A menudo atribuimos en exclusiva el hundimiento de la enseñanza pública a leyes, decretos y desidias políticas cuando, en realidad, gran parte del cataclismo debe atribuirse a un determinado perfil de profesor que se dedica en cuerpo y alma a boicotear cualquier reforma por necesaria que sea con un encomio digno de mejor causa. El arquetipo que les presento es un señor poco baqueteado por la vida, de edad avanzada, que lleva lustros en la docencia y que suele alardear de “experiencias” únicas tan enriquecedoras como haber pasado alguna temporada en algún país del Tercer Mundo al calor de algún proyecto sindical a cuenta, claro está, del erario público. A pesar de su edad, diríase que nuestro héroe no ha envejecido, todo lo contrario: vive una eterna adolescencia, esa maravillosa edad en la que uno quiere ser mayor sin apechugar con ninguna de sus cargas. No es difícil identificar a este arquetipo en nuestros institutos. Si no lo han identificado todavía, les regalo unos retazos que a buen seguro le ayudarán a hacerlo.
1. Nuestro héroe tiene el don de la ubicuidad. Forma parte del Consejo Escolar del centro, como jefe de departamento está en la comisión de Coordinación Pedagógica y lleva la voz cantante en el claustro de profesores. Ególatra y narcisista, es el centro del instituto. Nunca aspiró a otra cosa que a jefe de la oposición contra el equipo directivo sin dar, eso nunca, el paso de incorporarse a él. El auditorio de fieles que se ha labrado tras años de intrigas, discursos floridos y tertulias de bar llena su ego por completo. Inseguro de sí mismo, se escucha sólo a sí y habla para ser oído.
2. Toda su vida gira alrededor del instituto. Por las mañanas, docencia. Por las tardes prepara escritos para el Consejo Escolar y el claustro. Maquinador e intrigante, no tiene vida más allá del centro.
3. Cuando el Govern de Bauzá aprobó el TIL, nuestro demóstenes exigió que el claustro se manifestara contra el decreto, como si tuviera alguna potestad para ello. Cuando estalló la huelga encubierta contra el TIL, pretendía que, mientras los profesores seguían cobrando el sueldo, se abstuvieran de dar clase a los alumnos que sí acudían al centro. Más tarde, se sumó al paripé de presentar por escrito su renuncia como jefe de departamento… para volver a presentarse de nuevo a la reelección el curso siguiente. Las tres horas de reducción horaria de las que disfrutaba como jefe de su departamento eran demasiado golosas para sacrificarlas en el altar de sus ideales. Ama la libertad sin responsabilizarse de nada. Induce a los demás a rebelarse mientras él se pone a refugio. Si comete algo ilegal o inmoral, siempre le quedará la directiva para echarle el muerto. Su afán de protagonismo no conoce límites. Algunos todavía recuerdan el día en que pidió al claustro votar contra el Proyecto de centro en el que habían sido incluidas las alegaciones que él mismo había presentado. Esta es su coherencia.
4. Durante unos años nuestro héroe se encargó de organizar la ceremonia de graduación de los alumnos salientes de bachillerato. Las circunstancias lo apartaron de esta responsabilidad. Herido en su orgullo, desde aquel día empezó una campaña sin cuartel contra el equipo directivo al que culpaba de su defenestración. Con su ausencia el evento prosperó, demostrándose que su presencia, más que necesaria, era engorrosa. Eso aguijoneó más si cabe su resentimiento que no oculta a nadie que tenga oídos para escucharle.
5. Su afán por controlar todo lo que ocurre en el centro no conoce límites. No obstante, nunca ha querido asumir ninguna responsabilidad de gobierno o dirección. Quiere manejar los hilos en la sombra, incluso se subroga funciones que no le corresponden, como controlar las faltas de asistencia de un compañero por no ser de su cuerda.
6. Como buen doctrinario, sólo ve la paja en el ojo ajeno. Provisto de una epidermis finísima, se ofende con facilidad a la mínima discrepancia, que se toma como un ataque personal. Lobo con piel de cordero, desconoce la virtud cristiana de la misericordia. En los claustros nunca pierde la ocasión para ofender a los miembros del equipo directivo y burlarse de ellos, convencido de que se lo tienen merecido por no habitar en el lado bueno de la humanidad. Lo de menos son sus “razones”, en realidad, naderías, zarandajas y nimiedades, que esgrime contra la directiva. Se ha propuesto derrocarla por orgullo y no ser de su cuerda.
7. Aislado del mundo que le rodea, apenas baqueteado por la vida, su percepción de los problemas reales es adánica, distorsionada y utópica, consecuencia de no haber pisado nunca la empresa privada o la economía real.
8. El mismo se ha convertido en una pancarta. Sólo se le ve ufano y feliz detrás de ella. Abanderado de verde los miércoles y viernes, ahora se ha propuesto desde la insignificancia del Consejo Escolar que manipula a su antojo reformar la LOMCE aprobada en las Cortes. Es la última bandera que ha agitado.
9. Pese a llenarse la boca de grandes y nobles palabras, se cuida muy mucho de no elegir los cursos más problemáticos. Su falta de ejemplaridad no le exime de instruir a los profesores de su departamento desde una tarima desde la que su infinito ego se explaya a voluntad.
10. Su fe en la idea de Progreso es absoluta. Una vez, en un examen, un alumno sacó una estampita de la Virgen para que le ayudara. Craso error. Nuestro héroe se lo recriminó arguyendo que estaba en un ¡colegio público y laico!
Nuestro docente adolescente es la joya de la educación pública de Baleares y su máximo valedor. Sin su inefable concurso, nada sería igual. Seguro que ya le han identificado, aunque cualquier parecido con la realidad sea pura coincidencia.
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Publicat a EL MUNDO/El Día de Baleares, 17/7/2016

