La realidad e IB3

HA AFIRMADO estos días en una entrevista ofrecida en su paso por España el sociólogo Zigmunt Bauman: «Mucha gente usa las redes sociales no para unir, no para ampliar sus horizontes, sino al contrario, para encerrarse en lo que llamo zonas de confort, donde el único sonido que oyen es el eco de su voz, donde lo único que ven son los reflejos de su propia cara». Lo leí el jueves pasado, el mismo día que el nuevo director de IB3, Andreu Manresa, explicaba su proyecto para nuestro ente audiovisual público. Fue en la COPE ante la periodista Cristina de Ahumada. «IB3 -decía Manresa- usará el catalán porque ha de ser un espejo y una ventana a nuestra realidad, ha de reflejar la realidad, y la realidad es (aquí hizo una pausa elocuente, que avisó a la audiencia de la falacia inminente) que las islas tienen una lengua que es el catalán».

Es estupendo que IB3 tenga como lengua omnipresente el catalán. Se me ocurren mil razones para defender que así debe ser. Por ejemplo, la razón de que disponemos de pocos medios de comunicación que usen el catalán de las islas, y hay que compensar esa carencia. Afirmar que IB3 nos va a deleitar con el mallorquín de Pollensa, el menorquín de Ferreries y el barcelonés en los informativos, porque es la realidad, es lo que vemos por la ventana y es lo que refleja el espejo, provoca estupor.

Dijo algo Manresa, confuso, sobre que había aprendido catalán en Felanitx con un cura, o sobre que el catalán se aprendía cuando uno se hacía monaguillo. Parece que la ventana que Manresa quiere abrir desde IB3 a la realidad nos ofrece un paisaje de hace sesenta años. El espejo que Manresa describió en COPE es mágico y nos muestra una realidad quizá captada el día después del genocidio de Jaime I victorioso en la Mallorca musulmana. Se contradijo Manresa, pues presumió de querer una IB3 plural, sin embargo la pluralidad no existe, al menos lingüísticamente, según él, en Baleares. Las islas, dijo, tienen el catalán. No dijo que tuvieran castellano, alemán, inglés etc. IB3 podría plantearse el uso principal del catalán, pero tener espacios en todos estos otros idiomas. Podría plantearse respetar la realidad, no falsearla ni modificarla. Nuestra radio y televisión podría «enamorar», como dijo pretender Manresa, mostrando respeto por lo que somos. No por lo que unos cuantos dicen que hemos de ser. Podría plantearse unir, ampliar horizontes, en lugar de encerrarnos en zonas de confort, donde todos oiremos el eco de nuestra voz y veremos el reflejo de nuestras caras. O mejor dicho la voz y la cara de unos cuantos de nosotros, porque el espejo encima estará trucado.

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Publicat a El Mundo·El Día de Baleares, es 25/1/2016.

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