Mostrar es llautó

Hace unas semanas que las falanges catalanistas están tratando de hacer añicos la timidísima propuesta lingüística de la dirección de IB3 de balearizar los informativos. Ante el tremebundo rechazo que provocó el artículo salat, un caso de autoodio sin parangón en el mundo entero y no digamos en nuestro Estado de las Autonomías donde se alardea de “hechos diferenciales”, IB3 tomó la decisión de rebajar la propuesta inicial y balearizar únicamente el léxico y los verbos. Será en septiembre cuando se empezará a salar en las secciones de tiempo, deportes y desconexiones en directo. De momento, durante julio y agosto, sólo se está tratando, y a duras penas, de balearizar algunas palabras. Pero incluso este pequeñísimo avance les ha parecido excesivo a los catalanistas de Més, OCB y a profesores universitarios como Nicolau Dols que, pese a nuestra insistencia, siguen sin decirnos en qué consiste, o debería consistir, el fomento de “las modalidades insulares” reconocidas no sólo en los estatutos de 1983 y 2007, sino también en el primer real decreto (2193/1979) que regulaba la incorporación a la enseñanza balear del “mallorquín, menorquín e ibicenco, las modalidades insulares de la lengua catalana”, siendo Otero Novas ministro de Educación. En aquel lejano decreto, a diferencia de la indefinición de la UIB actual que ha llegado al extremo de cuestionar su existencia, se insistía una y otra vez en orientar la enseñanza del catalán al conocimiento de las modalidades insulares. ¡Cómo han cambiado los tiempos! Retrospectivamente, nos hemos ido percatando de que las “modalidades” no fueron más que el caballo de Troya, la añagaza perfecta, para introducirnos hasta en la sopa un catalán estándar muy poco respetuoso con ellas. Y en esas estamos, luchando por darle la vuelta a la tortilla.

Porque lo que ha quedado claro con esta nueva campaña auspiciada por periodistas, agitadores sindicalistas, profesores y políticos catalanistas es que el verdadero problema, su problema para ser más exactos, no era el uso formal del artículo salado, sino cualquier intento de prestigiar cualquier otra singularidad territorial que nos distinga lingüísticamente del catalán estándar con base barcelonesa, incluso aquellas palabras presentes en la lengua viva de la calle –o que lo eran hasta hace poco– y que, además, podemos encontrar en el Diccionario de la Lengua Catalana en su segunda edición (DIEC2), la principal obra de referencia normativa del Institut d’Estudis Catalans.

Generar una polémica por introducir en los informativos de IB3 palabras genuinamente mallorquinas (como foravila, foraviler, fraula, final de setmana, firma, naturalesa, mitat, mistos, servici, sext, siular, vacacions, veïnat, falta, fatxada, primavera de s’hivern, terraplè, tir, tombar, tanmateix, témer-se’n, por citar solo las aparecidas en Diario de Mallorca),términos todos ellos incluidos en el DIEC2, podría parecerle un sinsentido a cualquier persona normal y corriente. No lo es, en cambio, para nuestras huestes catalanistas. Para la OCB, es una imposición “aberrante” que va contra “la unidad del catalán”, “desprecia el habla propia” e incumple la normativa autonómica, estatal y europea. Para Més, se trata de un “lingüicidio” y un “golpe de estado lingüístico” que vulneraría el Estatut y la Ley de Normalización Lingüística (LNL) al ser contrario al “uso normal” de la lengua. Para el decano de la Facultad de Filosofía y Letras de la UIB, Nicolau Dols, atacaría el Estatut, la LNL y el propio Mandato Marco de IB3 que el parlamento balear aprobó el pasado 22 de abril y que daba luz verde a dichas modalidades. Ya ven el nivel de lógica aplastante de nuestros nacionalistas. Emplear palabras que utilizamos y hemos heredado de nuestros padres y abuelos es ir contra el “habla propia” y el “uso normal” de la lengua. Emplear palabras incluidas en el Diccionario oficial de la Lengua Catalana es ir “contra la unidad del catalán”. No sólo su fanatismo es insuperable. Tal es su desprecio hacia el adversario, tal su ceguera ideológica, tal es su afán por impugnar, denunciar y llevar al discrepante ante los tribunales que si un día ganaran la partida, como va a ocurrir en Cataluña, no bastarán las cárceles para convertirlas en centros de reeducación para los que, Deo gratias, no pensamos como ellos.

¿Qué ocultan y a qué vienen estos desabridos golpes de pecho y demás aquelarres apocalípticos que nos dibujan los Dols, Més y la OCB? En primer lugar, perciben que, por primera vez, alguien está amenazando su corralito y lo invaden otros licenciados en filología catalana tanto o más “científicos” que ellos pero que, contrariamente a ellos, no confunden unidad lingüística con uniformidad, entre otras cosas porque no comparten sus delirios pancatalanistas. En segundo lugar, pone al descubierto, a diferencia de lo que muchos ingenuos y bienintencionados pensaban, que el estándar que defendían estos fanáticos no era tan neutral, aséptico y “científico” como nos habían hecho creer. Su antiespañolismo a ultranza les lleva a rechazar todas aquellas palabras que se parecen al castellano (vacacions por vacances, fatxada por façana, firma por signatura) aunque estén admitidas por el DIEC2 y sean las genuinas de Mallorca. En tercer lugar y al hilo de lo anterior, demuestra que los Dols, Més y OCB han estado engañando a generaciones de estudiantes haciéndoles creer que palabras totalmente correctas que decían sus padres y abuelos eran incorrectas cuando no lo eran en realidad (de hecho, estaban admitidas por el DIEC2), como si el mallorquín fuera una corrupción de un idioma puro –el catalán– que necesitaba depurarse. Y en cuarto lugar, oculta el proceso de asimilación progresiva del mallorquín a manos del omnipresente catalán, en nombre de una normalización lingüística mal entendida. Com deim en mallorquí, aquest pic sí que han mostrat es llautó.

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Publicat a El Mundo-El Día de Baleares, el 26-7-2014

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