La mayoría de cauces de participación ciudadana que el Pacte está activando se están saldando con sonoros fracasos por poco que recuperemos el verdadero significado de “participación ciudadana”. Tiene razón Xavier Pericay (C’s) cuando denuncia el cinismo y la desfachatez del Pacte en hacer lo contrario de lo que predican. El Pacte tiene la insana costumbre de colonizar estos organismos participativos con entidades y colectivos sociales afines mientras suele dejar a un lado aquellos más distanciados ideológicamente. Por si fuera poco, los utiliza a su conveniencia, sin importarle servirse de estos colectivos afines, humillándoles incluso por razones de Estado. La izquierda, que sabe organizarse mucho mejor que la derecha, siempre tiene las de ganar porque no sólo gobierna cuando está en el poder sino que también orienta y dirige las políticas del PP cuando está en la oposición gracias a este tipo de órganos colmados de entidades afines (ecologistas, feministas, catalanistas, arcas, animalistas, sindicatos varios…) que, finalmente, acaban transformándose en correas de transmisión de la izquierda política en su asalto al poder.
Cuando el PP vence unos comicios, la tesitura que se le plantea es liquidar o no estos organismos de participación porque haga lo que haga va a salir mal parado. Si los disuelve “ipso facto”, pagará un precio político al ser acusados de “dictadores”, “no demócratas” y no “creer en la participación”. Con todo, la experiencia nos dice que es lo mejor que puede hacer. Si decide mantenerlos, este tipo de organismos terminarán revolviéndose en su contra al ser utilizados por la izquierda para desgastar al ejecutivo del PP. La cabra tira al monte, por mucho que la cuidemos con generosas subvenciones.
Un somero repaso a los órganos de participación creados o restaurados por el Pacte 3.0 no deja lugar a dudas. La Comisión de Impulso del Turismo Sostenible se creó para evaluar y decidir a qué tenían que ir destinados los fondos del nuevo impuesto turístico. Se invitó a los ecoló, a ARCA y a los ayuntamientos a participar en dicha comisión y a presentar sus ideas y proyectos, ofreciendo una falsa imagen de participación. Al final, unos y otros se han quedado con un palmo de narices. No sólo no han decidido nada puesto que el destino de los fondos lo había decidido de antemano el Govern –que había incluido varios de sus proyectos en los presupuestos de 2017 aprobados hace un mes– sino que ninguno de los proyectos municipales, bastantes de ellos relacionados con la mejora del aprovechamiento del agua, ha sido subvencionado. Esta es la gratitud del Pacte hacia quienes le apoyaron políticamente para aprobar el polémico impuesto. Así es cómo el Pacte entiende la participación y la gratitud.
La Comisión de la Diada de Mallorca que creó Miquel Ensenyat para estudiar cómo podía potenciarse la Diada y, sólo eventualmente, para cambiarla de fecha, es otro ejemplo palpable de la hipocresía que adorna a las huestes de la izquierda cuando se llenan la boca de “participación”. Ensenyat creó esta comisión con la intención de cambiar la fecha del 12 de septiembre al 31 de diciembre, una reivindicación largamente soñada por el PSM. El PP, el partido mayoritario del Consell de Mallorca, fue el primero en salir de las reuniones de la comisión cuando se percató de que Més estaba tratando de vestir de consenso una decisión política que tenía tomada de antemano. Los canales participativos que se pusieron a disposición de los interesados apenas captaron el interés de los… nacionalistas. Los datos hablan por sí solos. Según el dictamen de la comisión finalmente capitaneada por Més, el apoyo al 31-D había sido “abrumador”: sólo 19 ayuntamientos mallorquines y 46 personas dieron su opinión, la inmensa mayoría a favor del 31-D. ¡¡46 personas!! El apoyo fue tan “abrumador” entre estos 46 ciudadanos como pírrico el interés de los mallorquines en participar.
A los pocos meses de empezar la legislatura, el Pacte decidió que sería un consejo asesor el responsable de elaborar el nuevo modelo de IB3, el llamado “Consejo Asesor de Contenidos y Programación”. La composición del nuevo ente sirvió para una nueva demostración del sectarismo acostumbrado. Mientras el Pacte colocaba a dos miembros de la Obra Cultural Balear –que ha demostrado sobradamente el mal uso de los dineros públicos recibidos– en dicho consejo, vetaba a la Fundació Jaume III. Por cierto, IB3 acaba de conceder sus informativos a Mediapro, una decisión contraria a uno de los principales propósitos por los que nació IB3, como era potenciar el sector audiovisual autóctono.
Otro tanto podríamos decir de la composición del Consejo Escolar de las Islas Baleares donde la autollamada “comunidad educativa” va a acoger en su seno al colectivo LGBTI y al “tercer sector”, colectivos dóciles a la izquierda y que nunca van a agradecer al PP y C’s la alfombra roja que les ponen día a día pese al rechazo que suscita tanta intromisión en muchos de sus votantes, hartos de tanta sumisión a la corrección política que marca el progresío.
No quiero extenderme en la composición de otro consejo, el restaurado Consell Social de la Llengua Catalana, donde tampoco se ha invitado a la Fundació Jaume III a participar, no vaya a ser que entre las 136 medidas del plan lingüístico recientemente aprobado hubiera alguna dirigida a fomentar las modalidades insulares reconocidas en nuestro Estatuto de autonomía.
Como podemos observar con estos casos que no pretenden ni mucho menos ser exhaustivos, el sectarismo, la falta de pluralidad y el uso a conveniencia que se hace de estos organismos no sólo afecta a los consejos y a las comisiones sectoriales creados “ad hoc” desde el poder. Así, por ejemplo, leo en la prensa que la nueva federación de vecinos que preside Miquel Obrador, la “Federació de Veïnats de sa Ciutat de Palma”, deberá esperar a tener voz y voto en los organismos municipales y en los consejos de administración de Cort. Al parecer debe cambiarse el reglamento de participación, algo con lo que no está de acuerdo el presidente de la “Federació de Veïns”, Joan Forteza, que rechaza la presencia de la federación de Obrador. Forteza “argumenta” que su entidad tiene más de cuarenta años y es la más representativa de la ciudad. En fin… nada cómo sentirse autorizados para patrimonializar los órganos de participación en su único y exclusivo beneficio. Marca de la casa.
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Publicat a EL MUNDO/Día de Baleares

