI ençà. A nivell oficial, abans del 1983, se parlava de “mallorquí” o “balear” per referir-s’hi. Així constava en es bolletins de notes quan se va començar a ensenyar mallorquí a s’escola, i en llengua balear se va estampar sa Constitució Espanyola de 1978 en es BOE.

Tot això confirma que abans de 1983 s’ús de sa paraula “català” per anomenar sa llengua des mallorquins era molt minoritari. Això no vol dir negar ni “clamar”, com diu n’Adrover, contra s’unitat de sa llengua. Senzillament, se tracta de constatar una evidència històrica. De fet, sa denominació de sa llengua –així com es seus límits territorials– va esser sempre una qüestió controvertida perquè, llevat pentura des terme “llemosí” que englobava valencià, català i balear com a dialectes, mai va tenir un nom unitari tal com ho entenem avui en dia. Aquesta orfandat nominal va fer que fins i tot se plantejassin noms alternatius tan estrambòtics com “bacavès” o “cavabà”. Tenien por, no sense raó, que posar-li “català” marginaria la resta de grans dialectes, com ha passat. Per això, es valencians se curaren en salut i li posaren “valencià” a s’Estatut.

Fixada el 1983 sa premisa que sa llengua de ses Balears era es català, tot seria capavallada pes PSM que podia aferrarse així a s’Estatut i afirmar que com que xerràvem català érem també catalans o que formàvem part d’un univers català. Li bastava aplicar sa fórmula romàntica de “una llengua, una cultura, una nació, un Estat” que ha fet fortuna a tots es nacionalismes moderns.

Sa Fundació Jaume III mai ha negat s’unitat de sa llengua, com demostram a tots es nostros escrits. Ara bé, creim que a l’any 1983 va esser un error anomenar-la “catalana” perquè això mos va privar de construir des de Balears un model de llengua per usos formals que tengués com a principal (no única) referència ses Illes Balears, no Barcelona, com tenim ara. Es nom no fa sa llengua, certament, emperò en condiciona sa seva codificació i formalisació. Darrere un estàndar (que té com a principal funció depurar ses formes més dialectals) no hi ha només “ciència” sinó una determinada manera de concebre un país i es tipo de relació entre es diferents territoris des mateix domini lingüístic. Noltros concebem Balears com una autonomia i per tant reclamam un estàndar adaptat sobretot a sa nostra realitat autonòmica. D’altres conceben Balears com una part des Països Catalans i per això defensen s’estàndar que defensen.

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Carta a sa directora des Diario de Mallorca

Sa Fundació Jaume III té es regal perfecte per aquestes festes

¿Encara no saps què regalar? ¿Vols tenir un bon present amb sa família o amb qualque amistat? no perdis es temps. Aquestes festes regala sa novel·la històrica de moda ‘Llull, es nostro heroi il·luminat’, de J.F. Romero, editat per sa Fundació Jaume III de ses Illes Balears en mallorquí, castellà i anglès.

Per només 25€, passant per sa nostra seu sa segona unitat et sortirà per 20€. I ademés, també pots comprar es pack llibre + carpeta de lamines des pintor llosetí Pere Lorentesobre sa vida de Ramon Llull (50€).

A sa Fundació Jaume III tenim es regal perfecte per aquestes festes. Pots reservar sa teva comanda cridant an es 971 666 468 o 616 624 355. ¡Molts d’anys!

Conmemorar el 31 de diciembre

LA CELEBRACIÓN de un día regional debe venir avalada por una efeméride histórica y por un sentimiento popular que incite a conmemorarse de un modo especial, oficial y festivo. En el caso de Baleares los hechos históricos existen pero no así una reivindicación ciudadana mayoritaria para celebrar unos u otros. De ahí que el reciente debate entorno a la fecha idónea para celebrar oficialmente el día de Mallorca no lo haya suscitado el pueblo sino los medios de comunicación y la clase política.

En estas circunstancias, no veo problema alguno en que el 31 de diciembre sea el día de Mallorca, como tampoco lo veía en el 12 de septiembre. Ambas son importantes para el devenir histórico de esta tierra. Y ambas, unidas a la del 1 de marzo, desconocidas por la mayoría de los ciudadanos residentes en Baleares.

 

El 12 de septiembre, impulsado por Mª Antonia Munar, tiene su base histórica en el juramento de la Carta de Franquezas y Privilegios del Reino de Mallorca por parte del rey Jaime II en 1276 con la que otorgó un conjunto de derechos a favor del reino y que se convirtieron en su base jurídica. Pero centrémonos en otra efeméride importante: La conquista de Madina Mayurqa por el rey de Aragón, Jaime I, el 31 de diciembre de 1229.

Los que defendemos la identidad cultural de Baleares como parte intrínseca de una España plural y unida no deberíamos tener problema alguno en aceptar esta fecha como día oficial de Mallorca, si dejamos claro que el motivo y el objetivo por el que lo aprueba el Consell de Mallorca es absolutamente falso y sólo comprensible desde la cosmovisión paleta, sesgada y sectaria del catalanismo.

Para el pancatalanismo el origen de todo, incluso de la posibilidad de hablar en nuestras islas, se debe a la conquista «catalana» de 1229, la práctica aniquilación de toda la población nativa y la posterior repoblación por «catalanes». A los pocos baleares que quedaron les enseñaron a hablar en «catalán», porque eran mudos, o algo así… Y todo esto con una minoría de repobladores «catalanes» en una época en la que Cataluña no existía y el catalán tampoco, tal como se puede cotejar acudiendo a las fuentes históricas.

Cada 30 y 31 de diciembre celebramos unos hechos históricos que no se entenderían, al igual que la historia de España y de Europa, sin acudir al motivo por el que se acometió la conquista: Recuperar para la Cristiandad los territorios que conformarían el Reino de Mallorca. Es este marco histórico, y no otro, el que dota de significado la llamada fiesta del Estandarte, una de las fiestas civiles más antiguas de Europa, con desfile de la bandera cuatribarrada por las calles de Palma de Mallorca. Pero no se trata de la bandera catalana ni se celebra catalanidad balear alguna, ya que la bandera es la del Rey de Aragón D. Jaime I. Ni «conquista catalana o catalano-aragonesa de Mallorca», ni el 31 de diciembre conmemora «el nacimiento de la Mallorca que conocemos». La Mallorca que conocemos es el resultado de miles de años de evolución histórica, similar a la del resto de regiones de la España que hemos construido juntos.

Que el 31-D se celebre oficialmente como día de Mallorca no debemos considerarlo una victoria de los pancatalanistas. Sólo lo será si asumimos sus mentiras y burdas manipulaciones históricas. Las que ellos mismos cambian a conveniencia política, como demuestran en Valencia. Donde, incoherentemente, no reconocen el 9 de Octubre como día oficial de la Comunidad Valenciana siendo éste el día en el que las tropas de Aragón entraron en la capital del Turia, apostando, en cambio, por el 25 de abril, porque en 1707, durante la guerra de sucesión al trono de España, las tropas borbónicas vencieron a las del archiduque Carlos aprobándose posteriormente los Decretos de Nueva Planta. Tan beneficiosos para la modernización y progreso de España, y tan manipulados por el nacionalismo catalanista.

Si somos fieles a la historia, el 31 de diciembre deberíamos celebrarlo desde una perspectiva histórica regional balear, y también nacional, por ser una fecha importante no sólo para la historia de Mallorca sino para la de Baleares, la de la antigua Corona de Aragón, y, por tanto, para la historia de España. De ahí que, hasta hace 16 años, el ejército español también participara en esta conmemoración. Ahora que la fecha es oficial, confío en que nuestras Fuerzas Armadas vuelvan a desfilar recuperando el lugar que les corresponde por historia y como institución más querida y admirada por la mayoría del pueblo balear.

Por otra parte, en otro orden de consideraciones, es contradictorio que los mismos sectores que critican a los partidos o líderes políticos que apuestan por reforzar las soberanías nacionales frente al globalismo, eleven las efemérides históricas regionales a la categoría de nacionales exagerando su importancia con la intención de diferenciarnos y separarnos unos de otros. Sería un error caer en ello cuando, además, nosotros los españoles, somos un pueblo afortunado al contar con un Día Nacional como el 12 de Octubre en el que celebramos, no sólo el orgullo de ser españoles, sino la impronta de la Hispanidad en el mundo como ejemplo de tender puentes primando lo que nos une por encima de lo que nos separa.

Debemos esforzarnos como sociedad civil para que los falsificadores de la historia no nos sigan imponiendo sus mentiras desde las instancias públicas dominadas por la casta catalanista multisubvencionada. No nos quedemos de brazos cruzados. Nos asiste la razón y la historia, también la del 31 de diciembre.

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Publicat a EL MUNDO/El Día de Baleares.

Ataquen amb pintura sa seu de sa Fundació Jaume III

Atacada amb pintura hores abans de sa manifestació separatista d’avui horabaixa

Sa seu de sa Fundació Jaume III de Palma ha estat atacada durant sa dematinada d’avui amb pots o bosses de pintura. Sa pintura ha embrutat es cartell des frontis i un parell de vidres de ses finestres que peguen en es carrer dets Oms, tal com mostram a ses imatges que adjuntam. Se desconeixen de moment ets autors de s’endemesa. Resulta curiós que s’atac s’hagi produït hores abans de sa manifestació separatista d’avui horabaixa i després que sa nostra fundació hagi mostrat sa seva disconformitat a canviar sa data de sa Diada de Mallorca, una vella pretensió des catalanisme organisat, més eufòric que mai.

 

Aprofitam s’ocasió per informar també que fa uns mesos va desaparèixer sa placa informativa que sa nostra fundació tenia devora es portal d’entrada de s’edifici.

 

Atac seu 2

Una altra imposició de partit

Es Consell de Mallorca ha decidit canviar sa data de sa Diada de Mallorca (12 de setembre) per sa de dia 31 de desembre que coincidirà ara amb sa Festa de l’Estendard, una de ses festes civils més antigues d’Europa que ja celebra s’Ajuntament de Palma, que ara l’haurà de retocar a fi que s’institució insular hi prengui part. Sa Fundació Jaume III de ses Illes Balears s’oposa an aquest canvi per una raó elemental. Creim que tot lo que afecta es símbols identitaris com són es nom de sa llengua, ses banderes oficials, ses diades, ets himnes o es nom de sa capital només s’han de canviar per consens o quan tenen darrere un suport polític clarament majoritari. Creim que una minoria –catalanista– no ha d’imposar es seus símbols a tota una comunitat que majoritàriament no se sent catalanista ni tampoc part des procés de construcció nacional de Catalunya que, vulguin o no, amenaça s’actual realitat autonòmica.

En realitat, lo que ara vol fer Més (i històricament es PSM) és lo que va fer es Partit Nacionalista Basc (PNB) en es País Basc: fer oficials a tota una comunitat autònoma es seus símbols de partit com s’ikurriña i s’himne. Si sa llegitimitat d’aquest solapament des símbols que defineixen s’identitat col·lectiva d’un poble ja és prou discutible –i discutida– a comunitats on es pes des nacionalisme ètnic, com en es País Basc, és més que evident –as cap i a la fi, es PNB no ha deixat d’esser mai sa força més votada–, molt més discutible és encara que una minoria com sa que representa Més (6 consellers de 33 i fins fa poc 3/4 de 33) acabi imposant es seus símbols a s’illa de Mallorca. I això és exactament lo que passa i ha passat a ses Balears, gràcies, naturalment, a una dreta que s’estima més anar-se’n de sa Comissió de sa Diada perquè, sempre tan pragmàtica, deu considerar molt feixuc discutir sobre “temes que no interessen es ciutadans”. I gràcies, també, a una esquerra en principi espanyola (PSIB i Podem) que, bé sigui per conservar sa cadireta i no posar en perill s’estabilitat des Pacte, bé sigui per aquest complex d’inferioritat que sempre ha tengut davant es postulats des nacionalisme en qüestions identitàries, sempre tomba es coll. És lo que sol passar quan un no té discurs sobre un tema. O repeteix es clixés i llocs comuns que circulen, o recorr a arguments d’autoritat des qui “en saben” i així, almanco, un queda a pler.

¿Per què, emperò, Més i Miquel Ensenyat s’han encabotat en canviar sa data de sa Diada de Mallorca? No ho dubtin: per una qüestió ideològica. Es catalanisme no fa mai cap passa enrere i, amb aquest canvi de diada, torna a posar una altra pedra en sa seva obsessió de construir simbòlicament s’identitat des mallorquins, identitat, clar, que vol unida a Catalunya o a s’entel·lèquia des Països Catalans, un concepte relativament modern que té poc més d’un segle de vida. Només els falta baratar sa nostra bandera per sa quatribarrada i així es mallorquins, es menorquins, ets eivissencs i es formenterers ja mos podrem sentir catalans de ple dret. Que és no lo que ha cercat sempre es catalanisme: una vinculació lo més estreta possible amb sa venerada Catalunya a qui li devem tot lo que som.

Es 12 de setembre no agradava gens an es catalanisme. I per raons òbvies. Un 12 de setembre de 1276 es primer rei independent des Regne de Mallorques, Jaume II, jurava sa Carta de Privilegis i Franqueses des mallorquins a l’església de Santa Eulària. Naixia així aquell nou regne dins la mar que havia somiat son pare, el rei en Jaume, un nou estat separat de sa Corona d’Aragó, que quedava en mans de Pere III, es primogènit des Conquistador, que mai acceptà aquest repartiment. Sa tràgica història des reis de Mallorca que s’encetava llavors és sa mostra històrica més rotunda de sa voluntat anexionista d’una Catalunya que sempre mos ha volgut tutelar perquè sempre mos ha considerat un apèndix seu. Ses humiliacions, ses invasions a s’illa (1285 i 1343), ses exaccions i ses amenaces seran constants durant aquests setanta anys de dinastia privativa. Per això es “catalans de Mallorca” com Ensenyat, sentimentalment més acostats a Catalunya que a ses illes, no en volen sentir a parlar d’aquesta època (1276-1343). Ni de cap efemèride que la recordi, com es 12-S o es 25 d’octubre. Qualsevol que llegesqui s’història de sa Dinastia de Mallorca (Jaume II, Sanxo I i Jaume III) sentirà una vertadera llàstima cap an aquests tres reis desgraciats, tot per s’ambició malaltissa des reis aragonesos –esperonats pets interessos comercials de sa burgesia catalana– que finalment se sortiran amb la seva: reincorporar es regne mallorquí a sa Corona d’Aragó (1343). Historiadors com Álvaro de Santamaria han destacat, maldament totes ses dificultats assenyalades, ses realisacions històriques que deixa com a llegat sa dinastia mallorquina, uns fruits molt superiors a qualsevol període posterior. Recordem-ne un parell: institucionalisasió des regne (Gran i General Consell, Consolat del Mar, Jurats, Sindicat de Fora, lleis palatines), remodelació de Palma, ordenació i revitalisació de sa Part Forana, reactivació econòmica, màxim demogràfic (no superat fins a 1576), auge de sa navegació mallorquina, encunyació de moneda, projecció cultural (Ramon Llull), impuls a s’arquitectura (La Seu, Castell de Bellver, reconstrucció de l’Almudaïna).

Aquesta crua realitat trastoca es mapes mentals des catalanisme que, lògicament, sempre ha volgut esborrar qualsevol record d’un regne privatiu que, li agradi o no, configurarà de llavors ençà s’identitat col·lectiva des mallorquins com una identitat diferent de sa des catalans. Per això, s’estimen més celebrar es 31 de desembre, una data contaminada ja pes pancatalanisme més radical, no perquè representi sa nostra entrada definitiva a una Cristiandat –i que, per això i no per altra cosa, s’ha conservat a sa nostra memòria des mallorquins– de sa qual, de vegades, pareix que sa nostra esquerra en vulgui sortir, sinó perquè es catalanisme entén que pot convertir aquesta efemèride cristiana en sa nostra entrada a sa Catalanitat, lo únic que de fet ocupa i preocupa Més, s’únic fruit que ha tret de tota aquesta comèdia de “repensar Mallorca” que va posar en marxa ara fa un any i mig Miquel Ensenyat.

 

FUNDACIÓ JAUME III

Es patronat de sa Fundació Jaume III està format per Fernando Fortuny, Gari Durán, Joan Pons, Toni Marí, Joan Font, Bernardí Homar, Bernat Noguera, Gabriel Barceló, Sebastià Jaume, Gabriel Le Senne, Antoni C. Pons, Toni Planas, Matias Rabassa, Pep Llorenç Mulet i David Cardona Tur

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Publicat a EL MUNDO/El Dia de Baleares

La identidad traicionada

HOY SE PERPETRA la enésima traición al pueblo mallorquín, a su historia y a su identidad. En el Consell de Mallorca, la izquierda nacionalista, la podemita y lo que sea El PI votarán que la Diada de Mallorca pase del 12 de septiembre al 31 de diciembre. Para que lo entiendan, -si me permiten el anacronismo-, se sustituye el día en que nuestro primer monarca privativo, Jaime II, juraba nuestros derechos y libertades, por aquél en el que el rey de Aragón entró a sangre y fuego en Madina Mayurqa. O para que lo comprendan todavía mejor: se elimina la memoria del reino privativo, -nuestro verdadero hecho diferencial- en beneficio del día en que pasamos a formar parte de la entidad ahistórica llamada països catalans, sustento político -no sólo cultural- del separatismo sucursalista de nuestras islas.

Ya ocurrió en 1983. Se cambió el nombre de nuestra lengua, de espaldas al pueblo, en nombre de un consenso que se cerró en los despachos, que algunos se cobraron bien y que se vistió de un cientifismo que nadie, con una ligera noción de sociolingüística, sería hoy capaz de sostener. Pero la traición se consumó, quedó bien blindada en el Estatut, confirmada en su reforma y convertida en una verdad de fe de la que no cabe disentir bajo pena de excomunión «gonella» y fascista.

 

Para que no quepa ninguna duda sobre sus intenciones, una semana antes de que se produzca la votación, ya se hacía público el lema de esta Diada «Per la plena sobirania de Mallorca. Construïm els Països Catalans». Que se hiciera antes de pasar por el trámite de la votación, ya es lo de menos. Se aprobará sin consenso, con el voto en contra del partido mayoritario -el PP- y el de Ciudadanos. Quizás en esta ocasión ha sido imposible el pacto de despachos, así que la vergüenza se consumará -esta vez- en público, sin que quepa la menor duda de quién perpetra la traición.

El nacionalismo no suele engañar sobre sus intenciones, de hecho, desde los inicios de la autonomía siempre ha mantenido que la Diada de Mallorca debía ser el 31 de diciembre y así lo ha manifestado a lo largo de los años tanto en las algaradas callejeras previas a la ofrenda floral a Jaime I como en la Festa d l’Estendard. Pero en estos tiempos de democracia asamblearia y transparencia pluscuamperfecta, aun teniendo a un presidente de Més en el Consell, había que vestir el santo.

Nada más llegar a Palau Reial, Miquel Ensenyat, en un alarde de impostura, invitó a participar a los mallorquines en una decisión que ya estaba más que tomada. «El 12 de septiembre, como Diada de Mallorca no tiene arraigo popular, quizás habría que repensarla». Poco después, se constituía una comisión especial que tenía como objeto «estudiar y, si convenía, elevar al Pleno» no si se debía o no cambiar la fecha de la Diada o qué hacer para mejorarla, sino directamente buscar «un día alternativo al actual 12 de septiembre como más acertado para celebrar la Diada de Mallorca». Que nadie, salvo su partido, hubiese planteado jamás la necesidad de un cambio, poco importaba.

Consultas a «expertos en la materia», un proceso participativo abierto a la ciudadanía en el que opinaron ¡46 personas! y un dictamen plagado de contradicciones, es el resultado de ese «repensamiento». Creo que hubiera sido bastante más honesto manifestar desde el primer momento que, ahora que se había conseguido la presidencia del Consell de Mallorca y que los votos de sus socios se lo iban permitir, impondrían su deseo, manifestado durante tantos años, de que la Diada de Mallorca fuese el 31 de diciembre. Sin más.

Si hablamos del dictamen con el que se pretende justificar el atropello, una vez impuesta la premisa de que el 12 de septiembre carece de arraigo popular, se pasa a menospreciar el acontecimiento histórico celebrado, así como cualquier logro o circunstancia que justifique la importancia que tuvo para Mallorca su monarquía privativa, hasta el punto de que, en un párrafo de insultante displicencia hacia nuestro hecho diferencial y momento de mayor esplendor de la isla, no sólo se considera inoportuna la ofrenda floral a nuestro rey Jaime II, sino que se concluye: «esta Comisión no ve la necesidad de homenajes a los reyes privativos o generales de Aragón».

Siguiendo con el dictamen, para la totalidad de los historiadores consultados -no me encuentro entre ellos- el 31 de diciembre de 1229 es «el momento simbólico del nacimiento del pueblo mallorquín tal y como lo conocemos hoy en día». Es decir, la indubitada Epifanía de los mallorquines. Borramos de un plumazo la Mallorca talayótica, la romana, la paleocristiana, la bizantina, la musulmana, la judaica, todas ellas documentadas en las fuentes escritas o en los hallazgos arqueológicos que han definido – sobre todo la Antigüedad- nuestra singularidad como ningún otro momento, si exceptuamos el de la monarquía privativa. Mallorca nace en 1229, como podía haberlo hecho en cualquier momento decidido por políticos de este jaez. De nuevo, como es común en todos los nacionalismos, la Historia como coartada.

Sin embargo, frente al cariz claramente positivo que desde una lectura actual tiene el juramento de los Privilegios y Franquezas del reino de Mallorca por parte de Jaime II, la conquista de Madina Mayurqa está plagada de elementos que casan mal con la corrección política al uso. De modo que en el dictamen se reconoce el origen sangriento de la conmemoración, pero se proponen charlas de interculturalidad para justificarlo (cabe decir que hablamos de los mismos políticos que se niegan a celebrar el Día de la Hispanidad, por los mismos motivos que obvian en el 31 de diciembre). Por supuesto, el carácter de reconquista para la Cristiandad que fundamentó su celebración en Palma desde siempre, se elude también, porque no tiene cabida en una institución que se autodenomina «laica».

Todo ello nos lleva a una celebración confusa en su forma, de la que hay que blanquear el origen hasta llegar al ridículo y colgarla de una fiesta palmesana bien arraigada – la de l’Estendard- , que está catalogada, por cierto, como Bien de Interés Cultural y que, por tanto, no puede ser modificada.

Impuesto su criterio, esta vez no podrán acogerse a la mentira del consenso. En cuanto a los que en 1997 votaron una cosa y hoy cambian de opinión, en su conciencia queda.
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Publicat a EL MUNDO/El Día de Baleares