Treinta años inútiles

Francisco Gilet

PREÀMBUL. Hi ha manifestacions que són més importants pes QUI les diu que per lo QUE diuen. En Paco Gilet era es conseller de Cultura des Govern Cañellas que aprovà sa Llei de Normalisació Lingüística (1986). Sobre Gilet va recaure sa responsabilitat d’impulsar aquesta normativa. Com podran llegir, as cap de trenta anys sa decepció de Gilet és més que evident. Ni es sentit ni s’esperit des legisladors de llavors eren es mateixos que es que ara, interessadament, mos volen fer creure es defensors d’aquesta llei. Sa LNL ha fracassat per molts de motius i un d’ells ha estat sa desvirtuació sofrida després de deixar-la en mans des qui sempre varen voler anar molt més enfora de sa seva lletra i esperit: es nacionalistes. Fins an es punt que han arribat a fer creure a la resta d’actors polítics que es seus propòsits maximalistes eren compartits per Alianza Popular de Cañellas. Articles com aquest demostren que mai va esser així.

 

TREINTA AÑOS INÚTILES

FRANCISCO GILET.

Tal periodo arrancó un 29 de abril de 1986 y ha finalizado hace escasos días. Con la aprobación de la LNL, en gran medida se concluyó un período de cierta confrontación desde los sectores más radicales a favor de lo que estimaban una necesidad perentoria, absolutamente exigida a la actividad política de aquellos momentos.

Nos hallábamos en unos tiempos de imperiosa crispación, en los cuales la lengua catalana era un arma arrojadiza usada por dos sectores irreconciliables; los pancatalanistas y los anti catalanistas. En medio de ambos, un ejecutivo que, gobernando en minoría, no debía contentar a ninguno, pero tampoco ofender a nadie. Al fin y a la postre, ni de unos ni de otros se esperaba ni el aplauso, ni muchísimo menos el voto. El arranque de aquel proyecto legal se sustentaba en unas premisas: la igualdad de tratamiento del castellano y el catalán, el reconocimiento, promoción y defensa de las modalidades insulares propias, la libertad de elección de lengua por parte del ciudadano y el intocable futuro diferenciado de nuestro “poble”. Y dentro de tales parámetros se alcanzó el absoluto consenso.

Pueden existir dudas acerca del acierto de dichos condicionantes por parte del equipo de gobierno, mas, hace treinta años, ningún miembro del ejecutivo renunció ni traicionó sus sentimientos como ciudadano de estas islas, que se distinguían completamente de cualquier exceso o ambición por parte de otros colectivos o agentes sociales y culturales. Quizás, con el trascurso del tiempo, haya surgido alguna rara excepción, sorprendente e incomprensible si la contemplamos en el contexto de aquellos años, pero que, ahora, nos ratifica en la bondad de las decisiones adoptadas.

La aprobación de la LNL cumplió una función, acabar con la presión partidista, sin embargo, trascurridos esos treinta años de aquella unanimidad, su conmemoración en Es Baluart ratifica el fracaso de la política lingüística en Baleares.

Nadie, ni conservadores ni socialistas, ni nacionalistas, han dado con la tecla que establezca una aceptación, una convivencia pacífica entre el pueblo, en su conjunto, y esa normalización del uso del catalán, para algunos paranoica, La visión de múltiples sillas vacías en el acto conmemorativo de Es Baluart no es sino la constatación del nulo interés que el motivo del evento merece para el pueblo. Los políticos, de un color o de otro, han ido levantando la bandera de la normalización, impulsados por agentes con motivos supuestamente culturales, cuando en la realidad no eran, no son, sino económicos y políticos. La estandarización de la lengua catalana interesa a la gente del libro para aumentar el mercado con las muchedumbres del Principat. No es una defensa pura, sino, mayormente interesada. Y a tal interés crematístico hay que añadir el afán político de hacer uso de la lengua como cordón umbilical de un utópico ente unificador de diversas comunidades. Nuestra gente, sin embargo, vive completamente de espaldas a tales intenciones. Los resultados de esos treinta años son tan pobres que no existe ni un solo periódico que edite en catalán, mientras la televisión autonómica incrementa su audiencia si las películas son emitidas en castellano. 

La calle habla libertad, no grita imposición. Y en ésta se halla la verdadera causa del fracaso de las políticas normalizadoras; el pueblo es indiferente a la tópica inmersión lingüística, sin embargo, cuando llega el momento de aplicarla en su vida cotidiana, la deja en el olvido y se acoge a su libre albedrio. Por desgracia, algunos sectores y partidos políticos, han convertido el catalán en la enseña de una intromisión grosera e indeseada en la vida de nuestras gentes. Son escasamente miles los habitantes de estas islas que emularían a una diputada de Podemos cuando dice que, por ser valenciana, es catalana. Frases como esa son las que producen sarpullido en la idiosincrasia del ciudadano balear y aumentan los niveles de rechazo, aunque alguna ejecutiva de altura no lo entienda así.

Imposición, inmersión, estandarización formal, desprecio a las normas y modalidades propias, afán catalanista, son las principales causas de un fracaso más que llamativo de una Ley que bien pudiera haber cumplido la función a que iba destinada y en pro de la cual se han fundido miles y miles de partidas presupuestarias. Función que, en modo alguno y por unanimidad aceptada, no era imponer una lengua sobre la otra, sino en dar amplitud a ambas en su libre uso, como normales y corrientes entre nuestros ciudadanos. Unos ciudadanos que no se sienten hermanados con ninguna identidad colectiva más allá de sus fronteras naturales. Y si la política continua por esa senda, a esos inútiles treinta años seguirá otros tantos, siempre y cuando los políticos obren de espaldas a la libertad del ciudadano.
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Publicat a Ciutat.es, 3/5/2016. Francisco Gilet era es conseller de Cultura des primer Govern autonòmic liderat per Gabriel Cañellas quan s’aprovà sa Llei de Normalisació Lingüística (1986).

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