Fernando Fortuny
No sé si habrán escuchado cómo hablan los jóvenes de hoy. Yo sí lo he hecho y ya hace varios años, concretamente desde que se instauró la enseñanza en catalán. Cuando estudiaba el bachillerato, allá por los años 60, todo se hacía en castellano, pero cuando salíamos al patio todos hablábamos en mallorquín y que yo recuerde nadie nos llamó nunca la atención por ello. Ahora, según me cuenta un sobrino, en clase se habla catalán y en el patio castellano. Y es lógico, cuando uno juega uno no piensa en el modo de decir las cosas, salen espontáneamente, por eso los chicos no hablan en el recreo en el modelo estándar artificioso que se aprende en clase pero que no se habla en su casa. En casa se habla mallorquín o castellano pero no catalán, con un fonética, muchas palabras y un artículo determinado distintos.
Todavía recuerdo como en el colegio de Montesión, venía un señor llamado Francisco de Borja Moll, ¿un don nadie, verdad?, y nos daba clases gratuitas de mallorquín, con nuestros artículos, nuestras expresiones, nuestra fonética y nuestras palabras. Sus descendientes, en cambio, no le han honrado siguiendo sus enseñanzas. Una pena.
Posteriormente, realicé mis estudios universitarios en Barcelona. Al principio lo pasé mal porque a los catalanes les encanta escuchar nuestro catalán y querían que hablara en mallorquín, pero el problema era que no me entendían y tenía que decírselo en castellano hasta que aprendí sus variantes. Recuerdo que una vez en Andorra, quise hablar por teléfono y fui a las clásicas centralitas con cabinas, aquellas que la telefonista conectaba y desconectaba cables y te decía cabina número 12. ¿Qué pasaba? Como la comunicación era deficiente tenías que hablar en voz alta y se enteraba todo el mundo de lo que decías. Pues bien, cuando acabé, salgo de la cabina y la telefonista me preguntó en qué idioma hablaba. La expresión suya fue: “ ¡¡Qué diferenteeeee!!”
La simpatía que tienen los catalanes con los mallorquines es pública y notoria, encuentran que nuestro catalán es más agradable y no tan seco como el suyo. Uno de mis mejores amigos es catalán, tengo familia directa catalana y nunca se me ha ocurrido decirles que en Mallorca tenían que utilizar el artículo salado ni ellos nunca me han insinuado que utilice el artículo lalado. Allí donde fueres haz lo vieres, por eso cuando voy a Barcelona hago un esfuerzo y hablo con su artículo y fonética tan característicos, pero aún así enseguida me dicen “Tu ets de ses illes”, pero lo hacen con una sonrisa y de una forma cariñosa.
Yo veo a menudo la televisión catalana porque es buena y además los presentadores no hacen ningún esfuerzo para hablar su catalán, en cambio escuchar IB3 TV y radio es un auténtico esperpento. A veces utilizan nuestro artículo, otras no, palabras catalanas mezcladas con las mallorquinas y sobre todo la fonética, daña los oídos, por eso casi nunca la veo excepto aquellos programas típicamente mallorquines. La pronunciación de los informativos es algo muy serio. No es ni catalán ni mallorquín es catallorquín.
Los que vivimos en un ambiente rural nos resulta muy desagradable escuchar a nuestros políticos hablar el catallorquín porque se está perdiendo nuestro vocabulario y al final estamos perdiendo nuestra identidad, y no se habla bien ni el mallorquín ni el catalán ni el castellano. Cuando un político mallorquín habla en público en catalán estándar, debe saber ue no nos representa y que además hace el ridículo. ”Això no fa cult, fa curt”.
A los eruditos de la UIB les recuerdo que estas siglas quieren decir Universitat de SES ILLES BALEARS. ¿O es que son una sucursal de la Pompeu Fabra o del IEC? Y OCB quiere decir Obra Cultural BALEAR, deberían cambiar la B por una C y sabríamos por fin a qué atenernos. Qué poca personalidad, qué poco amor a esta tierra y qué mercantilismo hacia los catalanistas, que, por cierto, no son lo mismo que los catalanes.
Y lo peor de todo eso es que así como van las cosas es posible que el catalán se convierta en una lengua extranjera. Sería intolerable. Los españoles de Mallorca hablamos en un catalán que tiene un nombre MALLORQUIN, y al que no le guste o no quiera aceptarlo lo mejor es que lo haga en castellano.
Así lo pienso, así lo digo.
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Publicat a El Mundo-El Día de Baleares, es 4-9-2015.

