Es sintomático que el catalanismo baleárico apenas haya dicho esta boca es mía en relación al avance de la “Enquesta d’Usos Lingüístics del 2014” publicada hace unas semanas por parte de la Consejería de Cultura que lidera la ibicenca Fanny Tur. Esta encuesta revela el fracaso sin paliativos de las políticas de normalización llevadas a cabo en los últimos treinta años basadas en el sistema de inmersión en las aulas. Y también del catalán como “lengua de integración” para los castellanohablantes.
De ahí mi perplejidad cuando leo en Última Hora que el vicepresidente del Consell de Mallorca, Jesús Jurado, va a lanzar una “novedosa” campaña de normalización lingüística para la “igualdad” con la que tratará de convencer a los baleares de la “potencialidad integradora del catalán”. La noticia publicada es algo confusa, lo que delata que se trata de una mera campaña publicitaria sin ningún objetivo claro que no sea engordar el gasto en normalización lingüística. Todo indica que se quiere envolver lo mismo de siempre –las bondades del catalán como cimiento integrador, algo que, como vemos, ha fracasado– en un envase más seductor. Una campaña que tratará de darle “un nuevo estilo” al catalán, vendido ahora como un elemento formidablemente cohesionador para “lograr el equilibrio y el respeto en el ámbito de las parejas” y que pretende llegar a los musulmanes y otros grupos con “personalidad propia” con deseos de integrarse plenamente. De ahí que las dos direcciones insulares cuyo propósito es la ingeniería social, la de igualdad y la de política lingüística, unan sus esfuerzos en esta campaña.
Como pueden observar, más de lo mismo al incidir en lo que ya ha fracasado, algo que revela una falta de ideas aterradora. No hay autocrítica sino una huida hacia delante en su afán por salvar los dogmas obsoletos e ineficaces de siempre. Ni siquiera existe la rectificación a la que obligaría la cruda realidad de observar la actualidad más reciente. Tras los atentados de Barcelona y Cambrils a manos de “nous catalans” que hablaban perfectamente el catalán de Ripoll, el catalanismo al menos debería revisar algunos de sus desgastados conceptos, como asumir que aprender y hablar el catalán sea sinónimo de integración y cohesión social. La lengua no lo es todo en cuestiones de integración, convivencia y cohesión social, como hemos podido comprobar. Desde el 17-A, esta asunción ya no es válida o, al menos, no tan válida como antes. Algo que, por supuesto, ni se plantean Jurado, Aina Sastre y Nina Parrón. ¿Pero qué va a saber de cohesión social, de comunión o de unidad una instigadora del odio, del egoísmo, de la atomización social y de la desintegración familiar como Parrón con sus luchas contra el amor romántico, “desmontando San Valentín” o firmando artículos donde dice que en la pareja “lo primero somos nosotras”?
Las circunstancias. No ha sentado bien en los círculos que en Baleares apoyan a la inminente república catalana que las leyes de desconexión no hayan dispensado un trato preferencial a baleares y valencianos para conseguir la nacionalidad catalana. Tampoco ha caído demasiado bien que las lenguas cooficiales de la nueva república inminente sean el catalán y el castellano. Para estar como estábamos, ¿para eso queríamos ser independientes?, se preguntarán algunos de ellos. Sin embargo, nuestros soberanistas aceptan estas rendiciones y traiciones como una señal de madurez y realismo a la vista de las extraordinarias circunstancias que ahora mismo vive el pueblo elegido del Principado. Ay, las circunstancias.., ¡cuántos crímenes se cometen en tu nombre! Otra cosa que debería aclarar el Pacte es si después de la secesión catalana en ciernes, después del 1-O, los baleares seguiremos participando como si nada en el Institut Ramon Llull –encargado de la promoción de la cultura catalana en el exterior– y aceptando el Institut d’Estudis Catalans como máxima jurisdicción normativa en cuestiones de lengua con la UIB de palafrenero. Los dos institutos han sido considerados sin rubor como estructuras de estado de la nueva república catalana. El Govern, que depende, preciso es recordarlo una vez más, de la democracia española que los separatistas quieren dinamitar, calla. De momento. ¿Hasta cuándo?
Prensa en catalán. Los digitales “Arabalears.cat” y “dbalears.cat” se están frotando las manos para repartirse los 250.000€ que el Govern ha presupuestado este año para la prensa diaria escrita en catalán, 70.000€ más que el año anterior. El año pasado la franquicia balear del diario separatista “Ara” se llevó 140.000€ y el “dbalears.cat “–al que a duras penas puede calificarse de “prensa” por su marcado sesgo ideológico y su escasa objetividad a la hora de tratar las informaciones– los otros 40.000€. Sin estas ayudas del Govern, más las que vienen recibiendo ambos de la Generalitat de Cataluña, ninguno de los dos podría sobrevivir como empresa. Estas subvenciones del Govern no están asociadas a proyectos concretos sino que sirven para mantener la plantilla, de ahí que otros digitales en castellano expresaran el año pasado sus quejas al Govern de que, con la excusa de estar escritos en catalán, se estaba cometiendo un agravio hacia ellos. Por si fuera poco, la línea editorial de ambos es partidaria sin fisuras de la nueva república catalana, lo que nos lleva a una nueva incoherencia: ¿debe el Govern balear subvencionar a digitales que apoyan sin ningún género de dudas un proyecto de república catalana que significa la demolición de la democracia española bajo cuyo amparo reside toda la legitimidad de la autonomía balear que les subvenciona? Desde aquí también estamos promocionando económicamente la secesión sin que los tribunales hayan dicho nada. ¿A qué están jugando Francina Armengol, Fanny Tur y Marta Fuxà al subvencionar a medios separatistas y marcadamente antiespañoles? ¿Acaso no se ríen de todos nosotros?
Article publicat diumenge 17 d’octubre a El Mundo-El Día de Baleares

