Arcas públicas, esfuerzo privado

JORGE MONTOJO.

Este próximo verano turístico batirá todos los record y seguirá habiendo agoreros diciendo que Baleares puede morir de éxito. Posiblemente también acudirán más pateras con desesperados dispuestos a camuflarse entre las masas turísticas (acostumbran a ser más elegantes que la mayoría de clubbers que nos visitan). Las guerras que Europa ha llevado a Siria y Libia pensando, como Obama, que la democracia puede exportarse en plan McDonalds, han volcado el vecino mundo islámico en una sangrienta guerra civil. Cameron y Sarkozy se hicieron la foto en plan liberadores, pero ahora Europa niega el paso a los refugiados.

Chiitas contra sunitas (llevan así desde la muerte del profeta), la fallida Primavera Arabe, los orgullosos kurdos buscando su independencia en una zona tan convulsa como estratégica… La Turquía modernizada por Kemal Atatürk, hoy en manos del sultán Erdogan, y el Egipto faraónico también sufren atentados de grupos terroristas que siguen la sangrienta estela del Viejo de la Montaña, Hasssan Sahhbab (de quien recibe el nombre el grupo que asola el Islam del Africa negra), el mismo que daba a beber en el siglo XII a sus acólitos un brebaje de hachís y les llevaba al paraíso por unas horas para volverlos fanáticos.

Baleares ha visto como la guerra ha borrado a numerosos competidores del sector turístico. Eso significará otro overbooking histórico para este verano. ¿Estamos preparados o se desnudarán nuestras carencias? Es normal que los precios suban obedeciendo a las leyes del mercado. Pero los nativos debiéramos tener un descuento a la hora de acudir a tantos garitos que viven de las legiones de turistas que vienen una semana a gastarse los ahorros de todo el año. Lo bueno de tanto éxito cuantitativo es que algunos municipios, como San Antonio de Portmany, aspiran a mejorar cualitativamente. ¡Ya era hora!

Baleares es maltratada en los presupuestos, que en casi nada contemplan su espléndida insularidad. Debiéramos luchar mejor por tener un régimen especial, como el de Canarias. Pero contamos con una serie de burrócratas que directamente se declaran independentistas o aspiran a ser un satélite del delirio catalanista. Se declaran ecologistas, pero permiten crueles matanzas caprinas en es Vedrá mientras demonizan el arte taurino; presumen de mejorar la educación, pero impiden que se pueda estudiar español en las escuelas; presumen de sa nostra terra, pero han condenado al mallorquín, menorquín e ibicenco a la desaparición en loor del catalán estándar.

Este verano se llenarán las arcas públicas gracias al esfuerzo privado.
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Publicat a EL MUNDO/El Día de Baleares, 16/3/2016.

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