Señas de identidad

No seremos más catalanes (pero tampoco menos) porque una castiza y abigarrada mayoría política, tal que Més, Podemos, PSIB y el PI, hayan decidido que lo seamos. Tal vez lo somos, en efecto. O tal vez no. Es posible que, a fuerza de que nos lo repitan, nos lo creamos. Pero también puede que, por lo mismo, acabemos por no entender ni una palabra de lo que nos cuentan. Yo me recuerdo observando desde las terrazas de un edificio, hoy estruendosamente tapiado, de las avenidas de Palma, los coros infinitos de la gente bailando sardanas los domingos de mi infancia y no sé si este hecho es una premonición definitiva o una desechable anécdota. Uno puede rebuscar su identidad donde le plazca, pero esa sombra que somos suele sernos muy esquiva y habitar, acaso, muy adentro de nosotros mismos.

 

Por ello rebusco en mi árbol genealógico y me sale un frondoso sarpullido de ancestros con orígenes en Campanet y en el barrio palmesano de Santa Catalina. Me salen, también, un montón de conexiones perdidas, hace ya muchos años, con presuntos parientes de algún lugar incierto de Extremadura, de Larache (Tánger, Tetuán, tal vez del mismísimo jardín de las Hespérides), de algún islote, en fin, del siempre remoto Caribe. A todos ellos, mis queridos antepasados, los llevo siempre conmigo sin saber cómo ni por qué, pero ya me he acostumbrado tanto a su compañía que no me resultan ninguna carga. No se me quejan. No chirrían ni tampoco alborotan, cuando el mundo se nos planta tal cual es (o quiere ser, que no es lo mismo) y nos acaba pareciendo, el mundo, un decepcionante mal chiste o una ambulante estupidez sin ningún sentido, aunque parezca ir de enarbolar banderas y también banderines, pancartas y también pasquines. Estoy convencido de que, a mis antepasados, pese a ser de otras épocas y costumbres, les importa muy poco lo que, desde luego, a mí me importa nada. O menos que nada.

Luego están los delirantes informes de los expertos de la comisión de la Diada representados, entre otros, por el inefable Cristòfol Soler, de la Asamblea Soberanista de Mallorca, o Maria Antònia Font, del sindicato STEI, nada menos. Pero ya lo dije. Uno puede buscar su identidad donde le plazca: hay paraísos artificiales, distopías y lodazales suficientes para todos. No hay que alarmarse, por lo tanto, si nuestra progresía fija sus señas de identidad (y las nuestras, ay) en el genocidio de la conquista, saqueo y posterior reparto de Madina Mayurqa antes que en el nacimiento histórico del Reino de Mallorca. Seguramente ignoran que manipular el pasado para construirse un futuro a medida es prostituir pasado y futuro; es convertir el frágil presente en una vergonzosa farsa.

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Publicat a EL MUNDO/Día de Baleares

La Diada

HAY DEBATES que deberían despertar en mí el interés del opinador y, sin embargo, me resbalan. Siendo yo un declarado antinacionalista, uno de esos mallorquines que piensan que el catalanismo es con diferencia el peor de los males que nos han tocado en suerte, lo normal sería que anduviera muy alterado por el cambio de fecha de la Diada de Mallorca del 12 de septiembre al 31 de diciembre. Y ya ven: me importa un bledo. Por mí, como si deciden suprimirla del calendario, con sus 24 horas adosadas, dejan el año en 364 días y va veremos cómo cuadramos el tema de la rotación terrestre con unos nuevos bisiestos.

 

No piensen que por esto me siento raro. He preguntado y a la mayoría de mis conocidos y amigos, muchos por supuesto mallorquines de pura cepa, les pasa lo mismo: s’en foten de lo que hicieran unos reyes feudales en el siglo XIII y aprovechan los festivos patrióticos para realizar actividades tan variadas como subir montañas, montar en bicicleta, navegar o tumbarse en el sofá a contar las arañas del techo.

La historia es necesaria, está bien que sepamos lo que ocurrió en sendas fechas señaladas, faltaría más, pero conviene separarla de una contienda política tan mezquina como actual, cuyo objetivo -está más que demostrado- consiste en enfrentar entre sí a la ciudadanía cuestiones generalmente peregrinas.

Va en serio, que los bacilos del Consell prueben de suprimir la Diada de Mallorca y verifiquen por sí mismos, al ver que no ocurre nada, la fantasía lisérgica que habitan. Y, ya de paso, que eliminen el Consell y toda su estructura humana. Igual es tal el júbilo fruto de la medida que, a partir de ese momento, salimos una vez al año a la calle a ondear banderas y a tocar xeremies para conmemorar el culmen de la mallorquinidad, coincidiendo con la fecha de la extinción de una institución que bien podríamos ahorrarnos.

Porque tal vez Mallorca aún no existe y no lo sabemos. Tal vez nazcan libres los isleños el día en que quienes desde hace más de 30 años se dedican a envenenar el ambiente con la lengua y la historia dejen de representar el ideal de la convivencia y la cohesión, dejen de ser los depositarios de la cultura y, lo que aún es peor, de lo que aquí se considera contracultura (Corberas, payeses raperos y demás), tan o más aferrada a la doctrina oficial catalanista que la anterior. Tal vez, con un poco de suerte, nuestros biznietos puedan solemnizar el fin de las imposiciones nacionalistas en lugar de una sangrienta cruzada de hace casi ocho siglos. Hasta que llegue ese día, los mallorquines pacíficos no tendremos nada que celebrar.

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Publicat a EL MUNDO/Día de Baleares

Anormalización lingüística

Se han cumplido 30 años de la Ley de Normalización Lingüística. Aprobada por unanimidad en el Parlament, esa coincidencia fue engañosa pues la sociedad no ha seguido el camino dictado por los políticos. Y eso porque la promoción del catalán no se ha hecho en sentido positivo sino crispadamente contra el castellano y las modalidades insulares, como armamento para una maximalista batalla política. Cuando algo requiere señalar y atacar chivos expiatorios al final acaba sometido al principio de acción-reacción.

 

Como indican los últimos datos, el porcentaje de hablantes va reculando. ¿Nadie ha pensado entre nuestras eminentísimas autoridades que eso se debe a la antipatía que genera la forma megaestandarizada y antagónica de aplicar el modelo de lengua? Josep Melià avisaba en 1992 que era un error usar el catalán para fer patriotes porque generaba rechazo y, en consecuencia, un retroceso en el uso de la lengua, como estamos viendo.

Ya en la época de la pre-autonomía, un Jeroni Albertí acomplejado al ser el castellano su lengua familiar entregó la cuestión lingüística en manos de intransigentes como Carod-Rovira, Bernat Joan o Aina Moll. Luego Cañellas consumó la rendición dejando el campo abierto para que una OCB liderada por el submarino pujolista Antoni Mir, apartado el culto y respetuoso Bartomeu Fiol, fuera aplicando el rodillo allá donde ponía la pata.

Uno de los grandes errores de Cañellas fue pensar que con esta ley (y otros gestos) el catalanismo se amansaría. Xisco Gilet, conseller del ramo en 1986, especificaba que unidad no implica uniformismo. Pero ingenuamente se dejó hacer a un nacionalismo que fue copando la educación y la administración para imponer un modelo de lengua, gobernara quien gobernara, que no tenía (ni tiene) seguimiento mayoritario por parte de la ciudadanía balear. De hecho, la Comisión Técnica de la ley quedó en manos de gente como Janer Manila o Joan Miralles.

La Fundació Jaume III, tan odiada como eficiente, lleva 3 años trabajando por una mayor identificación del hablante con su lengua materna. No se trata, como expelen ciertas víboras, de comulgar con castellanismos y formas coloquiales, sino de aplicar aquello que normativamente permite el DIEC95, aunque muchos se dediquen en cuerpo y alma a timar al ciudadano haciéndole creer que esos casos no son preceptivos. La obsesión con este ultrafabrismo cerril, más ideológico que filológico, está provocando la deserción de los hablantes, hartos de ser reconvenidos sobre sus supuestos errores. El catalán, igual que el castellano, no tiene por qué someterse a un único estándar. Si en Argentina usan sin complejos un castellano que no es el de España, no se entiende que en Baleares no se pueda hacer lo mismo con las modalidades.

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Publicat a EL MUNDO/Día de Baleares

La mentira enquistada

Tal vez uno de los rasgos más odiosos del nacionalismo sea la facilidad con la que miente. El cambio de la Diada de Mallorca nos ha ofrecido una nueva muestra para observar su apego a la mentira y a la hipocresía, sin importarles caer en incoherencias ni contradicciones de toda índole con tal de imponer su punto de vista. El fin justifica los medios. Y la mentira es, en política, uno de los más eficaces, como saben los populistas y los nacionalistas, a fin de cuentas unos populistas “avant la lettre”.

Los mismos saduceos y sofistas que repiten sin cesar que no hay inmersión en catalán son los mismos que nos dicen ahora que no se puede tildar el 31-D de “fiesta catalanista”. “Sorprende −decía el editorial de Última Hora−, que algunas organizaciones, como la Fundació Jaume III, se opongan a que el 31 de diciembre sea la Diada de Mallorca por tildarla de fiesta catalanista. La protesta carece de sentido y es un mal precedente el intento de politización de la jornada”. Se trata del mismo periódico que días atrás informaba del lema de los independentistas para este 31-D: “Per la plena sobirania de Mallorca. Construïm Països Catalans”. Da igual que los premios de la OCB se llamen 31 de diciembre. Da igual que Tòfol Soler (ASM) y Maria Antònia Font del STEI defendieran la “catalanidad” de los mallorquines en el pleno del Consell de Mallorca de hace una semana (“yo me siento catalana de Mallorca”, dijo Font, como si todo el mundo no pueda sentirse lo que quiera) y abogaran por que el 31-D fuera una palanca para “ser el que volem ser”, con continuas alusiones al derecho de autodeterminación. Da igual que el PSM nunca haya dejado de reivindicar el 31-D. Da igual que la manifestación del 30-D se convierta año tras año en un aquelarre separatista que se prolonga hasta la ofrenda floral en la Plaza de España. Da igual. Para Última Hora, los que politizan el 31-D no son los catalanistas que llevan treinta años haciéndolo sino la Fundación Jaume III. Nada menos.

Resulta insólito que Última Hora publique el mismo día que el editorial reseñado una entrevista a Miquel Deyà en la que el historiador defiende el 31-D como Diada de Mallorca porque “la Festa de l’Estendard ha sido siempre una exhibición de hispanidad”, una fiesta conservadora que parte de los señores descendientes directos de la Conquista, una conmemoración donde históricamente se han rendido honores “al pendón del rei en Jaume, no a ningún partidismo nacionalista”, una celebración donde se homenajea a la “Corona de Aragón, fundadora de la hispanidad y al antiguo Reino de Mallorca”. Lo insólito no son las declaraciones de Deyà que nos remiten a un 31-D no contaminado por el catalanismo. Lo insólito es que Última Hora –así como los portavoces de Més y El PI– se aproveche de Deyà para respaldar la peregrina tesis de que el 31-D no es ninguna “fiesta catalanista”.

En efecto, si Més ha elegido el 31-D como Diada de Mallorca no lo ha hecho por ninguna de las razones que aduce Deyà sino exactamente por todo lo contrario. Efectivamente, desde que el catalanismo se lo apropió, el 31-D es una celebración nada lúdica y sí muy reivindicativa, nada cristiana, nada hispánica, excluyente, de la que se ha expulsado al ejército, en la que no se exhiben las cuatro barras como emblema de los reyes aragoneses sino como signo de la “catalanidad” de Mallorca. El ponente de Més en el Consell, Lluís Apesteguia, ha sido muy claro al respecto: cada nueva generación tiene derecho a interpretar el pasado como le venga en gana. Es lo que han hecho.

Otro que baila el agua al catalanismo triunfante es el periodista de Diario de Mallorca, Miquel Adrover, que informa que “la Fundació Jaume III clama contra la unidad de la lengua”. Falso. Lo que dije yo el pasado 23 de diciembre en defensa del 12-S fue que el primer triunfo del catalanismo a la hora de imponer sus símbolos de partido había sido en 1983 cuando logró que la lengua se denominara “catalana” en el Estatut, un nombre que nadie utilizaba salvo una minoría. Las pruebas son abrumadoras. Cuando en 1975 Franco permitió el aprendizaje de las llamadas “lenguas regionales”,  Última Hora tituló en portada: “El mallorquín en la escuela”. En 1978 la Constitución Española fue publicada oficialmente en “lengua balear”. El nombre no hace la cosa y en principio no cuestiona ninguna unidad, máxime de un idioma que hasta hace muy poco carecía de un nombre unitario.

El catalanismo en Baleares no sería nadie si los Pedro Serra, los adrover o los manresa de turno no le allanaran el camino al disfrazar sus verdaderas intenciones mientras difaman a quienes se oponen a su avance.

El pasado, según el catalanismo, es un campo fértil para la reinterpretación, la manipulación y la deformación a gusto del ciudadano actual. Por lo tanto, no ven incoherencia alguna que quien se declara laicista quiera celebrar la llegada del denostado cristianismo, que quien se declara pacifista (incluso antitaurino y animalista) quiera celebrar una matanza, que quien se declara republicano prefiera celebrar un acto de guerra a un juramento de una carta de libertades civiles, que quien se declara “soberanista” quiera celebrar nuestra subordinación a Cataluña y no nuestra independencia como reino (que es lo que se celebraba el 12 de septiembre), que quien se declara amigo de las clases populares quiera celebrar una tradición de señores feudales, que quien se declara contrario al 12 de octubre celebre la conquista de 1229. Sólo es cuestión de jugar a contextualizar/descontextualizar el pasado para volver a presentarlo (“re-presentar”) cómo nos convenga de modo que, debidamente reinterpretado por los elegidos, el oráculo ancestral nos marque el camino a seguir desvelando nuestra verdadera esencia.

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Publicat a EL MUNDO/Día de Baleares

Arranquen es cursos de mallorquí de sa Jaume III

Dijous qui ve presentam es cursos i els donam es sus – S’hi han inscrites 38 persones – Es model lingüístic que se seguirà serà es llibre d’estil de sa fundació, un model que és un 99% normatiu però que pren com a principal referència sa modalitat mallorquina.

 

Dijous qui ve començaran es cursos per aprendre a escriure mallorquí que ha organisat sa Fundació Jaume III. Es cursos seran d’una hora setmanal i se faran a sa seu de Sant Elies, 10A, 1erB, de Palma, a càrrec d’un llicenciat en filologia catalana amb amplis coneixements de mallorquí. Durant es període d’inscripció s’hi han apuntat 38 persones.

Es model lingüístic que se seguirà en aquests cursos serà es llibre d’estil de sa fundació (“Un model lingüístic per ses Illes Balears”, 2015), un model que és un 99% normatiu però que pren com a principal referència sa modalitat mallorquina i que cerca dignificar-ne certs aspectes com s’ús formal de s’article baleàric, entre altres.

Portada ModelLing

 

Si encara hi ha qualcú interessat, pot telefonar an aquests números:

616 624 355 (seu)
971 666 468 (seu)
627 181 702

La ‘manifa’ estelada

La ‘manifa’ independentista del 30-D en Mallorca no crece ni mengua. Es la misma de siempre. Número indeterminado pero similar de asistentes (entre 1.500 y 2.000 personas), mismas caras en el frontispicio de la marcha y la misma sopa de letras: pueblo, nación, país, futuro, soberanía… En fin, un acto folklórico al que, incomprensiblemente, los medios seguimos dedicando un espacio que no se merece. Incluida, por supuesto, esta columna.

Dado que los unos perseveran en convocar esta procesión trasnochada, hasta el punto de querer convertirla en el acto central del día de la patria, y otros nos empeñamos de forma rutinaria y absurda en darle cancha, conviene proclamar su fracaso y tranquilizar a todos esos ciudadanos estoicos que no pueden evitar sentir cierto canguelo ante la visión de los desfiles con banderas y las llamadas exaltadas a la lucha. La realidad es que los estelados son bastantes menos de lo que la inercia informativa hace parecer.

 

Habrá quien piense que reunir a 2.000 independentistas (tiremos por lo alto) no está mal. A mí me parece una cifra pírrica para cualquier tipo de concentración en una ciudad del tamaño de Palma. Y aun así, si decidimos otorgar relevancia a esta supuesta noticia en función del número de participantes, cabe ponderar otras circunstancias que nos han de llevar sin posibilidad de error a la conclusión de que el movimiento soberanista en Baleares es un fiasco.

El pancatalanismo, como todo el mundo sabe, ha contado durante décadas en Mallorca con financiación interior y exterior, y ha dispuesto de herramientas suficientes (educación, cultura, connivencia mediática y acomplejamiento político) para aspirar a mucho más que a juntar a dos millares de personas el día de su gran marcha. Cualquier otro movimiento ciudadano con los mismos recursos y que defendiera posturas medianamente razonables habría conseguido a estas alturas resultados muy superiores. Otra cosa es que la democracia española permita cosas tan alucinantes como que la cuarta fuerza política (o la tercera menos votada, si se le da la vuelta a la tabla) goce de unas cuotas de poder desproporcionadas. De ahí la explicación a la anomalía de que un vicepresidente autonómico y un consejero fueran los que el otro día sujetaban la pancarta.

Agreguémosle al argumentario previo que las entidades organizadoras (MésERCAsamblea SoberanistaSTEIUOBFundación Emili DarderAteneo Pere Mascaró y Grupo Blanquerna) sumaban ocho. Ello sitúa la capacidad de convocatoria de cada una en apenas 250 personas, más o menos la gente que usted podría congregar a través de su perfil en Facebook creando un evento donde ofrezca bebida gratis. Lo dicho: un descalabro que no pueden tapar ni la propaganda ni una legión de informadores dispuestos a ignorar la verdad objetiva de los hechos.

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Publicat a EL MUNDO/Día de Baleares

Aclariment a Miquel Adrover (Diario de Mallorca)

Apreciada directora [des DM]:

He llegit sa crònica des seu diari de dia 24 de desembre que informava de s’aprovació des canvi de data de sa Diada de Mallorca. Sa crònica està firmada per Miquel Adrover, periodista d’aquesta casa. I he romàs estafaril·lat pes subtítol de sa notícia: «La Fundación Jaume III clama contra la unidad de la lengua y saca pancartas contra la decisión adoptada en el pleno del Consell». Com a portaveu de sa Fundació Jaume III, puc afirmar que no vaig negar s’unitat de sa llengua catalana durant sa meva intervenció a sa sala de plens des Consell. Lo que sí vaig dir és que el 1983 es catalanisme, molt minoritari llavors, va conseguir un triumf històric quan ginyà ses altres formacions polítiques perquè denominassin “catalana” sa llengua de Balears quan sa gran majoria d’illencs l’anomenaven mallorquina de feia molts de segles, com a mínim des segle XVI ençà. A nivell oficial, abans del 1983, se parlava de “mallorquí” o “balear” per referir-s’hi. Així constava en es bolletins de notes quan se va començar a ensenyar mallorquí a s’escola, i en llengua balear se va estampar sa Constitució Espanyola de 1978 en es BOE.

Tot això confirma que abans de 1983 s’ús de sa paraula “català” per anomenar sa llengua des mallorquins era molt minoritari. Això no vol dir negar ni “clamar”, com diu n’Adrover, contra s’unitat de sa llengua. Senzillament, se tracta de constatar una evidència històrica. De fet, sa denominació de sa llengua –així com es seus límits territorials– va esser sempre una qüestió controvertida perquè, llevat pentura des terme “llemosí” que englobava valencià, català i balear com a dialectes, mai va tenir un nom unitari tal com ho entenem avui en dia. Aquesta orfandat nominal va fer que fins i tot se plantejassin noms alternatius tan estrambòtics com “bacavès” o “cavabà”. Tenien por, no sense raó, que posar-li “català” marginaria la resta de grans dialectes, com ha passat. Per això, es valencians se curaren en salut i li posaren “valencià” a s’Estatut.

Fixada el 1983 sa premisa que sa llengua de ses Balears era es català, tot seria capavallada pes PSM que podia aferrarse així a s’Estatut i afirmar que com que xerràvem català érem també catalans o que formàvem part d’un univers català. Li bastava aplicar sa fórmula romàntica de “una llengua, una cultura, una nació, un Estat” que ha fet fortuna a tots es nacionalismes moderns.

Sa Fundació Jaume III mai ha negat s’unitat de sa llengua, com demostram a tots es nostros escrits. Ara bé, creim que a l’any 1983 va esser un error anomenar-la “catalana” perquè això mos va privar de construir des de Balears un model de llengua per usos formals que tengués com a principal (no única) referència ses Illes Balears, no Barcelona, com tenim ara. Es nom no fa sa llengua, certament, emperò en condiciona sa seva codificació i formalisació. Darrere un estàndar (que té com a principal funció depurar ses formes més dialectals) no hi ha només “ciència” sinó una determinada manera de concebre un país i es tipo de relació entre es diferents territoris des mateix domini lingüístic. Noltros concebem Balears com una autonomia i per tant reclamam un estàndar adaptat sobretot a sa nostra realitat autonòmica. D’altres conceben Balears com una part des Països Catalans i per això defensen s’estàndar que defensen.

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Carta a sa directora des Diario de Mallorca

Sa Fundació Jaume III té es regal perfecte per aquestes festes

¿Encara no saps què regalar? ¿Vols tenir un bon present amb sa família o amb qualque amistat? no perdis es temps. Aquestes festes regala sa novel·la històrica de moda ‘Llull, es nostro heroi il·luminat’, de J.F. Romero, editat per sa Fundació Jaume III de ses Illes Balears en mallorquí, castellà i anglès.

Per només 25€, passant per sa nostra seu sa segona unitat et sortirà per 20€. I ademés, també pots comprar es pack llibre + carpeta de lamines des pintor llosetí Pere Lorentesobre sa vida de Ramon Llull (50€).

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Conmemorar el 31 de diciembre

LA CELEBRACIÓN de un día regional debe venir avalada por una efeméride histórica y por un sentimiento popular que incite a conmemorarse de un modo especial, oficial y festivo. En el caso de Baleares los hechos históricos existen pero no así una reivindicación ciudadana mayoritaria para celebrar unos u otros. De ahí que el reciente debate entorno a la fecha idónea para celebrar oficialmente el día de Mallorca no lo haya suscitado el pueblo sino los medios de comunicación y la clase política.

En estas circunstancias, no veo problema alguno en que el 31 de diciembre sea el día de Mallorca, como tampoco lo veía en el 12 de septiembre. Ambas son importantes para el devenir histórico de esta tierra. Y ambas, unidas a la del 1 de marzo, desconocidas por la mayoría de los ciudadanos residentes en Baleares.

 

El 12 de septiembre, impulsado por Mª Antonia Munar, tiene su base histórica en el juramento de la Carta de Franquezas y Privilegios del Reino de Mallorca por parte del rey Jaime II en 1276 con la que otorgó un conjunto de derechos a favor del reino y que se convirtieron en su base jurídica. Pero centrémonos en otra efeméride importante: La conquista de Madina Mayurqa por el rey de Aragón, Jaime I, el 31 de diciembre de 1229.

Los que defendemos la identidad cultural de Baleares como parte intrínseca de una España plural y unida no deberíamos tener problema alguno en aceptar esta fecha como día oficial de Mallorca, si dejamos claro que el motivo y el objetivo por el que lo aprueba el Consell de Mallorca es absolutamente falso y sólo comprensible desde la cosmovisión paleta, sesgada y sectaria del catalanismo.

Para el pancatalanismo el origen de todo, incluso de la posibilidad de hablar en nuestras islas, se debe a la conquista «catalana» de 1229, la práctica aniquilación de toda la población nativa y la posterior repoblación por «catalanes». A los pocos baleares que quedaron les enseñaron a hablar en «catalán», porque eran mudos, o algo así… Y todo esto con una minoría de repobladores «catalanes» en una época en la que Cataluña no existía y el catalán tampoco, tal como se puede cotejar acudiendo a las fuentes históricas.

Cada 30 y 31 de diciembre celebramos unos hechos históricos que no se entenderían, al igual que la historia de España y de Europa, sin acudir al motivo por el que se acometió la conquista: Recuperar para la Cristiandad los territorios que conformarían el Reino de Mallorca. Es este marco histórico, y no otro, el que dota de significado la llamada fiesta del Estandarte, una de las fiestas civiles más antiguas de Europa, con desfile de la bandera cuatribarrada por las calles de Palma de Mallorca. Pero no se trata de la bandera catalana ni se celebra catalanidad balear alguna, ya que la bandera es la del Rey de Aragón D. Jaime I. Ni «conquista catalana o catalano-aragonesa de Mallorca», ni el 31 de diciembre conmemora «el nacimiento de la Mallorca que conocemos». La Mallorca que conocemos es el resultado de miles de años de evolución histórica, similar a la del resto de regiones de la España que hemos construido juntos.

Que el 31-D se celebre oficialmente como día de Mallorca no debemos considerarlo una victoria de los pancatalanistas. Sólo lo será si asumimos sus mentiras y burdas manipulaciones históricas. Las que ellos mismos cambian a conveniencia política, como demuestran en Valencia. Donde, incoherentemente, no reconocen el 9 de Octubre como día oficial de la Comunidad Valenciana siendo éste el día en el que las tropas de Aragón entraron en la capital del Turia, apostando, en cambio, por el 25 de abril, porque en 1707, durante la guerra de sucesión al trono de España, las tropas borbónicas vencieron a las del archiduque Carlos aprobándose posteriormente los Decretos de Nueva Planta. Tan beneficiosos para la modernización y progreso de España, y tan manipulados por el nacionalismo catalanista.

Si somos fieles a la historia, el 31 de diciembre deberíamos celebrarlo desde una perspectiva histórica regional balear, y también nacional, por ser una fecha importante no sólo para la historia de Mallorca sino para la de Baleares, la de la antigua Corona de Aragón, y, por tanto, para la historia de España. De ahí que, hasta hace 16 años, el ejército español también participara en esta conmemoración. Ahora que la fecha es oficial, confío en que nuestras Fuerzas Armadas vuelvan a desfilar recuperando el lugar que les corresponde por historia y como institución más querida y admirada por la mayoría del pueblo balear.

Por otra parte, en otro orden de consideraciones, es contradictorio que los mismos sectores que critican a los partidos o líderes políticos que apuestan por reforzar las soberanías nacionales frente al globalismo, eleven las efemérides históricas regionales a la categoría de nacionales exagerando su importancia con la intención de diferenciarnos y separarnos unos de otros. Sería un error caer en ello cuando, además, nosotros los españoles, somos un pueblo afortunado al contar con un Día Nacional como el 12 de Octubre en el que celebramos, no sólo el orgullo de ser españoles, sino la impronta de la Hispanidad en el mundo como ejemplo de tender puentes primando lo que nos une por encima de lo que nos separa.

Debemos esforzarnos como sociedad civil para que los falsificadores de la historia no nos sigan imponiendo sus mentiras desde las instancias públicas dominadas por la casta catalanista multisubvencionada. No nos quedemos de brazos cruzados. Nos asiste la razón y la historia, también la del 31 de diciembre.

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Publicat a EL MUNDO/El Día de Baleares.

Ataquen amb pintura sa seu de sa Fundació Jaume III

Atacada amb pintura hores abans de sa manifestació separatista d’avui horabaixa

Sa seu de sa Fundació Jaume III de Palma ha estat atacada durant sa dematinada d’avui amb pots o bosses de pintura. Sa pintura ha embrutat es cartell des frontis i un parell de vidres de ses finestres que peguen en es carrer dets Oms, tal com mostram a ses imatges que adjuntam. Se desconeixen de moment ets autors de s’endemesa. Resulta curiós que s’atac s’hagi produït hores abans de sa manifestació separatista d’avui horabaixa i després que sa nostra fundació hagi mostrat sa seva disconformitat a canviar sa data de sa Diada de Mallorca, una vella pretensió des catalanisme organisat, més eufòric que mai.

 

Aprofitam s’ocasió per informar també que fa uns mesos va desaparèixer sa placa informativa que sa nostra fundació tenia devora es portal d’entrada de s’edifici.

 

Atac seu 2