Federalismo y ordinalidad

El último conejo que se ha sacado de la chistera Francina Armengol ha sido el llamado “federalismo fiscal”. Como de costumbre, se ha quedado con el nombre sin explicarnos en qué consistiría exactamente y qué principios informarían su propuesta federalista. A falta de ideas claras, el neolenguaje siempre resulta ser un buen sustitutivo para salir del paso y recrear la realidad. Por lo poquito que ha trascendido parece que ahora el criterio del que se valdrá el Govern para tratar de lograr una mejor financiación será el principio de “ordinalidad”. Este principio consiste en que ninguna autonomía debe obtener menos recursos del sistema de financiación que otra si la primera recauda más que la segunda. Eso significa que se mantendrían los ránkings de ingresos y gastos per cápita por comunidades. Si Baleares es la tercera en recaudar también será la tercera en recibir. Este nuevo criterio incentiva a las regiones ricas como Baleares, Madrid y Cataluña a recaudar más ya que saben que parte de este esfuerzo fiscal se quedará en su territorio. Es importante fijar, antes de afirmar si la financiación es “justa” o no, los criterios a partir de los cuales medimos esta “justicia”. Hasta ahora el criterio que se había venido manejando para evaluar la “justicia” del modelo de financiación había sido “estar en la media”. Y Baleares, como saben Armengol y Claderaya está en la media, gracias al último modelo de financiación que acordaron Rodríguez Zapatero y Carlos Manera en 2009. No satisfechos con los resultados de aquel modelo, nuestros socialistas ahora se disponen a cambiar el criterio de reparto. Esto es legítimo, por supuesto, pero lo que no deben hacer, ni ellos ni los periodistas desinformados que les bailan el agua, es evaluar la “justicia” de la actual financiación con la nueva métrica de la ordinalidad. Esto es hacer trampas. Repito, uno antes de hablar de justicia debe saber qué entiende por ella.

Paradójicamente, la aceptación de la “ordinalidad” como criterio no es más que la asunción de un principio clave del liberalismo económico. Si bien es cierto que con el hipotético modelo basado en la ordinalidad se seguirían produciendo transferencias de recursos de las regiones más ricas a las más pobres, lo cierto es que la magnitud de estos flujos redistributivos disminuiría. Eso no tiene nada de socialista, todo lo contrario. Los socialistas están asumiendo, sin saberlo siquiera, el credo de sus adversarios liberales. Defender que las regiones ricas no deben aportar tanto a las regiones pobres es el mismo principio que nos lleva a defender que un individuo rico tiene que pagar menos impuestos. O que los individuos ricos deben recibir más prestaciones y servicios que sus vecinos más pobres porque pagan más impuestos. O sea, significa todo lo contrario del viejo principio de la redistribución de la riqueza al que tan caros han sido, al menos históricamente, los socialistas. Mucho me temo que, a la hora de la verdad, los socialistas de las regiones más ricas (Armengol, Iceta) no logren imponer el criterio de ordinalidad a los barones de las regiones más pobres como Andalucía, Aragón o Extremadura. Se avecina otro choque de trenes en el seno del PSOE. Al tiempo.

El PI como referenciaHace un par de años,el partido que lidera Jaume Font se presentó en sociedad como una formación regionalista, autonomista, de centro-derecha y sin veleidades que comprometieran la unidad de España. Quiso dejar claro que Proposta per les Illes (PI) no era nacionalista ni tampoco de izquierdas. El tiempo y las circunstancias, sin embargo, nos han devuelto a la cruda realidad. El PI (tres diputados) es hoy una formación que practica la genuflexión semanal ante el Govern de Armengol con la finalidad de sustituir a Podemos (diez diputados) como socio preferente del ejecutivo. Font no sabe ya qué revolturas hacer para aliarse con Armengol que, al menos de momento, hace oídos sordos a los cantos de sirena del pobler, al que probablemente desprecia. Por otra parte, el programa económico de El PI se parece más al del PSM de hace una década que al de un partido que se autodefine como de centro-derecha. Es más, se diría, al menos a tenor de lo que escriben sus columnistas y escritores orgánicos (Font, a diferencia de los populares, sí tiene quien le escriba), que ideológicamente el PI ha caído en manos del otrora sector crítico de UM, plagado de nacionalistas antiespañoles. Esta ha sido la evolución de Proposta per les Illes en dos añitos. No es una cuestión baladí dada la admiración de los regionalistas del PP hacia Jaume Font. LosCompanyVidalProhensGalmés y Sagreras no sólo veneran los modos pueblerinos, directos y “extrovertidos” de Font al que consideran como uno de los suyos –y otra víctima de Bauzá– sino que aspiran a hacerse con sus votos, lo que significa que finalmente el PP podría terminar mimetizándose en una especie de PI para fagocitarlo desde la base. De no conseguirlo, el PI, y no C’s, se convertiría en el socio preferente en quien los de Gabriel Company confiarían la formación del gobierno. Sea como fuere, la facción regionalista del PP tiene como modelo al PI al que tratará de parecerse. Y eso tendrá consecuencias si finalmente los de Company se hacen con el PP: abandonar todo aquello que moleste a la corrección política dominante que dicta la izquierda y el nacionalismo y convertirse de nuevo en un partido domesticado que no cuestione los dogmas del adversario en todo lo que afecta al modelo de sociedad o al debate cultural. Una vez ha renunciado al reto de dirigir la sociedad, en el sentido que le daba Gramscial término “dirigir”, el PP estaría en condiciones de gobernar. No sabemos para qué pero a quien sólo le importa la ocupación física del poder le traen sin cuidado sus fines últimos. Saben que, con el Pacte cociéndose a fuego lento en sus habituales ineficacias y contradicciones, el PP podría volver a gobernar apenas sin despeinarse, como han demostrado las elecciones del 26-J.  Desde la noche electoral no caben de gozo. La esperanza ha vuelto a Palau Reial. Naturalmente, un PP tan genuflexo reforzaría a C’s por poco que éstos últimos se espabilen en convencer al sector más ilustrado de la derecha de las Islas.
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Publicat a EL MUNDO/El Día de Baleares, 9/7/2016

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