Impostura: premi Ciutat de Palma 2016

Cuentan los que sufrieron en sus carnes la agonía del comunismo que uno de los rasgos más sobresalientes del régimen residía en su impostura. Ninguno de los grandes principios que habían enarbolado los padres de la Revolución de 1917 había resistido el paso del tiempo. Es cierto que hasta la caída estos nobles ideales todavía figuraban en el frontispicio de la propaganda oficial como pretexto para la fanfarria interna y justificación del régimen en el exterior, pero habían sufrido tal desnaturalización, se habían vuelto tan irreconocibles que nadie ya creía en ellos. Las palabras claves de los estertores del comunismo eran mentira y farsa. El mundo oficial con sus soflamas grandilocuentes poco tenía que ver con el pulso de la calle y el soplo vital de la realidad. Sin embargo, todos, oligarcas y súbditos, jugaban a engañarse mutuamente. Todos se habían acostumbrado a vivir en la mentira. El régimen que un día había levantado las banderas de la dignidad, la justicia, la honradez y la verdad era el más indigno, el más injusto, el más cínico, el más incoherente, el más corrupto de todos. Por eso el imperialismo comunista se derruyó solo, como un castillo de naipes. Nadie lo defendió porque era un cuerpo moribundo que entrañaba una gran impostura.

 

Esta digresión viene a colación de lo ocurrido en los últimos premios Ciutat de Palma 2016 que, como ya saben, han experimentado la ya clásica “vuelta a la normalidad”, una “normalidad” que ha consistido en la exclusión del castellano del certamen. Marcos Torío y Ramón Aguiló han dado cuenta de ello con su lucidez habitual. Por mi parte, yo resumiría los premios en una palabra: impostura. O farsa, si prefieren. Una muestra más de la impostura en la que habita el catalanismo de nuestras islas.

Tras cuatro años de privaciones y de boicot, uno esperaba de la OCB y de los reivindicativos escritores de la AELC refugiados en Can Alcover una explosión de creatividad literaria, una inundación de obras y de genio. Todos pensábamos que estos literatos y poetas de “la Ceba” habían esperado pacientemente durante estos cuatro años de infamia su gran oportunidad para volvernos a demostrar su destreza narrativa y poética, no en vano el catalán, según reza la ley de Normalización Lingüística, “es el vehículo que ha hecho posible la articulación del genio de nuestro pueblo”. Pese a contar con una lengua-símbolo tan preciosa para dar rienda suelta a todo su talento, sus frutos han sido manifiestamente escasos, baldíos uno diría, como si toda la energía de nuestros poetas y literatos se hubiera agotado en protestas, compromisos cívicos y  reivindicaciones. Como si las musas y el amor a las letras se hubieran eclipsado detrás de su odio enfermizo al castellano.

Para nuestro estupor, hemos pasado de las 66 novelas presentadas en el certamen bilingüe del año pasado a sólo 11 novelas, de 166 poemas a 26. Nada menos. Toda una explosión de “genii loci” que cuestiona las campanudas afirmaciones de una ley de normalización fracasada y anacrónica y de unos políticos expertos en el autoengaño. Ahora bien, el Teatro Principal lleno hasta la bandera por un gremio que, en vez de dedicarse a escribir, prefiere dedicarse a torcer la voluntad de nuestros políticos, seguramente porque actuar como conseguidores de rentas públicasles sale más a cuenta que tratar de ganarse a un público de lectores. Y a todo esto, el alcalde José Hila, castellanohablante, ajeno al desplome de obras presentadas en la “vuelta a la normalidad” de los premios, dando comba a la fanfarria: «Perquè hem de ser conscients que la gran força cultural de la ciutat sorgeix de la seva gent». Al parecer, los escritores en castellano no forman parte de la gente de Palma cuando, de lejos, el castellano es la lengua mayoritariamente usada en la capital y alrededores, por no hablar de la mayoría de sus proyecciones culturales no subvencionadas.

Nadie encarna mejor la impostura y el sectarismo atroz del catalanismo literario que Miquel Ángel Vidal, el vencedor este año en el apartado de novela. Ni siquiera se molestó en guardar las apariencias ante un público entregado. «Era important que enguany guanyàs qualcú que havia estat els anys anteriors a l’acte alternatiu de Can Alcover», espetó emocionado al auditorio, sin percatarse de que estaba degradando un premio literario a una recompensa política. Al día siguiente de la gala, un exultante Vidal publicaba un artículo en Última Hora, “Tornar a l’essència”, donde reclamaba la vuelta a la “esencia” de los premios Ciutat de Palma, o sea, a que vuelvan a ser exclusivamente en catalán. ¿De qué esencia esotérica está hablando Vidal cuando él sabe perfectamente que los primeros certámenes de los Ciutat de Palma de finales de los cincuenta eran bilingües? Otra vez la mentira a sabiendas, la ocultación, el vaciamiento de las palabras (“esencia”) para torcer su significado y ponerlas al servicio de su ideología excluyente. Para estos fanáticos, todo vale: el fin siempre justifica los medios. Y la mentira es uno de los más poderosos.

Otro dato curioso que obliga a preguntarnos una vez más por el grado de fosilización intelectual del catalanismo balear es el hecho de que sólo las categorías de novela y poesía, las más tradicionales y elitistas, se hagan exclusivamente en catalán. No así las demás, como el cómic, los documentales o los cortometrajes. Ello nos revela que la referencia suprema para el catalanismo sigue siendo la literatura, un anacronismo en pleno siglo XXI. No debería extrañarnos: el propio Departamento de Filología Catalana de la UIB –el más ortodoxo seguramente del dominio lingüístico– todavía apela a la “tradición literaria” para negarse a utilizar el artículo salado como parte del estándar oral espontáneo de los medios públicos como IB3, obviando que la literatura hace tiempo que dejó de ser el escaparate principal de una lengua, lugar que han ocupado los medios.

En otras partes, me refiero a Valencia o Cataluña, la irrupción de los medios de comunicación de masas ha tenido consecuencias en la evolución hacia un estándar no tan “literario” y mucho más cercano a la lengua viva de la calle. Eso lo saben hasta en la venerada Cataluña, que ya tuvo su debate filológico a mediados de los ochenta sobre cómo debía adaptarse la vieja lengua literaria de Fabra al nuevo estàndar que precisaban los nuevos medios de comunicación –prensa incluida– que empezaban entonces a emitir en catalán. Aquí, en cambio, nuestros políticos ni lo olieron entonces ni lo huelen ahora. Tal vez Xavier Pericay podría contarles algo al respecto. Se han habituado a no plantearse nada, a aferrarse a los típicos tópicos de siempre para ocultar su pereza mental y su indigencia intelectual, a repetir como papagayos los lugares comunes del catalanismo. Mientras tanto, que siga la fanfarria con sus lenguas propias, sus consensos, sus tradiciones literarias, sus registros castradores, su vuelta a la normalidad y su retorno a las esencias. De vuelta a la nada.

 

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Publicat a El Mundo·El Día de Baleares, es 30/1/2016.

Carta al amo de los médicos

JAUME OLIVER SALVÀ.

Sr. Fuster:

Soy un payés, me tendrá que leer en castellano por qué no sé escribir en catalán, y en mallorquín no me enrecuerdo, porque desde las monjas no he escrito más en mallorquín. No soy mucho de las letras y tampoco mi entendimiento es muy largo.

No crea, fui a la escuela hasta los catorce años porque después se murió mi padre y tuve que ayudarle a mi madre a arreglar a los animales, en Melilla en el servicio me enseñaron lo demás. Ahora tengo una nuera forastera y ella me termina de enseñar. Hemos estado unas cuantas veces en su pueblo y allí hablan muy cerrado pero los entiendo.

He ido a verle a usted esta mañana pero en su escritorio me han dicho que no estaba, que tenía una reunión, pero yo me creo que había ido a berenar. Había muchas señoritas allí y me han dicho que si quería hacer una queja tenía que ser por escrito. Pero yo lo que quería era decirle cuatro de frescas.

Esta mañana he ido al médico, se llama Don David, es muy bueno y muy humano, hablamos en forastero. Siempre mos hemos llevado muy bien, eso sí, cada uno en su sitio. Hoy me ha dicho que ahora hablaríamos siempre en catalán porque lo había estudiado y tenía que acostumbrarse.  Yo le he dicho que lo podríamos probar pero que no creo que me entendiera porque yo no hablo catalán. Y sería un perder el tiempo y tenía mucha gente en la consulta y enredaríamos la cola.

Es verdad que no lo empleo mucho al castellano pero lo entiendo bien. Para ver el Sálvame de Luxe y los partes no necesito traductor o a la hora de cambiar el aceite al tractor y leer las instrucciones de los sacos de pienso y de abono no tengo ningún problema. No viene en catalán ni en mallorquín pero viene hasta en moro. También cuando me mandan los recibos de la contribución y los de los autónomos o alguna receta por haber dejado el remolque encima de la acera, lo entiendo, no me tienen que ayudar, los que no comprendo son los del ayuntamiento porque lo escriben todo en catalán.

Yo sé que usted es hombre de carrera y muchas letras, yo soy más bien hombre de corral, pero muy tonto no soy, no me engañan con las docenas de huevos ni con las arrobas del cerdo. Pero como le decía, hemos probado de hablar como usted quiere que hablen los médicos y ha sido un desastre. Yo le he dicho a Don David que lo dejáramos ir porque ni él me entendía a mí ni yo a él.

Me dice: “si us plau, obri la boca, el que li he de fer, li farà força fàstic, però és un moment”. Después de sacar las sobrasadas del año pasado, le he contestado, “si me tornes fer això, tros de banc, te fotré una llosca amb sa mà plana que te cauran ses quatre més sequellones” y no me ha entendido. Después me hablaba que yo tenía que comer mucha verdesca, pescado y lo que dicen siempre los médicos. Yo le dicho si las “cames rotges” también iban bien, y no ha sabido lo que eran. Mira tú, un hombre con tanta carrera no saber que las “cames rotges”, son lo que dicen los forasteros escarola silvestre y va muy bien para la sangre y están muy buenas. No hay que confundirlas con los “morros de porc” que se parecen mucho pero son más agrias y a veces descomponen. También me ha puesto a régimen, diciéndome“tampoc li convé menjar fuet” y yo que soy puñetero he pensado, ahora lo voy a engañar, y le suelto: “I varia negre, què en puc menjar? Y dice, ¿qué es esto? Le contesto, la varia es una bola de carne hervida. Y dice, si, carne hervida toda la que quiera. Para terminar la consulta le he pedido si podía beber una taza de hierbas cada día, y me ha dicho que sí, aunque fueran dos, yo me las tomaré porque tengo su permiso pero no de las que él se cree que son herviduras con hierbajos.

Ya sé que usted es el amo de los médicos, perdone, pero he tenido una reunión con el cerdo y hemos llegado a la conclusión que como dicen en el pueblo de mi nuera  “pa na sirve estudiá si no se sabe usá”, me parece que se ha equivocado mucho porque hoy en día todos los payeses saben castellano, pues aunque no lo sepa hay algunos que hasta tienen carrera, pero por culpa de políticos como usted que no saben dar trabajo a los jóvenes, tienen que seguir siendo payeses para poder comer cada día, porque en el campo nunca falta una sobradada, una lechuga, huevos o patatas.

Pero ahora que me he puesto, quiero decirle que me parece que usted como decimos en mi pueblo “ha cagat dins sa ferrada”. Porque si tienen problemas con lo qué hablamos o tenemos que hablar no se esconda detrás de los payeses. Con las colas de espera en los ambulatorios de los pueblos, los retrasos en las operaciones que llevan, los meses para que te vea un especialista, que cuando te llama, muchas veces o te has muerto o ya no tienes salvación. Tiene usted que perder el tiempo en si el médico me tiene que decir“¿te duele?” o “te fa mal? Tens cagarel·la? o ¿tienes diarrea?

Y antes de que se me olvide decirle que los animales en el campo son libres y nadie le dice a la cerda como tiene que gruñir o a las gallinas tienen que piar. Si no me entienden les pego dos gritos y dos silbidos y mos entendemos. Pues deje al médico que hable lo que quiera conmigo que ya nos entenderemos incluso cuando me opere, aunque sea por señas.

De todas maneras si quiere que los médicos entiendan bien a los payeses, envés de ir tanto a la escuela creo que sería mejor mandarlos algún fin de semana a las fincas y que pague usted los gastos, ellos pasarían gusto y a nosotros nos iría bien. Espero que no sancione a Don David porque entre él y yo hayamos decidido hablar como hemos hablado siempre.

Si me contesta le mandaré una sobrasada.

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Publicat a Diario Balear, es 31/1/2016.

 

Nuestro estandarte

Cada 31 de Diciembre celebramos en Mallorca una efeméride importante para la historia de Baleares, de la antigua Corona de Aragón, y, por tanto, para la historia de España: La conquista de Madina Mayurqa por el rey de Aragón, Jaime I, en 1229. Unos hechos históricos que no se entenderían, al igual que la historia de nuestra nación y de Europa, sin acudir al motivo por el que se acometió la conquista: Recuperar para la Cristiandad los territorios que conformarían el Reino de Mallorca.

Los actos de celebración giran entorno a una de las fiestas civiles más antiguas de Europa, la del “Estandard”, celebrada cívicamente por una amplia mayoría (de los que la conocen). Si bien el pancatalanismo aprovecha esta fecha para reivindicar la catalanidad de Mallorca y Baleares, ¡y su independencia!, con una manifestación en la que no faltan los altercados e insultos dedicados a los que no piensan como ellos así como la quema de banderas nacionales como colofón final al lamentable espectáculo. Este año los radicales han elegido el lema “De la autonomía a la soberanía” destacando dos hechos: El escaso seguimiento popular y su encabezamiento por el vicepresidente del gobierno balear, Gabriel Barceló.

Como todo el mundo sabe, para el catalanismo, el origen de todo, incluso de la posibilidad de hablar en nuestras islas, se debe a la conquista “catalana” de 1.229, la práctica aniquilación de toda la población nativa y la posterior repoblación por “catalanes”. A los pocos baleares que quedaron les enseñaron a hablar en catalán, porque eran mudos, o algo así… Y todo esto con una minoría de repobladores “catalanes” en una época en la que Cataluña no existía y el catalán tampoco. Una teoría difundida desde hace años con millonarias subvenciones públicas a través de los centros educativos y algunas universidades gracias a la decidida acción de los sucesivos gobiernos autonómicos de Cataluña y de Baleares, fueran del color político que fueran. Creo más acorde una manifestación con el lema: “De la autonomía a la majadería”.

Efectivamente cada 30 y 31 de Diciembre celebramos la fiesta del Estandarte con desfile de la bandera cuatribarrada, pero no se trata de la bandera catalana ni se celebra catalanidad balear alguna, ya que la bandera es la del Rey de Aragón D. Jaime I.

Acudiendo a las fuentes históricas se desmonta fácilmente la manipulación e invención catalanista: Los estudios más rigurosos basados en los datos que aporta el propio Jaime I en su crónica, o consultando la obra de Jose Mª Quadrado “Historia de la Conquista de Mallorca”, o la más reciente recopilación, fundamentalmente de D. Álvaro Santamaría, realizada por Juan José Clar en su excelente libro “La verdad sobre la conquista de Mallorca”, nos arroja una cifra, también calculada por el investigador Tomás Ribot, de 29.700 conquistadores, aproximadamente, entre soldados, caballeros, y nobles. De estos, según las fuentes citadas, cerca de un 25% eran originales de los que podríamos denominar como condados catalanes, el resto eran procedentes de Navarra, de los condados de Nimes, Carcasona, Bearn, Bezier, Foix, Bigorre, Provenza, Caralt, Tolosa, feudatarios del rey de Aragón, además de venecianos, castellanos, pisanos o portugueses.

De los 29.700 tan sólo los caballeros y nobles que sobrevivieron a las batallas y a la posterior epidemia de peste tuvieron derecho al reparto general de Mallorca. Con los datos del “Repartiment” nos encontramos con un total de 806 personas, entre nobles, caballeros y miembros del clero, que recibieron tierras mallorquinas al año siguiente de su conquista. De entre todos ellos sólo se contabilizan como catalanes 190.

Esta es la verdad histórica. La que se puede cotejar con las fuentes. Siendo falsas afirmaciones tales como, “conquista catalana o catalano-aragonesa de Mallorca”, siendo los “catalanes” una minoría del total de los conquistadores.

Por si todos estos datos objetivos no fueran suficientes, en el aspecto lingüístico, con la llegada de Jaime I la lengua balear ya es una realidad incuestionable, forjada durante 14 siglos de andadura propia, y que es perfectamente entendida por los conquistadores y pobladores catalanes, occitanos, italianos, castellanos, aragoneses… que también traen su propia lengua, produciéndose la fusión y la mezcla de lenguas romances hermanas. De esta concordancia y entendimiento de conquistadores y conquistados tenemos el testimonio del mismo D. Jaime I en su Crónica Real: Cuando el Rey desembarca en el islote de Pantaleu un nativo llamado Alí de la Palomera se le acerca a nado. En la corta charla que tienen los dos el nativo se dirige al Rey Jaime en “son llatí”, es decir, en su lengua romance mallorquina. La aportación de nuevos pobladores y la permanencia de una lengua romance en Mallorca permite que Ramón Llull pueda usar la lengua mallorquina para las obras que escribe, y que en 1341 ya se documente la lengua de Mallorca como “loquitur ad modum maioricencem”.

Todo ello confirma que el único cambio profundo en la historia de Baleares se produjo con la conquista romana de Quinto Cecilio Metelo.

El nacionalismo pancatalanista necesita falsear la historia al carecer de fundamento una desquiciada reivindicación separatista en un régimen constitucional de amplios derechos y libertades en pleno siglo XXI. En nuestra mano está consolidar, en diferentes ámbitos, una sociedad civil comprometida con valores democráticos como la verdad y la justicia, que en un marco de convivencia y respeto siga dando ejemplo como el reflejado por un amplio sector de la sociedad balear en “sa festa de l’Estandard”. Demostrando que no tienen cabida los intolerantes que pretenden acabar con nuestra histórica identidad para romper, que no reformar, el régimen democrático-constitucional y la libertad que proporciona la unidad de una España fruto de las aportaciones de todos los pueblos que la componen.

Publicat a El Mundo·El Día de Baleares, es 23/1/2016.

Reivindicant Ramon Llull

JOSÉ PLANAS FUSTER.

No estam de bromes es ciutadans d’aquesta terra amb tanta crisi, corrupció, nepotisme i desocupació. No mos ha fet gens de gràcia, tampoc, veure que formacions polítiques -PSOE, MÉS- i “culturals” -OCB- reivindiquen es fals autogovern de ses nostres illes a costa de ses modalitats lingüístiques balears.

Així mateix, se dediquen a raptar personatges il·lustres de ses nostres estimades illes com en Ramon Llull per enaltir sa cultura catalana mentres deixen sa cultura balear com un subproducte accidental.

Històricament, ni sa més tirànica dictadura ha conseguit doblegar un poble per exterminar sa seva cultura i identitat, unes intencions que, en es cas de ses Balears, ara vénen de sa mà de n’Artur Mas i des bracet de na Francina Armengol, amb s’ajuda preciosa que a darrera hora els hi donen Pedro Sánchez i Pablo Iglesias, continuadors des mateix projecte que va iniciar es clan Pujol amb ajuda de n’Aznar. En fi, que s’OCB i s’IB3 de Don Andreu Manresa consideren que lo únic que mos interessa són es seus premis literaris de les lletres catalanes, amb discursos historicistes que només amaguen mentides una darrera s’altra.

És irrefutable que Ramon Llull era mallorquí perquè va néixer a Mallorca, com ho és que utilisam paraules i expressions insulars que moriran si es nostros polítics, lluny de protegir-les, segueixen condemnant a s’extinció. Tanmateix, per moltes subvencions que rebin de n’Armengol i molta propaganda que faci n’Andreu Manresa de s’empeltat catalanista, es sentiment i cultura popular és 100% balear i encara segueix viu maldament ets atacs constants de ses forces fosques catalanistes. Com que es polítics actuals no representen es sentit majoritari des poble balear, no mos quedarà més remei que començar un crowdfunding per fomentar sa nostra autèntica cultura.

Publicat a Mallorcadiario.com, es 29/12/2015.

Ahora ya sin disfraces

DÍAS PASADOS se produjo un hecho de dimensión histórica: el nacionalismo mallorquín, mejor dicho, el movimiento anexionista de la isla a Cataluña, se quitó todo disfraz, después de treinta y tantos años de comedia. El hecho se hizo visible en dos escenarios distintos, pero casi al unísono. Primero en el teatro Principal de Palma, en la nit de les arts, con gran apoyo mediático y con el protagonismo de la Obra Cultural Balear (OCB), cuyo presidente animó al proceso soberanista, convocándonos al camino emancipador dels Països Catalans; y pocas horas después, en las calles de Palma, con una manifestación por la soberanía de las Baleares, no sabemos si compartida con Cataluña.

Por lo significativo de la fecha -el 31 de diciembre- aniversario del mayor genocidio de nuestra historia -según las crónicas- perpetrado con la toma de Palma por los catalano-aragoneses, hay que pensar que una soberanía, más que compartida, sometida a Cataluña. El presidente de la Obra Cultural se llama Jaume Mateu Martí. Es escritor, fundador del colectivo La Sitja de Bunyola, cooperante de Can Gazà y, como experto de reconocido prestigio, miembro del Consell Social de Palma. Tiene publicadas varias obras, entre ellas un Diari gran del soberanisme. Perfil clarificador. Al crearse la Obra Cultural en 1962, era un niño, pero hoy, a sus sesenta años, su biografía responde al giro radical de la entidad hacia la acción política, alejándose de sus fines fundacionales. Es curioso. Si actualmente buscamos los datos de la asociación, publicitados por internet, se nos dice que nació «para promover la lengua y la literatura catalana y para defender el derecho de Baleares al autogobierno». Es de risa. ¿Cómo iba a nacer para esto? Por entonces, a principios de los sesenta, no se sabía ni lo que era esta palabra. De ahí que a finales de los setenta fuesen cambiados sus primitivos estatutos, como también su escudo, que de ser el de Baleares, fue sustituido por el barrado de Cataluña. Hasta el momento. Pronto adoptarán la estelada. No me digan que lo dudan.

Todo lo expuesto no es más que la muestra de la gran comedia del nacionalismo en las Islas, a medio camino entre la corrupción munariana y el travestismo armengoliano. Un auténtico baile de disfraces. La Obra Cultural fue creada por un patricio insigne -Miquel Forteza Piña- su primer presidente. Con los años le sucedieron figuras notables, como Josep Maria Llompart, Miquel Alenyar, Bartomeu Colom o Ignasi Ribas. Este último me publicaría La lluita de les Balears per l’autonomia. Fue para mí todo un honor, como miembro de la entidad y como estudioso del Derecho público de las Islas. Eran tiempos en que la obra aún actuaba conforme a sus estatutos. Su junta rectora solicitó que me fuese concedida la Cruz de Alfonso Xel Sabio, y su presidente, por entonces Llompart, participó con gusto en su acto de entrega, para mi inolvidable.

Sin embargo, avanzada la autonomía y en una más que calculada ceremonia de la confusión, el giro de la entidad para convertirse en satélite del catalanismo político se hizo evidente. Es verdad que Llompart desde finales de los setenta había iniciado el camino del compromiso político, pero respetando los valores culturales auspiciados por la entidad. Llegado el mandato presidencial y gerencial de un activista social, Antoni Mir, todo cambiaría. La entidad se transformó en el brazo insular del Omnium de Catalunya, pero esto sí, sin dejar de recibir subvenciones culturales de todas nuestras instituciones públicas. En otras palabras, engordando y predicando con el dinero de nuestros bolsillos, por alejados que estuviésemos de sus objetivos políticos. Fue por entonces cuando no pocos nos dimos de baja.

El otro escenario, el de la manifestación soberanista por la calles de Palma, es de especial interés. Años atrás se manifestaban un centenar de maulets. Pitaban a las fuerzas armadas que en Cort rendían honor a la senyera del Rei en Jaume, y se retiraban tras un par de gritos e insultos al ejército. Ahora, bajo la pancarta independentista, se ha manifestado todo un antiguo presidente de nuestra Comunidad autónoma -Cristòfol Soler- y todo un vicepresidente del actual gobierno -Biel Barceló- así como otros destacados autonomistas de antaño. ¿Estatut? ¿Autonomía? ¿Estado compuesto o federal? Pero a qué jugamos. Estas expresiones ya no valen. Sólo estaban previstas para iniciar el deshielo del procès. Se acabó el baile de disfraces. Sólo he conocido un político capaz de denunciarlo. Se llamaba Félix Pons. Cuando iniciamos juntos la reforma de nuestro Estatut, expresaría tajante- consta en acta-: «Si estamos aquí para desguazar el Estado y engordar las competencias autonómicas, sin calibrar sus previsibles ventajas o inconvenientes para nuestra ciudadanía, yo me voy a casa».

Pero volvamos al escenario de la manifestación soberanista. Lo de Soler es digno de estudio. Del Partido Demócrata Popular de Oscar Alzaga, se pasó a Alianza Popular en plenas elecciones, traicionando a su propio partido, del que era su presidente, para asegurarse su puesto de conseller de Economía de Gabriel Cañellas. Una maniobra con la que Cañellas trituraba las aspiraciones más que limitadas del partido liderado por Soler, y éste se aseguraba su puesto en el gobierno. Sin embargo, llegada la defenestración de su asegurador y sucediéndole como presidente del Govern, no supo navegar. Perdida la confianza de su antiguo jefe, fue sustituido por Jaume Matas, que le procuró un puesto de funcionario a dedo en su gabinete de relaciones con la Comunidad Europea. Así permaneció 20 años de vida funcionarial, sin rechistar, hasta que hoy, ya jubilado, se nos ha transformado en líder del soberanismo y experto profesor de historia, dando conferencias sobre las maldades de los denostados Decretos de Nueva Planta que trajeron a las Islas, según Soler y sus colegas, todos los males del centralismo y la modernidad.

Bien. El proceso se ha cumplido. A partir de ahora, sepamos todos -incluidos los medios de comunicación- quien está a cada lado del escenario político y social, sin disfraces ni engaños. La autonomía era un medio, no un fin. Reconozcamos, ya sin disimulos, por qué y para qué se defiende e impone el catalán desde la televisión, las escuelas y las sacristías. Hay un proyecto de «emancipación» en marcha, como si fuésemos viejas colonias, como Guinea, que nos divide dramáticamente, falseando 500 años de historia en común, de momento ilegal, pero, con el tiempo, factible y legalizable, puesto que, como sus líderes dicen, nada puede oponerse a la democracia que ellos se cuidarán de interpretar y asegurar con todos los medios a su alcance. Siempre han sabido que el fin justifica los medios, y son maestros en el arte del camuflaje. Lo que queda ahora por saber, es si el resto de la ciudadanía seguiremos en nuestro papel de tontos o de cobardes, de continuo mirando discretamente a otra parte.

Publicat a El Mundo-El Día de Baleares, es 8/1/2016.

Sa “nova” IB3

JAUME OLIVER SALVÀ.

Es cavall de Troia catalanista a IB3 va a ple galop. Es tentacles de sa consellera de Cultura, Esperança Camps, i ses seves vinculacions amb so catalanisme actiu comencen a donar es seus fruits.

Es nou director general, Andreu Manresa, a pesar d’haver dit es primer dia que “es càrrecs d’IB3 seran professionals, no polítics ni de quotes”, serà es braç executor de ses consignes ideològiques des pacte d’esquerres format per un PSIB, (nacionalista-catalanista) i Més (partit independentista pro Països Catalans).

IB3 ja emet tot en català normalisat, amb paraules que no deim a Mallorca i que moltes vegades ni tan sols coneixem. ¿On queda s’article 35 de s’Estatut d’Autonomia?

A un partit de futbol retransmès per IB3, filant encara més prim, es comentarista va arribar a dir: “A aquesta segona part els jugadors han sortit endollats”. ¿Tant li costava dir “enxufats” que, segons es diccionari català-castellà de F. B. Moll (Ed. 8ª, 1991), és correcte. Tots ets espectadors quasi segur que varen entendre “endoiats”, que feien dois, vaja.

Sa nostra televisió autonòmica torna a esser sa sucursal de TV3, que pren senyal a IB3 perquè se puguin veure tots es seus canals:TV3, C-33, 3/24 i Súper-3. Amb IB3 ja són cinc exclusius en català barceloní.

Han començat una campanya publicitària anunciant que ja se poden sintonisar tots aquests canals catalans a Balears, però s’anunci està fet amb mala fe i per confondre. En cap moment diu s’anunci que se podran escoltar en català, diu en “sa nostra llengua”.

¿O és que no s’atreveixen a dir que són en català, per si un cas no tenen audiència?

Locos por controlar la tele

MARIANO PLANELLS.

Conociendo los dos Pactos precedentes era de esperar una fuerte ofensiva para hacerse con el control de IB3. Una obsesión socialista que en Valencia les llevará a intentar resucitar un cadáver, cuando aún no se han pagado las feroces deudas de Canal 9. Las da igual, viven de la imagen , quieren imagen y lo intentarán a cualquier coste. Ya no hablo ni del precio, inasumible. Costes elevadísimos, como ya sabemos en Ibiza en nuestras propias cuentas, cuando el Pacto decidió montar su propia televisión «para fomentar la cultura y la promoción turística». Una coartada infantil, porque a la postre les da bastante igual lo que ellos llaman cultura, o sea el núcleo dulce del catalanismo, el cual se acaba convirtiendo en una secta, un grupúsculo que engloba siempre a los mismos, bien cebados por el poder, omitiendo otros campos, otros nombres y otros escritores, ignorados olímpicamente por el simple hecho de escribir en castellano.

Por eso he encontrado esperpénticas las últimas declaraciones de la portavoz del grupo parlamentario socialista, nuestra Pilar Costa, en su intento de vendernos la ley de reforma de la radio y televisión pública de Baleares, IB3: «Mañana comienza el final de la manipulación política de IB3». Ya parece de Podemos. Y se queda tan ancha. Una vez más tengo que decirle que no todos vamos a seguir tragando con sus ridículas consignas. Ya está bien. Después de haber sobrevivido a consejeros de Cultura como Marià Torres o los desvelos catalanistas de Fanny Tur en el Instituto Ramon Llull, o las confesadas intenciones del nuevo conseller David Ribas, casi es mejor que no presuma de imparcialidad del PSOE ni del Pacte. Por no citar algunas entradas de la Enciclopèdia. Para explicar su alcance habría para escribir una o varias novelas, en un registro parecido a aquella divertidísima ‘Belladona’ de Hugo Claus (Anagrama).

Sin recurrir a la demencial prohibición de facto del uso del artículo salado, cuando los mismos políticos que lo prohíben lo emplean en sus intervenciones del Parlament. No lo oirán en los informativos de IB3. Hay que lalar o sea hablar con el artículo de Barcelona. Todo lo balear va siendo ninguneado, desprestigiado y guardado en un anaquel fosilizado, mientras se va sustituyendo por lo barcelonés y lo catalán.

No nos hable de manipulación, doña Pilar. Sus palabras rozan un cinismo que no he observado ni siquiera cuando ha gobernado el PP, que también es proclive a diseñarse un mundo a su medida. Ya en 2009, nuestro Pacte de Ibiza emprendió una aventura televisiva que nos costó 216.000 euros: ´Televisió per a Ibiza´ o Ibiza TV. La historia es tan exageradamente torpe (por decirlo con suavidad) que casi me da pena recordarla.

Miren, señores, lo mejor que pueden hacer es coger IB3 y cerrarla inmediatamente y empezar a cumplir las sentencias judiciales en las escuelas pitiusas, o sea que se pueda estudiar en español o en balear. O en los dos.

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Article publicat a Diario de Ibiza, es 14-10-2015.

Los pobres como coartada moral

El Govern de Armengol ya ha admitido públicamente que no tiene margen de maniobra maniatado por la enorme deuda viva que arrastra nuestra comunidad: 8.260 millones de euros. En los próximos cuatro años, el Govern tendrá que hacer frente al pago de 2.407 millones en concepto de amortizaciones de deuda a los que hay que sumar otros 415 millones de euros en intereses bancarios, según informa Última Hora. El Govern no tiene recursos financieros ni capacidad de generarlos más allá de las subidas de impuestos y la creación de otros nuevos como el impuesto turístico cuya recaudación será a todas luces insuficiente para hacer frente al creciente gasto autonómico. La deuda de 8.260 millones se divide en dos partes: los 4.597 millones que se deben al Estado y que proviene mayoritariamente del Fondo de Liquidez Autonómico (FLA) y la otra mitad que se debe a los bancos. La consejera de Hacienda, Catalina Cladera, quiere negociar con el Gobierno que salga mañana de las urnas un aplazamiento del pago de estos 4.597 millones que se deben al Estado, consciente de que renegociar con los bancos es bastante más complicado a pesar de los cantos de sirena de Podemos. El PSIB fía todas sus políticas a un cambio de gobierno y a un nuevo modelo de financiación sin que de momento haya presentado ninguna propuesta global más allá de las habituales lágrimas de cocodrilo y de un aplazamiento a la desesperada de la deuda contraída estos años con el Estado a través del FLA, un mecanismo que puso en marcha Mariano Rajoy hace unos años y que ha permitido que las autonomías pagaran a sus proveedores, financiarse a unos intereses irrisorios (ahora mismo el 0%) y salvarse de momento de la quiebra.

Un gasto disparado. Pese a la dramática situación de las arcas autonómicas, el PSIB y Més, jaleados por Podemos, han decidido huir hacia delante y la próxima semana van a aprobar los presupuestos más elevados de la historia de nuestra comunidad autónoma. Nada menos que 4.241 millones de euros, un 5% más que los presupuestos anteriores de José Ramón Bauzá que ya fueron exageradamente expansivos. Este 5% supone un crecimiento superior al de la economía balear, alrededor de un 3%, lo que significa que el sector público balear sigue creciendo por encima del sector privado, el verdadero motor de la economía. En definitiva, caminamos hacia un modelo donde el peso del Estado Providencia no deja de crecer frente a la economía real a la que se detraen cada vez más recursos, con el freno para el ahorro, la acumulación de capital y las inversiones que todo ello supone. Por añadidura, el Govern ya ha anunciado que no va a cumplir el objetivo del déficit a fin de año: la deuda viva engordará todavía más.

Sin rescate ciudadano. El PSIB y Més han justificado estos presupuestos recalcando que suponen “un giro a la izquierda” que “redistribuirá la riqueza y paliará desigualdades”. “Las personas están por delante de las cifras económicas”, ha asegurado Cladera que ha incidido en que estas cuentas son “el primer paso para la recuperación de los derechos perdidos y los servicios básicos”.

La verdad, sin embargo, es que el énfasis del tripartito en la recuperación de los “derechos perdidos”, el “rescate ciudadano” o la “lucha contra la pobreza” no le ha permitido cumplir siquiera una de sus grandes promesas, estampada en sus acuerdos de gobernabilidad: la renta social garantizada. Para implementarla necesitaban como mínimo 60 millones de euros (según el Diario de Mallorca, se necesitarían cuatro veces más, unos 240 millones) y sin embargo el Pacte apenas ha llegado a 20 millones de euros que servirán para atender a algo menos de 4.000 familias sin recursos. Resulta llamativo que con un presupuesto que crece un 5% y que se eleva a la friolera de 4.241 millones no se hayan podido liberar 60 millones de euros para algo que, para PSIB, Més y Podemos, parecía fundamental y prioritario hasta hace poco. Liberar 60 millones significa dejarlos de gastar en sanidad, educación o industria política (altos cargos, organismos superfluos) para destinarlos al “rescate ciudadano” que ellos consideraban primordial y urgente. Si Podemos tuviera un mínimo de coherencia y respeto al pueblo “empobrecido” por la crisis al que apela sistemáticamente no debería dar luz verde a unos presupuestos que dejan en la cuneta a la mayor parte a los parados sin ninguna prestación −hasta 40.000, según el Diario de Mallorca−, mientras el Govern afloja la cartera ante los sindicatos educativos y sanitarios (paga extra, carrera profesional, nuevos concursos de plazas públicas, promesas de Martí March a la Assemblea de Docents de destinar más dinero a la educación a cambio de desconvocar la huelga) o la propia universidad (estudios de medicina). Un Govern, además, que está recuperando organismos inútiles –y muy útiles ideológicamente, claro– como el Consell de Joventut, el Consell Econòmic i Social o el Consell Social de la Llengua Catalana y que mantiene otros no menos superfluos como el Institut d’Estudis Baleàrics después de traspasar la proyección exterior de la cultura balear al Instituto Ramon Llull.

O una de dos, o los pobres no eran tantos como decían, o su delicada situación interesa al tripartito bastante menos de lo que ha venido pregonando. Es sintomático que Cort haya reducido la partida destinada a combatir la pobreza infantil alegando que carecían de gestor. Todavía estoy esperando que Cáritas y demás entidades de beneficencia profieran alaridos de indignación contra este recorte. Una sociedad civilizada como la nuestra no puede permitirse que nadie pase hambre, no tenga con qué vestirse o no tenga techo para dormir. Todos estamos de acuerdo en esto. Ahora bien, lo que es intolerable es crear una interesada alarma social elevando el criterio para definir la pobreza de tal modo que se llegue a la conclusión de que el 30% de la sociedad balear vive por debajo del umbral de la pobreza. Si eso fuera cierto y sabiendo que el principio mollar de un Estado Providencia es la redistribución de la riqueza, no me cabe ninguna duda de que Podemos nunca aprobaría unos presupuestos de 4.241 millones destinando sólo 20 (menos del 0,5%) a la renta social garantizada prometida.

La coartada de la pobreza. Para impedir precisamente la pobreza que nos avergüenza a todos sin caer tampoco en su institucionalización, como pretende la izquierda en su propósito por convertir los pobres en su bolsa electoral, es por lo que el resto de ciudadanos trabajamos más de medio año para el Estado. Sin embargo, observamos cómo las partidas presupuestarias destinadas a la lucha contra la pobreza son irrisorias si las comparamos con el volumen general del gasto. Son las manos muertas (funcionarios, sindicatos, políticos, grupos mascota subvencionados) las que siempre se llevan la parte del león del presupuesto, por mucho que agiten la bandera de los pobres para defender sus exclusivos intereses corporativos. Los pobres cumplen una doble función. En primer lugar, la apelación a la pobreza sirve para movilizar emocionalmente a quienes se han visto afectados por la crisis, criminalizar a los “bancos”, a los “ricos” y a los de “arriba” y envenenarlos de odio ideológico hacia las clases pudientes. Y en segundo lugar, los pobres se han terminado convirtiendo en la coartada moral para esquilmar los bolsillos de las clases medias productivas, la falaz bandera de los defensores a ultranza de un Estado Providencia desmesurado que les permite vivir a costa de la riqueza y prosperidad que crean unas clases medias desarmadas moralmente y huérfanas políticamente, a las que se les perdona la vida –por cometer el nefando pecado de enriquecerse y ganar dinero– si pagan y callan religiosamente.

La participación según Podemos

Desde su irrupción como partido político, uno de los pilares fundamentales del discurso de Podemos se ha basado en el rescate de la democracia que debía devolverse a unos ciudadanos que, en su opinión, no estaban representados por una casta que la había secuestrado y puesto al servicio de sus intereses. Este diagnóstico, hasta cierto punto certero, ha dado paso a la idealización de la participación ciudadana como panacea a todos nuestros males. La democracia participativa era el eje en torno al que debía girar toda la vida en España, al menos la política.

Como sabemos, toda esta «democratitis» aguda ha sido orillada a la hora de la verdad, en nombre, claro está, del interés supremo del partido. La elección del juez Juan Pedro Yllanes como cabeza de lista de Podemos al Congreso sin pasar por ningún proceso democrático interno certifica la muerte de la democracia interna que tanto había pregonado Podemos en sus albores. Semejante incoherencia se explicaría por una estrategia de partido. El partido de Pablo Iglesias andaba de capa caída y necesitaba estímulos como el sonado fichaje del juez -antes lo habían intentado con el juez Castro- para remontar en las encuestas. Y parece que lo han conseguido aunque a un alto precio: la traición a los principios que dieron sentido al alumbramiento de Podemos al calor del espíritu del 15-M y su «no nos representáis» lanzado al rostro de la casta. La evolución de Podemos en apenas año y medio ha demostrado que el partido anti-casta se ha convertido en un partido más de la casta.

Presupuestos participativos. El Pacte de Cort selló a última hora un programa de gobierno que decía textualmente que «impulsaremos los presupuestos participativos; el primer año se llevarán a cabo mediante audiencias sectoriales». A mediados de noviembre, el edil de Economía y Hacienda, Adrián García, admitía que los presupuestos de 2016 no serían participativos. Un jarro de agua fría. Por si fuera poco, dicho incumplimiento reviste más gravedad si cabe al no haber aceptado el equipo de gobierno apenas ninguna enmienda del PP y C’s en la oposición. No resulta creíble la promesa de consultar a los ciudadanos cuando ni siquiera se muestra buen talante para aceptar enmiendas de los partidos en la oposición que, recordemos, representan a decenas de miles de palmesanos. ¿En qué quedamos? Pasar el rodillo y al mismo tiempo presentarse como adalid de la participación ciudadana es un contrasentido. Si de verdad creen en el diálogo fructífero, deben demostrarlo en cada sesión plenaria, no dejarlo para la tierra prometida de la democracia perfecta que los podemitas dicen querer construir. Por supuesto, no hay que desesperar. García nos ha prometido que, si bien la elaboración de los presupuestos no ha sido participativa como se esperaba, sí lo será su «ejecución». Que me expliquen cómo.

La consulta des Born. Entretanto, el Pacte de Cort está ultimando los pormenores para llevar a cabo una consulta sobre la conveniencia de mantener o no las terrazas en Es Born, una consulta inocua y que no responde, en absoluto, a los deseos de fomentar la democracia participativa. En efecto, la consulta es una forma de camuflar la suma incompetencia de un tripartito dividido que no se pone de acuerdo y con un miedo atroz a tomar decisiones que puedan afectar su popularidad. Si de verdad quisieran fomentar dicha participación la aplicarían también a otras cuestiones que, por su naturaleza y por la controversia generada, podrían ser de algún interés para los ciudadanos, como el derribo de Sa Feixina, la declaración de Palma como ciudad antitaurina, la subida de las tarifas de los aparcamientos municipales o la implantación de la ecotasa, por poner algunos ejemplos sin pretensión de agotarlos. El Pacte utiliza la consulta como remedio para no gobernar, o sea, para no tomar decisiones, que en eso -y en las críticas inherentes que conllevan- y no en otra cosa, consiste gobernar.

Democratitis inviable. Uno estaría tentado a pensar que, más allá de su nula o errónea aplicación, la participación ciudadana es un valor en sí mismo que merece ser propagado a cualquier ámbito de la vida política, económica o social. No creo que sea así. Sin profundizar en un debate que nos llevaría a la esencia misma de la propia democracia y a los conceptos de libertad positiva y negativa, una discusión que pensadores liberales como HayekAron o Berlinhan tratado en detalle, sólo voy a referirme a dos razones que cuestionarían el sueño de la participación ciudadana. En primer lugar, los liberales siempre hemos creído que el propósito fundamental (y mayor logro) de la democracia moderna es la libertad para que los individuos promuevan sus propios proyectos vitales sin (o con la menor) interferencia del Estado. No queremos más Estado, sino más sociedad y mercado. En vez de votar más y más y con ello permitir que porciones crecientes de nuestras vidas sean reguladas por la voluntad arbitraria de mayorías electorales -sean directas o representativas-, lo que los liberales defendemos es poder vivir la vida con autonomía y al amparo de la opinión de las mayorías. Este es el significado de «derecho fundamental» o de «libertad negativa». Sin ir más lejos, como restaurador de Es Born lo que yo defiendo es mi derecho a tener una terraza, no que el resto de palmesanos decidan si puedo tenerla o no. De ahí que los liberales nos situemos contra el imperialismo democrático que trata de extender la democracia a todos los ámbitos imaginables. Lo primordial en una democracia liberal no es votar ni participar sino proteger a cal y canto esta esfera de libertades individuales en la que el Estado (ni la opinión mayoritaria) no se atreva a inmiscuirse.

La segunda razón la apuntaba hace unos meses el economista Juan Ramón Rallo: el sistema de participación ciudadana no es viable por una cuestión de incentivos. Rallo, citando a su vez a Anthony Downs, exponía que «la racionalidad de todo votante debería llevarle a no votar: el coste de votar medianamente informado es alto, pero los beneficios que obtiene por votar son cuasi nulos». En efecto, el coste de estar informado de todo -y esto es lo que, no olvidemos, se exige al ciudadano de una democracia asamblearia, como la Atenas clásica o las repúblicas idealizadas por Arendt o Petit- es muy alto, demasiado alto a cambio de unos beneficios irrisorios en términos de influencia electoral (un voto entre todo el cuerpo de electores). Uno invierte mucho tiempo, dedicación y esfuerzo para empaparse de los temas y tener una opinión formada sin obtener a cambio ningún beneficio que no sea su satisfacción personal o autorrealización.

Esta es la razón de fondo por la que los famosos círculos de Podemos han ido perdiendo fuelle poco a poco. Hasta el punto de que la concejal de Som Palma, Aurora Jhardi, se refirió a Podemos como un «enfermo terminal» puesto que los «círculos se están desmantelando, se están quedando vacíos», tal como publicó este periódico (22/10/2015). Mi experiencia política me confirma esta misma realidad que no podemos soslayar. Pese a los sistemáticos llamamientos que desde todos los partidos se hacen a los simpatizantes y a las bases, la participación suele brillar por su ausencia a menos que exista algún interés en ocupar algún cargo remunerado. Como vemos, el incentivo verdaderamente motivador es distinto del mero triunfo desinteresado de unas ideas en la arena pública. En efecto, la gente se cansa de votar y participar porque hacerlo en propiedad significa informarse continuamente y vivir prácticamente por y para la política, el arquetipo de ciudadano con el que han soñado tantos idealistas del «agora» ateniense y de las repúblicas cívicas pero que, dada la complejidad de la política moderna, se me antoja como un ideal anticuado, por muy bello que nos parezca.

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Article publicat a El Mundo-El Mundo-El Día de Baleares, es 12-12-2015.

¿Existe el sentimiento balear?

JAUME OLIVER SALVÀ.

Desde 1833 con la división territorial de España realizada por Javier de Burgos, nuestra tierra es denominada Islas Baleares. A pesar de haber pasado tantos años, ni siquiera el Estatuto de Autonomía de las Islas Baleares de 1983 con la denominación oficial de Comunitat Autònoma de les Illes Balears, ha conseguido arraigar esta nomenclatura entre los habitantes de cada isla. Nos sentimos más mallorquines, menorquines, ibicencos y de Formentera, que ciudadanos de Baleares. Fuera de nuestra comunidad autónoma pocos somos los habitantes de estas islas que cuando indagan de donde somos, contestemos: de las Islas Baleares.

Mi duda es, ¿existe el sentimiento Balear, ha servido para algo la Autonomía en este aspecto? Pienso que no. Por mi relación profesional con el sector turístico, he asistido a múltiples ferias, y la denominación de Islas Baleares, excepto entre los franceses es prácticamente nula, incluso los Consells Insulares hacen lo posible para asistir cada uno con su marca.

Otro tema muy manido, los vuelos interinsulares, siempre a la búsqueda de una tarifa que haga Menorca e Ibiza más cercanas, quizás una solución podría ser que lo que pueda costar un billete de autobús de Palma-Pollensa, y no más, el resto subvencionado por el Govern Balear.

Tampoco ayudan anécdotas de cierres de oficinas de entidades bancarias en Ciudadela con letreros: “oficina más próxima, Puerto de Pollensa”. Quizás si en el EAIB, no figurase la “lengua catalana propia de las Islas Baleares” y sí “la lengua balear” sería más fácil el sentirnos más próximos. Por primera vez un político –catalán– y en campaña electoral ha sido capaz de denominar balear a nuestra forma de hablar. Aprovechemos esta circunstancia y leamos los libros publicados por la Fundación Jaume III y usemos su traductor.

Estos pequeños gestos casi seguro pueden ayudar a sentirnos Baleares. De momento aquí los únicos que utilizan el término Balear, son los aficionados del At. Baleares, que se llaman a ellos mismos “balearicos”.