JAUME OLIVER SALVÀ.
Desde 1833 con la división territorial de España realizada por Javier de Burgos, nuestra tierra es denominada Islas Baleares. A pesar de haber pasado tantos años, ni siquiera el Estatuto de Autonomía de las Islas Baleares de 1983 con la denominación oficial de Comunitat Autònoma de les Illes Balears, ha conseguido arraigar esta nomenclatura entre los habitantes de cada isla. Nos sentimos más mallorquines, menorquines, ibicencos y de Formentera, que ciudadanos de Baleares. Fuera de nuestra comunidad autónoma pocos somos los habitantes de estas islas que cuando indagan de donde somos, contestemos: de las Islas Baleares.
Mi duda es, ¿existe el sentimiento Balear, ha servido para algo la Autonomía en este aspecto? Pienso que no. Por mi relación profesional con el sector turístico, he asistido a múltiples ferias, y la denominación de Islas Baleares, excepto entre los franceses es prácticamente nula, incluso los Consells Insulares hacen lo posible para asistir cada uno con su marca.
Otro tema muy manido, los vuelos interinsulares, siempre a la búsqueda de una tarifa que haga Menorca e Ibiza más cercanas, quizás una solución podría ser que lo que pueda costar un billete de autobús de Palma-Pollensa, y no más, el resto subvencionado por el Govern Balear.
Tampoco ayudan anécdotas de cierres de oficinas de entidades bancarias en Ciudadela con letreros: “oficina más próxima, Puerto de Pollensa”. Quizás si en el EAIB, no figurase la “lengua catalana propia de las Islas Baleares” y sí “la lengua balear” sería más fácil el sentirnos más próximos. Por primera vez un político –catalán– y en campaña electoral ha sido capaz de denominar balear a nuestra forma de hablar. Aprovechemos esta circunstancia y leamos los libros publicados por la Fundación Jaume III y usemos su traductor.
Estos pequeños gestos casi seguro pueden ayudar a sentirnos Baleares. De momento aquí los únicos que utilizan el término Balear, son los aficionados del At. Baleares, que se llaman a ellos mismos “balearicos”.

