Xavier Pericay: “Hay que hacer un referéndum lingüístico en Baleares”

MAYTE AMORÓS.

Primero analizó, junto a Joan Font Rosselló, los libros de texto de los alumnos de Primaria para sacar a la luz que las editoriales no se esfuerzan por usar las formas propias del catalán de las Islas. Ahora Xavier Pericay (Barcelona, 1956) ha elaborado un libro de estilo que brinda a la sociedad el uso generalizado de un estándar balear en las escuelas, los medios de comunicación y la Administración Pública. Un model lingüístic per ses Illes Balears, editado por la Fundación Jaume III, se presenta el día 19 de febrero en el Club Náutico de Palma a las 19.30 horas.

–¿Por qué edita un libro de estilo y no una gramática?
–Porque ya existen gramáticas y léxicos. Un model lingüístic per ses Illes Balears es una propuesta de modelo para usar en el ámbito público, es decir, en la enseñanza, medios de comunicación y en la Administración Pública.

–¿Qué hay de malo en el actual modelo lingüístico?
–Que durante los últimos 20 años se ha ido derivando a un modelo que no tiene diferencias con el modelo catalán. Si ves, por ejemplo, el informativo de IB3 y TV3 son prácticamente idénticos, no tienes sensación de que aquí se habla diferente, aunque es verdad que últimamente se percibe un esfuerzo en IB3 para remediarlo. Los ciudadanos no se sienten representados con lo que oyen, incluso hay muchos hijos que corrigen a sus padres porque en la escuela les han dicho que palabras como ‘vacacions’ es un ‘barbarisme’ o un coloquialismo, lo cual es falso.

–¿Entonces en las escuelas de las Islas no se enseña el catalán de nuestros abuelos?
–En las escuelas Baleares se enseña el catalán de los abuelos catalanes. (Risas).

–¿De quién es la culpa de este desprestigio del catalán de las Islas?
–De la UIB porque ha puesto en manos del departamento de Filología la cuestión lingüística. Desgraciadamente es un departamento que está haciendo un trabajo absolutamente político, promoviendo el modelo catalán en vez del de Baleares. Su lema es salvar la lengua porque está amenazada pero en realidad ellos quieren salvar el catalán de Cataluña y no les importa el mallorquín.

–¿El mallorquín, menorquín e ibicenco están en peligro de extinción?
–Las formas mallorquinas, menorquinas e ibicencas están condenadas a desaparecer si no se promueven y se dignifican. No estamos dispuestos a tolerar que el modelo balear no sea balear.

–¿Y en qué va a ayudar su libro a la situación actual?
–Proponemos una alternativa a este modelo amparado, promovido y fijado por determinados lingüistas y profesores del departamento de Filología Catalana de la UIB. La Fundación Jaume III toma como referencia a la comunidad balear como comunidad lingüística, ésta es la gran diferencia. Hasta ahora se tomaba como referencia a una comunidad concreta, la catalana, no la balear. Se había olvidado todo lo propio de aquí y lo que la mayoría de baleares reconoce como su forma de hablar.

–¿Va a distribuir el libro en los colegios para que tomen nota?
–Se hará llegar a colegios, medios de comunicación y a la Administración, otra cosa es lo que en estas entidades hagan con el libro… La obra también estará disponible en las librerías a partir de este lunes o en la Fundación Jaume III.

–¿Es normal que una obra así la tenga que acometer una fundación privada como la Jaume III?
–No, es completamente anómalo. Lo que no hacen las instituciones lo acaban haciendo otros.

–¿Por qué no lo ha hecho la UIB?
–Imagino que porque está haciendo justamente lo contrario, promoviendo el modelo que existe en la enseñanza en Baleares.

–¿Un model lingüístic per ses Illes Balears ataca a la unidad de la lengua?
–Claro que no, eso ni se plantea. Es un libro que se mueve dentro de la normativa y todo es perfectamente correcto, justificable y justificado. Esta obra lo que quiere es recuperar la tradición que había existido en una época en que el mallorquín no se enseñaba en la escuela y no se usaba en los medios de comunicación. Cualquier cosa que supone diversidad representa para la Academia un ataque a la lengua. Nada más falso, lo que intenta este libro es servir a los mallorquines, que tengan una alternativa y que cuando sus hijos les digan que una palabra no es correcta o cuando vayan a la administración y les saquen un documento que parezca hecho en Girona, puedan decir que las cosas se pueden hacer de otro modo.

–¿Habla de reclamar por los derechos lingüísticos?
–Por supuesto, la gente debe tomar conciencia de lo que está ocurriendo con su forma de hablar tradicional. Hasta ahora el ciudadano era consciente de que lo que le proponían no era su forma de hablar pero no sabía cómo responder a esto. Ahora tiene este libro que sirve como instrumento para hacerlo.

–La obra incluye un glosario para consultar si tienen dudas sobre su corrección, ¿qué palabras ha rescatado?
–Es un vocabulario, aunque no es exhaustivo, es representativo de las palabras propias por las de Cataluña, por ejemplo ‘vacacions’ por ‘vacances’, y otras palabras que no han desaparecido porque simplemente han sido excluidas de los ámbitos públicos, palabras formales que deberían tener un uso mayor.

–¿Le han llegado quejas en este sentido?
–Sí. Colgamos estas quejas en la página web (Sa catalanada) y también reclamamos a la empresa. La última, por ejemplo, es que en Mercadona de Mahón pone ‘amaniments’ en vez de ‘trempats’. A menudo usan aquí los carteles de Cataluña, cosa que no sucede en la Comunidad Valenciana. Baleares siempre ha sido un apéndice de Cataluña en lo político y en lo lingüístico, y este libro lo que dice es que aquí hay que usar el modelo que decidan los ciudadanos de aquí y si es necesario habrá que someterlo a votación.

–¿Propone hacer un referéndum lingüístico?
–Sí. A aquellos que tanto les gusta someter las cuestiones a votación pública -véase el famoso derecho a decidir- podrían preguntar a la gente qué quiere hablar: el modelo que ellos están proponiendo o un modelo como el que propone la Fundación Jaume III en el que la comunidad balear es tenida en cuenta.

–¿Puede hablarse de un estándar balear?
–Este libro pretende un estándar balear.

–¿Qué mejoraría de IB3 para que la gente se identificase con su forma de hablar?
–IB3 promueve un modelo más comedido que el nuestro, con vestigios del modelo anterior, pero se han ido introduciendo soluciones propias de aquí. Yo creo que se debería generalizar el uso del artículo salat en todas las secciones de los Informativos, no sólo en deportes y el tiempo, como ahora.

–Su libro apuesta claramente por un uso normalizado del artículo salado. ¿Hasta qué punto todo se reduce a un debate ‘salat’ sí, ‘salat’ no?
–No se reduce a esto pero éste es un elemento característico del habla balear y no usarlo en los ámbitos formales es obligar a la gente a renunciar a algo irrenunciable. Se está impidiendo usar lo que más le identifica, lo cual es un absurdo.

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Publicat a El Mundo-El Día de Baleares, es 7-2-2015

Filología y política

En una reunión que mantuvimos la Fundació Jaume III con un partido político, un dirigente de este partido nos espetó: “─Nos parece muy bien lo que decís. Ahora bien, una cosa es la filología y otra cosa es la política. Dejemos a los filólogos las cuestiones de filología”. Y el pobre ingenuo se quedó tan ancho. Ésta ha sido la gran añagaza utilizada por el nacionalismo catalán para extenderse como una mancha de aceite. O sea, la consideración de que una cosa es la política y otra cosa muy distinta la filología, obviando que el nacionalismo como ideología moderna –el catalanismo político se remonta al 1898 y el cultural a 1859– ha utilizado a los filólogos como su brazo intelectual. Los contornos físicos, fonéticos y geográficos de la lengua que dibujan los filólogos terminan coincidiendo con los de la nación. La lengua es la nación y viceversa.

Como decía, aquí en Baleares se asumen como dogma de fe y como cuestiones “superadas” por la “ciencia” estos tres planteamientos: a) la unidad de la lengua catalana; b) el nombre unitario de la lengua, o sea, el catalán; c) la normativización fabriana y el modelo estándar implantado en nuestro archipiélago, un modelo que sigue a pies juntillas el patrón barcelonés –como si Palma fuera Sabadell– y que ha olvidado aquella sensibilidad léxica hacia todo lo balear ─como demostró en obras como el Vocabulari Mallorquí-Castellà(1965)─ que siempre conservó Francesc de Borja Moll pese a su papel de factótum del catalanismo en Baleares.

Incluso esto último, la mera defensa de las modalidades baleares reconocidas en el Estatuto y la utilización de un estándar mucho más cercano a la lengua viva de la calle les sigue pareciendo a muchos un crimen de lesa humanidad que merece todo tipo de invectivas. Desde que Sebastià Alzamora, alto cargo con Jaume Matas, nos recordara hace una década aquello de que “negar la unidad de la lengua catalana es propio de un imbécil o de un hijo de puta”, se han sucedido las sistemáticas lluvias de insultos hacia todo aquel que cuestionara alguno de los planteamientos a), b) y c) expuestos arriba. Desde quienes han llegado a afirmar que “negar la unidad de la lengua” era lo mismo que “negar que la Tierra es redonda” hasta aquellos que han asegurado mosqueados que a nadie se le ocurriría llamar a alguien que no fuera un arquitecto para construir una casa. Los filólogos serían unos científicos tan infalibles como los físicos y los matemáticos y que, como ciencia que es la filología, cualquier debate debe ser clausurado en nombre del progreso de la humanidad y la propia normalización lingüística. Y lo cierto es que, con este tipo de argumentos, se han salido con la suya: nadie se atreve a cuestionar sus dictados so pena de caer en el anatema. Entre ellos, los políticos, unos seres de por sí pretenciosos, cobardes y predispuestos a abrazar la corrección… política.

Este rasgarse las vestiduras, sin embargo, obedece no sólo al intento de ahogar cualquier debate sobre el tema sino a algo de lo que me he ido dado cuenta conforme me adentraba en el estudio de la historia de la lengua catalana: la precariedad de los tres dogmas de fe que he señalado más arriba. Y lo cierto es que, por mi parte, no había ninguna predisposición para cuestionar ninguno de ellos. Siempre fui un estudiante aplicado y obediente, incluso fui más allá de lo que se me exigía en la asunción, ciertamente inopinada y acrítica, de los dogmas reseñados.

Sí, he constatado que las verdades indiscutibles que esgrime el catalanismo, incluso las de corte más cientifista, están cogidas con pinzas. Son muy precarias, apenas se sustentan en los hechos y la historia real. Esto no quiere decir que al final no terminen ganando la batalla –ya lo han hecho– pero su éxito no radica tanto en la solidez de sus premisas de las que partían cuando empezaron a discutirse estos temas vidriosos como en haber sabido dotar de “conciencia lingüística” a buena parte de los hablantes que carecían de ella. Su éxito no reside en la ciencia, sino en la “conciencia”, no en los hechos filológicos probados sino en la propaganda, en haber sabido “nacionalistizar” las mentes.

Porque, a diferencia de lo que los alzamoras de turno nos quieren hacer creer, si ha habido una lengua que ha suscitado controversia –y mucha– en su definición y sus contornos, así como una formidable polifonía de voces desafinadas, ésta ha sido la lengua catalana. Los alzamoras tendrían que ser más humildes. Sólo voy a dar dos ejemplos de hasta qué punto la controversia de los lingüistas ha tenido que ser zanjada por una decisión política. Año 1913. La aprobación del IEC de las normas ortográficas de Pompeu Fabra provocará una polémica a cara de perro entre normistas –favorables a ellas– y antinormistas. Tendrá que ser el presidente de la Mancomunidad, Prat de la Riba, el que ponga orden en el guirigay apoyando las nuevas normas como una ortografía “nacional” (sic). Como ven, ciencia en estado puro. Año 1934. La crecida, entre las propias élites catalanistas, del occitanismo, un movimiento que pretendía aglutinar el catalán junto al resto de dialectos de Oc, será desactivado mediante un manifiesto de carácter político capitaneado por Fabra, como ha detallado August Rafanell en “La il·lusió occitana”. Dos ejemplos que, lejos de ser puntuales, ilustran no sólo toda una tradición cainita sino que la “historia oficial del catalanismo” que se nos quiere vender nada tiene que ver con la realidad histórica. Pura mitomanía voluntarista. Como concluye Javier Barraycoa, “rara vez la voz del pueblo catalán se hizo sentir unánimemente” y “los protagonistas de la Renaixença del catalán acabaron, en su mayoría, peleados entre sí al ser incapaces de ponerse de acuerdo en nada”, lo que indica que nada, ni siquiera la existencia del catalán como lengua separada de la lengua de Oc, estaba clara.

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Publicat a El Mundo-El Día de Baleares, es 3-1-2015

Nacionalisme, s’invenció de sa tradició

Com diu un dets estudiosos més reconeguts des fenomen nacionalista, Ernest Gellner, “es nacionalisme no és cap despertar de ses nacions cap a seva autoconsciència; inventa nacions allà on no existeixen, però ha de menester certs elements diferenciadors preexistents per iniciar es procés”. Es procés al qual se refereix és, com sabem, s’anomenada ‘construcció nacional’. Gellner afirma que una cosa és es nacionalisme vist pes mateixos nacionalistes i una altra molt distinta lo que és realment. Es nacionalistes s’arriben a creure que lo que defensen és s’única realitat, quan lo que defensen és una ‘teoria’ –una ideologia historicista, en realitat– que no té més de dos-cents anys d’història. Una altra ‘teoria’, com pugui ser es marxisme, que interpreta es passat d’acord amb uns conceptes inventats i que se pensa haver trobat, gràcies an aquest instrumental conceptual, unes lleis pretesament històriques –i omnicomprensives– que explicarien no només sa successió històrica, sinó que, operant damunt es món real, tendrien sa clau per canviar-lo.

Un exemple de tot això el tenim cada any amb sa commemoració de sa conquista cristiana de Mallorca l’any 1229, que, pes catalanisme, s’ha convertit en sa fita històrica per excel·lència que marca s’entrada des mallorquins dins sa catalanitat. Lo que passà abans i lo que passà després els importa ben poc, com tampoc es fets històrics que posen en quarantena sa seva peculiar interpretació des fets. Els és igual que el Rei En Jaume fos un rei aragonès nat a Montpeller; els és igual que es vertader sentit de sa conquista fos una creuada cristiana beneïda pel papa i de cap manera una creuada “catalana”; els és igual que es comtats que formen s’actual Catalunya no formassin part ‘de iure’ de sa Corona d’Aragó fins l’any 1258 (tractat de Corbeil); els és igual que sa bandera quadribarrada fos s’emblema de sa casa reial aragonesa; els és igual que llavors es català fos una “llengua” amb molt poca singularitat respecte de s’occità; els és igual, en fi, sa relativa –en realitat, nul·la– importància que tenia sa “llengua” o s’“ètnia” pes súbdits de s’Edat Mitja a s’hora de definir sa seva identitat si les comparam amb altres elements com es rang, el seu rei, sa religió o es Dret. Sa “consciència lingüística” –com sa consciència ètnica- és un invent modern des nacionalisme que no té més de dos segles d’història i en es cas des catalanisme no més de cent cinquanta anys. Tot això els és igual, tanmateix.

I així podríem continuar amb tots es mites que defineixen es catalanisme, tots i cada un d’ells, començant per sa senyera com a “bandera nacional”, continuant amb sos Segadors com a “himne nacional” o amb sa sardana com a “ball nacional”, i acabant pel Barça com “s’equip nacional”. Com han il·lustrat Javier Barraycoa i Joan Lluís Marfany, no va ser fins as darrer terç des segle XIX –quan es catalanisme literari i cultural deriva en catalanisme polític, o sigui, sa llengua se converteix en un instrument de lluita política– que es catalanisme va adoptar sa quadribarrada com a símbol, desplaçant-ne d’altres com sa Creu de Sant Jordi. Més envant es catalanistes la s’apropiaren i ara volen fer creure que sa quadribarrada de sa festa de s’Estendard representa sa bandera catalana en lloc des símbol de sa dinastia aragonesa. S’himne des Segadors va ser recreat, també, a finals des segle XIX quan no havia estat més que una cançó de taverna que narrava sa revolta de 1640, convertida en un altre mite després de treure-li tot es sentit –profundament religiós– que havia tengut. El F.C. Barcelona, abans de convertir-se en un símbol “nacional”, va ser fundat com un equip d’estrangers on no hi podia jugar cap espanyol i per tant cap català, tot lo contrari que l’Espanyol. Més envant, aquest club que simbolisà sa resistència antifranquista donaria dues medalles a Francisco Franco, una com a agraïment a s’ajuda per sa construcció des Palau Blaugrana i s’altra amb motiu des 75 aniversari de s’entitat. Sa sardana com a ball “nacional” la crearen es catalanistes a començaments des segle XX. En principi, només era un ball circumscrit a Sant Feliu de Guíxols. I així podríem continuar amb sa llengua i amb la resta de mites que habiten s’imaginació des nacionalisme català i des nostros xotets de cordeta balears.

És per tot això que deim que es nacionalisme és una il·lusió òptica. “És es nacionalisme es qui crea ses nacions i no a s’enrevés”, diu Gellner. Recorr an es passat per fer-ne un ús selectiu i transformar-lo radicalment. “Llenguatges que havien mort poden tornar a viure, ses tradicions són susceptibles d’inventar-se i és possible recrear pureses prístines fictícies. Però aquesta faceta culturalment creativa, aquesta imaginació i inventiva pròpia de s’ardor nacionalista no és sinó una invenció contingent, artificial i ideològica” (Gellner).

Profecies autocomplides

Ara bé, ningú pot negar s’existència des nacionalisme i des projectes de nació que vol crear. Això sí que és real. En es darrers dos segles, es nacionalisme ha tengut –i té, basta veure Catalunya, el País Basc o Escòcia– una força mobilisadora impressionant, sobretot si la comparam amb sa seva debilitat intel·lectual. Un des grans errors ha estat considerar-lo una ideologia reaccionària, tradicionalista i retrassada. Si es nacionalisme és qualque cosa, no és precisament antic ni antiquat sinó modern. Sa seva modernitat és indubtable i ses condicions en què s’ha pogut desplegar són ses pròpies de sa modernitat: s’industrialisació, ses grans migracions cap a ses ciutats i s’educació universal dets estats moderns. Com han explicat Gellner i també Hobsbawm, un altre teòric des nacionalisme, a ses societats agràries anteriors a s’era industrial no hi havia cap possibilitat que germinàs cap “consciència nacional”. Tots es Jocs Florals, totes ses Renaixences literàries i tota sa filosofia “herderiana” haguessin estat inútils.

¿Per què, idò, si ses premisses des nacionalisme són tan fluixetes, acaba tenguent s’importància que té? La té gràcies an ets instruments que li acaba cedint s’Estat per imposar es seu punt de vista, bàsicament s’ensenyança i es medis de comunicació públics. D’aquí que es nacionalisme mai vulgui doblegar-se davant aquells que amenacen es seu control de s’educació i es medis de comunicació. Sa construcció nacional, o sigui sa formació d’un Estat de ple dret ses fronteres del qual coincidesquin amb ses fronteres lingüístiques (o ètniques), només és possible si es nacionalisme, an es mateix temps que critica es seu mirall, s’Estat central (Espanya, França), és ja estat en si mateix, autonòmic, provincial, insular o local, però estat. Això és irrenunciable.

Només quan se converteix en estatal, oficial i públic és quan es nacionalisme triumfa i modela sa realitat d’acord amb sos seus patrons apriorístics, per falsos que hagin estat en es començament. Quan se defensen diguent que en realitat no hi ha ningú que vulgui una ensenyança bilingüe o es castellà com a llengua vehicular, as cap i a la fi, es nacionalistes estan diguent sa veritat: ningú està disposat a reclamar es seus drets lingüístics perquè tothom té por. Es nacionalisme ha sabut crear artificialment i gràcies a sa seva capacitat coactiva ses condicions –una pressió malaltissa contra es discrepant– perquè ningú s’hi vulgui enfrontar. Se tracta d’una profecia autocomplida, o sigui, de com partint de premisses falses, aquestes, actuant “com si” fossin vertaderes, se converteixen en veritat. Això ja ho havia detectat Hannah Arendt quan deia que es nazisme havia aconseguit que es jueus que, en principi ningú tenia com a “escòria”, s’hi haguessin convertit després de tractar-los com a tals. En això consisteix es nacionalisme.

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Publicat a El Mundo-El Día de Baleares, el 2-1-2015

I Prèmit Joan Benejam de relats breus en llengua menorquina

 

FOMENT CULTURAL DE SES ILLES BALEARS. Sa nostra entitat, Foment Cultural de ses Illes Balears (FCIB), és una entitat cultural, oberta i plural, finançada íntegrament amb capital privat que va esser fundada per joves estudiants universitaris, historiadors, missers, empresaris i professionals lliberals de Menorca, Mallorca, Eivissa i Formentera, amb uns objectius clars i contundents: estudiar, defensar, fomentar i dignificar es menorquí, es mallorquí i s’eivissenc.

D’ençà de s’implantació de s’Estatut d’Autonomia, que reconeixia es català com a llengua de Balears, rebaixant i marginant es balear a simple dialecte o parlar col·loquial i vulgar, sa llengua de ses Balears ha sofert un fort procés de desnaturalisació, propiciada per s’imposició des català estàndar a ses nostres illes.

Foment Cultural aposta per dignificar, reconèixer i prestigiar de forma oficial (Estatut d’Autonomia) i acadèmica sa llengua de ses Balears, es mallorquí, es menorquí i s’eivissenc en qualsevol de ses seues modalitats insulars. Ets objectius principals de sa nostra entitat són recuperar i oficialisar ses nostres modalitats insulars a s’administració i en es medis de comunicació públics, però sobretot, impulsar-les, estudiar-les i recuperar-les a ses escoles, instituts i universitat de Balears.

Davant sa falta de compromís i d’ajudes públiques per part de ses principals institucions de Menorca i Balears amb s’estudi i protecció des menorquí i ses modalitats insulars –tal com estableix s’article 35 de s’Estatut d’Autonomia de sa CAIB–, Foment Cultural de Menorca convoca enguany sa 1ª edició des PRÈMIT JOAN BENEJAM, Concurs de Relats breus en menorquí.

Es Prèmit Joan Benejam neix per dignificar sa nostra llengua menorquina, impulsar sa redacció en menorquí entre es joves de s’illa, amb s’intenció de fomentar i recuperar entre sa jovenea ses particularitats lingüístiques menorquines que ara es troben marginades i suplantades en es món acadèmic i educatiu. Finalment, coincidint amb s’Any Ruiz i Pablo, proposta de Foment Cultural, es Prèmit Joan Benejam també neix en homenatge a un dets intel·lectuals menorquins més destacats de s’història de sa nostra illa: Mestre Benejam i Vives, reconegut pedagog, impulsor de s’ensenyança graduada a Menorca i fill il·lustre de Ciutadella. Autor d’obres com Ciutadella Veia (1910), sa sarsuela costumista de Ciutadella per excel·lència, Foc i Fum (1885), i des Vocabulari Menorquí-Castellà (1885), obres escrites, com deia Mestre Benejam, “en sa nostra llengo o lo que es diu en pla”.

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Bases des I Prèmit Joan Benejam de relats breus

En defensa del mallorquín

Josep Maria Aguiló.

La Fundación Jaime III de Mallorca ha hecho su presentación oficial en Palma, que trabajará para que el Estatuto de Autonomía  “reconozca y prestigie la lengua de Baleares en cualquiera de sus modalidades”, según recogen sus estatutos, escritos en mallorquín. Asimismo contribuirá a elaborar “un modelo estándar representativo de las modalidades insulares”.

El nombre de la asociación representa un homenaje y un reconocimiento al último rey de Mallorca, Jaime III, que murió el 25 de octubre de 1349 en el municipio mallorquín de Llucmajor, en el transcurso de una batalla para intentar recuperar su trono antes las tropas de Pedro IV, rey de Aragón y conde de Barcelona.

Al frente de la fundación se encuentra, como presidente, el exsenador de UCD y exdecano dle Colegio de Abogados de Baleares, José Zaforteza, mientras que su vicepresidente es el exdiputado regional del PP y profesor universitario Joan Font.

Publicat a Abc24-11-2013pàgina 40.

Un día para el recuerdo

A los mallorquines no nos suenan muchas fechas, quizás Tots els Sants, para llenar de flores nuestros cementerios, algo que no está nada mal. También recordamos el «Treinta y uno de diciembre» y la Diada, pero no mucho más. Sin embargo existe una fecha que no deberíamos olvidar: el 25 de octubre.

En tal día de 1349, se produjo «la última batalla». Cerca de Llucmajor, en lo
que hoy denominamos el «Coll de la Batalla» sucumbía nuestro rey Jaume III. En ella perdía su vida y su reino, un reino que se había empeñado en reconquistar, tras habérselo arrebatado su cuñado Pere el Ceremoniós. De este acontecimiento nos han dejado testimonio nuestros pintores y escultores. Recordemos el lienzo que se conserva en Son Vida, y el monumento de Llucmajor, la localidad más cercana a la batalla.

Finalizado el franquismo, con el deseo de recuperar nuestras esencias patrias y abrir paso a nuestra autonomía, se idearon en esta misma fecha unos magnos funerales en la Seo, en memoria de nuestros reyes privativos. En la gran nave central de nuestro templo catedralicio se daban cita todos los ayuntamientos de la isla, autoridades preautonómicas, con Jeroni Albertí a la cabeza y numerosos fieles, mientras que en el altar mayor concelebraba, con el clero de la diócesis, el obispo de Mallorca, Teodoro Úbeda, acompañado de los obispos de las demás islas y de los de Perpiñán y Montpellier.

Al poco tiempo todo se fue al traste. Nadie tuvo interés en conservar la celebración. La monarquía privativa de Mallorca comenzaba a estorbar, como también estorbaban no pocos de sus símbolos. ¿Por qué? Hoy la razón está más que a la vista. Como dicen los libros de texto: «Allò de Llucmajor va ser una brega de familia». Por lo visto todos éramos catalanes. Lo que convenía era fomentar la «germanor» y olvidar los enfrentamientos. Como ya sabemos, la memoria histórica sirve para lo que interesa políticamente en cada momento.

Hoy 200 mallorquines se han vuelto a reunir en “El camp de sa batalla”, y con
ellos apenas un par de llucmajorers, todo sea dicho. Pero algo ha comenzado. Tenemos un día especial por recordar. El año que viene podríamos ser más. Quizás menos, quien sabe. Pero no hay duda alguna de que el 25 de octubre siempre será el barómetro con el que medir lo poco o
mucho que honramos nuestro pasado.

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Publicat a El Mundo-El Día de Baleares, l’1-11-2014.

El enésimo fraude del catalanismo

No creo que sea necesario insistir en el apego del catalanismo por el engaño. Durante lustros negaron que aquí en Baleares se había implantado por la vía de los hechos un sistema de inmersión lingüística obligatoria, un fraude de ley puesto que nunca tal sistema pasó por el tamiz de la cámara autonómica. El catalanismo negaba los hechos  al aducir que oficialmente “no había inmersión” e invocar un decreto de mínimos que sólo fijaba un mínimo de un 50% de horas en catalán. Ya sabemos como el decreto de mínimos se fue transformando en uno de máximos sin que sus ejecutores, ni los partidos que les han estado amparando, tuvieran la valentía de legitimar la inmersión por ley, abiertamente y sin trampantojos.

Hace un año y medio, el deseo del Govern de adaptar ¡de verdad! los libros de texto a las modalidades insulares se encontró de nuevo con el mismo apego a la mentira. Lo primero que adujeron los catalanistas fue una media verdad: los libros “ya” se adaptaban a las modalidades insulares, reconocidas, mal que les pese, en los dos estatutos de autonomía que hemos tenido hasta ahora. Y, del mismo modo que la sombra sigue al cuerpo, la coacción siguió imperturbable al engaño. Los claustros de profesores amenazaron a las editoriales con no comprarles los libros si se atrevían a aceptar las subvenciones del Govern para balearizarlos. El STEI no vaciló en engañar a las familias haciéndoles creer que lo que pretendía el Govern era balearizarlos siguiendo la ortografía del siglo XIX que utiliza la Academia de la Lengua Balear. Ya se sabe, en el catalanismo, como en cualquier movimiento totalitario, anidan dos pulsiones incontrolables: la mentira –una forma de violencia, como sabemos– y la eliminación del advesario mediante coacciones y amenazas.

Cuando Xavier Pericay y un servidor nos propusimos evaluar si los libros de texto de las principales editoriales de las Islas Baleares (Anaya, Santillana, Vicens-Vives) se adaptaban o no a las “modalidades insulares” sabíamos que las conclusiones debían despejar dos preguntas fundamentales. En primer lugar, si los libros con el distintivo “Illes Balears”, o sea, adaptados en teoría al balear, realmente lo estaban o no y en qué grado lo estaban. Quiero recordar que tal adaptación no es un capricho de este Govern sino que lo exige el mismísimo “decreto de mínimos” (en sus artículos 3 y 23, decreto 92/1997) que ahora invocan a todas horas los catalanistas para volver a las andadas e imponer la inmersión en catalán. Claro está que los catalanistas, intérpretes únicos y absolutos de las disposiciones legales en materia lingüística, con el permiso de los magistrados del TSJB, no moverán un ápice para hacer cumplir la ley en este sentido. “Los proyectos editoriales tienen que respetar las modalidades insulares en lengua catalana”, reza el artículo 23 del decreto de mínimos. La segunda cuestión a resolver era indicar qué aspectos de la lengua (morfología verbal, léxico, indefinidos, artículo literario/salado, morfología no verbal, usos pronominales, etc..) estaban adaptados o no al mallorquín.

Antes, sin embargo, debíamos resolver una cuestión preliminar que hasta ahora nadie ha querido resolver. ¿Qué entendemos por “modalidades insulares”? Pues bien, con el ánimo de que nadie pudiera poner un pero al estudio de 37 páginas, decidimos dejar de lado los aspectos más controvertidos como el artículo salado y los usos pronominales (pronombres fuertes y débiles) que, aun siendo normativos, son relegados al ostracismo de la informalidad por la normativa oficial del Institut d’Estudis Catalans. De este modo separábamos lo que son estrictamente “registros” (formales/informales) de lo que son las “modalidades insulares”, saliendo al paso de algunas críticas al respecto. Sigo pensando que la teoría de los registros que esgrimen a todas horas los partidarios de la estandarización a ultranza no es más que una estratagema diabólica para terminar con nuestras modalidades. Aun así, asumimos el envite convencidos de que, incluso dentro de la más estricta normativa que nos permite el IEC y respetando los dichosos “registros”, no sería difícil concluir que su adaptación al balear era penosa.

Ya conocen el resultado. El estudio ha demostrado que de aquellos aspectos analizados sólo se adaptan a nuestras modalidades la morfología verbal (y no siempre), el artículo personal (En Joan, Na Maria, N’Esperança) y algo de vocabulario, el más doméstico y elemental. Nada más. La morfología no verbal (cuantitativos, indefinidos), la mayor parte del léxico y los usos conjuncionales y preposicionales no se adaptan. Esto significa, lisa y llanamente, que los normalizadores y técnicos lingüísticos de nuestras editoriales de cabecera, a la hora de elegir entre una solución del catalán central y una solución balear, aunque ambas sean correctas y dentro de la sacrosanta norma, se decantan casi siempre por la primera. A esto hay que añadir, además, la constatación –para constatarlo no hacía falta ningún estudio, claro– de que el artículo baleárico y los prononbres tal como los usamos en Mallorca y Menorca han sido erradicados por completo.

En suma, tras analizar 18 libros de texto de las asignaturas de Catalán y Conocimiento del medio, podemos concluir que la adaptación de los libros al mallorquín, menorquín e ibicenco es insuficiente a todas luces. El enésimo fraude del catalanismo.

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Publicat a El Mundo-El Día de Baleares, el 25-10-2014

Se descarregui aquí, si vol, s’informe sobre es llibres de text.

Fer un ou de dos vermells

Como era previsible, la irrupción de la Fundació Jaume III (www.jaumetercer.com) ha añadido más nerviosismo y desasosiego entre el catalanismo isleño. Lo primero que nos han espetado es que la mayoría de las peculiaridades del mallorquín que reivindicamos están aceptadas por la normativa del IEC, algo que nunca hemos puesto en entredicho. Lo que denuncia la nueva fundación no es que estén fuera de la normativa (algunas sí lo están) sino que nuestros catalanistas (¡los nuestros, no los de Barcelona!) han preferido sistemáticamente la sintaxis y el léxico (algo menos la morfología) del barcelonés –la base del estándar– a las formas genuinas de las Islas, tan correctas como aquellas. Entren en la web de la UIB y compruébenlo. En efecto, estoy de acuerdo con el director del IEB, Toni Vera, de que existe un margen de maniobra muy amplio dentro de la normativa del IEC para fomentar las modalidades insulares. Lo que pasa es que, lisa y llanamente, no se ha hecho y, peor todavía, no se quiere hacer porque los mismos de siempre lo consideran un ataque a la sacrosanta unidad de la lengua.

Estos días he estado releyendo los primeros tomos de las Rondaies d’en Jordi des Racó (Ed. Moll, 1977), esta vez más como entomólogo –los años no perdonan– que como aquel niño con los ojos abiertos como platos que escuchaba a su padre cuando se las leía de pequeño. La realidad, duela más o menos, es que, en sólo cien años, gran parte del abundante tesoro lingüístico que podemos encontrar en ellas se ha esfumado. Por supuesto, estas obras nos remiten a un mundo rural que, salvo excepciones, ya no existe en Mallorca. Pero incluso así, dejando de lado la evolución económica y social de los mallorquines que ha afectado lógicamente a su forma de hablar, hay que reconocer la degradación manifiesta del mallorquín que hablamos en la actualidad frente al recogido por Mossèn Alcover. Yo mismo conozco expresiones que utiliza mi madre que ya no utilizo normalmente. Mi hija ni siquiera las llegará a conocer. Si hacemos el experimento de leer a un niño de diez años una rondaia como “En Martí Tacó”, nos daremos cuenta de que no entiende nada de nada, tal ha sido la abrumadora pérdida de léxico, frases hechas, modismos y locuciones. Nuestro mallorquín, reconozcámoslo, nada tiene que ver con el esplendor, la variedad y la riqueza de antaño. Nada que ver. No digamos ya el que farfullan quienes no lo han aprendido en casa desde pequeños y lo han aprendido en la escuela o en los cursos de reciclaje de catalán.

Curiosamente, esta degradación manifiesta se ha acelerado en los últimos cuarenta años, precisamente cuando más se ha apoyado la enseñanza de (y en) la lengua autóctona hasta el punto de llegar a imponer, por la vía de los hechos, la inmersión lingüística obligatoria en catalán. ¿Qué dicen los catalanistas, los normalizadores y los estandarizadores a todo esto? Nada. A tenor de los aspavientos, los insultos –somos unos ignorantes, incultos, cínicos, hipócritas…– y la furia con que han dado la bienvenida a la nueva fundación y a las aviesas intenciones que nos atribuyen –todo muy previsible, como decía–, para nuestros catalanistas esta degradación –repito, manifiesta– de nuestra forma de hablar mallorquín entra dentro de los sacrificios normales que deben aceptarse a favor del catalán estándar. De hecho, el catalanismo sigue a pies juntillas la sentencia de muerte que la sociolingüística catalana dictó en su día contra los dialectos: la diversificación en todos los ámbitos conlleva el sacrificio de las formas “dialectizantes y arcaizantes”. Para ellos “unidad lingüística” significa uniformidad. A su juicio, salvar el catalán –aunque sea el ortopédico que utilizan los informativos de IB3– pasa por potenciar el estándar –el único que puede competir con el español– y si todo ello supone, al escamotearle protección y prestigio en los usos formales, cultos e institucionales, seguir empobreciendo hasta la náusea el mallorquín que hablamos (negándonos, incluso, la posibilidad de escribirlo) les importa un comino. La opción catalanista es legítima, pero es “su” opción, no la de tantos otros mallorquines que no estamos dispuestos a asistir a la degeneración del mallorquín sustituyéndolo progresivamente por un estándar en el que encima no nos reconocemos. El catalanismo debe asumir con normalidad que su apuesta tiene consecuencias sociolingüísticas, además de políticas, con las que los demás podemos o no estar de acuerdo. Sin embargo, la estupidez de toda nuestra clase política ha comprado un único discurso sobre la lengua, el del catalanismo, al parecer, los únicos que pueden opinar del tema.

Algunos no vemos las ventajas de tener un estándar catalán uniforme por ninguna parte, sinceramente. Sin estándar, siempre nos entendimos con catalanes y valencianos, rezamos durante siglos, fuimos capaces de crear obras literarias, elaborar gramáticas y diccionarios, incluso algunos emplearon el mallorquín para agitar al pueblo. No necesitamos el catalán como lengua nacional. Nuestra lengua nacional es el español, la común a todos los españoles, sin renunciar a hablar, a transmitir a nuestros hijos y a conservar nuestra lengua materna, tal como hicieron nuestros antepasados, por cierto, pese a carecer de “conciencia lingüística” de ningún tipo. Somos bilingües, hablamos nuestras dos lenguas con normalidad y las amamos por igual, no las enfrentamos en ninguna lucha darwinista, tal como hacen los sucursalistas de Cataluña. Observamos como, después de cuarenta años de apoyo institucional a nuestra lengua autóctona, el mallorquín va camino de ser asimilado por el catalán estándar que, encima, ha fracasado en su cometido de enganchar a las generaciones más jóvenes que se han pasado en masa al castellano como lengua relacional. Como diríamos en mallorquín, el catalanismo “ha fet un ou de dos vermells”. Harían bien los popes catalanistas en hacer un poco de autocrítica y analizar hacia dónde nos ha llevado su curioso amor por la lengua autóctona. A menos que este amor fuera espurio y mal dirigido, puesto al servicio de su obediencia vicaria a la Generalitat de Cataluña.

 

Publicat a El Mundo, 27-10-2013

Foment Cultural (FCIB) comparteix s’estudi de sa Fundació Jaume III sobre es llibres de text i organisa avui una xerrada informativa a Mallorca

FCIB. Foment Cultural de ses Illes Balears (FCIB) aplaudeix i comparteix s’estudi de sa Fundació Jaume III “¿S’adapten bé es llibres de text a ses modalitats insulars?”, el qual demostra que s’adaptació des llibres de text a ses modalitats insulars és absolutament nul·la en sa majoria des casos, i lo únic que s’adapta és sa morfologia verbal i part des lèxic. Des de Foment Cultural creim que es tracta d’un greu incompliment de s’Estatut d’Autonomia, i hem de recordar que una de ses principals promeses des Partit Popular en matèria lingüística era s’edició des llibres de text en mallorquí, menorquí i eivissenc. Es cas ès que, en tres anys de majoria absoluta des PP en es Govern Balear, sa ciutadania segueix vegent com es nostros fills han d’estudiar en català estàndar pur i dur, sense que s’hagi fet es mínim esforç per recuperar ses modalitats insulars a s’educació. FCIB té clar que, com també proposa sa Fundació Jaume III, sa solució an aquesta imposició lingü.stica que contradiu s’Estatut d’Autonomia i sa Constitució Espanyola passa per sa creació d’un estàndar lingüístic balear, així com a sa Comunitat Valenciana tenen una normativa autònoma i sa denominació oficial també és sa de “valencià” o “llengua valenciana”.

Per altra banda, Foment Cultural de Mallorca organisa una Xerrada informativa avui dissabte 18 d’octubre a les 20h a sa Cafeteria Miramar de Palma (C/dets Ocells Nº28) dirigida a tots es socis, simpatisants i demés interessatsa a col·laborar amb s’entitat.

S’objectiu d’aquesta xerrada serà, entre d’altres, sa d’impulsar i coordinar es número de
col·laboradors que s’han interessat per defensar i promoure es mallorquí i sa cultura mallorquina des
de Foment Cultural, entitat oberta i plural presentada a Palma es 30 de maig, a s’Estudi General
Lul·lià, davant unes 200 persones.

Dia: dissabte 18 d’octubre

Lloc: Cafeteria Miramar (C/dets Ocells Nº28). Palma. Zona des Fortí, paral·lel as C/Pasqual Ribot i devora es C/Francesc Martí Mora.

Hora: 20h des capvespre.

Defensa de “lo nostro”

Los Estatutos de las Autonomías con dos lenguas reconocen la cooficialidad de las lenguas regionales junto a la lengua común de la nación, que según la Constitución, es el castellano o español. Como sucede en el de la Comunidad Valenciana que reconoce como lengua cooficial el valenciano, cuando, según los uniformizadores de la “unidad lingüística del catalán”, tendría que denominarse “catalán”, que es cómo se ha denominado, absurdamente y sin consultar al pueblo, a nuestro mallorquín, menorquín, e ibicenco, en el actual Estatuto balear.

“El nombre de la lengua no es importante”, decían y dicen. Pero ese fue el pistoletazo de salida para la posterior catalanización, subvencionada, de Baleares. A través de la lengua. A través del catalán.

Yo no soy filólogo, ni pretendo enseñar a nadie, pero en la Fundación Círculo Balear desde hace más de 10 años, contamos con filólogos y lingüistas titulados que realizan interesantes trabajos al respecto, que no caen en la dictadura normativista del catalán estándar, por ser ésta contraria a nuestra identidad lingüística y a nuestra verdadera historia. Sólo queremos apoyar una manera de escribir utilizando nuestras palabras, dichos y giros. Así, trasladamos a las autoridades las reivindicaciones de una importante parte de la población que no acepta las imposiciones catalanistas que provocan la pérdida de nuestra auténtica forma de hablar, que hemos recibido de nuestros antepasados.

Los catalanistas no entienden que para que los mallorquines, menorquines e ibicencos apreciemos la lengua, primero tenemos que sentirla como nuestra, y nosotros sentimos el catalán como una lengua hermana, no como la madre de la lengua balear. Por eso reivindicamos que en Baleares se hable y escriba empleando todas las palabras mallorquinas, menorquinas, e ibicencas posibles, para que se escuchen, reconozcan y respeten.

Nuestras “modalidades insulares” tienen suficiente entidad desde el punto de vista histórico, filológico, lingüístico y cultural como para no tener que estar sometidas a un catalán estándar que, precisamente, acaba con la protección que en teoría exige nuestro estatuto de autonomía en su artículo 35. Queremos que los niños de Baleares puedan aprender la lengua y la historia de Baleares sin manipulaciones ni tergiversaciones pancatalanistas.

Como dijo el escritor mallorquín Llorenç Villalonga: “Estamos convencidos de que nuestra identidad no peligra frente al castellano ni el inglés, pero sí frente al catalán”.

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Publicat a mallorcadiario.com, el 16-10-2014