Nada que celebrar

HACE POCOS días tenía lugar una celebración que, a tenor de las imágenes del acto conmemorativo, despertó menos entusiasmo que una cita con Puigdemont. 30 años de la Ley de Normalización Lingüística, quién lo diría. Personalmente creo que la ausencia de fervor popular, se debió a que a la gente real, le importa bastante poco el tema. Habrá quien piense que superada la situación que la generó, sus consecuencias se viven con tal normalidad, que la satisfacción por lo conseguido, ha pasado desapercibida. Pero no creo que se abonen a esa teoría ni sus impulsores ni los que vieron en ella una oportunidad de oro para el catalanismo político. Esos no van a dar nunca por innecesaria esa ley, porque jamás darán por normalizada a la sociedad balear, y no es por desánimo, no, ni por pesimismo, sino porque su concepto de normalización implica la sustitución del castellano por el catalán en todos los ámbitos -incluso en el privado- y porque reconocer que se ha llegado a la meta, implica que ya no hay excusa para la excepcionalidad constitucional en el ámbito educativo y en el de la Administración, ni tampoco motivo para que se sigan destinando recursos ingentes -humanos, materiales y sobre todo, económicos- a un proceso que ya se ha culminado. Pero lo más probable es que el entusiasmo haya sido perfectamente descriptible, porque para el balear, no hay nada que celebrar.

Se ha defendido el consenso que reinó hace 30 años, como el paradigma de un acuerdo sobre el que nunca debería discutirse, bajo pena de excomunión. La realidad es, que tal como se explica en el magnífico ensayo no subvencionado Sa norma sagrada, de Font Rosselló y Horrach, parece ser que ese divino consenso fue posible porque quienes lo protagonizaron, entendían cosas distintas por normalización. Era evidente que, en esos años, la lengua que era mayoritaria en la calle -por ejemplo, el mallorquín- , en cambio en las aulas, en la Administración y en otros ámbitos formales, era prácticamente inexistente. El problema es que, tal como explican ambos autores, desde un principio se partió de un planteamiento de oposición castellano/catalán, en el que, el resultado final debía ser la sustitución de una lengua por otra, y esa confrontación artificial, creada por políticos y por lingüistas (políticos) además de generar situaciones indeseables, en las que se conculcan alegremente libertades individuales, provocaron que lo que siempre había sido normal en la calle y que sólo necesitaba de un par de ajustes, de sentido común, acabase convertido en fuente de conflictos y que, treinta años después, la lengua que se escucha mayoritariamente en la calle, sea el castellano, y lo que impera en las aulas y en la Administración, sea una lengua importada, por la que no sentimos ningún aprecio, y que nos han vendido como «propia».

 

Y ese es el otro efecto indeseable de la Ley de Normalización: en esa confrontación castellano/catalán, no había espacio para las modalidades insulares. Y no lo había porque promoverlas, suponía, -bajo la opinión de los defensores de la normalización- debilitar el estatus del catalán, que debía enfrentarse, prístino y unitario, a la lengua, considerada, desde aquel momento, como “impropia”. Y porque una única lengua común, es la coartada de una idea de nación, vendida como cultural, pero a la postre, política. La realidad es que las modalidades pronto fueron aparcadas y poco importó lo que supone su pérdida para nuestro acervo cultural, y menos aún, su presencia en la Constitución o en el Estatut.
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Publicat a EL MUNDO/El Día de Baleares, 5/5/2016.

Treinta años inútiles

Francisco Gilet

PREÀMBUL. Hi ha manifestacions que són més importants pes QUI les diu que per lo QUE diuen. En Paco Gilet era es conseller de Cultura des Govern Cañellas que aprovà sa Llei de Normalisació Lingüística (1986). Sobre Gilet va recaure sa responsabilitat d’impulsar aquesta normativa. Com podran llegir, as cap de trenta anys sa decepció de Gilet és més que evident. Ni es sentit ni s’esperit des legisladors de llavors eren es mateixos que es que ara, interessadament, mos volen fer creure es defensors d’aquesta llei. Sa LNL ha fracassat per molts de motius i un d’ells ha estat sa desvirtuació sofrida després de deixar-la en mans des qui sempre varen voler anar molt més enfora de sa seva lletra i esperit: es nacionalistes. Fins an es punt que han arribat a fer creure a la resta d’actors polítics que es seus propòsits maximalistes eren compartits per Alianza Popular de Cañellas. Articles com aquest demostren que mai va esser així.

 

TREINTA AÑOS INÚTILES

FRANCISCO GILET.

Tal periodo arrancó un 29 de abril de 1986 y ha finalizado hace escasos días. Con la aprobación de la LNL, en gran medida se concluyó un período de cierta confrontación desde los sectores más radicales a favor de lo que estimaban una necesidad perentoria, absolutamente exigida a la actividad política de aquellos momentos.

Nos hallábamos en unos tiempos de imperiosa crispación, en los cuales la lengua catalana era un arma arrojadiza usada por dos sectores irreconciliables; los pancatalanistas y los anti catalanistas. En medio de ambos, un ejecutivo que, gobernando en minoría, no debía contentar a ninguno, pero tampoco ofender a nadie. Al fin y a la postre, ni de unos ni de otros se esperaba ni el aplauso, ni muchísimo menos el voto. El arranque de aquel proyecto legal se sustentaba en unas premisas: la igualdad de tratamiento del castellano y el catalán, el reconocimiento, promoción y defensa de las modalidades insulares propias, la libertad de elección de lengua por parte del ciudadano y el intocable futuro diferenciado de nuestro “poble”. Y dentro de tales parámetros se alcanzó el absoluto consenso.

Pueden existir dudas acerca del acierto de dichos condicionantes por parte del equipo de gobierno, mas, hace treinta años, ningún miembro del ejecutivo renunció ni traicionó sus sentimientos como ciudadano de estas islas, que se distinguían completamente de cualquier exceso o ambición por parte de otros colectivos o agentes sociales y culturales. Quizás, con el trascurso del tiempo, haya surgido alguna rara excepción, sorprendente e incomprensible si la contemplamos en el contexto de aquellos años, pero que, ahora, nos ratifica en la bondad de las decisiones adoptadas.

La aprobación de la LNL cumplió una función, acabar con la presión partidista, sin embargo, trascurridos esos treinta años de aquella unanimidad, su conmemoración en Es Baluart ratifica el fracaso de la política lingüística en Baleares.

Nadie, ni conservadores ni socialistas, ni nacionalistas, han dado con la tecla que establezca una aceptación, una convivencia pacífica entre el pueblo, en su conjunto, y esa normalización del uso del catalán, para algunos paranoica, La visión de múltiples sillas vacías en el acto conmemorativo de Es Baluart no es sino la constatación del nulo interés que el motivo del evento merece para el pueblo. Los políticos, de un color o de otro, han ido levantando la bandera de la normalización, impulsados por agentes con motivos supuestamente culturales, cuando en la realidad no eran, no son, sino económicos y políticos. La estandarización de la lengua catalana interesa a la gente del libro para aumentar el mercado con las muchedumbres del Principat. No es una defensa pura, sino, mayormente interesada. Y a tal interés crematístico hay que añadir el afán político de hacer uso de la lengua como cordón umbilical de un utópico ente unificador de diversas comunidades. Nuestra gente, sin embargo, vive completamente de espaldas a tales intenciones. Los resultados de esos treinta años son tan pobres que no existe ni un solo periódico que edite en catalán, mientras la televisión autonómica incrementa su audiencia si las películas son emitidas en castellano. 

La calle habla libertad, no grita imposición. Y en ésta se halla la verdadera causa del fracaso de las políticas normalizadoras; el pueblo es indiferente a la tópica inmersión lingüística, sin embargo, cuando llega el momento de aplicarla en su vida cotidiana, la deja en el olvido y se acoge a su libre albedrio. Por desgracia, algunos sectores y partidos políticos, han convertido el catalán en la enseña de una intromisión grosera e indeseada en la vida de nuestras gentes. Son escasamente miles los habitantes de estas islas que emularían a una diputada de Podemos cuando dice que, por ser valenciana, es catalana. Frases como esa son las que producen sarpullido en la idiosincrasia del ciudadano balear y aumentan los niveles de rechazo, aunque alguna ejecutiva de altura no lo entienda así.

Imposición, inmersión, estandarización formal, desprecio a las normas y modalidades propias, afán catalanista, son las principales causas de un fracaso más que llamativo de una Ley que bien pudiera haber cumplido la función a que iba destinada y en pro de la cual se han fundido miles y miles de partidas presupuestarias. Función que, en modo alguno y por unanimidad aceptada, no era imponer una lengua sobre la otra, sino en dar amplitud a ambas en su libre uso, como normales y corrientes entre nuestros ciudadanos. Unos ciudadanos que no se sienten hermanados con ninguna identidad colectiva más allá de sus fronteras naturales. Y si la política continua por esa senda, a esos inútiles treinta años seguirá otros tantos, siempre y cuando los políticos obren de espaldas a la libertad del ciudadano.
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Publicat a Ciutat.es, 3/5/2016. Francisco Gilet era es conseller de Cultura des primer Govern autonòmic liderat per Gabriel Cañellas quan s’aprovà sa Llei de Normalisació Lingüística (1986).

Sa Cosa Nostra

Extra Ecclesiam nulla salus. Fuera de la Iglesia no hay salvación. Existen muchas iglesias, pero hoy les hablaré de una en concreto: la pesemera. Como todas, funciona con claves antagónicas y una irrefrenable tendencia a la unanimidad. Su última gesta ha sido negar una modesta ayuda económica (3.837 euros) en el Consell de Menorca y en el Institut d’Estudis Baleàrics solicitada por la Fundació Jaume III para Sa norma sagrada. Un libro del que no pueden negar el rigor y el interés intrínseco, pues aglutinando multitud de datos realiza una investigación de la que Baleares andaba huérfana.

No respetan la legalidad, pues han vetado una obra escrita en un catalán medido y elegante por el pecado de seguir el modelo lingüístico de las modalidades que está protegido por el artículo 35 del Estatut d’Autonomia. Aducen «líneas estratégicas», o sea, criterios ideológicos de comisario político para negar aquello que le conceden a todo el mundo. Incluso con Antoni Vera el IEB apoyaba proyectos de tinte independentista. Bastaba con garabatear dos líneas inanes en una servilleta sucia para que te diera una ayuda. Pero ahora, sólo admiten fieles y pusilánimes.

No hablemos ya de la OCB, que vive a cuerpo de rey con el dinero de todos, con IB3 retransmitiéndole en directo cualquier sarao mientras que a la Jaume III ni agua. Millones de euros de Baleares y Cataluña se han llevado estos dialogantes amigos del fair play. 

Tienen un sentido patrimonialista del poder. Como han demostrado con la Conselleria de Cultura, que al parecer sólo pueden dirigir Venus de Willendorf menorquinas adscritas a Més. La conselleria es su corral y sólo valen sus normas.

Será verdad que al final esto se parece bastante a Sicilia. No sólo por el PP y su socio bipartidista, el PSOE, agentes destacados de una cleptocracia ineficiente, sino también por nuestros pesemeros, que no quieren quedarse atrás en el repertorio de artimañas sectarias. Con Sa Feixina ya demostraron a esos 20.000 nuevos votantes a los que estafaron en mayo que el escorpión es incapaz de ser otra cosa: su veneno siempre sale por alguna parte, aunque sea picándose a sí mismo.

Con Sa norma sagrada están imponiendo sus líneas estratégicas minuciosamente: primero la omertà, no sea que alguien se entere de la existencia del libro, ergo de las claves que sostienen el tinglado pesemero. Y segundo, negándole cualquier ayuda. Luego dicen que defienden la lengua catalana. ¡Un memeu! Con la laminación de las modalidades baleares casi parecen considerarlas otra lengua. Son fábricas industriales de anticatalanistas.
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Publicat a EL MUNDO/El Día de Baleares, 2/5/2016.

El manifiesto Koiné

A mí me hacen gracia algunos cuando quieren aparentar una imagen de normalidad y naturalidad en todo lo que afecta al catalán. Cualquiera diría que, históricamente, el movimiento catalanista ha sido una balsa de aceite. No más lejos de la realidad por poco que uno se asome a la historia de la lengua catalana, plagada de odios africanos y disputas inverosímiles. En el reciente ensayo “Sa Norma Sagrada” que he firmado con Juan Antonio Horrach damos cuenta de ello. La lengua catalana ha sido y es una fuente inagotable de conflictos, una “Verinosa llengua”, como titularon Xavier Pericay y Ferran Toutain un libro que marcó época.

Hace apenas tres semanas doscientos ochenta filólogos y estudiosos de la lengua lanzaron un manifiesto titulado “Per un veritable procés de normalització lingüística a la Catalunya independent”, conocido como manifiesto Koiné por llamarse así el grupo impulsor. Pues bien, este manifiesto ha provocado una auténtica convulsión en Cataluña y una honda división en las filas del catalanismo. Por cierto, algunos de nuestros sabios de la UIB (Bibiloni, Corbera, Melià, Rosselló Bover, Dols, Miralles) aparecen como firmantes. De los cinco “Premis d’Honor de les lletres catalanes” que firman el manifiesto, tres son mallorquines (Massot i Muntaner, Maria Antònia Oliver i Cabrer, Joan Veny i Clar). Una representación isleña nada despreciable.

Como el ejército del catalanismo no está formado por soldados, tenientes y coroneles, sino por maestros de escuela, curas, periodistas, escritores y sobre todo filólogos, cabría pensar que un manifiesto encabezado por los sacerdotes de la lengua contaría con el aplauso entusiasta y unánime de todo el catalanismo. Ha sido todo lo contrario. La Vanguardia ha tachado el manifiesto de “lamentable”, Lluís Rabell (Catalunya Sí que es pot) lo ha tachado de “racista” y “fundamentalista cultural”, ERC y Junts Pel Sí lo han censurado y han subrayado que Cataluña es bilingüe, ICV lo ha calificado de “error táctico” por dividir el movimiento separatista.

El manifiesto. El contenido del manifiesto no es nada original y viene a repetir las consignas repetidas hasta la saciedad por parte de la sociolingüística comprometida con el nacionalismo. En primer lugar, “constatan” que el catalán es la lengua propia, histórica, “endógena” y territorial de Cataluña, Valencia y Baleares. Pese a ello, no estaría en una situación “normal” en “su territorio” al estar amenazada por el castellano, situación a la que se ha llegado gracias a la “bilingüización forzosa de la población”. Llegan tan lejos que aseguran que Franco llegó a utilizar a los castellanohablantes como “instrumento involuntario de colonización lingüística”. La llegada de la democracia y la autonomía apenas habrían logrado revertir esta situación de “imposición politicojurídica del castellano”. El catalán sigue siendo una lengua subordinada a la castellana y está en proceso de sustitución. Constatan que ni siquiera el catalán es la lengua predominante entre las generaciones de la “inmersión lingüística”, sobre todo en las zonas más pobladas como Barcelona. Simultáneamente, la degradación cualitativa, estructural, de la lengua no ha dejado de aumentar “en la senda de convertirse en un dialecto del castellano” (sic).

Los firmantes denuncian la ideología política del llamado “bilingüismo” que, inoculado desde arriba, ha hecho creer que la coexistencia de dos lenguas era algo “natural, positivo, enriquecedor y democrático”. “En realidad −afirman−, esta ideología bilingüista no es más que una forma de encubrir y legitimar la subordinación de una lengua a la otra y el consiguiente proceso de sustitución lingüística”. Finalmente, critican a los políticos que proponen mantener el estatus lingüístico actual en una futura República Catalana y les piden: “a) la restitución al catalán del estatus de lengua territorial de Cataluña (..), b) la reversión de la práctica de la subordinación sistemática y generalizada del uso del catalán al uso del castellano y c) la recuperación progresiva de la genuinidad de la lengua”.

La normalización, un fracaso. No recuerdo haber leído ninguna constatación más manifiesta –nunca mejor dicho– del fracaso de la normalización lingüística. «Normalización» es el término que se utilizó por estos lares para no hablar de «planificación lingüística», de connotaciones sovietizantes. Algo habíamos olisqueado del fracaso normalizador cuando Joan Melià, firmante del manifiesto Koiné, informó hace unos meses de la dramática caída del uso del catalán en las Islas, con un bajón de 10 puntos porcentuales en apenas diez años. Un fiasco que entonces el catalanismo no quiso reconocer. Tampoco recuerdo haber leído ninguna constatación más manifiesta de la degradación cualitativa y estructural de la lengua, su falta de “genuinidad” (“genuino” significa “puro, originario”). Y lo dicen personajes como Melià que, en una entrevista en Canal 4, se burló de los que nos preocupábamos de la “lengua de los abuelos” en vez de hacerlo por la de los “nietos”, educados en un catalán nada genuino calcado al barcelonés y al castellano.

Por supuesto, la constatación del fiasco de la normalización –ni se ha conservado el patrimonio lingüístico de Baleares ni se habla ahora más catalán que en los ochenta– no les lleva a preguntarse si en algo pueden haberse equivocado. Todo lo contrario. Según ellos, el problema habría sido que los gobiernos habrían sido demasiado tibios con los castellanohablantes, a los que deberían haber obligado a utilizar el catalán a la fuerza, no sólo a aprenderlo. Como irredentos dirigistas que son, ésta es su receta. Si no querías taza, taza y media. Si no querías inmersión, doble ración.

Vuelve la Cataluña eterna. Como he adelantado, el manifiesto ha sido calificado de “error táctico” o rechazado abiertamente por la prensa y la clase política catalanas. ¿Por qué? ¿Acaso a alguien le puede sorprender a estas alturas el fascismo lingüístico de nuestros filólogos? El diputado del PP catalán, Fernando Sánchez Costa, ha ofrecido una interpretación convincente que explicaría este curioso rechazo de políticos y periodistas al manifiesto Koiné. El independentismo habría superado su condición de minoría social en Cataluña y lo habría logrado pagando un precio: olvidar la matriz intelectual que siempre lo había sostenido, la salud de la lengua. Para ampliar su base social, el independentismo se habría ido despojando del esencialismo originario basado en la lengua, la historia y el territorio para abrazar el discurso más pragmático de los recortes y el “Madrid ens roba”. Un ejercicio de travestismo que habría atraído a muchos no nacionalistas castellanohablantes al carro del Procés al creerse que les esperaba un país mejor.  La dureza del discurso identitario de los independentistas de toda la vida −que explicaría la irrelevancia de ERC hasta hace diez años− habría dado paso al “procés inclusiu”, a la “revolució dels somriures”, a la desnacionalización del Procés. En síntesis, habríamos pasado de Heribert Barrera a Rufián. Entretanto, habría crecido el descontento entre los filólogos que, después de creerse durante decenios el centro de la nación catalana, se preguntaban de qué serviría la soñada independencia si Cataluña tenía que acabar como Irlanda donde todo el mundo habla inglés. Los filólogos, el verdadero “núcleo irradiador” del independentismo pata negra, se habrían sentido despreciados, no habrían podido aguantar más y habrían estallado. La farsa del Procés habría llegado demasiado lejos. Ya no contaban con ellos como de costumbre. Y han dado un golpe en la mesa con su manifiesto, reclamando su derecho a volver a ser el centro de la nación. Su verdadero sentido. Ya saben, una lengua, una nación, un estado. Por algo ellos han sido independentistas toda la vida y no sólo de última generación. Un respeto.
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Publicat a EL MUNDO/El Día de Baleares, 23/4/2016

Sa Norma Sagrada

MIQUEL NIGORRA OLIVER.

AQUEST ÉS ES TÍTOL DES LLIBRE que sa Fundació Jaume III presenta a Ciutat, escrit per Joan Font Rosselló i per Joantoni Horrach. Crec que és s’obra que tracta amb més profunditat sa problemàtica de sa llengua a ses nostres Illes amb totes ses engronsades polítiques que hi ha hagudes en aquest darrers quaranta anys. És un complement bàsic de s’altre llibre Un model lingüístic per ses Illes Balears publicat l’any passat, redactat per Xavier Pericay i per sa Fundació. Aquestes dues obres justificarien per sempre, inclús sense fer res més, s’existència de sa Fundació Jaume III.

Val la pena lletgir es llibre amb atenció. És una obra d’un contengut històric important. Entra de ple en sa problemàtica de sa llingüística i de sa política amb un nivell de coneixements indiscutibles. Es baix nivell cultural de sa nostra ciutadania i sa matraca que dóna es catalanisme pot fer que molts de lectors passin des llibre. Joantoni Horrach creu que en molts de casos es llibre tendrà es silenci per resposta. Jo crec que no tendran gaire ganes de pegar cap envestida grossa an aquesta obra, perquè en Font i n’Horrach els guanyen de molt. S’estimaran més seguir grunyint per ses voreres amb qualque insult i rossegant d’això d’això sa seva brusca.

Ets autors des llibre passen pes sedàs ses ideologies que estan damunt sa taula i també sa llista des personatges que han tengut protagonisme en aquesta lluita. Sa llista més llarga és sa des pancatalanistes mallorquins que sempre han disfrutat de ses ajudes ideològiques i sobretot de ses econòmiques de Barcelona, per sa via de s’Universitat.

 

També trobam polítics mallorquins que estimen sa nostra terra i sa nostra llengua, que no eren catalanistes i que se varen equivocar fent sa farina blana per no tenir una clara visió de s’estràtegia de s’enemic. Així vàrem optar per postures més suaus i poc compromeses. A s’altre extrem trobam Jaume Sastre que ho tenia clar quan demanava es «barco de rejilla» per tot es forasterum. És vera que tot lo d’en Sastre feia pudor a persecució ètnica, però no enganava ningú.

Tòfol Soler, fent sa mitja mordala i sense agafar es tirany més dret d’en Sastre, amb un poc de voltera volia arribar an es mateix redol, a poc a poc i a les bones. Aviat li varen afinar sa coa i va durar dos dies de President. Diuen que encara li senten cantar aquella cançó, Un dia em digueres sí / i lo endemà m’enganares, / sense deixar-me tenir / s’alegria d’es coní / ni es consol de ses donades.

Sa clau de Sa norma sagrada és que darrera es problema lingüístic hi ha sa política expansionista de Catalunya que se vol empassolar ses nostres Illes com si fossin caramel·los, i sa millor forma de conseguir-ho és s’arma de sa llengua. Perquè ses armes que sa Generalitat va provar pes mes d’agost de l’any trenta-sis, ja no s’usen. Ara sa política expansionista se presenta amb claredat, però s’intenta dur a terme d’una forma gradual per arribar an es final a conseguir s’objectiu de lo que diuen es Procés.

Hi ha negocis foradats i altres que ho pareixen, però sempre suren per molt d’estropeig que hi hagi, com es negoci d’aquell porquer de son Caliu que feia ballar pessetes dins un garbell i amb això hi havia arribat a ser s’homo més viu de dins Son Serra, com diu sa cançó d’en Pep Gonella, aquell fabulós personatge, que retreu es llibre de Sa norma sagrada. S’èxit des porquer de Son Caliu és comparable amb so que tenen es nostros catalanistes que han inventat un negoci que s’haurà d’estudiar en es màsters de Harvard i que està inspirat en es que tenen es qui fan córrer es cans darrera sa llebre dins es canòdrom i que mai la podran aglapir perquè sempre anirà vint passes envant.

Es nostros amos des cans, científics i especialistes amb tot es negoci de sa llengua, fan anar a tot es personal afuat darrera sa llebre des castellà per figurar que li poden arribar, sabent que du tant avantatge que mai l’agafaran i per lo tant es seu negoci mai tendrà fi. Amb aquesta comèdia mai s’acabaran ses justificacions per demanar subvencions. Això, que és bo pets amos des cans, és dolent per tots es nivells educatius de sa nostra comunitat. No diguem res des nivell d’anglès que podren tenir a ses nostres illes a no ser que es pares tenguin medis econòmics suficients per enviar-los qualque any a Anglaterra o que sàpiguen fer ballar pessetes dins un garbell, com es porquer de son Caliu.

Mos hem de mantenir alerta i orella dreta. No mos podem fiar de ningú. N’hi ha molts que encara fan sa farina blana. Una de dues: o són curts de gambals i no hi veuen dues passes enfora o són uns vertaders traïdors a sa nostra terra i a sa nostra vertadera identitat illenca, disposats a vendre s’ànima an el dimoni fent costat an es procés anexionista català per arribar a sa Catalunya Gran. Tot lo demés és cercar na Maria per sa cuina.
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Publicat a EL MUNDO/El Día de Baleares, 14/4/2016.

Reminiscencias del arado

LA SEMANA pasada se disputó en Liverpool el Grand National, que llevo siguiendo desde hace unos años, cuando mi anglofilia alcanzó su extática cumbre. Aunque prefiero el Derby de Epsom, cita obligada para Fernando Savater desde hace 4 décadas. Qué belleza la hípica, queridos, al menos la hípica normal, aquella en la que el jockey se acomoda majestuosamente alzado sobre un magnífico purasangre.

En cambio, qué diferente es el trote que se estila en Baleares, ¡la madre que lo parió! Qué espanto ver al caballote, más tosco que en la hípica británica, tirando de un carruaje con el «manador» despatarrado de la forma menos estética imaginable. Y esas evidentes reminiscencias del arado, ese trote cochinero, como decía Butanito de los árbitros menos gráciles, esa fealdad insufrible.

Reminiscencias mentales del arado también aparecen en nuestra política de andar por casa. Me refiero al error político de Sa Feixina. Sin duda el discurso de Cort es puramente ideológico: en plena conga emocional, imitando a sus colegas del Parlament, corean que sólo se oponen al derribo los exaltados, los fascistas y tal. Pero al final si algo ha quedado claro, con encuestas y posicionamientos públicos, es que la mayoría de la población no secunda al ayuntamiento. Puede que tengamos alrededor de un 85% de fascistas en Palma, quién sabe, y que incluso muchos hayan votado al Pacte, pero no parece muy verosímil.

 

Sin embargo, ahora ya es difícil que se echen atrás. Si rectifican, se verá como una derrota. Si persisten, como una obsesión sectaria que incumple flagrante y fragantemente su máxima electoral de servir a la ciudadanía al margen de empecinamientos crispadores que, ya saben, siempre son defectos del rival.

Por esa supuesta superioridad moral se proclama también con solemnidad la despolitización de IB3. Y aunque es cierto que en algunas cosas la programación ha mejorado (Dues Voltes, Els Entusiastes), todavía se detecta un sesgo pronunciado en favor de según qué discursos y personajes.

Porque no tiene nombre que un acto como fue, este viernes, la presentación de Sa norma sagrada en el centro cultural de Sa Nostra, con nada menos que 200 asistentes, no suscitara la más mínima atención de nuestros carísimos medios públicos. Cuando después resulta que esos mismos (y otros) medios que castigan con la omertà a un libro que rompe arraigados tabúes pierden el culo dando protagonismo estelar a huelguillas seguidas por una docena justita de chavales desorientados, por ejemplo en Dalt Vila. El atávico arado doctrinario, por lo que se ve, sigue marcando la pauta.
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Publicat a EL MUNDO/El Día de Baleares, es 18/4/2016.

Es darrer búnquer vs sa realitat sociolingüística

Gràcies a un parell de circumstàncies mos trobam, després de dècades, amb un nou horitzó d’esperança, amb una nova realitat sociocultural gairebé inèdita. D’una part, sa fartadura generalisada envers es model impositiu de s’anomenada immersió lingüística en perfecte fabrià, que a pesar de ses obsequioses subvencions de ses successives Conselleries de Cultura, fent balanç, ha resultat un fracàs de proporcions bíbliques…

…Sa més que certificada quebra des medis escrits en català, com sa breu aventura des Diari de Balears o de s’ARA.CAT, que acumula milions de pèrdues; D’altra banda s’inevitable arribada de tota una generació universitària, ben preparada i crítica que retorna a lo nostro carregada d’arguments incontestables per esbucar amb sos raonaments tots ets antics tòpics catalanistes; Sa venturosa retrobada i magnífica sinèrgia de ses generacions d’autèntics històrics amb es joves que ara desperten i que ja són legió; Ets episodis fundacionals d’aquesta autèntica renaixença, com sa sortida de sa revista Toc·Toc, de sa Fundació Jaume III, des pluri-insular Foment Cultural, etc, que tenen es seu precedent a una anterior i vigorosa activitat d’un parell de compromesos divergents amb s’Statu Quo, des de s’humil atalaia des seus actius blogs o inclús a rel de llibres editats en bon mallorquí com es d’en Mateu Cañellas i altres.

Aquest encara humil pluralisme amb es qual mos trobam i que és es símptoma d’una societat lliure i democràtica, està ofegant es tradicional monopoli des principal agent catalanisador: s’avui agonisant OCB, així com altres subcomissariats regats durant tant de temps amb es nostros impostos. Ara és possible accedir a diaris com ‘Mallorcadiario.com’ entre altres publicacions lliures. No fa massa, es braç executor de s’abans institucionalisada corrent sucursalista (s’OCB va arribar a ser una virtual Conselleria de Cultural en paral·lel), es polèmics i combatius “Maulets” se dissolien per mai sempre i ses redaccions de sa premsa lliure començaven a respirar tranquil·les fora por que els rompessin un portal, un aparador o una finestra.

 

Sa societat ha donat s’esquena a tot aquest autèntic Lobby que en temps de na Munar (“Balears no existeix”, 2006) i n’Antich (qui essent ja a Madrid amb es projecte des nou Estatut consensuat per totes ses forces polítiques, se va tancar en banda per tal deblindar es renovat Estatut contra una major rellevància de “ses modalitats”) pasturaven de s’erari públic amb s’impunitat de ses vaques sagrades de l’Índia.

Es procés ha estat històricament paral·lel i conseqüent amb sa feina de difusió cultural d’entitats com sa Fundació Jaume III, però… dissortadament encara queda es reducte més perillós de tots. Sa pedra a sa sabata. Un àrea que no representa ni es 5% de sa nostra Universitat i que ostenta s’entredit i sospitós record d’aplegar, any rera any, es menor i més ridícul número de matriculacions: sa Facultat de Filologia Catalana, autèntic comissariat lingüístic (entre altres, d’allà sortí sa magnífica idea de exterminar s’article sibilant -salat- des carrers de Palma) que segueix regint i aconsellant a gents que se declaren incompetents en sa matèria i apel·len amb cega obediència as corresponent departament de s’UIB. Això és lo que fan es caps d’aquest Govern de Progrés.

Revisant s’història, aquesta situació me provoca un déjà vu associat a certa ciutat ja fa dècades, epicentre d’una idea visionaria caiguda en dissort, es reducte final que fou cert búnquer a on s’havien refugiat es darrers partidaris d’una grandiloqüent quimera que va acabar per fer ets ous enterra. Salvant ses distàncies, s’irrellevant sector catalanista de S’UIB (encara amb amples competències concedides pes nostro govern) roman com es darrer bastió, es búnquer d’obstinada resistència contra sa realitat sociocultural des carrer, contra es mirall des present.

Sa projecció cap es futur de fets històrics passats, sa lògica de sa realitat actual, es canvis patents dins s’estat d’opinió, no poden estorbar-se massa en fer caure aquest darrer reducte que disfruta d’unes prebendes que el fan encara determinants per frenar es desenrotllo des nostro mallorquí, menorquí, eivissenc. Es governants encara no s’han entemut de s’aberrant conflicte entre lleis que suposa s’obediència a s’article 35 de s’Estatut, que és taxatiu (protegir “ses modalitats”) i es fet que aquest comissariat no figura en cap cas com a jutge determinant, sinó que constitueix un orgue merament consultiu com poden ser altres fonts acreditades. Amb aquesta incondicional i sotmesa reverència cap s’esmentat departament en concret se propicia una latent animadversió contra tota s’Universitat, que com a institució, tampoc té tota sa culpa.

Més valdria que comissaris lingüístics i polítics obrissin ets ulls i comprenguessin que ja és hora de fer un pensament, i que en qüestió lingüística, existeixen altres actors de plena solvència acadèmica as quals també se pot (al manco) consultar.
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Publicat a Mallorcadiario.com, es 17/4/2016.

La rendición de Moll

CON SU permiso, promoción obliga, hoy me voy a marcar un Umbral, pues mi segundo libro, Sa norma sagrada, ya está en las librerías. Les contaré una historia de Francesc de Borja Moll y de como las doctrinas que tienden a la unanimidad, de la misma manera que excluyen toda posibilidad de criticar sus postulados, intentan presentar el cauce de los hechos que nos ha llevado hasta aquí de una manera providencial, como si las cosas no pudieran haber sucedido de otra manera.

El caso de Moll es muy revelador de lo que podría haber sido y no fue el catalanismo de Baleares. Hasta los años 50, Moll había permanecido fuera de Sa Ceba cuatribarrada pues, aunque aceptó la ortografía de Fabra, no quiso cambiar el título del alcoveriano Diccionari català-valencià-balear, que para los ultrafabristas suponía un atentado contra la unidad de la lengua. En su primera singladura de titubeante outsider, publicó en su editorial la colección Les Illes d’Or, con obras escritas en las modalidades isleñas para que la gente pudiese leer «en mallorquí», lo que generó críticas exaltadas en el Principado.

En una conferencia que impartió en Barcelona (mayo de 1954), titulada Els dos diccionaris, defendió un modelo integrador del catalán ante el pasmo de los asistentes, que en su cabreo avisaron al primo de Zumosol del catalanismo de entonces,Joan Coromines, que residía en Chicago. Coromines intercambió unas cartas paternalistas con Moll pero, ante la imposibilidad de reeducarlo, recurrió a la misma estratagema de McNamara con J. Edgar Hoover: «Es mejor tener al indio dentro de la tienda meando para afuera que tenerlo fuera meando hacia dentro». Es decir, propuso a Moll para un puesto en el Institut d’Estudis Catalans. Moll aceptó.

No es fácil caminar solo, y el menorquín carecía del coraje de su maestro Alcover. A partir de entonces, cuando tenía más motivos para defender las modalidades, viendo la actitud bunquerizada que se encontró en Barcelona, se pasó curiosamente al otro lado.

Consolidado como miembro del Politburó lingüístico, hizo méritos para aumentar galones en la polémica de Pep Gonella (1972), donde se mostró implacable con su contendiente, cuando realmente éste no cuestionaba la unidad del catalán ni, en su tercer y último artículo, difería de lo que en teoría defendía Moll. Y digo en teoría porque ya se vislumbraba ahí su doble discurso: hacer ver una cosa, pero promoviendo la otra por debajo de la mesa. Estrategia que prolongaron y enfatizaron sus discípulos en la UIB, como puede verse en Sa norma sagrada.
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Publicat a EL MUNDO/El Día de Baleares, es 4/4/2016.

La Europa de Hitler

Ha sentado muy mal en MÉS la conexión de Miquel Enseñatcon la extrema derecha alemana aventada por nuestro periódico. Muy mal. Si una cosa les pone a mil es que les comparen con el fascismo. Para ellos, que siempre han jugado a antifascistas, que se las dan de progresistas, cualquier comparación de esta índole les parece un insulto de grueso calibre y una grosera difamación. Ya se sabe, los fascistas siempre son el PP o C’s pero ¿ellos?, ¿ellos fascistas? ¡Ni hablar!

Sin embargo, se pongan como se pongan, nadie medianamente cultivado puede negar la conexión ideológica que existe entre el catalanismo y la extrema derecha europea. No es causalidad que ésta última sea la única que avale a día de hoy el derecho de autodeterminación de los pueblos, razón por la cual fue invitada al simposio que organizó la UIB y recibida en audiencia por el educador social de Esporles. La exaltación de los valores étnicos, culturales y lingüísticos es el correlato del odio al foráneo y del derecho a la autodeterminación –el derecho a convertir una nación “étnica” en un estado, derecho que no está reconocido en el concierto internacional–, rasgos todos ellos propios del nacionalismo étnico que comparten tanto el catalanismo como la extrema derecha.

El concepto de nación “étnica” –basada en una lengua– que defienden MÉS, ERC, Bildu o el PNV es opuesto al concepto de nación de ciudadanos libres e iguales que defiende el PP, C’s o cualquier liberal o socialdemócrata. Sin embargo, los nacionalistas han logrado embarrar la arena pública identificando a sus adversarios también como “nacionalistas”, sólo que la nación de éstos (España) sería diferente de la suya (Gran Cataluña, Euskal Herria). Para los nacionalistas, ahora todos somos “nacionalistas”. “−No somos peores que vosotros. Respetadnos”, nos advierten. Gracias a este sofisma preventivo y a su dudosa legitimidad antifranquista, los nacionalistas han logrado hacerse pasar por demócratas, imponer su marco conceptual en el tablero político y simplificar el debate a un Barça-Madrid, a una Cataluña oprimida frente a una España opresora. Mera propaganda para aldeanos y mentes obtusas.

Simplifican y ocultan. Las supuestas víctimas oprimidas por un enemigo exterior (Madrid) se convierten demasiado a menudo en tiranos opresores de la disidencia interna. De cara al exterior exigen “pluralismo” para aplastar cualquier atisbo de él en su interior. En términos democráticos, lo relevante no es el nombre de la nación que se defiende (que puede ser una nación ya constituida como Francia o una todavía por hacerse como la Gran Cataluña) sino si es de tipo “étnico” –donde lo holístico y grupal domina lo individual– o de ciudadanos libres e iguales con el individuo como único sujeto de derecho. El dilema importante radica en si se defiende una nación basada en valores universales e integradores como los que fraguaron la Revolución Francesa o en valores excluyentes y étnicos como los que forjaron la Europa de Hitler. Esta es la verdadera cuestión. La historia está llena de nacionalistas (Macià o Sabino Arana, sin ir más lejos) que primero amaron a España con el mismo fervor con el que después la combatieron. Nunca dejaron de ser racistas, al margen de la nación momentánea de sus sueños.

En efecto, si uno observa el mapa de la Europa de Hitler, compuesto, ¡claro!, por nacionalidades “étnicas” como resultado de aplicar el principio de “una lengua, una nación, un estado”, observará que es muy parecido al mapa de esa “Europa de los pueblos” que defiende el CIEMEN, el ‘Centre Internacional Escarré per a les Minories Ètniques i Nacions’, organismo al que tienen costumbre de adherirse nuestros catalanistas. Se trata de la misma Europa no por casualidad sino porque Enseñat, al igual que Hitler, cree en el mismo principio conformador de identidades nacionales: la “etnia”, antes llamada “raza” y, desde que el término quedara desacreditado tras el Holocausto, “cultura” asociada a una lengua. Alguien objetará que todas las naciones se han configurado en torno a una lengua. Eso es falso y fruto del éxito de la propaganda nacionalista. Cierto que Italia y Alemania, dos naciones relativamente jóvenes, se fraguaron bajo esta premisa –la lengua nacional– pero la inmensa mayoría de estados existentes en el mundo han nacido al calor de otros principios fundadores ajenos a la lengua. En general, las lenguas no han sido los fundamentos primordiales de la cultura nacional ni la matriz de la mentalidad nacional. Nos lo dice Hobsbawm, uno de los mayores expertos del fenómeno nacionalista. De ahí que la inmensa mayoría de estados alberguen en su seno varias lenguas. Colombia, por poner un ejemplo de un estado que la mayoría de ustedes probablemente creerán monolingüe, cuenta con más de 60 lenguas. De hecho, los estados monolingües son excepcionales y a menudo fruto de limpiezas étnicas. Por eso, el concepto de “lengua nacional” que algunos de nuestros filólogos de la UIB utilizan como si fuera de una lógica aplastante es un sintagma voluntarista, falaz y sin el menor recorrido académico.

El catalanismo local al desnudo. Nome gusta la literatura nacionalista. Es aburrida, depresiva y circular. Como decía Aracil, uno puede abstenerse de leerla porque ya sabe de antemano lo que van a decir. De ahí el mérito de Juan Antonio Horrachpor haberse sumergido en las revistas “Lluc” (1976-2011) y “El Mirall” (1987-2013), órganos oficiales del catalanismo en Baleares. El propósito era conocer de primera mano qué han dicho las cabezas pensantes del catalanismo local sobre las modalidades insulares reconocidas –a su pesar– en el Estatuto de Autonomía. Contra todo pronóstico, Horrach ha sobrevivido al trance y de esta cruel inmersión ha surgido “Sa norma sagrada. Un viatge a ses fonts amagades des catalanisme de ses Balears”  (Ed. Fundació Jaume III, 2016), ensayo que ya está en las librerías.

El resultado de la investigación ha sido deslumbrante. Como “Lluc” y “El Mirall” son revistas minoritarias y de consumo interno donde nuestros filólogos se han estado explayando con naturalidad y sin las debidas reservas a las que siempre obliga dirigirse a la opinión pública, el catalanismo local ha quedado al desnudo. Ha aflorado toda una ideología subyacente que se presuponía pero que, por razones obvias, no terminaba de aflorar a la luz pública con la intensidad que siempre ofrece este aire de familia de hablar sólo para los tuyos. Esta ideología no es otra que el “nacionalismo étnico” del que hablaba antes y la utilización del estándar normativo como un instrumento puesto al servicio de la uniformización lingüística y cultural de la nación étnica catalana y, en consecuencia, al servicio de la destrucción de la democracia y de la nación española de ciudadanos libres e iguales. Lo intuíamos pero faltaba demostrarlo.
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Publicat a EL MUNDO/El Día de Baleares, 2/4/2016.

Setmana Santa i sa nostra identitat

Sa Semana Santa ja és aquí. Som temps de formatjades, de carn, brossat i formatge —flaó, segons es poble—, i de veure s’al·lotim de xipell i demés escoletes com, després de mesos de regar ets abres, repleguen amb s’il·lusió de sempre es caramel·los d’antany.

Sense cap dubte, Pasqua i sobretot, Setmana Santa, és s’època més important de s’any litúrgic pes cristians que recordam i escenificam es darrers moments de Jesus a la terra a través de ses diferents professons: la Passió, Mort i Resurrecció. O sia, s’arribada de Jesucrist a Jerusalem passada sa llarga penitència del desert, quan ja proclamat com a Salvador, va esser processat, mort i crucificat, fins sa resurrecció.

Es primers cristians celebraven sa resurrecció de Jesucrist es mateix dia que sa pasqua jueva, fins que es Primer Concili de Nicea (any 325) va separar una festa de s’altra. Jo me deman, emperò, ¿som conscients de s’importància des cristianisme a sa vida des menorquins des de temps quasi remots?

Són molts es qui s’erren, entabanats per ses falses premisses des nacionalisme, i es creuen mentides com que s’història de Menorca comença el 1287 amb s’arribada d’Alfons III. Com si aquell any fos l’any 0 per sa nostra illa i féssim tabula rasaamb totes ses cultures que van calcigar sa nostra illa abans de 1287. Una gran mentida. De fet, s’autèntic conquistador de Menorca va esser es seu avi, el Rei En Jaume, qui conquistà Menorca per sa via diplomàtica i no per sa força de ses armes, i ho va fer assistint personalment a Menorca en tres ocasions per consolidar aixuixí es seu domini reial: el 1231, 1268 i 1269.

A diferència de lo que creu més d’un, sa religió catòlica no va desaparèixer mai de sa nostra illa. Ni tan sols durant s’època islàmica, com es vol fer creure. Es cristians que vivien en territoris dominats pes musulmans rebien es nom de mossàrabs, de s’àrab مستعرب (mustaʕrab) i que significa “arabisat”. De sa supervivència d’aquests cristians baleàrics arabisats en tenim constància a diferents documents, com per exemple es de 26 de desembre de 1057, on el rei Alí Iqbal al-Dawla de sa taifa de Dénia concedeix a Guislabert, bisbe de Barcelona, un document on li cedeix sa jurisdicció sobre sa diòcesis i es feels cristians des seu regne, que incloïa ses Illes Balears, Dénia i Alacant. O sia, açò mos indica que 150 anys després de sa conquista musulmana de ses Balears, encara hi havia a ses nostres illes una important població mossàrab que conservava ses seues iglésies i sa fe cristiana que practicaven lliurement, açò sí, pagant es respectiu impost, sa yiza.

Bensenes, aquests menorquins no només conservarien sa seua fe, sinó també sa seua llengua. Però no només es mossàrabs (cristians) degueren conservar sa llengua. Hem de tenir en compte també es baptizati, es conversos que es convertien forçosament o perquè els convenia socialment d’una religió a una altra. Tant es van convertir antics cristians durant sa dominació islàmica, com es convertiren també es musulmans durant sa conquista cristiana de ses Balears el 1229. Que una part de sa població indígena es convertís a s’islam no significa que també abandonàs sa seua llengua. Podrien conviure perfectament rallant uns sa llengua romanç i ets altres s’àrab, de sa mateixa manera que en s’actualitat i durant tants d’anys s’ha parlat es castellà i es menorquí.

De sa toponímia de Menorca es desprèn sa prova més fefaent de sa pervivència dets antics pobladors durant ses dominacions islàmiques: Ciutadella, Mahó, Alaior, Santandria, Binigarba, Torrepetxina, Calanforcat, Binipati, Albranca, Cotaina, Biniparratx, Llucalari, Artrutx, el Toro, Sa Nitja, Algendar, Santa Galdana, Es Canutells… són topònims que ja existien abans de s’arribada d’Alfons III i que gràcies a sa població mossàrab s’han conservat intactes fins es nostros dies.

Sa nostra llengua menorquina és fruit de sa mescla des llatí degenerat d’aquells mossàrabs amb es romanç des nous pobladors de sa Corona d’Aragó. Un patrimoni lingüístic mil·lenari des que n’hauríem de treure pit, i ses nostres institucions haurien de vetlar per sa seua conservació a ses escoles, a s’Administració i an es medis de comunicació, en tost d’encolomar-mos es barceloní que faria esborronar sa pell an es nostros ancestres.

Sa Setmana Santa mos recorda que som hereus directes d’aquells menorquins autòctons, com diu un bon amic, que a ses nostres venes no córre sang sinó “suc de talaiot”. Esperem que prenguin nota es nostros governants des Consell Insular de Menorca, sra. Salord, sr. Maria i companyia, i davallin de s’ase. No podem bravetjar de talaiòtics i, a la vegada, esborrar segles d’història, sa cultura i ses gents anteriors a 1287. Olvidar es primitius cristians menorquins seria com olvidar-mos a noltros mateixos.
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Publicat as Diari MENORCA, 28/3/2016