No creo descubrir ninguna novedad si afirmo que el mallorquín, el menorquín y el ibicenco (en adelante, el balear) están siendo suplantados por el catalán estándar. No sólo en todos los registros formales, algo que ya se da por descontado, sino cada vez más en la lengua oral. Se quiera admitir o no, lo formal y lo que tiene prestigio acaba influyendo, paulatinamente, en la esfera de lo informal. Simultáneamente, tiene lugar otro proceso que tal vez pase desapercibido: la museificación del balear. El museo como concepto representa todo aquello que un día fue vivo, empleado y decisivo pero que, por avatares y circunstancias de la vida, hoy es percibido como muerto, anacrónico, pasado de moda, residual. Una ciudad, Venecia por ejemplo, puede convertirse en un museo. También una lengua, como el latín. Es lo que les está ocurriendo, sin prisa pero sin pausa, a nuestras modalidades insulares.
La filóloga Bárbara Sagrera Antich acaba de publicar un trabajo extraordinario y sin duda alguna muy meritorio. Su Corpus de fraseologia de les Illes Balears recoge nada más y nada menos que 16.000 frases hechas del balear, o como ella dice, del “catalán insular”. Las frases hechas (“a les totes”, “a balquena”, “perdre sa fesomia”, “a lloure”, “a pler”, “de pinyol vermell”, etc…) es lo que aporta cromatismo y sonoridad a una lengua, trascendiendo el registro monótono, plano, inexpresivo y ortopédico del estándar.
Creo que era Valentí Puig el que decía que cuanto más se ha cultivado un idioma, más frases hechas incorpora y utiliza normalmente. El castellano, por ejemplo, rebosa de modismos y frases hechas. Éstos son los que distinguen a un verdadero castellanohablante de un extranjero que habla castellano. La doctora Sagrera ha recopilado toda esta ingente fraseología baleárica vaciando el Diccionari Català-Valencià-Balear; las rondaies mallorquinas de Antoni M. Alcover y las del archiduque Luis Salvador; las rondaies de Menorca de Andreu Ferrer Ginard y las recogidas por Francesc Camps Mercadal; las rondaies de Ibiza y de Formentera recopiladas por Joan Castelló Guasch; y el Cançoner popular de Mallorca de Rafel Ginard Bauçà. La obra, a primera vista, se me antoja gigantesca. No sólo demuestra la extraordinaria riqueza filológica y antropológica de nuestras modalidades sino su grado de fecundidad y sofisticación, muy superior al catalán central o al valenciano, como sabía perfectamente hace un siglo Antoni M. Alcover. De ahí que el de Santa Cirga no admitiera bajo ningún concepto que el catalán central se erigiera en la base de la “lengua literaria” arrinconando así el balear.
No sé si se acordarán pero hace año y medio Bárbara Sagrera fue noticia. O algunos la convertimos en noticia. En diciembre de 2013 la otrora consejera de Educación, Joana Maria Camps y el director del Instituto de Estudios Baleáricos (IEB), Antoni Vera, presentaron a la prensa el libro Les modalitats insulars, una recopilación de las formas baleáricas bendecidas por la normativa de la autoridad en la materia, el Institut de Estudios Catalanes (IEC), con la intención, tal como reza en su página 11, “de donar a conèixer al públic en general algunes de les característiques del català de les Balears, sobretot les formes, estructures, mots o trets que, de vegades, a pesar de tenir el beneplàcit de la normativa, es poden veure desplaçats de la llengua escrita o la llengua oral per la creença que són incorrectes”. Nada revolucionario, por tanto. Prueba del respeto escrupuloso del libro a la normativa del IEC es que Francesc Moll dio la enhorabuena a Vera semanas después diciéndole que su padre lo habría aprobado sin reservas. Aun así, la obra había sido recibida con desconfianza ya que, “en el fondo”, trompeteaba el gremio de filólogos, el Govern la utilizaba para fomentar el “secesionismo lingüístico”, el fantasma permanente al que se agarra un catalanismo siempre a la defensiva para rechazar cualquier tentativa de prestigiar el balear. Una de las que habían colaborado en Les modalitats insulars era, precisamente, Sagrera en cuyos créditos se le agradecía “muy especialmente” su contribución. Pues bien, a la media hora de que el digital separatista dbalears.cat se hiciera eco de la presentación del libro por parte de Camps y Vera, una asustada Sagrera enviaba un comentario al digital que era toda una retractación pública, todo un acto de contricción (“Una retractación asombrosa”, 15/12/2013, El Mundo-El Día; “La secta balear”, X.Pericay, http://xavierpericay.com/2013/12/la-secta-balear.html). La retractación no tenía desperdicio. Sagrera pedía perdón a los suyos, alegando que la habían engañado y que no estaba de acuerdo con la utilización que el PP quería hacer del libro que ella había revisado sin encontrar en él nada extraño. En fin, Sagrera no quería pasar por colaboracionista con el enemigo. Increíble pero cierto.
El caso de Sagrera no es único y forma parte de una cierta tradición. La misma en la que figuran J.A. Grimalt y Jaume Corbera, filólogos que, después de dedicar buena parte de su vida al estudio del balear, tildan de inapropiado cualquier esfuerzo que se haga para recuperarlo en los ámbitos formales. Sí, a veces se quejan con la boca pequeña de que se podría haber hecho algo más… pero en cuanto la Fundació Jaume III o alguien más propone algo les falta tiempo para criticarlo. Para ellos, el balear es digno de ser estudiado, es apto para hacer tesis doctorales y dedicarle estudios de entomología filológica como el último de Sagrera, pero nunca para ser elevado a los ámbitos importantes como la enseñanza, la Administración y los medios de comunicación, la única vía para conservarlo vivo y no en cloroformo. La museificación del balear es la otra cara de la moneda de su suplantación. ¿Qué utilidad práctica sacaremos a las 16.000 frases hechas recogidas por Sagrera si emplearlas, si no todas al menos parte, en IB3 o en los libros de texto es tachado de “dialectizante”, “coloquial” o “inadecuado”? No es casualidad que los mismos que propugnan la práctica aniquilación del balear de todos los registros formales celebren simultáneamente su museificación, tal vez como coartada exculpatoria ante sí mismos y ante los demás de que sí les importa el balear. Como materia muerta, claro, mientras desaparece de nuestras calles por falta de enseñanza y reconocimiento públicos.
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Publicat a El Mundo-El Día de Baleares, es 21-3-2015.

