Un día para el recuerdo

A los mallorquines no nos suenan muchas fechas, quizás Tots els Sants, para llenar de flores nuestros cementerios, algo que no está nada mal. También recordamos el «Treinta y uno de diciembre» y la Diada, pero no mucho más. Sin embargo existe una fecha que no deberíamos olvidar: el 25 de octubre.

En tal día de 1349, se produjo «la última batalla». Cerca de Llucmajor, en lo
que hoy denominamos el «Coll de la Batalla» sucumbía nuestro rey Jaume III. En ella perdía su vida y su reino, un reino que se había empeñado en reconquistar, tras habérselo arrebatado su cuñado Pere el Ceremoniós. De este acontecimiento nos han dejado testimonio nuestros pintores y escultores. Recordemos el lienzo que se conserva en Son Vida, y el monumento de Llucmajor, la localidad más cercana a la batalla.

Finalizado el franquismo, con el deseo de recuperar nuestras esencias patrias y abrir paso a nuestra autonomía, se idearon en esta misma fecha unos magnos funerales en la Seo, en memoria de nuestros reyes privativos. En la gran nave central de nuestro templo catedralicio se daban cita todos los ayuntamientos de la isla, autoridades preautonómicas, con Jeroni Albertí a la cabeza y numerosos fieles, mientras que en el altar mayor concelebraba, con el clero de la diócesis, el obispo de Mallorca, Teodoro Úbeda, acompañado de los obispos de las demás islas y de los de Perpiñán y Montpellier.

Al poco tiempo todo se fue al traste. Nadie tuvo interés en conservar la celebración. La monarquía privativa de Mallorca comenzaba a estorbar, como también estorbaban no pocos de sus símbolos. ¿Por qué? Hoy la razón está más que a la vista. Como dicen los libros de texto: «Allò de Llucmajor va ser una brega de familia». Por lo visto todos éramos catalanes. Lo que convenía era fomentar la «germanor» y olvidar los enfrentamientos. Como ya sabemos, la memoria histórica sirve para lo que interesa políticamente en cada momento.

Hoy 200 mallorquines se han vuelto a reunir en “El camp de sa batalla”, y con
ellos apenas un par de llucmajorers, todo sea dicho. Pero algo ha comenzado. Tenemos un día especial por recordar. El año que viene podríamos ser más. Quizás menos, quien sabe. Pero no hay duda alguna de que el 25 de octubre siempre será el barómetro con el que medir lo poco o
mucho que honramos nuestro pasado.

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Publicat a El Mundo-El Día de Baleares, l’1-11-2014.

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