Vuelta a la normalidad

El vuelco electoral ha sido presentado por la parroquia nacionalista como una vuelta a la normalidad. Así, por ejemplo, nos prometen ahora un curso “normal” los mismos que hace un año abogaban por que no lo fuera. O como el diario Ara Balears, cuando afirma que el reingreso al Instituto Ramón Llull (IRL) significa “normalizar” las relaciones de Baleares con Cataluña. O como el regreso al anterior modelo lingüístico de IB3 bendecido por la UIB, presentado como otra vuelta a la normalidad. Nada obsesiona tanto al catalanismo como la normalidad, un término que nunca se les cae de los labios. Norma, normal, normalidad, normativa, normativizar, normalizar, normalización. En principio, no debería extrañarnos esta curiosa pulsión entre aquellos que han convertido la Norma por excelencia –la fabriana, naturalmente– en sus Tablas de la Ley y a Fabra en Sant Pompeu Fabra. La divinización de la norma y el endiosamiento del codificador de la lengua van de “soi” en un movimiento cuyos integrantes apenas han concebido ningún otro oficio que el de corrector o maestro de escuela. La literatura catalanista, por otra parte, rebosa de expresiones como “en un país normal”, “en una lengua normal”, “en una situación normal”, dando a entender que Mallorca, España, o los que tenemos la desgracia de no ser nacionalistas, no somos normales. Los normales serían ellos, los demás seríamos anormales, paranormales o subnormales, en cualquier caso, raros.

¿En qué consistiría esta “normalidad” de la que alardean los trompeteros catalanistas? ¿Cuál sería la dichosa norma que separaría a los normales -ellos- de los anormales –todos los demás? No se hagan ilusiones. Raramente aparece alguien que nos explique de modo claro y diáfano en qué consiste esta normalidad y esta superioridad moral que dimana de ella. Ningún periodista, editorialista, columnista o político de los que nos han estado bombardeando estos días con la vuelta a la normalidad nos ha explicado en qué consiste. El discurso nacionalista tiene este aire de familia que parece dirigido únicamente a los que ya son nacionalistas, como si fuera una conversación familiar, de consumo interno, esotérica, al alcance sólo de los elegidos. El nacionalismo en Baleares nunca ha forjado un discurso público con argumentos explícitos para convencer a los no convencidos y dirigido a una opinión pública adulta y plural. Su hipotética normalidad es un tópico más de la tupida red de sobreentendidos que dejan caer sin llegar nunca a explicarlos. “En una situación normal, la lengua catalana sería la única vehicular en la enseñanza”, nos espetan a bocajarro. La frase empieza haciendo acopio de una normalidad que se presupone… para concluir con un pronunciamiento que se deriva sin solución de continuidad de la premisa inicial. Pero…¿a qué “situación normal” se refieren? 

 

La normalidad sin tapujos. Para saber en qué consiste la normalidad de la que alardea a todas horas el catalanismo hay que profundizar en la literatura de sus referentes intelectuales: Gabriel Bibiloni, Jaume Corbera, Damià Pons, Isidor Marí o Bernat Joan. No es casualidad que todos sean filólogos catalanes y no precisamente estudiosos de su literatura, sino sociolingüistas. La razón que da sentido a sus vidas es la salvación de la lengua catalana amenazada por múltiples peligros. Dadas las resistencias sociales y políticas que se interponen en su camino, todos ellos han llegado a la conclusión de que sólo un Estado independiente podría salvar el idioma. El nuevo Estado debería ser monolingüe en catalán, la lengua “nacional”, como lo es el italiano en Italia, el francés en Francia o el alemán en Alemania. No quieren ser más que los demás, sólo como ellos. Normales, vaya. Un país normal es un país con una lengua nacional que debe diferenciarse de las lenguas circundantes –a las que tratará de tú a tú– mientras logra la unidad interna arrasando con todos los dialectos exceptuando aquel que, por razones demográficas, políticas, personales, filológicas o culturales, se ha convertido en la lengua supradialectal, en estándar. Así pues, los mallorquines debemos resignarnos a perder el mallorquín de nuestros padres porque,en última instancia, el estándar que, en sus primeras fases sólo aspira a ocupar los ámbitos públicos y más formales, a largo plazo termina arramblando irremisiblemente –al desaparecer de todos los espacios públicos y prestigiosos– con el resto dedialectos no elegidos por la Historia. Es lo que ha ocurrido, ni más ni menos, en todos los países “normales”: Italia, Alemania… Así es la vida. De ahí su odio a las modalidades insulares ya que su fomento se interpondría en su programa irredentista. 

Todo lo que nos aleje de este escenario o nos desvíe de las tareas urgentes y necesarias para trabajar en la construcción de este país “normal” con el que sueñan nuestros filólogos deja de ser percibido como normal. El proyecto de “una lengua, una nación, un estado” es lo que da patente de normalidad o no. Nada más. Cuando oigan hablarles de “normalidad” ya saben a qué normalidad se refieren. Alguien podrá objetarme que exagero. En absoluto, lean a estos autores y se darán cuenta de ello. Es más, si su verdadero proyecto no fuera éste y aceptaran una solución de compromiso como la coexistencia de varias lenguas en nuestra geografía insular, aceptando el marco estatutario y constitucional, no les importaría debatir sobre los objetivos reales de la normalización lingüística, si hay que revisar sus objetivos después de treinta años, si es ético o no que la Administración priorice el aprendizaje –bastante precario, además– de una lengua sobre la propia enseñanza, si apoyar una lengua debe afectar y cómo a la comunidad castellanohablante, si estamos dispuestos a sacrificar o no nuestras modalidades, etc. Todo esto debería discutirse en un debate público, franco y abierto entre todas las partes que tienen opiniones diversas sobre el tema. En cambio, todos prefieren “fer i callar”, la política de hechos consumados y aferrarse a la lengua de madera para salir del paso. “−La lengua es una”, ha afirmado con solemnidad la nueva consejera de Cultura, Esperança Camps, para justificar la “rentrée” de la UIB en IB3, como si Mariantònia Lladó y el resto de filólogas que le han acompañado en su ardua tarea de balearizar el ente lo hubieran puesto en duda alguna vez. O como si reingresar en el IRL fuera sinónimo de “normalizar las relaciones con Cataluña”, una autonomía, por cierto, que lleva unos años por unos derroteros de lo más normales. Normalísimos, diría yo.

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Publicat a El Mundo-El Día de Baleares, es 18-7-2015.

Sa Fundació Jaume III demana a sa consellera de Cultura que no només se reunesqui amb entitats afins

Sa recuperació de ses relacions des Govern amb s’OCB no hauria de significar rompre ses relacions amb altres entitats que també tenen qualque cosa a dir sobre sa llengua – Esperança Camps hauria de fer costat a un estàndar autònom que tengui com a referència ses Illes Balears perquè es balears s’hi sentin reconeguts i identificats

Sa Fundació Jaume III demana a sa consellera de Participació, Transparència i Cultura que sa recuperació de relacions des nou Govern amb s’OCB no impliqui sa ruptura de ses relacions amb entitats com sa nostra que, maldament no siguin afins a s’ideari des partit de sa consellera, sí que representen molts de ciutadans que mos fan costat. Seria un contrasentit que una consellera que se diu de “participació” i “de transparència” tancàs ses portes a associacions no afins però que també tenen moltes coses a dir en relació amb so model d’estàndar vigent.

Camps sap perfectament que s’estàndar oral que s’utilisava a Canal 9 on va ser periodista no tenia res a veure amb s’estàndar que li arribava de TV3 i que una llengua, tot lo unitària que se vulgui, pot ser an es mateix temps “polimòrfica” (distintes variacions formals i lèxiques en funció des territori) i “policèntrica” (se dicta sa norma des de diferents centres acadèmics: IEC i Acadèmia Valenciana de la Llengua).

Unitat no vol dir uniformitat i sa llengua catalana és un bon exemple de diversitat. No només té dos estàndars autònoms per medis audiovisuals clarament definits València i Barcelona que priorisen es lèxic i ses variacions formals pròpies de cada un d’aquests territoris, sinó que fins i tot hi ha dos centres (IEC i AVL) que dicten normes que, en determinats aspectes (accentuació i lèxic, per exemple), són contradictòries. De sa mateixa manera que ni sa llengua ni sa norma ni s’estàndar són unívocs ni unitaris, tampoc ho és sa societat civil, que té diferents punts de vista sobre sa qüestió.

No creim que sigui demanar massa que, des de Balears, igual que han fet a València i Barcelona, fomentem, d’acord amb s’article 35 de s’Estatut d’Autonomia, un estàndar oral per IB3 que tengui com a principal referència ses Illes Balears –s’auditori, en definitiva, a què se dirigeix sa nostra televisió autonòmica–, un model funcional en el qual es balears se sentin identificats i reconeguts. En això consisteixen es registres, adaptar-se en tot moment a s’auditori a què te dirigeixes. Aquestai no cap altra, és sa responsabilitat de Camps.

¿Llengua? Ni parlar-ne

En es debat d’investidura de la setmana passada, Francina Armengol va respondre an es diputat de C’s, Xavier Pericay, que no la cercàs per xerrar de llengua ni entrar en debat sobre aquesta qüestió. Lo curiós va ser veure com arrufava es nas, sa vessa amb què sa Presidenta li va contestar i sobretot es seus silencis clamorosos –no va dir res des foment de ses modalitats reconegudes a s’article 35 de s’Estatut–. Una sensació que vàrem veure confirmada el sendemà quan certs periodistes a ses seves cròniques polítiques li varen retreure un altre pic a Pericay que “només” xerràs de llengua, una exageració, clar, −bastar llegir es seu discurs per temer-se’n−, però que denota s’incomoditat de ses nostres elits polítiques, però també periodístiques, a s’hora de tocar una qüestió que s’ha convertit en una espècie de tabú. Almanco, xerrar-ne des d’una perspectiva diferent an es tòpics assumits per sa majoria. Se podria arribar a sa conclusió que els avorreix o que no els interessa es tema però llavors resulta que pràcticament totes ses primeres mesures i anuncis des Govern Armengol estan relacionats amb sa llengua: derogació des TIL, derogació de sa Llei des Símbols, anunci de sa tornada d’un model lingüístic a IB3 beneït per ses autoritats universitàries i anunci que es català tornarà a ser sa llengua vehicular a s’ensenyança, com si ho hagués deixat de ser-ho qualque vegada. D’això se’n diu fer es desmenjat amb talent.

Lo mateix podem dir de s’anomenat “sector regionalista” des Partit Popular. Que si han de tornar an es regionalisme, o an es canyellisme, però ningú mos diu exactament en què consisteixen aquests “revivals”, encara que tots intuïm de què va la cosa. Pareix que sa dreta tampoc vol xerrar de llengua i per això s’estimen més amagar-se darrere “regionalismes” i “canyellismes” eufemístics. N’hi ha que diran que és normal que es PP no en vulgui parlar, escaldat pes mals resultats electorals. Tanmateix, però, tampoc es PP d’en Bauzá va voler xerrar mai de llengua i mostrava sa mateixa incomoditat. Li feia pànic debatre-ne. Una anècdota significativa: sa Fundació Jaume III li va demanar més d’una vegada a José Manuel Ruiz, director llavors d’IB3, un debat obert amb s’Obra Cultural Balear. Mos va dir que no seria possible perquè OCB s’hi negava en redó.

¿Per què una qüestió tan important i decisiva políticament resulta tan incòmoda per tothom? ¿Per què no en volen discutir a un debat franc, obert i públic? ¿Per què uns i altres s’estimen més fer… i callar? ¿Per què a Catalunya mateix hi ha molt més debat i molt més pluralisme (drets lingüístics, normalisació i lliberalisme, models de llengua, qüestionament de sa normativa fabriana) que a ses Balears? ¿Per què aquí n’hi ha molts que en volen fer una qüestió d’Estat, o sigui, deixar-la de banda des debat públic però, mentrestant, fer la seva?

Sa resposta és que aquí a Balears, precisament per falta de debat, de lucidesa i de coratge entre ses nostres elits intel•lectuals, s’ha acabat imposant un discurs hegemònic que aspira a dominar tota sa societat. Un discurs immune a ses crítiques i que exclou totes aquelles opinions alternatives o distintes que se puguin tenir sobre sa llengua. Un discurs format per un número reduït de tòpics que mai s’han explicat a fons –ni tampoc ses conseqüències que comporten–, que van “de soi” i que se repeteixen de forma recurrent i obsessiva, sempre legitimats per una suposada “cientificitat” i per s’argument ad baculum des nostros “savis” universitaris. I d’aquí no en sortim.

Lo característic d’aquest catalanisme de panfonteta però dominant a Balears és sa falta absoluta de reflexió. Se donen per definitius, per necessaris, per immutables, per inexorables i lògicament per superats una sèrie de conceptes (pensem, per exemple, en termes com “normalisació lingüística”, “política lingüística”, “llengua pròpia”, “llengua estàndar”, “diglòssia”) que duen incorporats un arsenal de partits presos que serien lo que realment s’hauria de discutir. ¿Què vol dir “normalisació lingüística”? ¿Ha de durar sempre o transitòriament? ¿Quins objectius finals se marca si se’n marca qualcun? ¿Ha d’afectar aquesta normalisació es drets de s’altra comunitat lingüística: sa castellanoparlant? ¿Per què i com? ¿És legítim que es poders públics intervenguin activament per crear una societat nova, lingüísticament parlant? ¿És legítima s’enginyeria social a societats demolliberals que tenen s’individu com s’únic subjecte de dret? ¿S’ha de rectificar qualque cosa si as cap de trenta anys no ha donat es resultats esperats? I així podríem continuar amb la resta de termes que, en es parer des catalanisme imperant, se presenten com una necessitat històrica i se donen sempre per descomptats i davant es quals no mos queda dir sinó amén.

Tot això, naturalment, no s’ha discutit mai a Balears. Ni per part de sa dreta –perquè en sap poc– ni tampoc per part de s’esquerra –perquè se pensa sebre-ne massa–. Es cas és que s’irreflexió i sa falta d’idees són es seu estat natural. Ara pareix que uns i altres volen tornar a sa comunió mística que els unia abans que Carlos Delgado introduís elements de discòrdia i divisió que es nostros benpensants (a la dreta i a l’esquerra) han decidit condemnar com a altament nocius. És curiós. As cap d’un any i mig, sa Fundació Jaume III no ha rebut ni una sola crítica intel•lectual solvent, ni per part de cap periodista escandalisat ni tampoc per cap des nostros filòlegs de referència. Ni una. Ses “crítiques” han consistit en insults (“ignorants”, “acientífics”, “absurds”), befes, tergiversacions grolleres de lo que realment defensàvem, judicis d’intencions a veure si trobaven es nostro pecat original. Això, aquells que mos han fet cas. Ets altres ni això: llei des silenci, sobretot per part des dos diaris més llegits a Mallorca.

Hem pogut constatar en què consisteix es maniqueisme: s’altre (o sigui, qui no forma part de s’unió sagrada) es qui “en sap” però “diu mentides” (per interessos inconfessables) o qui “no en sap” i “s’engana” (per ignorància). Es nostros, en canvi, són es qui “en saben” i “diuen sa veritat”. Es discurs des catalanisme fluixeja molt més de lo que aparenten es seus incontestables triumfs. Per això, estan sempre a la defensiva i necessiten concebre s’altre com a sospitós, errat de comptes, o directament culpable, mai com a complementari que pugui tenir una part de sa raó. I també hem pogut constatar aquest típic aire de família d’unes elits que han perdut es costum de fer explícits es seus arguments per falta de debat i on es proverbial “tu ja m’entens” ho presideix tot.

Es catalanisme d’aire “científic” –s’invocació a sa ciència té un poderós efecte legitimador– a Balears és un exemple claríssim de lo que s’escriptor polonès i premi Nobel Czeslaw Milosz va definir com a “pensament captiu”. Amb aquest terme Milosz analisà fil per randa es procés de conversió a través des qual ses ments més lúcides d’una societat renunciaven progressivament a sa raó per transformar-se ells mateixos en eines d’una ideologia que se confon amb so poder. O que és es poder mateix. Una ideologia que, curiosament, també apel•lava a sa ciència encara que, a s’hora de sa veritat, hagués renunciat an es vertader esperit científic que comporta fer hipòtesis i refutacions, no repetir tòpics com a lloros. Aquesta ideologia s’anomenava socialisme “científic”. També. Una altra broma de s’història.

Sa veu de Menorca

Sa Veu de Menorca, o si prefieren, La Voz de Menorca, no es ningún proyecto periodístico en gestación para equilibrar el triste panorama informativo de la isla hermana en la que, desde la fusión de Última Hora y Diario de Menorca, sólo sale un diario de papel, con todo lo que ello supone para el pluralismo democrático. No, sa Veu de Menorca es la última consigna que está empleando el partido Més per Menorca para tratar de apropiarse de la voz de todos (subrayo, todos) los menorquines. A pesar de haber sido sólo la tercera fuerza más votada en Menorca, Més per Menorca ha conseguido dos hitos remarcables. Conseguir un grupo parlamentario propio con el mínimo de diputados exigible (tres diputados) y con apenas 6.491 votos (17’48%). Y hacerse con la presidencia del Consell de Menorca con sólo 3 consellers de un total de 13, aunque parece que aún no está cerrada del todo la cuestión. Nunca tan pocos sufragios habían dado para tanto. Frente a las críticas a Més por la desfachatez de formar dos grupos parlamentarios distintos (Més per Mallorca, con seis diputados; y Més per Menorca, con tres) para cobrar más, tener más asesores y tener mayor visibilidad en los debates, su portavoz menorquín, Nel Martí, se vio obligado durante el debate de investidura del pasado martes a justificar tanto atrevimiento. Martí se enfangó en la habitual retórica de los nacionalistas, que si era una “reivindicación histórica de los menorquines”, que si “la voz de Menorca” se escucharía por fin en la Cámara balear, que si había políticos que votaban una cosa en un sitio y otra en otro. En fin, los lugares comunes de siempre que aburren hasta a las ovejas. Lo que pretende Nel Martí es identificar su isla y a sus habitantes con su partido, una estrategia eficaz pero democrática y éticamente reprobable que sigue las mismas pautas de los nacionalistas catalanes (CiU, ERC) y vascos (PNV) cuando tratan de hablar en nombre de todos los catalanes y de todos los vascos en sus cuitas a las Cortes. El resultado después de más de treinta años de deslealtad ha sido la disgregación sentimental de España. Martí pretende hacer lo mismo pero a nivel autonómico, ni más ni menos. 

Més per Menorca no es la única voz de Menorca, es una voz entre otras muchas que tiene el peso que tiene y que representa lo que representa, como vienen reflejando todas las elecciones. Un partido (PSMe) que hasta ahora había sacado un raquítico conseller/diputado y que se movía en torno al 10% de los sufragios no puede arrogarse el sentimiento y la representación de toda una isla porque haya obtenido ahora el 17%. Falta a la verdad Martí cuando afirma que hasta ahora no se había escuchado al “pueblo” menorquín. Cuando fui diputado siempre me dio la impresión de que los diputados menorquines e ibicencos sólo estaban preocupados por los problemas exclusivos de sus islas y apenas participaban en otros debates. Y encima si obtienen los diputados suficientes para formar un grupo propio es porque cada uno de ellos les sale baratísimo en votos, a Menorca más que Ibiza, algo que a mi juicio tendría que corregirse cuanto antes cambiando la ley electoral. Le recuerdo a Martí (y también a la pesada diputada de Formentera) que, como diputado, representa a todos los baleares, no sólo a los menorquines. Para representar a éstos, ya cuenta con el Consell de Menorca que al parecer va a gestionar más competencias que nunca si finalmente Armengol es fiel a su palabra. Esta Comunidad Autónoma ha hecho muchos esfuerzos –que nos han costado un ojo de la cara– para que los menorquines se sintieran a gusto: la sobrerrepresentación parlamentaria del voto menorquín, la creación del Consell de Menorca o las salvaguardas para que los intereses de Mallorca no se impusieran sobre los de las islas menores (sí, menores) a la hora de aprobar los presupuestos autonómicos. Los padres fundadores de esta autonomía (Albertí, Félix Pons, etc..) trataron de evitar a toda cosa el enfrentamiento entre islas y si finalmente hemos conseguido superar estas reticencias iniciales ha sido gracias a que los dos partidos mayoritarios, PP y PSOE, se han comportado más como partidos baleares que como partidos insulares. Los diputados han venido votando en función de su pertenencia partidista, no en función de la isla a la que pertenecen. Y, al menos hasta ahora, lo considerábamos un logro. Los legítimos intereses de una isla en particular se gestionaban dentro de cada grupo parlamentario pero no se hacía política sacando punta a las discrepancias que inevitablemente se producen. Toda esta paz institucional podría desvanecerse si Martí se sale con la suya. El peligro de su estrategia es que va a arrastrar a los diputados menorquines del PP y PSOE a hacer lo mismo. Y vistos los resultados, nadie nos asegura que los ibicencos no tarden en presentarse en el Parlamento como la “voz de Ibiza”. Nos estamos jugando el futuro institucional de la autonomía balear y los narcisismos localistas deben atajarse cuanto antes. Xelo Huertas y los grupos parlamentarios tienen la obligación de cortar de raíz este fraude de ley. Y por favor, señor Martí, déjese de monsergas de leguleyo sobre si técnicamente Més per Menorca es un partido distinto a Més per MallorcaEstamos hablando no de si “puede” hacerlo, sino si “debe”.

Mezclas infumables. No creo que exista ningún país del mundo donde un portavozparlamentario lea su discurso en un registro estándar y nada más levantarla vista de los papeles dé rienda a su espontaneidad hablandoen forma dialectal. Lo pudimos ver en vivo y en directo durante el debate de investidura del martes. A Francina Armengol, Marga Prohens y Jaume Font tal vez les parezca de lo más normal pero no deja de ser incoherente y sobre todo ridículo. Porque en el fondo refleja que nadie se siente cómodo hablando en un estándar continental en el que no nos sentimos identificados ni reconocidos. Los filólogos de la UIB hace veinte años que vienen aconsejando a nuestros tribunos que empleen siempre el estándar no sólo para leer en público sino también para expresarse espontáneamente. A la vista está su fracaso. La culpa, sin embargo, no la tienen ellos estos filólogos –que aspiran a un estándar pan-catalán por motivos políticos– sino la estulticia de una clase política que blinda la autoridad de los “sabios” de la UIB mientras no les hace caso, todo para no reconocer la necesidad urgente de un estándar balear –todo lo normativo que se quiera de acuerdo con el IEC, pero morfológica, léxica y sintácticamente insular – basado en nuestra forma natural de hablar, como lo han hecho valencianos y catalanes, sin ir más lejos. Armengol, Prohens y Font tienen dos alternativas para alejarse de este modelo híbrido, inseguro y fluctuante. O lo hacen todo en estándar de acuerdo con las pautas de los filólogos de la UIB, o lo hacen todo en mallorquín como Xavier Pericay, o en buen menorquín, como Nel Martí. Las mezclas quedan fatal.

Unos maestros mal preparados

Hasta hace unas semanas ebajo nivel de los estudiantes de magisterio era un secreto a voces. En el transcurso de alguna clase de ingeniería en la UIB he podido presenciarla siguiente escena. Alguien no tiene los conocimientos matemáticos básicos para seguir una asignatura. Sus propios compañeros dejan caer con sorna que ha elegido mal y que tal vez debería estar estudiando magisterio. Segunda escena. Maestros que han cursado magisterio en nuestra universidad, cuando se sinceran en privado, admiten que el nivel exigido es deplorable. Tercera escena. Las reiteradas quejas del profesorado de la ESO y Bachiller. Todo esto se sabía, se intuía pero la corrección política dominante sumada al temor a represalias por parte de los maestros organizados impedía decirlo y menos asegurarlo. La autollamada “comunidad educativa” venía decirnos que el cataclismo educativo de Baleares obedecía a múltiples factores pero en ningún caso a la mala formación de la pieza fundamental del engranaje, los maestros. Por supuesto, insinuarlo era interpretado como una forma de humillar, faltar al respeto y desprestigiar a un colectivo que por primera vez se ha visto cuestionado por una parte de la sociedad.

El departamento de Pedagogía Aplicada y Psicología de la Educación de la UIB que encabeza el catedrático Jaume Sureda Negre acaba de publicar un estudio que demuestra que los rumores que circulaban en torno al deficiente nivel de los estudiantes de magisterio no eran ninguna leyenda urbana. Es cierto que el estudio incide sólo en el nivel formativo de los estudiantes antes de empezar la carrera y que, para ser honestos, necesitaríamos saber también su nivel terminada ésta. Todos los profesores sabemos, no obstante, que partiendo de ciertos mimbres los cestos resultantes tampoco pueden ser una maravilla. Y que partir de un nivel bajo generalizado te obliga a rebajar la exigencia si quieres mantener unas tasas de éxito razonables. El estudio de la UIB es devastador. El 19% de los alumnos que empiezan los grados de infantil y primaria en la UIB suspendió catalán en las pruebas de selectividad. El 29,7% suspendió castellano. El 39,4% suspendió las Matemáticas Aplicadas a las Ciencias Sociales II (las fáciles) y otro 41,9% las Matemáticas II, las difíciles. Para que se hagan una idea de la dificultad de las pruebas de selectividad, recordarles que este año las han superado casi el 95% de los presentados. El estudio, en su afán por demostrar que un elevado porcentaje de los aspirantes a maestro no tiene los conocimientos mínimos para iniciar la carrera, hace referencia a los desoladores resultados de una prueba sobre conocimientos matemáticos realizada por los profesores Joe Miró y Miquel Nadal en 2014 para la asignatura de Matemáticas de Primaria. La suspendieron el 62,4%, aun cuando el nivel de la prueba era equivalente a… sexto de primaria (12 años). 

La opinión de Sureda contrasta con los desesperados intentos de la comunidad educativa de tirar balones fuera y minimizar el papel fundamental que juega el profesor en el éxito de un sistema escolar. “Són moltes les evidències que mostren que el professorat constitueix l’element fonamental per al bon funcionament dels centres educatius, el factor que més influència té sobre la qualitat de l’educació escolar” (Atreure el millor alumnat als estudis de mestre, Jaume Sureda NegreDiario de Mallorca, 18-05-2015). La profesionalidad del docente es lo que marcael listón del sistema educativo. “No és estrany, doncs, que aquells països amb sistemes escolars d’èxit siguin, precisament, els que han prioritzat la política educativa centrada en el professorat, els que han posat en marxa mesures orientades a incrementar el prestigi i la qualitat dels seus mestres”, subraya el catedrático. Y por ello, Sureda reclama que se admiten la carrera de magisterio sólo a los alumnos mejor capacitados como ocurre en Filandia, un modelo de éxito escolar, donde la media para iniciar los estudios de infantil y primaria es superior a nueve. En el país escandinavo, sólo uno de cada nueve aspirantes son admitidos, todo lo contrario de lo que ocurre en la UIB. Del CESAG, donde también se imparte magisterio, no tenemos datos.

En efecto, la gravedad de esta cruda realidad que debería haber provocado un escándalo en el agitado mundo educativo de Baleares y que los medios –grandes aliados del sector docente a la hora de taparles las vergüenzas– han saludado con la ley del silencio habitual,se acentúa todavía más si nos remontamos a otro artículo demoledor del propio Sureda, publicado hace medio año, donde trataba de explicar por qué tantos jóvenes querían estudiar de maestro (¿Per què hi ha tants joves que volen estudiar per ser mestre?, Jaume Sureda Negre, 9-10-2014, Diario de Mallorca). Los motivos que esgrime Sureda serían los siguientes: a) la profesión de docente sigue teniendo un elevado prestigio social, a pesar de las críticas de los últimos tiempos y de los nefastos resultados académicos; b) es una profesión bien retribuida económicamente, comparativamente hablando; c) es una carrera muy fácil, la más fácil, reconoce el catedrático, de la UIB; d) hasta hace poco era relativamente fácil encontrar acomodo laboral. O sea: estudios facilísimos, buen salario, alto prestigio social y fácil inserción laboral hasta la fecha. El panorama que dibuja Sureda es desolador, de ahí que abogue por quela carrera de Magisterio sea tan exigente como Medicina. Este sería su objetivo.

Por supuesto, a nadie medianamente inteligente se le escapan los devastadores efectos que han tenido sobre la enseñanza balear estas mesnadas de maestros mal preparados y con poca vocación. Los resultados están ahí, al alcance de cualquiera. Incrustar a este tipo de profesionales en órganos de reproducción clave para una sociedad como son los centros de infantil y de primaria sólo podía conducirnos al colapso educativo, tal como ha ocurrido. A un círculo vicioso en el que las crecientes carencias académicas de los alumnos se van arrastrando etapa tras etapa sin que nadie les ponga remedio. Todos los profesores nos aferramos a la coartada de que no podemos hacer más de lo que hacemos. A fin de cuentas, pensamos todos a modo de exculpación, los culpables de la formación insuficiente de los alumnos con los que tenemos de lidiar son los docentes que nos han precedido. Un día habrá que hablar de la selectividad –nada “selectiva”, paradójicamente– de la rebaja sustancial en el grado de exigencia de los concursos-oposición para acceder al cuerpo de maestros que se ha producido desde que tenemos transferidas las competencias autonómicas. No esperen el menor ejercicio de autocrítica en el colectivo. Tampoco entre los políticos. Para que comprueben la autocomplacencia y el cinismo de nuestros responsables políticos les voy a regalar una perla. Hace unos meses, el periodista Llorenç Capellà entrevistaba en la revista Brisas (21 marzo) Bartomeu Rotger Amengual, un inspector educativo que en los años noventa se convirtió en el factótum educativo “par excellence” de la derecha mallorquina. La excusa de la entrevista era que Rotger acababa de publicar un libro, Cap a una reforma educativa, y el motivo real, naturalmente, vapulear la política educativa de Bauzá. En la entrevista Rotger afirma que la virtud de Cañellas y Munar era que “confiaban la educación a los profesionales”, a diferencia, claro está, del maléfico Bauzá. Y concluía el experto: “Tengo una gran fe, una fe casi ciega, en los docentes (…). ¡Si nuestro profesorado tiene un nivel magnífico!”. Rotger es un reformador de la educación al que ni se le ocurre cuestionarlos educadoresQue Dios le conserve la vista.

Ante críticas como la que están leyendo, la actitud de la autollamada “comunidad educativa” será parecida a la de Rotger. Hacer como los avestruces, negar la realidad, mirar para otro lado, adoptar la ley del silencio o como hacía Francina Armengol este martes durante el debate de su investidura, ¡ver el vaso medio lleno y congratularse de que los niveles de alfabetización han aumentado en España después de décadas de enseñanza obligatoria! Y yo me pregunto ante el espíritu panglossiano de Armengol, ¿no se habrá equivocado nombrando consejero de Educación a Martí March y no a Jaume Sureda? Al tiempo.

¿Periodismo o psicoanálisis?

“Crec, i això no és collita meva, que darrera aquesta impostura seva, s’hi amaga un personatge que se comporta com un neoliberal, però ‘sense consciència de ser-ho” (Ultima Hora). Estas palabras, referidas, ¡cómo no!, a José Ramón Bauzá, no las escribía este lunes una psicoanalista, sino alguien que firma como doctora en Historia Económica de la UIB, Joana Maria Escartín. La izquierda intelectual ejerce una segunda profesión, la del psicoanalista que se afana en desenmascarar las profundidades del inconsciente del adversario. O la del demonólogo. El columnismo balear está saturado de muestras como éstaEl sagaz Miquel Payeras (Ultima Horaviene advirtiendo a todos los que le quieren escuchar de la amenaza que supone la Fundació Jaume III para el catalán, si bien ésta nunca ha puesto en duda la unidad del idioma. El mayor peligro no residiría en los que abiertamente se definen a sí mismos como “secesionistas lingüísticos” sino en aquellos que ocultan sus intenciones con la hipocresía de una conceptualidad respetable, como la Jaume IIIEl Diario de Mallorca bombea en portada “Bauzá negoció ayer en Madrid su salida como senador autonómico”como si dicho cargo tuviera que negociarse con Madrid. La noticia es desmentida después por el presidente.

La función de estos demonólogos de andar por casano es debatir, informar o exponer una tesis. Aspiran a mucho más, nada menos que a desenmascarar la verdadera realidad que anida en el subconsciente del adversario, convertido en enemigoAl adversario, ya saben, se le respeta, al enemigo no. Se trata de buscar siempre segundas y terceras intenciones detrás de las posiciones que defiende pública y abiertamente, intereses inconfesables, sumergirse en su pasado remoto, inmiscuirse en su esfera privada para encontrar una doble vida, todo vale para tratarle no como un igual con el que se pueda hablar sino como un malvado impostor cubierto con la máscara de la respetabilidadEl periodista o columnista se convierte a su vez en un psicólogo en busca del sustrato “fascista” del contrincanteen un inquisidor despiadadoAtaca siempre en el plano moral, nunca en el racional y en el factualAlain Finkielkraut se remonta al primigenio jacobinismo francés para descubrir los orígenes de esta forma de pensamiento, cuando los jacobinos se percataron de que la única forma de sobrevivir en medio del frenesí revolucionario era calumniar primero. Insinuar una doble moral, dejar caer la sombra de la sospecha, hacer juicios de intenciones, en nombre, claro, del bien de la humanidad. De ahí esa infinita amargura, estas toneladas de resentimiento, este tono agriado que recorreeste tipo de opinionesEsta es su contribución al debate públicoel desenmascaramiento. Las variaciones sobre el tema son diversas. Ahí tienen a Llorenç Capellà, regurgitando una y otra vez el fantasma dela Guerra Civil –otros colegas suyos, en cambio, regurgitan el III Reich con igual fiereza en busca del nazi emboscado– como la piedra filosofal a ver si a través de ella consigue interpretar la realidad política ochenta años después e identificar al fascista congénito que todos llevamos dentro.Ahí tienen Miquel Segura, acechando el mal y pastoreando a los mallorquines para advertirlos en su omnisciencia telúrica de sus emboscados enemigos:“Xavier Pericay es más peligroso para los mallorquines que Bauzá”,“Ciudadanos es el Círculo Balear” y demás perlas insuperables que ha esculpido en su peculiar campaña electoral contra C’s. ¿Qué peligro entraña Pericay, una persona respetuosa, educada con los demásadversarios, que no alza la voz y que expresa sus puntos de vista tranquilamenteen foros no precisamente afines como la OCB y el AraBalears sin darles ninguna dentellada? ¿De verdad un hombre a es un peligro para los mallorquines, como asegura Miquel Segura?

Como dice Andreu Malraux, “lo que necesita ese modo de pensamiento no es que el adversario sea un adversario, sino que sea lo que en el siglo XVIII se denominaba un malvado”Por supuesto, un espacio público inundado por la sospecha, la persecucióny la calumnia no merece este nombre. Es su antítesis. Un espacio público y democrático es aquel donde todo el mundo se expresa sin segundas intenciones. Y recalco, sin segundas intenciones. ¿Por qué habría que haberlas en un régimen de opinión pública donde impera la libertad de expresión? ¿Acaso alguien que se decide a dar la cara libremente en la esfera pública tiene algún motivo para tener las segundas intenciones que te atribuyen nada más salir al escenario, únicamente porque lo haces en el bando equivocadoSin embargo, la democracia como espacio público está sucumbiendo bajo los efectos de la chusma anónima de las redes socialesde la podemización ambientede la pésima educación de una juventud tan arrogante como indocumentadade la cacería al corrupto y de este repugnante periodismo de alcantarilla. No triunfa quien tiene razón sino aquel que es capaz de movilizar más tontos ilustrados por las redes sociales y repetir las consignas sin descanso. Cualquier hombre público tiene derecho a ser respetado, lo que no significa dejar de combatir sus ideas de forma racional y argumentada, sino dejar de atacarle como persona, como si el “error” en el que eventualmentese encuentra fuera también manifestación de su maldad.

Esta fauna de escritores y periodistas que a su vez se nos desvelan como unos ambiciosos psicólogos saben mejor que tú, hombre público, cuáles son tus verdaderas intenciones y los monstruos que habitan en ti. No te escondas. Ellos saben reconocerte mejor de lo que tú lo harías. No te esfuerces en explicárselo porque ellos, deberías saberleen tu pensamiento cuando les hablas y al identificar tus ideas reaccionarias con el Mal, saben que defenderlas no se puede deber al error ni a tu confusión, en cualquier caso dignos de perdón. Sólo puedeobedecer a tu maldad. Tu sonrisa liberal delata al monstruo fascista que llevas dentro. La defensa del mallorquín delata tu antimallorquinismo. Tu caridad cristiana tu falta de solidaridad. Tu educación con las mujeres tu machismo oculto. Tu respeto por el adversario el odio que le tienes.

En realidad, su vocación es la misma que la de Nel Martí, el diputado de Més, el típico inquisidor moralizante que se escandaliza por tus puntos de vista y los cataloga de “golpes de estado”, saltando como un resorte cada vez que cometes la imprudencia de alejarte de lo que él, hijo de la Luz y del Progreso, entiende como políticamente correcto. No son políticos, no son periodistas, son comisarios a la caza de reaccionarios. Y con el reaccionario no se habla, se le desenmascara y se le expulsa, pues, como dice Finkielkraut, coinciden en él lo escandaloso y lo anticuado.

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Publicat a El Mundo-El Día de Baleares, es 6-6-2015.

Zig-Zag en ‘Bearn’

Cuando un bandido os persiga a tiros, lo mejor es huir en zig-zag. O al menos eso recomendaba Lorenzo Villalonga. ¿Pero qué hacer para escapar de la persecución de un fanático catalanista?
Me gusta cuando Román Piña escribió que su edición de Bearn al mallorquín pertenece al terreno del capricho. ¡Bravo! El capricho, la ilusión, lo que se hace con amore, sin ser esclavos normativos o utilitarios, o sea lo contrario del pelmazo talibán que odia cualquier bendita diferencia en su dictadura del más bajo denominador común.

La filóloga Mariantònia Lladó ha adaptado nuestro gatopardo al mallorquín editado por Sloper. En una entrevista firmada por Marcos Torío, la filóloga afirma que la lengua balear no existe. Naturalmente. Yo entiendo perfectamente el ibicenco pero necesito un par de palos con ginebra para comprender el mallorquín. Con el catalán, cuando estoy en la barra de ese oasis alcohólico que es el bar Dry Martini, en Barcelona, y bebo un gin Old Raj, tampoco tengo ningún problema. Y en la travesía dipsómana agradezco a mi condición de tenor diletante que el oído educado por las notas universales descubra las diferencias entre las lenguas. Lo cual es siempre una riqueza, aunque algunos mercenarios quieran calificarlas de dialectos.

 

Me encantó la reacción de una gran dama butifarra cuando dijo a unos periodistas empecinados en la pureza catalana: «Mi familia lleva setecientos años en Mallorca. ¿Por qué no me dejan considerarme mallorquina?». Luego también tuvo problemas con el cartero porque no quería entregarla una carta a no ser que llevase escrito su título nobiliario en el DNI. El vecindario salió en ayuda de la condesa -una dama encantadora y muy querida, con la llaneza que inquieta a los cursis- afeando la conducta al cartero que, aunque sabía perfectamente quién era la destinataria, quiso tener su momentito bolchevique.

El español, gallego, catalán, francés, provenzal, italiano, napolitano…, son dialectos del latín que han evolucionado diferentemente según el grado de dulzura de las uvas doradas o la acidez de las aceitunas. Pero en Baleares hay una absurda guerra por matar las lenguas propias de sus islas por un plebeyo vasallaje a lo que dicten los hijos del Pujol.

Por eso la edición de Bearn en mallorquín revoluciona tanto el pesebre catalanista. Bueno, eso viene bien a la aventura editorial de Román, aunque estoy seguro que está más que harto de discutir con tanto pulgarcito tribal

Porque lo peor de los fanáticos es que son mortalmente aburridos y ni siquiera vale el zig-zag.

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Publicat a El Mundo-El Día de Baleares, es 10-6-2015.

En defensa de Mariantònia Lladó: ¿Existeix es balear?

En es capítol d’entrevistes, amb freqüència es periodista entrevistador, a més d’introduir qualque pregunta maliciosa o polèmica, cerca sa resposta més compromesa, irrellevant o efectista a fi de subretxar-la i fins i tot fer-la servir com a títolvirtual, com a declaració o proclama, molt millor si apareix descontextualisada o fora es matisos que l’haurien de complementar.

És lo que va succeir dissabte 6 de juny amb s’entrevista a na Mariantònia Lladó que li va fer El Mundo-El Día de Baleares arran de sa publicació de Bearn o sa sala de ses pepes, on després d’una bona taringa de preguntes i respostes s’entrevistador, Marcos Torío,li acaba demanant si existeix sa llengo balear. Sa resposta de sa filòloga conté matisos i podria incloure encara més raons, no és, en rigor, un ‘no’, però es diari encapçalà desafortunadament s’entrevista amb un reduccionisme bastant groller i inquietant: “Sa llengo balear no existeix”.

Això no és pròpiament lo que afirma s’entrevistada –gran defensora des mallorquí i des grup baleàric, per altra banda–, que matisa que “balear” és un terme  convencional, un terme tècnicament filològic en oposició an es gentilicis tradicionals i seculars: mallorquí, menorquí o eivissenc, parts d’un conjunt que per sa seva rica pluralitat és en gran mesura abstracte. Podríem reproduir moltes de ses declaracions de na Mariantònia en defensa de sa dignitat formal des mallorquí (que no considera ‘col·loquial’) o de s’article ‘salat’, així de ses seves crítiques cap a s’actual estàndard, però creim que ja basta deixar-ho apuntat.

ES BALEAR. Es ‘balear’ com a llengo és un concepte problemàtic per sa seva relativitat i composicionalitat. Se tracta d’un constructe legítim però merament tècnic, filològic, que no se concreta en un corpus an es qual se li pugui dir ‘llengo’ en un sentit convencional. Pot ser avinent per definir es conjunt de parlars de Balears, com a terme pràctic a esmentar a una futurible reforma de s’Estatut d’Autonomia, com a sinònim de ‘grup lingüístic baleàric, o sigui, es conjunt que aglutina es diversos parlars balears que el constitueixen idealment. Aquests tenen cada un ses seves pròpies característiques i presenten tals concomitàncies que formen una família cohesionada. Però no lo suficientment cohesionada com per parlar, en sentit estricte, d’una sola llengo articulada que permeti un estàndard monolític i sense fissures

Per posar un exemple anàleg, difícilment podem dir que existeix sa ‘llengo romanç’, i no obstant es castellà és una llengo romanç, com ho són s’italià, es francès, etc. Igualment es mallorquí és balear, com ho és es menorquí o s’eivissenc.

Una ‘llengo balear’ malentesa equivaldria a una mescladissa dets elements propis des parlars naturals i autèntics de cada illa, i ningú mai ha xerrat o rallat o parlat amb aquest criteri caòtic. I si ho fes feria es ridícul.

UN ESTÀNDAR BALEAR ÉS POSSIBLENo obstant, un estàndard balear sí és possible en es seu sentit de marc normatiu i descriptiu dets elements formals comuns (també diferencials, privatius) de ses seves diferents manifestacions. Es caràcter plural des grup lingüístic baleàric fa que aquest estàndard hagi de ser a la força de tipo composicional (a diferència de s’actual estàndard ‘català’ centralista), i dins el segle XX comptam amb vàries propostes normatives modernes (molt semblants entre sí) més una caracterisació des baleàric per part des filòleg Joan Veny (membre de s’Institut d’Estudis Catalans) que, maldament està mancada d’intencionalitat normativa, el descriu amb precisió dedicant-li vàries característiques laudatòries

Altres pseudogramàtiques o guies pràctiques referides principalment an es mallorquí de sa seva època són prenormatives (és a dir, d’abans de s’unificació de criterisal manco per lo que fa a grafismes), decimonòniques o encara anteriors, resulten obsoletes i sobretot mancades de s’exigència inherent a tota temptativa normativa: es seu caràcter convencional, consensuat. Són es resultat des lloable esforç d’un o un altre autor, interpretacions personals expressades invariablement en un castellà farcit igualment d’anacronismes. En aquest capítol, es marc més sèrio amb què comptam és sa recent proposta des filòleg Xavier Pericay (‘Un model lingüístic per ses Illes Balears’Fundació Jaume III, elaborat en coordinació amb altres filòlegsque, a pesar de qualque crítica, respecta es grafisme modern però se desmarca en molts de sentits de s’ortodòxia des principals pressuposts fabrians que atempten contra s’identitat des ‘balear’Per cert, ja fa més d’una dècada es prestigiós estudiós de sa llengo Lluís Cerdó titulava un interessant article amb ses paraules que encapçalen aquest paràgraf: ‘Un estàndard balear és possible’. En Cerdó se considerava obertament hereu intel·lectual d’en Pep Gonella i a pesar d’això fins i tot n’Aina Moll sovint el consultava en qüestions tècniques relatives an es mallorquí.

Es terme ‘llengo’ per aplicar-lo an es balear només pot tenir aquesta accepció, sa d’un marc referencial legítimament representatiu que sia assenyat i assumit pes col·lectiu d’usuarises conjunt de parlants.

Es terme ‘llengo balear’ és vàlid, però s’ha d’entendre com lo que és, un constructe al·lusiu a ses seves parts, s’etiqueta pràctica per designar un llinatge lingüístic. Davant sa pregunta maliciosa’ d’un entrevistador, aquestes raons són males d’exposar. Per afegitó, aquesta falta de justificació per manca d’espai, inherent a sa premsa escrita, pot donar peu a un sucós ‘titular’ i deixen en carreró que no passa a qui, com s’entrevistada, se veu obligat a donar una resposta massa sintètica.

Si no tenim això clar, mal podrem defensar-mos de s’avassallament i desplaçament lingüístic an es qual mos aboca s’imposició destàndard centralista i equívocament ‘cientifista’ que en darrera instància mos ve dictat des de Barcelona.

Canvi d’agulles

Es passat dia 12 d’abril, en bon diumenge, s’únic diari de paper que s’edita en català a Balears obria sa seva portada amb un titular sorprenent: «Per un català del segle XXI». Lo que en principi pareixia una broma se justificava un poc més avall: «gairebé un segle després de la gramàtica de Fabra, hem de ser prou lúcids per entendre que mantenir la norma intocable és fer un trist favor al català».

S’Ara Balears dedicava dotze pàgines, ¡dotze!, portada inclosa, a fer-se ressò d’un llibre que ha tornat a obrir es debat a Catalunya sobre sa necessitat de reformar sa normativa fabriana, sa mateixa normativa que es catalanistes de ses Balears consideren intocable i sagrada. I dic tornar perquè a Catalunya aquest tipo de debats no són nous en absolut, a diferència d’aquí on es catalanisme només se dedica a repetir ses consignes de sempre i a repartir ses habituals bul.les d’ortodòxia lingüística. N’hi ha que sempre hem pensat que aquesta actitud des nostros catalans de Mallorca, Menorca, Eivissa i Formentera, sempre a la defensiva i conspicus representants de sa més estricta ortodòxia fabriana, només s’explica pes fet que no són catalans de soca-rel i han de fer per tant un sobreesforç per ser catalans de ple dret. D’aquí es seu extremisme.

Com deia, es diari ‘Ara’ s’havia volgut fer ressò de «Canvi d’agulles. Per un català més ric, àgil i senzill» (Ed. RBA, 2015), un llibre que ha provocat una gran polèmica en es Principat de Catalunya on deu maquinistes de sa llengua, tots ells assessors, correctors i redactors de diaris, demanen un «canvi d’agulles» de sa Norma perquè, en paraules de s’assessor lingüístic des diari ‘Ara’, Albert Pla Nualart, «la fractura entre la intuïció dels parlants i la llengua correcta no s’eixampli encara més». En resum, lo que demanen aquests deu primers espases especialistes en es català que s’empra en es medis de comunicació i a ses editorials és que sa normativa se vagi acostant a sa llengua viva des carrer. A part de Pla Nualart, entre es col.laboradors de «Canvi d’agulles» hi trobam qualque filòleg, com en Ricard Fité, que a començaments dets anys vuitanta ja va ser un precursor d’aquest acostament an es català parlat i que va causar una polèmica extraordinària. Un debat que va enfrontar dos models de llengua distints: es català més acadèmic -farcit d’arcaismes i de construccions allunyades des català des carrer-, que defensava un immobilista Institut d’Estudis Catalans, i, enfront, un català que agafava com a principal referència sa llengua que se xerrava a Barcelona, anomenat popularment «català light» -per oposició an es “heavy” i acadèmic-, i al qual en Jaume Corbera, professor de sa UIB, s’ha referit com a «català localista de Barcelona» o bé com un «català col.loquial, localista i acastellanat» de Barcelona.

Es resultat d’aquella brega intel.lectual va ser que es partidaris des “light” guanyaren sa partida i que es model de català adoptat pes nous medis de comunicació de masses que se posaven llavors en circulació (TV3, Catalunya Ràdio, ‘Diari de Barcelona’) i per un renovat diari ‘Avui’ va prendre com a principal referència es públic de Barcelona i de ses comarques centrals catalanes, un model lingüístic que ha estat es que finalment s’ha acabat imposant per mímesi a ses Balears. Quan des de sa Fundació Jaume III deim que s’estàndar que s’usa aquí a Balears té una base local barcelonina no deim cap desbarat. Senzillament, constatam una realitat ben visible que, com en Corbera, sa majoria de conciutadans ja han notat maldament ets esforços des nostros savis universitaris i es seus xotets de cordeta per embullar sa troca i dir lo contrari.

Idò bé, ara pareix que amb “Canvi d’agulles” tornam a reviure es mateix debat de fa trenta anys. I per això, es diari Ara admetia s’importància de lo que estava en joc i hi dedicava un número especial de dotze pàgines. De fet, aquest debat no hauria de resultar estrany perquè és així com evolucionen totes ses llengües modernes. A la llarga, s’oralitat, poquet a poquet, s’acaba convertint en formal i acaba penetrant s’himen de sa norma. Vull recordar que es procés normativisador que va encetar Fabra a l’Avenç fa més de cent anys i que culminà amb ses «Normes Ortogràfiques» de 1913 ja va ser, en es seu moment, una concessió que va haver de fer es català literari de llavors an es «català que es parlava» en aquells moments. Es català literari prefabrià, per exemple, encara utilisava s’article «lo» i «los» en lloc des moderns «el» i «els», que era s’article que emprava sa gent des carrer. Es documents escrits encara feien servir es passat simple («cantí») quan nigú ja el feia servir i tothom usava ja es passat perifràstic («vaig cantar»). Si «lo» i «los» donaren pas a «el» i «els» -que, curiosament, passaren a anomenar-se «article literari» -, o si “cantí” va donar pas a «vaig cantar», que se convertí en formal, ¿per què es balears no podem aspirar que un dia sa norma -que, com veim, més que científica, és evolutiva- reconegui com a formal s’article salat?

No entraré a detallar avui es contenguts des diversos assajos que apareixen a «Canvi d’agulles». Ho deixaré, si volen, per un altre dia. Però, perquè se facin una idea de lo que avui se planteja a Catalunya, només faré referència a un criteri d’en Pla Nualart que m’ha parescut revolucionari i que bastaria per tapar sa boca a tot es catalanisme de tercera divisió que mos toca aguantar per aquí. Diu així, «la llengua és com és i no com ens agradaria que fos (..) Dit d’una altra manera, si la norma contradiu la intuïció dels parlants més sensibles i menys interferits -més poc acastellanats-, és que està mal formulada. No és que els parlants -com de vegades han pretès alguns- parlin malament» (pàg. 106). ¿Què te pareix, secretari? O sigui, sa llengua la fa es poble, no ets acadèmics. Són aquests que s’han d’adaptar an es poble i no a s’enrevés. Això és, ni més ni manco, lo mateix que defensam des de sa Fundació Jaume III en es nostro llibre d’estil «Un model lingüístic per ses Illes Balears», un model molt més acostat a lo que xerram es balears.

No és gens raro que na Cristina Ros, directora de s’Ara Balears i a la qual segurament no li va fer gens de gràcia haver de dedicar dotze pàgines a un llibre tant revisionista amb sa Norma que ella mateixa divinisa, titulàs així sa seva columna d’aquell diumenge d’abril: «La llengua necessita debat, no polèmica». Idò, ja en tens, de debat: ¿començam?

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Publicat a El Mundo-El Día de Baleares, es 4-6-2015.

Villalonga y Puig

ROMÁN PIÑA VALLS. Valentí Puig presentó un libro el otro día, y el diario Última Hora tuvo a bien dedicarle foto al intelectual catalán, y unos párrafos. Pero no para hablar de ese libro, sino de lo que Puig opina sobre la edición de Bearn en mallorquín. El periodismo es así de caprichoso: al periodista con frecuencia le interesa un titular que busca polémica, más que lo que en realidad le interesa a quien proporciona ese titular.

He llamado a Puig catalán y no mallorquín para no someterlo a la descalificación que él mismo utiliza en su declaración: «Hay una derecha anticatalanista y gonella, origen de José Ramón Bauzá». Si Puig no se identifica con el reportaje de C. Domènec, que pida una rectificación. No ser catalán, que es lo que nos pasa a los mallorquines, para Puig es lo mismo que ser anticatalán y por lo tanto de derechas. No estigmaticemos a Puig diciendo que es un intelectual mallorquín, es decir, necesariamente anticatalán, gonella y de derechas, brote de un caldo que escupe a personajes como José Ramón Bauzá.

O el periodista de UH se ha hecho un lío, o Puig tiene mala memoria, o miente cuando dice «rechacé escribir la versión en mallorquín de Bearn». No se le ofreció en ningún momento hacerlo, sino prologarla.

Todos soltamos tonterías de vez en cuando y Puig no tiene por qué ser la excepción: «A nadie le consta que el autor (Llorenç Villalonga) quisiera escribir algo así», dice en referencia al Bearn en mallorquín. Quienes contemplan esta edición de Bearn o sa sala de ses pepes como una herramienta utilizada para cuestionar la unidad del catalán, lo hacen cegados por prejuicios. Cervantes tampoco tenía ninguna intención de que Trapiello le jibarizase su castellano y adaptase El Quijote como le ha dado la gana. Estamos en el terreno del capricho, si quieren, de lo que se hace por ilusión, sin necesidad, pero que acaba enriqueciendo una lengua y una literatura. Y si ha sido una idea tan marciana, el único perjuicio se medirá por el fracaso de ventas. Si esa ilusión ha nacido en el pecho del heredero de Villalonga, José Zaforteza, este Bearn del que hablamos no puede estar más justificado.

El trabajo que ha hecho Mariantònia Lladó con el texto, en el peor de los casos, es una apreciable aportación a la dialectología. El respeto servil que algunos muestran por lo normativo resulta esterilizador, y siempre me ha parecido de novatos y estreñidos. Carmen Riera me comentó que la traducción catalana de mi novela Som lletjos pecaba de estándar, de poco mallorquina. Se puede ser normativo, cumplidor con la academia, y a la vez fiel a un bagaje propio, sin necesidad de ser anti nada.

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Publicat a El Mundo-El Día de Baleares, es 8-6-2015.